martes, 29 de noviembre de 2016

Día 926: Funeral de las cosas que restan

Absorbí el aire con la delicadeza que me permitió la nariz rota. Allá arriba del cuadrilátero nos cagamos a golpes. Fuimos dos dioses de la decadencia. Escupí la vida en ese balde, junto a usa puteada. Perdería algo más que la pelea. El ring más grande, el garaje de una trifulca cósmica. Arderemos por siglos. La culpa no está de mi parte.
Puedo tener un diente menos y la esperanza aparte. Perderme en el bosque y ser un árbol. Me alejaría tanto de la escena. Pero no debo. Mi carga está en las puños, dentro de los guantes. Es un baile al que no me puedo rehusar.
Sé que debí estar muerto hace tiempo. Es la suerte. O la falta de ella. Me prepararon para ser una máquina de guerra, un artefacto incapaz de sentir la piel lacerada. Fui un producto de años de investigación. El humano perfecto. O eso decían. Estuve cerca de ver. O de no ver. El ritual nos pone en ese camino. Allí estuve, en lo correcto. Enterrado por varios milenios, creyendo ser algo más. Hubo una pelea que ya no recuerdo. Y parte de los oficios funebres, de las cosas que llegaron a ser.

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