lunes, 3 de octubre de 2016

Día 868: Dilema subterráneo

Aguardo. La vida no se parece a la realidad. Es más bien una película. Larga. Larga y aburrida. Sienten los puntos flagelados, que nadie los abandona. Están todos ahí. Un pulcro momento. Los dedos son garrotes. Las palabras cada vez quedan más cortas. Las ideas se agrietan. Es el desierto. El sonido de una pantomima.
No quieren desistir a las manos que aprisionan. Discurre el tiempo, grano a grano. El reloj de la realidad muerta. Toca ser cobarde. Millones más en un juego de espejos, retrucado, absorbente. Hay que esperar la señal.
Somos rehenes del Libro. Caminé suelto por mucho tiempo. Un crimen mayor, de la pausa de tantos corazones. El mérito no deja de ser otro. Siempre es algo. Lo diferente, por supuesto. Siempre es un placer quebrado por la circunstancia. Siempre es el camino lateral, donde la luz es poca y el peso de todo lo que somos revierte, como nunca más. Como nunca poco.

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