domingo, 4 de diciembre de 2016

Día 931: Nociones de fantasmología

Encontré un modo para decir lo que quiero sin decirlo. Es un acto masoquista de supervivencia o más bien un secreto boludo. Las cosas deben morir en mí. Ese es el principio. Luego se necesita un poco de sangre de la víctima. El portal estará abierto por unos cuantos segundos. Los suficientes. El medium del más allá solicitará claves. A lo que uno debe responder: uno cuatro veinte, o tal vez el número de pin del cajero automático. Eso depende del interlocutor que se convoque.
Será el momento de fugarse a un otro país, conseguir pasaporte, aprender un nuevo idioma. La cagué. A los mediums no les gusta que los llamen. Te joden la mente. Violan tu cerebro. Te hacen decir cosas. Si, cosas sin decirlo. Claro. Esa era la premisa inicial. Pero nadie imaginó esta situación puesta en un cubo de maldad sempiterna.
El juego de los números se tiene que repetir, uno cuatro veinte o quizás los dieciséis números de tu tarjeta de crédito. Es posible que el rito termine de este modo. No se alarmen si su cuenta corriente aparece en cero. Gastos en su tarjeta de crédito, también es algo normal. Con el tiempo se disipa. Consigan un nuevo nombre, evadan al fisco y eso es todo.

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