miércoles, 30 de noviembre de 2016

Día 927: Movilidad

Comenzó cuando mamá decidió mudarnos a la mierda. No lo premeditó, no lo discutió con papá, así de simple armó nuestros bolsos una noche y así quedamos, todos al revés de la casa, o sea afuera, o sea el frío, la intemperie y todas esas mierdas. Papá nunca decía nada, aunque cada tanto me hacía un gesto del tipo a esta qué carajo le picó. No pudo esperar a comprar o alquilar una casa nueva, le ganó la ansiedad de la incoherencia. Yo tampoco me preocupé, en ese entonces era demasiado chico como para quejarme o entender algo. Me pareció un juego divertido.
No se preocupen, vamos a estar lejos, dijo mamá. ¿Lejos de qué? de la cortina del baño, por supuesto. Está poseída por el demonio, claro. La lógica al servicio de mi familia. Nunca trató de romperla o exorcizarla, no. Fue más fácil huir en el medio del sueño. Qué se yo, era chico, puse el pero y me callaron.
Cuando conseguimos mudarnos a nuestra segunda casa pareció que las cosas mejorarían. Mamá tenía mucho mejor ánimo. Hasta sonreía. Papá también sonreía. Parecían cómplices de algo que tardé unos años en entender.
Pasó un par de semanas y yo andaba por el comedor mientras mamá hacía una torta para la merienda. Le quise decir un pero, y otra vez me tapó la boca. Dejó de hacer la torta y otra vez rajamos de nuestra casa, la segunda.
Ocurrió con la tercera, la cuarta y la quinta. Así hasta convertirnos en una especie de tribu nómade. Crecí entre viajes sin sentido. Mi voz tomó el color de la adultez. Discutía más con papá, y otro tanto con mamá. Nunca entendí porque papá no se divorciaba a la mierda de mamá. Si sabés que está loca, le decía. Y a mamá cada tanto, cuando sabía que pronto tocaba mudanza, le decía que la cortina no nos puede seguir a todos lados. Pero es la misma cortina, el demonio sabe adonde vamos, era la respuesta de mi madre. Y yo buscaba en mi paciencia, aclaraba la garganta y me disponía a ensayar el pero. Y no, ella salía corriendo. Ya no quería escucharme.
No va para más, le grité en esa ocasión. Me escuchás y listo. La cortina del baño te sigue a todos lados, pero vos sos la que la compras. Siempre comprás la misma puta cortina. Es la misma puta cortina.

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