lunes, 19 de diciembre de 2016

Día 946: Sentimientos invertidos

De las escaras de mi padre nace un silencio. No es el goteo intermitente del suero. Es la acojonante falta de sonido. El mundo aparte, el que todos temen. Allá vi a un casi cadaver ofrecer pelea. Percibí un instante, el momento. Ya bajó la guardia, se va, se va. Y me quedé con la finta. El truco. Así no.
A cada semana lo mismo. No mejora. El doctor amable, que explica lo obvio. Es terminal, lo sabés. La enfermedad no siempre trabaja con las mismas ganas. A veces se toma un fin de semana largo, unas vacaciones y el cuerpo aprovecha. Unas cuantas refacciones y a seguir. En la espera. La más dulce y amarga de todas.
Muchos pierden sus estribos. Arrojan sus pensamientos y anhelos a dioses y sarasas redentorias. Que se vaya en paz. Que se vaya. Que algo. Y no. Kilometro cero. El coche no avanza. Mis manos exhiben surcos no antes conocidos.
Y me percato. El viejo tiene nueva piel. El espejo devuelve una escara, pero en un cuerpo diferente. Alguna brujería, vaya uno a saber. Muero a cada día que pasa mientras que ese hombre que me dio la vida mejora, contra todo pronóstico. Sabré que el bastardo me va a dejar en la cama. El cambio es inevitable.

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