sábado, 8 de octubre de 2016

Día 874: Elegía

El punto final. Nunca pensé que íbamos a tener que desconectar al viejo. Su existencia está atada a un hilo. Ese hilo a una máquina. Signos vitales. A punto de desaparecer. El médico aparece dos veces al día. Los conozco. Intercalan partes diarios. El del mediodía es optimista con resguardos. El de la tarde es un hipócrita incurable, pero sensato. Entre los extremos y algún que otro comentario de las enfermeras me hago una idea.
Falta poco. Esa es la idea. Tengo que prepararme a esta cosa de la muerte. Porque todavía no sé como voy a enfrentar esa línea recta. Ese cero en las pulsaciones por minuto. No lo sé, esta antesala me deja hecho un novato. Todavía resta hacer algunos papeleos. El viejo no pensaba morirse así tan de golpe. Así, con casi 85 años, el hijo de puta pensaba vivir toda la vida. Ahora tengo que darle agua en la boca para que no chorree. Con un sorbete.
Va a dejar una hipoteca sin pagar, y otro par de deudas menores. Es una buena enseñanza la del viejo. Gastate la vida y que te la pague el resto. O algo así. Lo voy a extrañar al grandísimo hijo de la gran puta.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...