martes, 1 de noviembre de 2016

Día 898: Alguien tiene que hacerlo

Esculpió su cara de un cachetazo. No existe mejor forma para despertar, le dijeron. Así lo hizo. Las cortinas filtraban un sol poco gentil. Mamá, son las seis de la mañana, dijo el sujeto. De algún modo lo vamos a hacer arrancar, respondió la madre.
El pequeño, callado, tomó su desayuno. El día es largo. Muy largo, a veces. Sobre todo para los que tenemos obligaciones, pensó. La muy atrevida. Todavía sentía el peso de los dedos sobre su mejilla. Ella no me quiere. Debe ser por mi trabajo.
No está bien visto. Las miradas en la calle. Pero alguien tiene que hacerlo. Se trata del orden natural de las cosas, ya saben. Nacer, crecer, y bueno, eso. Su trabajo. Es un pequeño toque. Un beso. Un último adiós. A veces el trabajo puede ser algo tranquilizador.

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