jueves, 8 de diciembre de 2016

Día 935: Todo lo bueno

Tengo una solución y no se cuál es el problema. Supimos ser aquello que la gente pregunta. La noche de los demonios. Es la idea de un sueño rutilante. Si tantas veces podría decir lo mismo cuánto más lo diría. Mi boca puede estar trabada en esa obsesión. 
La causa de la guerra. Allá pierden algo más que las piernas. Golpeé con todas mis armas, directo al corazón de los novicios. Y pudo el efecto sorpresa. La decisión de los cobardes. Llené los pulmones con todo el aire que pude y grité tanto, tanto, una frase ininteligible, suelta. Libre. Consistí en dejarme llevar por el silencio de la tregua. Me amigué, ya saben, con el humo de la metralla.
Luego fui el emisario del escritorio. Traje respuestas rapidas. Palabras dulces. Conferí una gruesa capa de pintura a la obra mayor. Me hice llamar el artista, en mi cruda fascinación por la sangre. Serpentinas, confeti, fiesta para los valientes. Los muertos sí que la pasan en grande. Felices tumbas. Somos todo lo bueno de la civilización. Somos todo lo bueno.

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