martes, 6 de diciembre de 2016

Día 933: Revelado

A veces me contento en este sentir licántropo. Con la mirada adobo la carne. Y en un silencio testigo me abandono al furor del hambre. Por la noche mis sentidos son confusos, me olvido del hombre que dejé atrás. El sueño fragmentado de una estampida debajo de mis pies. No ví más aquel jardín florecido donde mis esperanzas se marchitaron.
Fuí dejando los pedazos, a medida que el camino se hacía cuesta arriba. Olvidé tantas cosas. Los anhelos de mi especie, sobre todo. Un gran período de indeterminación cayó sobre mí. No pude más sedar la tortura. Me abalancé sobre el infinito y aguardé a que la nube se retirara.
El mundo se presentó ante mi en su realidad absoluta. Sin mentiras. Sin engaños. Solo lo que es, y tal vez será. En el medio quedaron mis latidos de hombre insulso. Creí por unos instantes en los poderes curativos de la misa negra. Estuvimos perdidos por eternidades. Sin saber encontrar lo que ya está. Un solo preludio nos antecede. Y nos condena.

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