lunes, 28 de noviembre de 2016

Día 924: Profanación

Enterraron el cuerpo del viejo en un cementerio indio. No revivió, por supuesto. Hicimos mal los pasos, dijo Jameson. Silencio. Richards sostenía la pala, en estado de alerta. Cada tanto pasa algún vehículo, nada para preocuparse, respondió. No, los pasos son los correctos, es lo que dice el papel.
El papel puede estar equivocado, terció Jameson. No vamos a discutir ahora. No esa noche. Las brujas estaban casi detrás de ellos. Ahora somos profanadores de cadáveres, no lo olvides, dijo Richards. Era parte del pacto. En otro rincón de la ciudad dos policías investigaban cierto agujero en la pared de una morgue. No es la primera vez, dijo el policía más novato. Un tipo perspicaz, tenés futuro, pibe, sostuvo su compañero.
Jameson y Richards se limpiaron los restos de tierra con una toalla sucia. Debemos parecer gente normal. Actuá normal, Jameson. La pantomima no funcionó, la sirena se sintió cada vez más cerca. Se acabó la profanación.
Llevaron a la maleantes a una celda solitaria de tres por tres. Un balde, un inodoro. Nada más. Pasaron así la noche. Los presos no cruzaron diálogo alguno. A la mañana siguiente los descubrieron. Ni Jameson ni Richards llegaron a confesar la sustracción de los cuerpos. Muertos. Momificados. Un perito sostuvo que al menos debían llevar trescientos, tal vez cuatrocientos años así. Muertos.

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