miércoles, 30 de noviembre de 2016

Día 927: Movilidad

Comenzó cuando mamá decidió mudarnos a la mierda. No lo premeditó, no lo discutió con papá, así de simple armó nuestros bolsos una noche y así quedamos, todos al revés de la casa, o sea afuera, o sea el frío, la intemperie y todas esas mierdas. Papá nunca decía nada, aunque cada tanto me hacía un gesto del tipo a esta qué carajo le picó. No pudo esperar a comprar o alquilar una casa nueva, le ganó la ansiedad de la incoherencia. Yo tampoco me preocupé, en ese entonces era demasiado chico como para quejarme o entender algo. Me pareció un juego divertido.
No se preocupen, vamos a estar lejos, dijo mamá. ¿Lejos de qué? de la cortina del baño, por supuesto. Está poseída por el demonio, claro. La lógica al servicio de mi familia. Nunca trató de romperla o exorcizarla, no. Fue más fácil huir en el medio del sueño. Qué se yo, era chico, puse el pero y me callaron.
Cuando conseguimos mudarnos a nuestra segunda casa pareció que las cosas mejorarían. Mamá tenía mucho mejor ánimo. Hasta sonreía. Papá también sonreía. Parecían cómplices de algo que tardé unos años en entender.
Pasó un par de semanas y yo andaba por el comedor mientras mamá hacía una torta para la merienda. Le quise decir un pero, y otra vez me tapó la boca. Dejó de hacer la torta y otra vez rajamos de nuestra casa, la segunda.
Ocurrió con la tercera, la cuarta y la quinta. Así hasta convertirnos en una especie de tribu nómade. Crecí entre viajes sin sentido. Mi voz tomó el color de la adultez. Discutía más con papá, y otro tanto con mamá. Nunca entendí porque papá no se divorciaba a la mierda de mamá. Si sabés que está loca, le decía. Y a mamá cada tanto, cuando sabía que pronto tocaba mudanza, le decía que la cortina no nos puede seguir a todos lados. Pero es la misma cortina, el demonio sabe adonde vamos, era la respuesta de mi madre. Y yo buscaba en mi paciencia, aclaraba la garganta y me disponía a ensayar el pero. Y no, ella salía corriendo. Ya no quería escucharme.
No va para más, le grité en esa ocasión. Me escuchás y listo. La cortina del baño te sigue a todos lados, pero vos sos la que la compras. Siempre comprás la misma puta cortina. Es la misma puta cortina.

martes, 29 de noviembre de 2016

Día 926: Funeral de las cosas que restan

Absorbí el aire con la delicadeza que me permitió la nariz rota. Allá arriba del cuadrilátero nos cagamos a golpes. Fuimos dos dioses de la decadencia. Escupí la vida en ese balde, junto a usa puteada. Perdería algo más que la pelea. El ring más grande, el garaje de una trifulca cósmica. Arderemos por siglos. La culpa no está de mi parte.
Puedo tener un diente menos y la esperanza aparte. Perderme en el bosque y ser un árbol. Me alejaría tanto de la escena. Pero no debo. Mi carga está en las puños, dentro de los guantes. Es un baile al que no me puedo rehusar.
Sé que debí estar muerto hace tiempo. Es la suerte. O la falta de ella. Me prepararon para ser una máquina de guerra, un artefacto incapaz de sentir la piel lacerada. Fui un producto de años de investigación. El humano perfecto. O eso decían. Estuve cerca de ver. O de no ver. El ritual nos pone en ese camino. Allí estuve, en lo correcto. Enterrado por varios milenios, creyendo ser algo más. Hubo una pelea que ya no recuerdo. Y parte de los oficios funebres, de las cosas que llegaron a ser.

Día 925: Bautismo

Se agita el caballo para no asustar a la muerte. Ensaya un nuevo corcoveo, quiebra la espina dorsal. Los dominios de las cosas oscuras. Desprovistos de lo necesario, hacer estallar el mundo. No ver el panorama, lo que más grande se hace a medida que se desgrana el ojo.
Los niños salen sin su maquillaje. No quieren mentirle más a la vida, están viejos por dentro, resquebrajados. Un año pasa, con sus atenuantes. Parecen pedir dulces donde solo hay mugre. La tierra pide sacrificio. Quiere ver coagular la sangre del universo. Cuantos guiños apagados, allá donde descree el que respira.
La última marcha nupcial del casamiento a la tumba. Un pequeño abismo se abre infinito. Un mayor esdrújulo problema. El de quedarnos sin más interrogantes. Sólo unas cuantas manos que repiten el movimiento. Y ahoga la intención. Ahora el lamento. Ahoga la intención.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Día 924: Profanación

Enterraron el cuerpo del viejo en un cementerio indio. No revivió, por supuesto. Hicimos mal los pasos, dijo Jameson. Silencio. Richards sostenía la pala, en estado de alerta. Cada tanto pasa algún vehículo, nada para preocuparse, respondió. No, los pasos son los correctos, es lo que dice el papel.
El papel puede estar equivocado, terció Jameson. No vamos a discutir ahora. No esa noche. Las brujas estaban casi detrás de ellos. Ahora somos profanadores de cadáveres, no lo olvides, dijo Richards. Era parte del pacto. En otro rincón de la ciudad dos policías investigaban cierto agujero en la pared de una morgue. No es la primera vez, dijo el policía más novato. Un tipo perspicaz, tenés futuro, pibe, sostuvo su compañero.
Jameson y Richards se limpiaron los restos de tierra con una toalla sucia. Debemos parecer gente normal. Actuá normal, Jameson. La pantomima no funcionó, la sirena se sintió cada vez más cerca. Se acabó la profanación.
Llevaron a la maleantes a una celda solitaria de tres por tres. Un balde, un inodoro. Nada más. Pasaron así la noche. Los presos no cruzaron diálogo alguno. A la mañana siguiente los descubrieron. Ni Jameson ni Richards llegaron a confesar la sustracción de los cuerpos. Muertos. Momificados. Un perito sostuvo que al menos debían llevar trescientos, tal vez cuatrocientos años así. Muertos.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Día 923: Resaca

Vamos a suponer que existe. Un camino. Pintado con muchos colores. Digamos que ese lugar es lo que permite que todo ocurra. Bueno, al menos gran parte. Un cruce de señales convoca a los actores adecuados para la ocasión. Una persona que reciba a los invitados. Otro que salga a pedir disculpas por la demora. Después, los postres, y los canapés. Que nada falte.  Vamos a suponer que se pueda teñir la ocasión de un rigor hedonista. Placer en extremo.
Nos despedimos de la insolencia con la perfección de un prestidigitador. Los recuerdos cautivos de alguien que despierta cada vez más y más. No digan la palabras necesarias. No hace falta. La disposición de las ideas. En los actos nos demostramos, ejes de una distinta situación. Agitemos el avispero y metemos la cabeza. Hay un horno para cada alma. El fuego espera.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Día 922: Borrador

Esto es un borrador. Esto no se supone que deba ser. Tiene que morir prematuro. Es un feto extirpado del mundo de las letras. Ya no pertenece. Es un ex texto. Pero pasemos a lo mejor. Esa cuantiosa necesidad de albedrío, de poder escupir donde sea sin parecer un paria de otro tiempo. Podemos convivir, en la ciudad, a los empujones. Allá nos contagiamos en la masa de la urbe.
Un regreso a la infancia potenciado por las fuerzas de la oscuridad. El señor oscuro espera beber nuestra sangre incompleta. La situación debe aparecer toda como recortada. Pequeñas tiritas de sucesos empapelan la Tierra. Un joven maniquí despierta y saluda al diablo, al que se erige al final de los tiempos.
Volvemos hechos figuras de acción, modelos coleccionable de alguna suerte de juego siniestro. La pieza faltante. Un ajedrez de máscaras en donde se apuesta la vida. No hay giro, ni solución. Este es, no más, solo un borrador. Un bollo de papel que nadie desea abrir. Un código arrugado. Sepan lo que nunca va a ser.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Día 921: Voto negativo

Por primera vez en su vida sintió algo. Fue un aval para la bancarrota de las naciones. Los diputados aplaudieron de pie su discurso. Aquella madrugada quedaba legalizado todo lo que faltaba hacerlo. Todo. Desde la marihuana hasta escupir en la nariz de un perro. Estamos aburridos, dijo, hagamos grande, enorme, interdimensional, este país.
Los jinetes de la resistencia estaban parapetados en las inmediaciones del palacio de la justicia. Los vamos a linchar a todos, decían. Estaban enojados, es cierto. Son perritos con el hocico mojado, se burlaba un periodista con aires de inteligencia suprema. Fue la primera víctima de esa madrugada sangrienta.
Las callen sintieron el embate. Algunos se preguntaron, en la confusión, qué carajo ocurría. Podemos hacer de todo. Es noche, o mañana, o tal vez tarde, vale todo. Qué importa. Después colgaron a un perro de un árbol. Fue divertido. Hasta que empezaron a hacerlo con personas. Y un adelantado encontró el negocio en eso. También fue divertido, aunque no tanto para algunos.
En el caos de las horas venideras, el flamante héroe tomó un taxi. Observó como el fuego crepitaba por varios lugares de la ciudad. Orgulloso pensó, este es mi trabajo. Les traje caos. Eso necesita esta bendita, puta, humanidad.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Día 920: Inalterable

Una puerta al fracaso. Muchas, mejor. Y más. Que venga todo en cantidades. Hay que festejar el derroche. El ímpetu tirado a la cara de una moneda, la peor, por supuesto. Nos quedaremos sin esa capacidad de rehacernos de las cenizas, total, ¿a quién le importa? El espíritu decadente gana, es la fuerza del saqueo. Avalemos el proyecto de oscuridad permanente.
No hay tiempo para la desidia. El tiempo pasa. La droga pasa. El cuerpo pasa. La jeringa pasa. Y al final, al glorioso final, todo queda atascado. Es un pase de facturas vencidas. Giramos en círculos y nos sostenemos la cabeza, sin poder ver más allá. Miopía en el alma. No queremos ser delicados. La corriente nos arrastra la carne. Revienta el hueso. Tritura la vena. Y tampoco hay lugar al vómito. No quedan opciones. Es seguir adelante, miope ante la vida.
El circo se rehace a nuestras espaldas. Al frente. Al costado. Filigranas de realidades alternativas. Al final se revela el malo de la película. La consecución de los hechos. El destino prefijado. No hay peor alternativa que la que sí va a ser, de todos modos, inalterable. 

martes, 22 de noviembre de 2016

Día 919: Peaje

Nadie me lo supo explicar. Los científicos utilizan palabras raras para definir cosas simples. Nadie me preparó para dar el brinco sin las barreras de contención. Sacar las rueditas de la bici. Ser adulto y esas mierdas. En una noche apacible puede explotar una bomba e irse todo al reverendo carajo. Ya no me importa.
Decidí escribir para robots, ya no tengo sentimientos, los perdí en algún lugar que no recuerdo dónde. Me dinamitaron el suelo para hacerme callar. Soy bueno en eso del silencio. Inventé así un nuevo lenguaje. Uno mejor. Superé los designios de mi especie. Evité mi propia extinción. Creo que fue una cosa de la suerte.
Debo transcribir los resultados a un idioma conocido. Dejar que mis victorias de tiñan de fracaso. No soportamos la perfección del podría ser. Es demasiado brillo, tanta luz. Nos tienen que perforar un pulmón, o un intestino, así funciona mejor. Correr con las vísceras en la mano. Nos gusta ser el poeta de los sentimientos aunque la búsqueda nos deje vacíos por dentro. Nadie quiere superarse. La meta es descubrir lo que nunca dejamos de ser. Lo que pagamos, siempre, sin demora.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Día 918: History channel

El último pedazo de cohete se desprendió un poco antes de lo previsto. Un error de cálculos, dijo uno de los operadores. Pero acá en la NASA no tenemos esos fallos, dijo otro. Un arma apuntando a la entrepierna fue la respuesta. El sabotaje se llevó a cabo con la más absoluta previsión. Sin retrasos. El trayecto de la porquería espacial también era exacto. Un planeta, aún desconocido por el Kepler, aguardaba, a unos cincuenta años luz de distancia. Base de operaciones, así le decían algunas personas que se hacían llamar humanos.
Por cierto, nunca lo fueron, a pesar de que el disfraz no dejaba lugar a dudas. Se hacían pasar por extranjeros, para disimular el factor exótico. De acuerdo a una estadística no oficial, el 95 % de la alienígenas residentes en la Tierra trabajaban en la NASA. Ninguno a la fecha fue descubierto. Y todos pertenecen a este planeta Base de operaciones.
Allá fueron a parar los desperdicios del cohete. Más bien datos estratégicos. Mapas de defensa y ataque. Logística terrestre interceptada, triangulaciones varias. Una guerra silente en curso que nadie se percató. No al menos hasta el día de la invasión, cuando toda la humanidad fue tomada por sorpresa. Desde ese día más de una boca pronunció ese lugar recóndito de la galaxia, llamado Base de operaciones.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Día 917: Mutación M

Atravesamos el Missouri con una única sensación en mente: atravesar esa puta pared. No me pregunten cómo, esa noche las drogas tenían el asiento VIP. No crean esas mierdas de Huckleberry Finn, cruzar un río es una mierda peor de lo imaginable. No me siento incómodo al decirlo, teníamos cosas peligrosas, ya saben, de esas que desean la mayoría de los hombres. Cosas de poder.
Mi compañero preguntaba cada cinco minutos, falta mucho, falta mucho, falta mucho. No lo culpo, la ansiedad también se acumulaba en mis brazos cansados de remar, pero entiendan, algunas veces hay que dejar al niño atrás. Esto es cosa de hombres, no de pantalones cagados. Acá les tengo el asunto. La carga que llevábamos era muy tóxica. Nuclear diría. Lo importante está en las mutaciones. El cuerpo recibe la dosis y muta hacia el costado que más le conviene, así me lo explicaron antes de cargarlo a la balsa. Lo cuidé como a mi vida, al menos eso quiero creer.
No me lo contengo más: nos tentamos. Así fue. Mi compañero no tuvo suerte. La horrible mutación le quitó la vida en el acto. Sus pulmones salieron despedidos al río. Carne de pez. En cuanto a mi, bueno, tampoco la saqué barata, de algún modo el reactivo nuclear de la carga de ocupó de hacer de mi cuerpo un portal espacio-tiempo. Vivo, por así decirlo, en un continuo donde las cosas ocurren y nunca dejan de ocurrir. Pasado o futuro, lo mismo da. No existen barreras para mi. He visto morir a todos tantas veces como estuve al presenciar sus nacimientos. No puedo tocar o percibir con los sentidos humanos. Ya dejé de ser. O mejor, soy en cada momento, una digresión más. Me convertí en una pared a la cual hay que atravesar. Algo me consuela. Soy bueno para contrabandear cosas, navegar ríos y contar historias. Mañana parto al Missouri donde me espera una nueva aventura.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Día 916: Fuente seca

¿Dónde quedaron los viejos tiempos? Recuerdo cuando la pedantería era la ley. Todos caíamos bien en el juego de las apariencias. Quizás hasta nos sentimos con ganas de matar, quién sabe, el adn es confuso. No interpretemos las señales correctas. Lanzemos una plegaria repleta de equivocaciones y dioses falsos, total el precio se paga y se vende.
No vale saltar el precipicio con piedras en el bolsillo. La muerte aguarda y es más corta de lo que imaginamos, contrario a las eternidades de la vida. Estiramos cada momento hasta el hartazgo y el sueño nos arrebata de nosotros mismos. Nos extirpamos al futuro cáncer, un virus prodigioso o tal vez expulsar el esqueleto del cuerpo. Contar hacia atrás es inútil.
El chiste no puede doblar la esquina. Se queda acá, con nuestras palabras. Festejamos el ritual estático de la letra y la magia negra. Despabilar las conexiones, eso es. No pidan más del cadáver. No da más.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Día 915: Oráculo

Tomé un pecado que nunca redimí y le puse un nombre. Nació en la figura de un acoso constante, un hombre vestido de blanco en una ceremonia desconocida. El abrazo de la muerte vino hacia mí. Fui al lugar donde las almas sollozan el espanto de no ser. Tierra de Calígula. El sello roto, el definitivo. Mi sombra se convirtió en lo innombrable. El horror último. Una doncella de hierro, eterno reposo.
Mi silencio herético en lo negro de la noche respira la bilis de los cadáveres. Putrefactos brazos me rodean. Un círculo de gusanos se pierde en el camino. Así una imagen de tantas, repetidas, de a fogonazos. Recuerdo fragmentado. Una pasarela de huesos, memorias del Estigia.  
Allá saludo la cohorte a su general. Agamenón, una máscara de sangre, contó sus lamentos. Odiseo escucha, Odiseo escapa. Esos parajes no hacen preguntas. Son el misterio mismo. El asunto de la cosa. Un recorte nutritivo al presupuesto. Otro síntoma a la enfermedad. Planetas alineados en un rojo presentimiento. Plagas venideras, oscuridad y llamas del cielo. Tiempos futuros. Asuntos pendientes.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Día 914: Noticias viejas

Eso dicen. Son como pescado podrido. Inhalemos el veneno con gusto. Seamos un poco como lo viejo, y lo perverso. Conducimos ese auto oxidado, vamos por las calles del costado, perdido en el mundo y sin la VTV. Es una noticia vieja, lo sé. Por qué tendría que detenerme, arriesgarme a que el vampiro me succione el mundo con la boca. Debería haber un interruptor, algo para acabarlo todo. Como sea, al precio que sea.
En ese poco espacio nos confesamos una verdad de tantas mentiras. Nos quedamos abiertos, en la resaca de la cosa, abrazados al vómito. Y nunca pretendimos ser el pájaro caido del nido. No. Existen caminos con más baches. Mayores peligros para las intenciones de un caballero oscuro. Las emanaciones del líquido se coagulan en las lenguas de los desconocidos. Un siglo arriba, un paso atrás. Instrucciones para distraerse tanto como lo permita el transitar de los inconscientes. Subamos al tren, es tiempo de chocar

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Día 913: Nociones sobre el amor

Nos prometimos un amor inconmensurable, ¿podés creerlo? Yo no. Nací sin cariño. La caricia tierna de un humano me faltó. Y tampoco hago un escándalo, no. Lo digo por que es lo que es. Luego vino el resto, claro. Los hombres, las mujeres, y todo lo que uno pueda clavar con su miembro viril. No se preocupen, no me crié como un pobrecito. Soy lo mejor de mi especie. Bueno, sí, hasta eso. La promesa maldita.
Esa persona quiso quererme, casi contra mi voluntad, diría. Así se da la mayoría de las relaciones. Dos seres humanos están perdidos, deciden investigar en la oscuridad, y el miedo a perderse hace que se tomen de la mano. Después viene la necesidad creada. No te suelto porque estamos bien. No te suelto porque no te voy a perder. Puras mentiras. Todo es negro, ¿cómo perderse en lo mismo? Así es la cosa con el amor.
Porque seamos claros, nadie lo espera. El asunto se echa encima de uno como un cáncer. Y rápido quedás fuera de pelea, como el cáncer. Por eso intuimos que todos los sentimientos están hechos de la misma cosa. Una sustancia abrasiva siempre a punto de explotar. Y el más valiente que recoja los pedazos.

martes, 15 de noviembre de 2016

Día 912: Vamos a hacernos pedazos

Hicimos la magia, por que un imbécil del cuarto piso decidió tirarse. Parece una enseñanza a toda la humanidad y sólo es un pedazo de carne adulterado. La sangre se le escurre por entre los costados. Menudo acto de impresionismo. Me pienso en otra galaxia, una sin humanos, por favor. Sepan disculpar los exabruptos. Somos muchos. No tolero estar tan apretado.
La vida me empuja hacia un costado. Y no conviene agachar la cabeza tanto. El golpe viene aunque no se lo espere. Cae del modo que sea necesario. Y sus palabras de Miss universo, y los discursos baratos de potencias tercermundistas, se puede ir todo al carajo. Al carajo el mundo. Al carajo todo.
Quiero desprender el fuselaje donde mejor me quede, quiero explotar un edificio y culpar a los terroristas. Quiero que me amen aunque prefiero ser odiado. Una vez más quiero jugar a las muñecas sin que me traten de trolo. Quiero hacer amigos a los que no tenga que matar si me caen mal. A veces me gustaría dejar a mi imaginación en el asiento de atrás. Conducir hacia el precipicio mi cabeza, con todo lo demás. A veces un suicidio ritual está bien. No dos. No dos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Día 911: La gran cadena

Fue esa tarde que los mariscos se los comieron a todos. Dicen que fue un ajuste de cuentas, luego de siglos de explotación portuaria. En realidad fue la excusa para aquellos amigos del tabú. Muchos lo hacían por lo bajo, eran mal visto por sus padres y sus abuelos. La oportunidad llama una vez. Así fue como se montaron los primeros restaurantes naturistas.
Bueno, naturistas, no es el término preciso. Digamos humanista. Está todo consensuado, nos dice el dueño de uno de esos restaurantes. O es un viejo, o alguien que muere de causas naturales, o es una persona que pide la muerte. Con una sonrisa agrega, la carne joven es la más sabrosa. Nos resultó un dato curioso, razón por la cuál le hice la pregunta de rigor, la que todos nuestros queridos lectores quieren conocer ¿a qué sabe la carne humana?
En primer lugar no hay nada que se le parezca, quizás la comida china, sabe, por el toque agridulce. Al principio el paladar identifica un gusto que lo asocia al chancho, o al conejo, y a medida que se disuelve en la boca, se empieza a sentir lo dulce. Igual depende el corte, me aclara el cocinero.
Le preguntamos qué se siente atender a los consumidores de esta nueva moda gastronómica, el dueño nos dice que está muy contento de poder llevar una variedad de platos de calidad a la mesa costera de cada día. Una última pregunta, ¿Los clientes no se incomodan? digo, por el hecho de ser atendidos por mariscos. Al principio cuesta, algunos tienen que resistirse las ganas de comernos.  Igual con el tiempo se acostumbran, total, a la larga, son ustedes las que llevan las de perder en la gran cadena.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Día 910: Damocles y Pigmalión

Digamos que hubo una confusión. Juguemos con el oso. En un océano de ceros y unos nos atrevimos a ser analógicos. Vaya pelotudez. Como si no fuera lo mismo. Despedimos al último de nuestra tripulación con los honores que merecía. Eso fue antes que los sistemas de emergencia se apagaran del todo. Sí, para todos los imbéciles que desearon volver a la edad media, les dejo algo del medio, mi dedo.
No me importa cuando la cosa sea poca. De acuerdo a lo que predijeron hace cuarenta años, el efecto ocurrirá en los próximos meses. Nadie sabe qué mierda es el efecto. Es como un radio pulso. Una alteración en los restos. Dicen que antes que se apagaran los sistemas de emergencia, cuando todo funcionaba como corresponde, los circuitos y los estímulos estaban conectados. A cada cero, el uno. Lo digital. Eso.
No importa demasiado cuando se trata de un balance cósmico. Las escalas se reducen. Imaginen un moco galáctico perdido en lo más remoto del espacio. Nuestra existencia nunca fue un cuento de ciencia ficción. Aunque si debo confesar, nobleza obliga, yo fui el culpable de todo. Yo apagué los sistemas de emergencia. Llámenlo profecía autocumplida, lo mismo da, lo vi venir. Esa clase de oportunidades de una en un millón, ya saben, de cenizas, finales y cómo levantarse. Obsecuentes somos.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Día 909: La cuerda

Sol fugitivo. Ensayemos el teorema de memoria. No hay muchos rostros que miren al sudeste. Es un asunto de orientación. Salimos despavoridos de nuestro país, creo que hasta olvidamos el nombre. Del hambre al hambre. Los colores nunca se formaron con una paleta distinta. Acá tuve cuatro hijos. Tres vivos. La sociedad tiene un problema. No logro descubrirlo. Me gustaría ser tan brillante como esos tipos de la televisión.
Creo que cada vez más los corazones ser endurecen. Es lo que veo.Faltan manos. Y pies. Y el resto de los cuerpos para sacar adelante la cosa. Conseguí trabajo y me puse al día con las deudas que contraje. Lo que haría cualquier habitante de su tierra. Lloré y pateé puertas cuando tuve que digerir la tragedia. Pero no me pongo melodramático, la muerte nos llega a todos en la forma más conveniente, de acuerdo al momento, sea propia o ajena. No es algo personal, lo se. Es llenar espacios vacíos. Llenar la cuenta.
Avancé algunos años por inercia. Creo que el cuerpo humano debe tener algún lugar donde guardamos las baterías de emergencias, para esos momentos jodidos, ya saben. Las mías estaban a medio cargar. Igual llegué a la cima. Así, como pude. Ví, desde arriba, nubes y sombras. Y me pregunté si no era demasiado, si tal vez mi ciclo de enfermedad sea una gran broma. No obtuve respuestas, eso lo tengo claro. Tomé la caja entre mis brazos y volví al punto indicado. No es lo que parece, pero al menos creo que me va a ir bien.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Día 908: Remembranzas de un monstruo

Dicen que devolvieron el dinero. No estaban contento con la compra. Un artilugio del infierno, decían. En ese cajón se conjugan varios puntos del universo. Podrías ser capaz del crear un agujero negro. Esa era la creencia. Nada ocurrió, aunque nadie habló del monstruo. A veces un poco de carbono y otro tanto tanto de hidrógeno puede hacer maravillas. La naturaleza del monstruo aguarda a comerme el dedo. Bah, ese es mi miedo. La porquería está para cosas mas importantes.
Al monstruo le preocupa meterse con el universo. Quiere cambiar las coordenadas cuánticas de nuestra existencia. Inventó, a su manera, el viaje en el tiempo. Y no hay margen de error. Su maldad atraviesa las eras con la frialdad de un cubito de hielo en la espalda. Hay que ser justos, también le interesa morder. El monstruo no deja de ser el animal sin domesticar. Feo, sucio y ajeno a las realidades de nuestra concepción de belleza.
Al monstruo vive en un cajón de oficina, entre las lapiceras y una abrochadora. La gusta desayunar gomas elásticas a falta de algo mejor. Cada tanto aprovecha algún que otro dedo para simular un corte y beber así algo de sangre. Un postre especial. Sirve para recudir la ansiedad. Y sueña. Todas las noches. Quiere escapar. Las luces de Broadway lo llaman. Montaré mi propio musical. Tiemblen, oh sí, tiemblen.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Día 907: Lo de adentro

Nunca fui parte de esta historia, aunque creo que me tienen un lugar reservado. Quizás cierre la puerta. El hombre mas viejo del mundo. O tal vez la muerte más estúpida. No, tampoco es cuestión de alcanzar un record. Con ser basta. ¿A quién le basta? ¿A mí? No, por supuesto, pero me contento. Debe ser ese talento por la mediocridad. Esas ganas de apretar el gatillo contra lo que venta. Me hablan de amor, pero el odio todo lo puede.
Nací en una constitución del acto que prefiero olvidar. Estoy desprovisto del encanto de las masas. Soy demasiado individual para dejarme arrastrar por la efervescencia de la felicidad. Me gustaría ser atrapado en la sensación. Feliz. Olvidar todo lo malo. 
La intemperie nos sienta bien. Nos ayuda a pensar. Cómo perderse en las cosas, si tan solo es un solo camino. Directo al patíbulo. Lo que viene no se hace esperar. Ya es tarde, ya está medio cocido. Es sombra y luz, brillo y espanto. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Día 906: Así

Santos demonios hagan su parte. Convóquense sobre esta tinta. Hagan padecer el yugo de la letra a los viles, cortos de entendimiento. Sepan que tan corto es el trayecto que lleva el muerto al patíbulo. Una polilla carcome el recuerdo. Vuela la garrapata sobre el ojo. Los insectos reinan. No levanten aún la bandera. Es tarde. Y el tiempo es lo que nunca comprendimos.
Después ocurre una escena sin sentido. Vuelan pedazos de vidrio y el héroe regresa a su tierra. No pidan cifras de rescate a una nación empobrecida. Las almas piden descanso aún después de la tumba. Son insaciables. Pobres reflejos de otra era, distinta al hoy. El difuso miembro del equipo para demoler el mundo conocido hasta ahora.
Desprenden las mamposterías, tiran abajo las paredes. La ventana queda sin vidrio. Ni un tonto deposita la fe en la esperanza. Dividir en la tempestad. Nada es sucinto de ser reconstruido. El mundo tiene que venirse abajo. Todo tiene que caer. Así. De una vez por todas.

martes, 8 de noviembre de 2016

Día 905: Tomado por sorpresa

No existen las alternativas. Es todo una misma vuelta. El cepillo gastado que roe la muela. Un gesto minúsculo, teorías de lo imperceptible. La Tierra se mueve con el universo adentro. Una espiral autodestructiva ocurre. El valioso momento del escape. La cápsula de alunizaje se desplaza en la coordenada correcta. La colisión es inminente.
Allá van los científicos, con sus hipótesis mustias de tanto esperar. Quieren la gloria, un Nobel o el nombre de una calle. Algo. El deseo de transgredir el orden de las cosas. La muerte puede ser algo más en manos de los vivos. Estallan los significados en el cielo, son cohetes de año nuevo. Luego las esquirlas se recortan en la calle. Figuras de tragedia. Noche sin luz. Y nadie para protegernos. Viene. Un arreglo de cuentas. Juicio final. En lo que sea estaremos desprovistos. Con el pantalón a medio subir y una cara de asombro que no se quita.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Día 904: Tocado

Nació con el toque, al menos así le decía a esa extraña habilidad de convertir lo que sea en mierda. De pequeño le contaron la historia de Midas, y es lo que deseó por siempre. Convertir en oro todo lo que se hallase a su alrededor. Salvo por ese detalle. No fue oro. Sus seres queridos fueron los primeros en experimentar el toque. Unos soretes de metro y medio quedaron entre sus manos. El toque maldito.
Así como si nada un día el efecto se fue y amaneció el mismo convertido en una gran caca. El viento dispuso los olores. De esa manera gran parte de la ciudad quedó en cuarentena. Y luego ocurrió el milagro.
Los inodoros, tapados en mierda, empezaron a brillar.
Oro por todos lados. Caca de oro. Oro de culo. Pequeñas masas amorfas doradas invadieron la Tierra. Sin razón aparente. Este debe ser el verdadero toque, pensó. Adiós, pobreza. Y cegado por el afán de tener oro en sus bolsillos, el hombre del don se dejó llevar. Olvidó el detalle, la enseñanza de Midas. Un mundo hecho oro deprecia el valor del metal. O sea, un mundo hecho oro no vale nada, en lo absoluto.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Día 903: Propósito último

A mí me la tuvieron jurada desde siempre. Cuando me anoté, fue ahí, mi registro al mundo. Las personas, esos hijos de puta, supieron donde encontrarme. Y no me dejan en paz. Juegan con mi cabeza. No se aparecen en los modos convencionales. Solo de esa manera podría denunciarlos con la policía o algo así.
Lo justo y necesario, sí, como si alguien fuera capaz de medirlo, empaquetarlo y enviarlo a tu casa. Me prometí la gran aventura, esa con asesinatos rituales y sexo descontrolado incluido. Queremos la gloria o el anonimato, lo mismo da. Cuál punto elegiría, en un mar confuso, círculos y abismos. El precio no fue el indicado. Nos estafaron y salieron por la puerta de atrás.
No hicieron valer la reticencia de mis intentos. Me perdí en el camino. Tan desnudo como lo tanto que quise estar. No sueño el oprobio de mi especie. Sé que me desaparezco aunque no quiera. Cada partícula unida al propósito último, el de la extinción. Caiga el final, cierre el telón.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Día 902: Cosas varias para tirar a la basura

Me apuesto a titubear. Debo tener ese privilegio. Al menos en algún momento de mi vida, antes de que todo termine. Puedo ser tan dubitativo como desee. Jugar el papel del pobre, asestar el puñal en el momento adecuado. Vaivenes. Como vida es.
Una retórica cautiva del excedente. En muchos momentos repetimos la palabra. No queda otra. Pasa el rastrillo y ni aire queda. Debimos agotar las posibilidades, hasta la nada. Cortamos la atmósfera con un cuchillo de precisión.
Diagramemos la plataforma. Una noche puede dejar de existir o durar por siempre. Duración eterna, conflicto permanente. No somos una semilla. Ser el llamado, cortado por algo que no sabemos ponerle nombre. Y no pudimos ver el ocaso.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Día 901: Un punto

Un alto a la muerte. Detengan el curso de los tiempos. Separen alto y claro cada momento de brillo trascendental del espíritu. Lo que acaece, lo que es. Un agujero en la realidad. Estamos confabulados en un inmenso abismo. Los muchos se irguen. Un fantasma no vale la persecución.
Debimos parecer los idiotas más grandes del universo. Pongan un cartel en el planeta Tierra. Se vende. Cerrado por demoliciones. Se viene el meteorito. Y los dinosaurios, pobres. Un llamado de alerta. No se extingan sin decirme a donde van. Quiero que el tiempo pare, no lo quiero en movimiento. No lo quiero.
Atentos. De hoy no pasa. Coartemos la vida que nos queda. A cada segundo toda la mentira. Versos aliterados con poco sentido. Un idéntico sentimiento. Una atlética confusión. En lo diferente está el panorama. Paren. No más.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Día 900: Carro fúnebre

No recuerdo lo que es la fuerza. Esas cosas de envejecer. Acertarle al momento, la experiencia del fracaso insistente. Una nueva forma, ulterior, de la catástrofe por venir. Todos nos hacemos pedazos en el camino. Y no importa que el libro de historia pregunte. Una memoria gigante se hace de la nada.
No pudimos hacer la parte, nos nace el miedo. Hay temor en las ventanas marchitas. Un gris que empaña y confunde. Adelante, seamos consecuentes al silencio que nos convoca. En la noche las palabras ya no valen. Es una gran ausencia. La curación por la sangre.
Nos adentramos en las fauces del nuevo milenio. La porquería supura, destila el mejor veneno. Brindemos por la inconsistencia de las acciones. De súbito el corazón detiene. No más. No más adelante. Sentimiento panorámico, multidimensional. De nuestros propósitos atravesados, las soluciones inermes. Recibamos el fin con un cosquilleo, de esos de donde viene la cosa.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Día 899: Aspirante

Una escritura grandilocuente, eso trato. Pero me quedo en el intento. Son tanto como mucho. Nunca se me dieron bien las cuentas. Mis respiros me acercan a la muerte. Uno, dos, cada vez más próximo al gran vacío negro. No sé me da bien la expresión. Me gusta sabotear mis propias ideas. Soy un masoquista del pensamiento. Y sé dónde golpear.
Inerte es mi vida. Donde no crece el concepto ahí me llevo, este cadáver de imágenes poco originales. Soy el aventurero de lo esperable. Todos saben el truco de antemano. La mediocridad, mi mejor golpe. Soy certero en lo poco que puedo. Un viaje sin nafta. Allá, directo a la otra vida. A ese rincón de luz y sombra del que todos hablan y nadie conoce.
Me gusta jugar en lo eterno. Me puedo erigir como la estatua más sucia del universo. Sucia y fea, mas perpetua. Guardo la carta que nadie quiere y la juego como si fuese la mejor. Creo en algo que no es y me sale mejor de lo que estimo. No podré decir hasta acá llegue. No sé dónde está el camino.

martes, 1 de noviembre de 2016

Día 898: Alguien tiene que hacerlo

Esculpió su cara de un cachetazo. No existe mejor forma para despertar, le dijeron. Así lo hizo. Las cortinas filtraban un sol poco gentil. Mamá, son las seis de la mañana, dijo el sujeto. De algún modo lo vamos a hacer arrancar, respondió la madre.
El pequeño, callado, tomó su desayuno. El día es largo. Muy largo, a veces. Sobre todo para los que tenemos obligaciones, pensó. La muy atrevida. Todavía sentía el peso de los dedos sobre su mejilla. Ella no me quiere. Debe ser por mi trabajo.
No está bien visto. Las miradas en la calle. Pero alguien tiene que hacerlo. Se trata del orden natural de las cosas, ya saben. Nacer, crecer, y bueno, eso. Su trabajo. Es un pequeño toque. Un beso. Un último adiós. A veces el trabajo puede ser algo tranquilizador.

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