viernes, 7 de octubre de 2016

Día 873: Deudas ultraterrenales

Tomemos la ciudad. No demos aviso. Las mejores cosas se dan cuando menos parecen. No hay que dejar lugar para la incógnita. Con un pie en terreno misterioso descubro el otro costado del planeta. No existe un mejor nombre, es la libertad. Usted también puede sentirla. Hay que seguir unos cuantos pasos, hasta caer muerto. Después viene la parte complicada.
Hacer trámites en el otro mundo es cosa seria. Se puede tardar una eternidad hasta que conseguís los papeles para ser libre del todo, me refiero, a obtener licencia para asustar y para mostrarte a nivel orgánico, o sea, al lugar donde pertenecías cuando estabas vivo. Después vienen los meses de inspección. A veces las licencias caen. Ya saben, la burocracia de los muertos es un suplicio.
Cuando todo está en orden, o creemos que es así, un muerto es libre de hacer lo que se le antoje, y puede, si se lo permiten las fuerzas, tomar una ciudad sin aviso. Claro que para ese entonces el tedio gana. Ser un fantasma rebelde o indolente lo mismo da. El precio de lo libre se paga. Y se tiene que pagar, sea como sea.

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