jueves, 22 de diciembre de 2016

Día 949: Almanaque amarillo

Resiste la avalancha, con todos los pedazos juntos. El monigote de fin de año. El síntoma más cruel se anida por lo bajo, es la voz que repica y muerde. Los hombres nos parecemos, nadie escapa. Remite la estática. Ruido blanco de ocasión. Nuestro fino cogote aventurero asoma. Otea el panorama. Es pasivo a lo que es. Existir como acto itinerante. No ver más brillo en la oscuridad. Ojos que asfixian. Ojos muertos.
Perdimos la fortaleza. La carne envejece y se hace dura al diente. La encía se parte y no hay diente. No nos vamos a despertar más de aquel sueño erosivo. Mendigaremos lo que sea necesario. Desenterrar la mierda de pozos ajenos. Lo que sea. Y por supuesto, el interludio. El cobarde sobrevive, más que la suerte del valiente.
Allá afuera, el confín de la situación máxima, de culpa y esperanza. Las ruedas se detienen, nunca se movieron. La inercia. La ilusión. Cuerpos que retozan sin apenas tocarse. Estamos mejor de lo que creemos. Peor de lo que sabemos. Y tal vez dé lo mismo. O no.

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