miércoles, 21 de septiembre de 2016

Día 857: Remembranzas de un millonario

Destinamos una gran suma a la cura del cáncer, porque somos millonarios, y claro, porque queremos. Bill lo buscó una vez en el diccionario, eso se llama filantropía. Esta cosa de hacer algo bueno por el planeta es muy positivo para nuestra balanza económica, ya saben, la solidaridad evade más impuestos que las drogas. Ese es el lema de nuestra sociedad de beneficencia: "Más vale un africano alimentado que vender drogas y hacerse millonario en el intento". Bueno, no lo decimos así de modo tan abierto, ya saben, el decoro, la corrección política y esos temas.
Los medios de comunicación nos esconden bien. Algunos nos ponen nombres graciosos, Grupo Bilderberg, esa de Reptilianos es una historia muy cómica. Y no somos nada de eso. Simples hombres con las cuentas del banco llenas. Podemos comprar una Ferrari, prenderla fuego, y volver a comprar otra. Así de millonarios somos. Recuerdo que una vez compré una momia griega a dos millones de dólares. Creo que perteneció a un Ramsés, no me acuerdo el número. No sé mucho de historia. Me gusta acumular esa clase de basura en mi mansión, a los que vienen les gusta, todos snobs homosexuales. A mí no me van esas cosas.
Con todos mis millones, soy un hombre simple. Me gusta cazar y perderme en la naturaleza, como hacía un tipo en un folleto que leí de joven. Tengo también una predilección por las mujeres. Me gusta poseerlas. Ya saben a lo que me refiero. Todavía me mantengo soltero. Quiero que llegue la indicada. No me molestaría comprarla, puedo, tengo con qué.
A veces sueño, por la noche. Duermo poco, cuatro horas como mucho, y aún así los sueños vienen el masa. Son figuras negras, con palas y martillos. Sostienen fuego en sus manos. Creo que me reclaman algo. Quieren robarme lo que es mío. Luego me despierto, tomo un vaso con agua y una pastilla especial, y al poco tiempo me olvido.

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