viernes, 11 de noviembre de 2016

Día 908: Remembranzas de un monstruo

Dicen que devolvieron el dinero. No estaban contento con la compra. Un artilugio del infierno, decían. En ese cajón se conjugan varios puntos del universo. Podrías ser capaz del crear un agujero negro. Esa era la creencia. Nada ocurrió, aunque nadie habló del monstruo. A veces un poco de carbono y otro tanto tanto de hidrógeno puede hacer maravillas. La naturaleza del monstruo aguarda a comerme el dedo. Bah, ese es mi miedo. La porquería está para cosas mas importantes.
Al monstruo le preocupa meterse con el universo. Quiere cambiar las coordenadas cuánticas de nuestra existencia. Inventó, a su manera, el viaje en el tiempo. Y no hay margen de error. Su maldad atraviesa las eras con la frialdad de un cubito de hielo en la espalda. Hay que ser justos, también le interesa morder. El monstruo no deja de ser el animal sin domesticar. Feo, sucio y ajeno a las realidades de nuestra concepción de belleza.
Al monstruo vive en un cajón de oficina, entre las lapiceras y una abrochadora. La gusta desayunar gomas elásticas a falta de algo mejor. Cada tanto aprovecha algún que otro dedo para simular un corte y beber así algo de sangre. Un postre especial. Sirve para recudir la ansiedad. Y sueña. Todas las noches. Quiere escapar. Las luces de Broadway lo llaman. Montaré mi propio musical. Tiemblen, oh sí, tiemblen.

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