miércoles, 14 de diciembre de 2016

Día 941: Pasos de ballet

Tocar tanto como los dedos puedan. No dejar obra en pie, que nada es sagrado, dicen. El arte muere a nuestros pasos. El sintoma de la decadencia, pero la definitiva. Aceptamos nuestra parte con la parsimonia que corresponde al caso. Y no ventilamos un rumor mayor. Las cosas suceden, aún con nuestra voluntad que juega en contra.
Dejamos de contar la mentira del infinito. Hasta este pie el límite queda. Ni un paso atras. Ni un paso delante. Justo. Detenido en el limbo de todas las sensaciones del universo. Tantas pero contables, finitas. Lo que nuestras manos abarcan los dedos tocan. El tacto curtido de quien ya dejó las cosas del amor por detrás.
Las naciones del planeta unidas en la aflicción del divorcio. Disolución del común sentido, de aquello que nos rodea. Ejecutan el plan maestro con pasos de ballet, milimétricos. Justifican el asesinato siempre que sea el de unos cuantos, los necesarios. Se prestan al juego de dios, de Kurtz y todo lo demás. Sin volver a la periférica óptica, de ojos cegados. Cuerpos que chocan en la oscuridad, panderetas de la historia. El sentido no vuelve a ser encontrado. Anónimo aguarda la bala que siempre tuvo su nombre, y no más.

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