domingo, 11 de septiembre de 2016

Día 847: La obra del siglo

Las presiones nunca fueron un divertimento para el señor Alain. Era un buen escritor, es cierto, pero tampoco para destacar. Sus libros se vendían en bazares viejos, ventas de usados y cosas así. El señor Alain se asomaba a sus noventa años. Su ser era definido por los avatares del siglo XX. No entendía mucho estas cosas de las nuevas modas.
Su representante literario llamaba una vez al año. Era ritual. Necesitaba material nuevo, aunque el señor Alain sabía que su interés era asegurarse que seguía vivo. El hijo de puta me prefiere muerto. Mis derechos de autor son un pozo de petróleo. Quizás un publicista, o tal vez un editor con ganas de arruinar mis letras. Todo con tal de transformarme en un éxito editorial. Prostitución post mortem, así lo definía el señor Alain.
Así que esa noche, con el fruto de todas las presiones, y a la espera del llamado inminente, el señor Alain se tiró por la ventana. La obra máxima. Quizás en vida, de la buena, le queden cinco, tal vez diez años, con suerte. Un viejito centenario. Nunca tuvo un problema físico, es cierto. Pero la muerte no avisa. Llega y listo. Así que mejor acabar con el trabajo. Dejar el libro en la mesada. Y así dejarlos contentos.

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