viernes, 9 de diciembre de 2016

Día 936: Fervor religioso

Suponte, solo un eco boludo. Un reverberante estallido de palabras, consecuente. Somos el señuelo de las eras, aleluya. Hasta el último escombro removí, sin encontrar la decencia de tiempos mejores, fruta para otros. Fruta para mí. Todo el inconsciente bombardea. Es la puta bomba del fin de los tiempos. Aleluya.
Con estas letras remozadas salgo al mundo y digo lo que digo porque puedo lo que puedo. Desde otro planeta recibo señales. No hay vida inteligente. Ni acá ni en el culo más recóndito de las emociones. Solo un eco boludo. Un repite que repite. Estribillo desencantado, pelotudo. La canción más idiota del mundo. No entender más de qué va la cosa.
El meo de los dioses. La vida sabrosa. Congelarnos a la intemperie. Como el canario siberiano. El culo sin preguntas. Un premio Nobel más a la decadencia. Uno más, y no jodemos más. Nos fuimos sin volver. ïtaca quedó en la puta que lo parió. Tan lejos de la miopía de mis circunstancias. El ojo malo no puede más de bueno. Recibimos el cambio con un amén. Y con su espíritu. Y ni un carajo.

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