domingo, 13 de noviembre de 2016

Día 910: Damocles y Pigmalión

Digamos que hubo una confusión. Juguemos con el oso. En un océano de ceros y unos nos atrevimos a ser analógicos. Vaya pelotudez. Como si no fuera lo mismo. Despedimos al último de nuestra tripulación con los honores que merecía. Eso fue antes que los sistemas de emergencia se apagaran del todo. Sí, para todos los imbéciles que desearon volver a la edad media, les dejo algo del medio, mi dedo.
No me importa cuando la cosa sea poca. De acuerdo a lo que predijeron hace cuarenta años, el efecto ocurrirá en los próximos meses. Nadie sabe qué mierda es el efecto. Es como un radio pulso. Una alteración en los restos. Dicen que antes que se apagaran los sistemas de emergencia, cuando todo funcionaba como corresponde, los circuitos y los estímulos estaban conectados. A cada cero, el uno. Lo digital. Eso.
No importa demasiado cuando se trata de un balance cósmico. Las escalas se reducen. Imaginen un moco galáctico perdido en lo más remoto del espacio. Nuestra existencia nunca fue un cuento de ciencia ficción. Aunque si debo confesar, nobleza obliga, yo fui el culpable de todo. Yo apagué los sistemas de emergencia. Llámenlo profecía autocumplida, lo mismo da, lo vi venir. Esa clase de oportunidades de una en un millón, ya saben, de cenizas, finales y cómo levantarse. Obsecuentes somos.

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