sábado, 3 de septiembre de 2016

Día 839: Los regalos del mundo

No vinimos a este mundo a nacer, eso vino después. Fue más bien esos accidentes de película, en donde estallan los autos alrededor del héroe de turno. Analicemos la situación. Un conjunto de letras, dos imágenes, un arma y una caja de forros vacía. Luego una botella de Scotch vuela a lo largo de la habitación y se transforma en una Molotov casera.
Una noción de lo que nos espera, ese panorama tétrico en donde los muertos asoman y nos piden regalos. Y fuimos objetos perecederos hasta la salida de la luna. Nos convertimos en lobos de la circustancia y no debimos. No debimos alterar el orden las cosas. Porque lo valioso de la bebida permanece en el fondo, como el océano o la muerte.
Solíamos nacer presos. Después vino el momento de la vida en que empezamos a preguntar. Todo vino después, como por casualidad. Arrojamos nuestras semillas al fuego en señal de ofrenda y esperamos, vaya a saber que mierda. Ya nadie sabe. Aunque parezca que si.

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