miércoles, 7 de diciembre de 2016

Día 934: El rey del puto planeta

Escogimos las mejores piezas, como para capear la tormenta. Después fue cuando vino lo malo. El descubrimiento, triste, de saber que no éramos los únicos en ese planeta de piedras verdes. Los de mi grupo éramos cinco. Seis si contamos a José. José está a punto de morir. Enfermó al aterrizar la nave. El aire del planeta le debe haber caído mal. Cinco y medio.
Nunca tuvimos muchas instrucciones. De las que podrían dar a un astronauta. No. Somos tipos comunes. Con suerte. Cuando el gran conflicto hizo mierda la Tierra, naves como la nuestra se dispararon al espacio. Así, como quien dice, al azar. Nosotros sacamos el premio mayor. No tengo dudas en decirlo. Salvo los seis, cinco, que les refería, la humanidad hizo caput.
Al principio lo creímos un paraíso. Solos, vegetación por todos lados, aire como el nuestro. Pero no, nunca estuvimos solos. Nos observaron, nos estudiaron y nos midieron a cada uno de nosotros, vaya uno a saber por qué. Ahora creo que algo lo entiendo.
Nos querian cazar. Uno a uno nos fueron matando con sus fusiles de plasma. Nunca supe si la cacería tenía algún fin específico o solo era por diversión. Quedamos arrinconados en un pequeño valle. Solo yo. Bah, José y yo. Ese bastardo había agotado sus posibilidades de sobrevivir.
Va a ser el rey del planeta. Lo pensé como quien inventa una película para divertirse mientras espera que lo atienda el doctor. Va a ser el rey de este puto planeta. Esos bichos le obedecen, no sé cómo. Y lo entendí, parte de la película se hizo realidad. Lo entendí en un gesto del moribundo José.
Era la señal. Sentí el rojo de la mira sobre mí frente. Los bichos lo van curar, para luego coronarlo. El rey del puto planeta, quien sabe, tal vez el universo.

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