sábado, 12 de noviembre de 2016

Día 909: La cuerda

Sol fugitivo. Ensayemos el teorema de memoria. No hay muchos rostros que miren al sudeste. Es un asunto de orientación. Salimos despavoridos de nuestro país, creo que hasta olvidamos el nombre. Del hambre al hambre. Los colores nunca se formaron con una paleta distinta. Acá tuve cuatro hijos. Tres vivos. La sociedad tiene un problema. No logro descubrirlo. Me gustaría ser tan brillante como esos tipos de la televisión.
Creo que cada vez más los corazones ser endurecen. Es lo que veo.Faltan manos. Y pies. Y el resto de los cuerpos para sacar adelante la cosa. Conseguí trabajo y me puse al día con las deudas que contraje. Lo que haría cualquier habitante de su tierra. Lloré y pateé puertas cuando tuve que digerir la tragedia. Pero no me pongo melodramático, la muerte nos llega a todos en la forma más conveniente, de acuerdo al momento, sea propia o ajena. No es algo personal, lo se. Es llenar espacios vacíos. Llenar la cuenta.
Avancé algunos años por inercia. Creo que el cuerpo humano debe tener algún lugar donde guardamos las baterías de emergencias, para esos momentos jodidos, ya saben. Las mías estaban a medio cargar. Igual llegué a la cima. Así, como pude. Ví, desde arriba, nubes y sombras. Y me pregunté si no era demasiado, si tal vez mi ciclo de enfermedad sea una gran broma. No obtuve respuestas, eso lo tengo claro. Tomé la caja entre mis brazos y volví al punto indicado. No es lo que parece, pero al menos creo que me va a ir bien.

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