martes, 25 de octubre de 2016

Día 891: Falstaff

El poco discernimiento, la capacidad de entender y el resto de las cosas. Un tartamudo de la existencia. Un atropello al pensamiento, de ir rápido a más de lo que puede el mundo, darse una vuelta a si mismo y estipular un autocastigo. Sepan los pocos que me desvanezco entre las letras chicas del contrato. No veo más que bordes y espinas.Soy tonto a lo que no importa y tonto a lo que sí. Tonto del todo.
Soy ese imbécil que pregunta dos y hasta tres veces después de golpear. Cuando es tarde, cuando el aceite cae sobre la piel, cuando el ocaso es pasado. Así me siento listo. Preparado para errar hasta que me dé el cuerpo. Soy la máquina viva del fracaso regular. De una y otra y otra, de repitos y repitentes. No me atraparán en infracción. Soy la infracción. Soy el desquicio de la forma, el eco atemperado de un juicio final cualquiera.
No tal especial como para aguardar algo más. Solo uno de tantos. Un viejo estropajo del verso anónimo. Si, adonde quise una guía pregunté y me perdí. Me gana el temor de lo incierto y vuelo tan bajo como me lo permite la tierra. Soy lo eterno de lo cotidiano. Esa llama mortal que nunca se apaga aunque hielo caiga. Y aunque caiga dura será mi cabeza, dura caída, gentil Hefesto. Cojo como puedo.

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