lunes, 3 de octubre de 2016

Día 869: Deposición

El árbol señaló con gesto cómplice la conversación. Su rama inclinada hacía las veces de oído. Un diálogo humano. Esto entendía: ni una puta palabra. Es un lenguaje complicado, le señaló alguna vez un pájaro. Tiene muchos sonidos extraños que se juntan y forman otros sonidos más extraños, y todos juntos significan cosas diferentes a los sonidos. Y entre ellos no siempre entienden lo mismo. El árbol no quiso avanzar más. Ese pájaro fanfarrón. Voy a aprender humano, se dijo el árbol. 
Un perro pasó por la vereda, saludó al árbol. No sabés lo que se te viene, ladró. Otro presumido, se dijo a sí mismo el árbol. Sí, allá venían, dos humanos a los gritos. Estudiar humano era tan difícil como alguna vez le señaló el pájaro fanfarrón. Pero algo comprendía. Sonidos dispersos, ideas. Quizás con el tiempo podría adivinar sus intenciones.
En la esquina se vino a sentar. Me está mirando. Algo sabe. El perro sonrió. La noche y la bebida. Compañeros de parranda. Tantas veces verlo, eran tan parecidos. Uno de los humanos se desabrochó el pantalón. Que me detengan, dijo. Que venga toda la yuta, todo lo rati, acá mandamo nosotro, loco. Acto seguido el acto. Feliz el árbol de entender sus primeras palabras en humanos no pudo evitar decir un par de palabras en su idioma, que por curioso que parezca, no puede ser oído por el hombre. ¡Qué felicidad, me fertilizan!

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