miércoles, 19 de octubre de 2016

Día 885: Lotofagia

Bebí como nunca, tanto como me lo permitió la garganta. Adobé el corazón con una corona de espinas. Es tan difícil aterrizar el avión. Nadie está en control. Volvimos de la muerte para decirle al mundo lo grandioso de ser un zombie. Sin melodramas. Supimos condenar al esperpento a veinte mil años de cárcel. Lo mandamos a otra galaxia, por las dudas. Ya saben, somos tipos duros. Sobre todo yo, el borracho.
Una vez ahogué a un perro. En realidad creo que era un bebé. Solo vi el charco de lodo. Fue una escena confusa. Que nadie apague la fiesta. Que nadie apague el respirador. Viva la vida, viva la mentira. Que viva el vómito. Ya saben esa vieja historia, la perorata de que Roma no se construyó en un día. Eso. Lo mismo para lo otro. El constante estado de destrucción, día a día, segundo a segundo. Un grano de caos sobre la arena de los tiempos voleados.
Esto es, lo mismo es, un misterio ya resuelto. Una vieja cantaleta de padres abandonados y vecinos violadores. Nos pudo la codicia, ya saben. Y el olvido. Esa flor de loto que sigue masticando el necio, se escupe sobre nuestras lenguas. No debimos decir tantas cosas feas. Es solo una interrupción en lo ya transmitido. Lo habitual de la programación, tiros, sexo y la droga. La mucha droga para tantos pocos. La mastica. La mastica y no recuerda para qué.

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