lunes, 14 de noviembre de 2016

Día 911: La gran cadena

Fue esa tarde que los mariscos se los comieron a todos. Dicen que fue un ajuste de cuentas, luego de siglos de explotación portuaria. En realidad fue la excusa para aquellos amigos del tabú. Muchos lo hacían por lo bajo, eran mal visto por sus padres y sus abuelos. La oportunidad llama una vez. Así fue como se montaron los primeros restaurantes naturistas.
Bueno, naturistas, no es el término preciso. Digamos humanista. Está todo consensuado, nos dice el dueño de uno de esos restaurantes. O es un viejo, o alguien que muere de causas naturales, o es una persona que pide la muerte. Con una sonrisa agrega, la carne joven es la más sabrosa. Nos resultó un dato curioso, razón por la cuál le hice la pregunta de rigor, la que todos nuestros queridos lectores quieren conocer ¿a qué sabe la carne humana?
En primer lugar no hay nada que se le parezca, quizás la comida china, sabe, por el toque agridulce. Al principio el paladar identifica un gusto que lo asocia al chancho, o al conejo, y a medida que se disuelve en la boca, se empieza a sentir lo dulce. Igual depende el corte, me aclara el cocinero.
Le preguntamos qué se siente atender a los consumidores de esta nueva moda gastronómica, el dueño nos dice que está muy contento de poder llevar una variedad de platos de calidad a la mesa costera de cada día. Una última pregunta, ¿Los clientes no se incomodan? digo, por el hecho de ser atendidos por mariscos. Al principio cuesta, algunos tienen que resistirse las ganas de comernos.  Igual con el tiempo se acostumbran, total, a la larga, son ustedes las que llevan las de perder en la gran cadena.

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