domingo, 20 de noviembre de 2016

Día 917: Mutación M

Atravesamos el Missouri con una única sensación en mente: atravesar esa puta pared. No me pregunten cómo, esa noche las drogas tenían el asiento VIP. No crean esas mierdas de Huckleberry Finn, cruzar un río es una mierda peor de lo imaginable. No me siento incómodo al decirlo, teníamos cosas peligrosas, ya saben, de esas que desean la mayoría de los hombres. Cosas de poder.
Mi compañero preguntaba cada cinco minutos, falta mucho, falta mucho, falta mucho. No lo culpo, la ansiedad también se acumulaba en mis brazos cansados de remar, pero entiendan, algunas veces hay que dejar al niño atrás. Esto es cosa de hombres, no de pantalones cagados. Acá les tengo el asunto. La carga que llevábamos era muy tóxica. Nuclear diría. Lo importante está en las mutaciones. El cuerpo recibe la dosis y muta hacia el costado que más le conviene, así me lo explicaron antes de cargarlo a la balsa. Lo cuidé como a mi vida, al menos eso quiero creer.
No me lo contengo más: nos tentamos. Así fue. Mi compañero no tuvo suerte. La horrible mutación le quitó la vida en el acto. Sus pulmones salieron despedidos al río. Carne de pez. En cuanto a mi, bueno, tampoco la saqué barata, de algún modo el reactivo nuclear de la carga de ocupó de hacer de mi cuerpo un portal espacio-tiempo. Vivo, por así decirlo, en un continuo donde las cosas ocurren y nunca dejan de ocurrir. Pasado o futuro, lo mismo da. No existen barreras para mi. He visto morir a todos tantas veces como estuve al presenciar sus nacimientos. No puedo tocar o percibir con los sentidos humanos. Ya dejé de ser. O mejor, soy en cada momento, una digresión más. Me convertí en una pared a la cual hay que atravesar. Algo me consuela. Soy bueno para contrabandear cosas, navegar ríos y contar historias. Mañana parto al Missouri donde me espera una nueva aventura.

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