jueves, 20 de octubre de 2016

Día 886: Lo que hicimos

Un hombre de polietileno. Busquemos la identidad de la cosa. Sepan distinguir a la clientela, que el mundo se acaba. En todas las formas. Ya nadie conoce la verdad. No busquen el pelo en el huevo. Queremos que la perversión gane la Tierra. Abrir un túnel al centro del infierno. Pude depositar mi silencio en un cubículo de cristal, alejado del ruido. Pobre maquinaria del verso, se estropea la belleza y muere al costado de la ruta en una pose poco sexual.
Monigote espera. Un filomarxista puede ser el San Pedro que todos necesitamos. Esperanza, esa cosa fea. Intragable el espíritu de las noches sin sueño. Hay poco para dormir. Se piensa en el obituario. La vuelta de una de tantas esquinas. Otra vez la idea fija. Pequeñas o grandes, muertes por igual. El tiempo asesino, corta el segundo con la prisa de un samurai borracho.
No vi la nieve. Perdí el brazo y la pierna. También el cerebro. Cuando celebré el carnaval explotó la central nuclear. Anduvimos en pelotas por ahí, gritando vaya uno a saber qué. Por tradición, por costumbre. Nadie sabe lo que es estar roto. Destrozado. Así, pedazos informes. Una gran masa de carne que pugna por simular el efecto de respirar.
Algo me dice al oido que todo es broma. El chiste macabro de la creación. Dejen todo en manos de Dios. Él va a pagar la boleta. Él se va a hacer cargo de los platos rotos. Porque tiene que salir de algún lado. Quién sabe, de nuestras cabezas. Cuando el pánico brota, la inteligencia y eso tal vez sea nuestro mejor invento.

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