miércoles, 28 de diciembre de 2016

Día 954: Felicidad

Hoy estoy feliz, dispuesto a ver como la vida vomita mariposas en mi duodeno. Oigan, es un evento inaudito, no pasa siempre. Es como cuando coronan a un Papa. La gente se para y aplaude, algunos derraman lágrimas y cosas así. Son cuestiones de estado. Plana mayor. A veces deseo un atentado contra la humanidad. Cruzo mis dedos con fuerza y miro al cielo. Ahora vienen, no. Ahora vienen, no. Y no, se quedan en sus planetas, a millones de años luz de nosotros. Los telescopios que tenemos son muy precarios para descubrirlos.
En realidad no quieren venir. Nos tienen miedo. Pensarán, a ver si la humanidad es un mal que se contagia, y los entiendo. Mejor que nadie, a pesar de tener hoy una felicidad capaz de inseminar a medio edificio. A esas personas les introduciría mi miembro con ganas. Depositar unas cuantas semillas, ya saben, para mañana, uno desconoce lo que puede llegar a pasar. Una inversión a mediano plazo. No me veo como padre, pero tampoco es el proposito, entienden. Vine a este planeta a ser todo lo amargado que mis células puedan permitir. Voy a ahogarme en cada detalle idiota con la misma gravedad que el cáncer hace metástasis en las partes importantes del cuerpo. Voy porque quiero. Hundirme en esa mierda me hace feliz. Me hace sentir, ante todo, vivo.
La felicidad me vuelve tarado pero completo. Soy capaz de cerrar el círculo aunque esté mal dibujado. Nunca fui bueno en el arte. Lo mío son los números. Soy un contador profesional. Cuento polvos, autos, caca o lo que venga. Me gusta la consecución numérica. Me tranquiliza saber lo que puedo esperar de una suma. Es lo conocido. A los bebés les pasa igual. Nacimos para vivir en la zona de confort aunque muchos se empeñen en echarnos de ella.
Sé que algún día me van a contactar. Me gusta creer en el peso de lo inevitable. La muerte lo es. Los extraterrestres lo son. Yo mismo lo soy. Voy a ir adonde tenga que ir y no voy a poder evitarlo. No soy dueño de mi ser. Es un alquiler. Cuerpo en comodato. Le pedí prestado, como otros, unas cuantas partículas al universo, y luego tendré que devolverlas. Al menos voy a evitar el efecto invernadero.

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