miércoles, 26 de octubre de 2016

Día 892: Adentro y afuera

No sé a qué se debe tal clase de empecinamiento. Debo empujarme hacia la muerte, hacia todo lo que parezca negro. Puedo ser el verdugo de las buenas noches, el alma de una fiesta perdida en el decurso de un pedo salvaje. Puedo ser la mierda más retorcida que de te ocurra imaginar. El faraón de la caca, podés imaginarlo.
En la parada del micro nos despedimos. Adiós, señor feudal, deje de generar momentos incómodos. No soslaye una verdad a una inapetencia del momento. Tiramos hasta Munro y fuimos calzados para la guerra. No sé quién batió a quién. En la calle no hay ganadores. Se trata de ser astuto. Hay que ser un relojero con las horas. Manejo del tiempo, eso te da vida cuando el peso de bufo se siente sobre la nuca. Astucia.
Dimos como cinco vueltas hasta llegar a plaza Sarmiento. Saludé a otro de la tantos relatos fisurados que deambulan por ahí. Nos conocemos, es el espacio, el hábitat. Deberían señalizar el mundo del revés, sería todo mi cuerdo de la locura. Me violenté contra un poste de luz. Me amanecí tan duro como la pared. Soy otro cuento fisurado. Ahí nos conocemos.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...