domingo, 4 de septiembre de 2016

Día 840: Intermitente

Nos escondimos detrás del bastión de lo impredecible. Una fantasía incurable que nos cegó desde entrada. No lo vimos venir hasta que la mierda nos pasó por encima. No le echo la culpa a las drogas. Por el contrario, me mantuvieron alerta cuando lo necesité. A veces, cuando la fuga de los sentidos nos excede, el camino a casa se vuelve más ligero. Tubos fluorescentes en la ruta. Una entidad de más allá.
Es cierto el debate que mantuvimos con el cielo. Le pedimos un favor a un ángel, un Serafín, para ser precisos. Pero las Potestades intervinieron en el juego. Quebraron el orden y el orden fue el caos. Una noche eterna de las muchas que aparecieron. Previmos que la catástrofe de lo inevitable era real. Una oferta de un día.
Las tribus de los descendidos lo auguramos. No es algo que tenga que caer en un instante. Fue una serie de consecuencias orquestadas con los popes de la creación. Camino asfaltado. Nación obsecuente. Hacia allí nos conducimos. Y vaya a saber dónde.

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