martes, 27 de septiembre de 2016

Día 863: Amanecer radiactivo

Nunca entendí la decisión de Derek. El hombre quiso apagarlo todo, no hizo prospectiva de daños y esas clase de idioteces que solemos hacer los técnicos antes de dar un paso tan importante. Estimo que esa fue una de las causas de la explosión. Hace cincuenta años atrás nadie sabía un soto de los antiguos. Los tratamos como figuras celestiales. Abrazamos cada retazo de tecnología como si fuese maná del cielo. Y así nos fue.
Deberíamos haber hecho caso de la advertencia. Peligro, radioactivo. Unos cuantos manuales de estudio de jóvenes, de la época en que se enseñaban cosas, nos explicó un poco esta cosa de la radiactividad. Al parecer es algo que ocurre en los átomos de ciertos elementos, un desorden que genera, curioso, energía, lo que nos permite encender las luces de los antiguos, y otras tantas cosas más. Maravillas del mundo perdido, les digo. Y Derek, ese tipo que se las sabía todas, fue el tipo que la terminó de cagar.
No me excuso. Debí detenerlo. Pero ya saben, a veces la locura se nos va a la cabeza y no nos abandona tan fácil. Y esos son los juicios en los que perdemos, así de entrada. Derek subestimó el poder de la radiación. Quizás, si uno lo piensa mejor, quizás por eso los antiguos no existen más. Tal vez la radiación los hizo pedazos a todos. Ahora sé de qué se trata esa mierda.

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