viernes, 21 de julio de 2017

Día 1152: Pus

Un filo me corta desde adentro. Es la necesidad que urge repetirse en acto. Soy otra vez contra la tempestad o la calma o el entre medio. Soy ante lo que venga y muero en eso. No haré la objeción conciente. Ya sé lo que viene. La tormenta de mierda que enchastra las ventanas. Vamos a quedar encerrados por semanas, con el regalo de nuestras caras. Caras que miran caras. Y nada por hacer. El aburrimiento, el mero spleen. El mal actual de cortar la luz. Nada por hacer. Somos efímeros.
Vale una noche, un momento. Y el corte en lo oscuro que para eso somos, muerta la luz, muerto el aire, y las sensaciones mediante. Desde la otra mirada vuelve. Es un camino sencillo. Una formalidad. Nacer para carnear al gusano. Que el pasto haga su trabajo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Día 1151: El padrino

Rescindí el contrato. La vida me hizo una oferta que no pude rechazar. Fue salir al baldío. Fue empaparme hasta las rodillas. Fue hacer caso omiso al hambre, a la sed. Fue lo que tantos hombres desean y tan pocos tienen. Fue la investidura de un vagabundo que me increpa en la calle con su aliento seco de vino tinto barato. Fue la voz de mi madre que decía, entre tantas otras cosas, que me cuide del frío y la merca. Fue el silencio que cauteriza la herida antes de la muerte definitiva, que la oleada de mierda no me toque la cabeza. Fue perderme en la torcedura de las reglas para salir a flote hecho cadáver. Fue la contribución de los espíritus a la causa. Fue beber del pozo seco aunque solo de bebida trague barro. Fue consolarme en el peor momento, de la mentira del todo está bien al se hace lo que se puede. Fue conquistar el abismo de la patraña filosofal, escarnio de mentes, trituradora de carne. Fue como la alineación de algún equipo ganador se filtraba en nuestros recuerdos. Fue la vida con su culpa y la tendencia, estupida, de explicarlo todo, aunque no sea nada.

martes, 18 de julio de 2017

Día 1150: Sutilezas

Soñar con la diferencia. Un minuto de más. Con el grillete apretado se suma al contoneo de la madre libertad. El por favor es mi obsecuencia, la necesidad de quebrarme en tantos pedazos como pueda. Me abrí a la posibilidad del colapso de los mundos. Teoría difundida. Explicada.
Nuestro descenso. El inminente. Para refugiarnos en las catacumbas están las preguntas. El necio, el arrogante, el que no encuentra sentido. Todos ahí, unidos, en la parafernalia del sacrificio.
Con lo menos hacemos algo. Es la alegoría del pobre. Donde todo aprieta y nada alcanza. La madre irá a la escena del crimen para señalar a su hijo. Volver a casa. No hay opción. A veces mañana es diferente.

lunes, 17 de julio de 2017

Día 1149: Seis de mayo

Aburrí. Corté con mi pareja un cinco de mayo, a falta de una mejor fecha, y desde entonces intento recuperarla. Le envío flores, mensajes. Una vez le regalé un elefante. Sé que le gustan los animales grandes. Capaz exageré, lo sé. Intenté olvidarla, después me viene a la cabeza esa cosa de los mexicanos y la tequila y se me van los pensamientos otra vez. Me ahogo en ella, es mi fuente, mi tortura chica. Es ella. Así la quiero. Es un desmadre mi vida.
Tu cara se me aparecía en la televisión, en los crucigramas. También en el baño, durante esas tareas asquerosas a la que nos consagramos los seres humanos. Una vez probé con el suicidio y me di cuenta que no era lo mismo. No sirvo para matarme. Tampoco sirvo para vivir. Esta cosa entre medio que sos lo que fuimos es algo que me mata en vida sin matarme. Y me confunde, mierda que me confunde. También me hace enojar, pero eso no pasa siempre. Soy un tipo tranquilo a pesar de las apariencias.
Leí filosofía y algo de autoayuda. No encontré nada. Me sentí como ese nabo de la canción de The who que busca, busca y nada encuentra. Un fracaso absoluto. Ahí, derecho a la nada misma. Intermitente, como todos mis proyectos. Tengo un trabajo a medias. Una familia a medias. Un corazón a medias. Y una relación partida que a veces dudo pueda recomponerse.
Ese cinco de mayo mi orgullo mexicano se enciende en una botella de mezcal a medio vaciar. Me pregunto dónde dejé el gusano. El gusano de la vida. Que quita y trae. No sé. Me lo tragué. Me sale bien emular canciones estúpidas. Como esa de the who. Canciones que transpiran filosofía a través de esos cuerpos cargados de música vacía. Música de nada. Pero no olvido que la quiero, aún en la imposibilidad de mantener el alimento en mi estómago. Puedo vomitar toda la noche en su honor, es mi homenaje. Esto puede ser lo mejor de mí. Y otra canción va.

domingo, 16 de julio de 2017

Día 1148: La colina

Subieron la colina tal como se los indicó el guardia. El peligro abajo es lo negro, así decía el folleto. Estúpidas convenciones escritas por gente de poca experiencia. No están ahí, en el codo a codo con los portales interdimensionales. No es como en las películas, saben, agregó el guardia antes de abrir el portón que resguarda el vórtice. Mierda que no.
Según el criterio con el que se avance lo negro toma forma. A veces los colores invisibles pueden combatir el contorno. Pero arriba estamos lejos del quilombo. Abajo. Donde procrean esas cosas, en la libertinaje de la energía no contenida. Abajo es la tentación. El mundo de los vivos.
Y ellos, los muertos, sentían el llamado. El guardia advirtió del poder seductor de la vida. Era el límite. El que resguarda la seguridad del pasaje. Adonde las almas concurren. Lo negro. Alguna vez deseó saltar. Como todos.

viernes, 14 de julio de 2017

Día 1147: Cierralatas

Abriré la herida para que supure lo que lo venga. Nací en el odio, no quiero más. Crecí en mi miedo. Debo incrementar lo que sea. El límite del pánico. Y sin el beneficio del mundo que culmina en su borde. Inquisidor. Abrelatas. Salir afuera con indistinto tiempo. Los dioses han muerto.
Que se hagan cargo de la avería. No resignará la gloria del tiempo pasado.  Más hondo que nunca. Que me hablen del inconcluso. Jamás toqué esa frontera. Los ojos no se hacen para ver.
Después el suicidio de los de nuestra clase originan la vida. El convite de las razas. La muerte original. No volvimos a la herida. Cerramos. Y es.

jueves, 13 de julio de 2017

Día 1146: La máquina de complacer

Valdría un millón de dólares. Sería el invento del siglo. Pero voló el muchos pedazos. A través de la ventana salieron los restos de un experimento fallido. La máquina de complacer. Un brazo que se extiende y dice, todo va a estar bien. Todo va a estar bien. Y no. Nunca lo está. Nunca. Viene el cuco y te mete dentro del placard. El cuco abusador.
Tocar puede ser lo correcto, en el lugar adecuado. Lo único del alma que no se deja ir. Lo que queda. Permanece. Y el vivo acosador recuerdo de nuestras semejanzas. Fuimos uno con el mundo para lo mucho que queda. La lucha de uno contra todos. Así nacimos. Desviados en la cuna. Un polvo de la alegría se escurre a través de mi nariz.
La máquina de complacer no señala. Está de acuerdo en lo que sea. No hay discusiones. No más argumentos deformes. La vida en su conjunto es lo que somos. Y a través del caño nos escurrimos. Con fuerza la sopapa. Escurre y tira. Y la máquina no deja de funcionar.

miércoles, 12 de julio de 2017

Día 1145: Tumba por colectora

Mi cuerpo alumbra a miles de coreanos tratando de hacer una geometría imposible. Gerentes del caos, observen mi alcantarilla. Que me rescaten del agujero en donde me metí. ¿A cuántas millas por hora puede andar una batidora? Son preguntas que importan. Que cuelguen la noticia de las patas y que me rebanen el ombligo. Acá estamos para cosas importantes.
Patalearé hasta que me queden fuerzas, hasta que corten la luz. Los arrastrados por sus novias, las peligrosas plumas de flamenco. Con no ver esa situación caer de mi nariz. Con el bloque, la dureza del cristal que se coagula en la vena. La droga pasa, la vida pasa, los plásticos de las sillas pasan, y nada permanece.
Voy a quedar tumbado, culo para arriba, abierto de espaldas al mundo, para que cuenten la historia al mejor postor. Para que esa verdadera satisfacción quede atorada en el borde del inodoro, adonde los valientes quiebran. De culos y tumbas se trata este funeral. Culos y tumbas. 

martes, 11 de julio de 2017

Día 1144: Otro negocio arriesgado

Por algún lado lo leyó, o quizás por internet. El asunto es que a Don Nicasio se le había ocurrido otro negocio arriesgado. El hombre de las apuestas, ese era Don Nicasio. Un buen capitalista, hecho y derecho, con su capital debajo de los brazos y unas ganas locas de meterlo en la empresa que se preste a generarle más dinero. Ese era Don Nicasio. Luego de años de vagar en el desierto se le ocurrió una idea genial. Fábrica de paraguas.
Eso. Fábrica de paraguas. Se viene el diluvio universal, así lo anunciaban, con grandes marquesinas. A Noé le pasó y tuvo que salvarnos a todos. Ahora es mi turno, se relamía Don Nicasio. Una llamada a sus inversores en Londres y en dos meses la fábrica estaba montada. Un pequeño recordatorio: Don Nicasio es tan millonario como Bill Gates. Tal vez más, es un hombre humilde cuando se trata de exponer sus fortunas. Siempre se negó a aparecer en la revista Forbes porque no es su perfil. Don Nicasio es un tipo de entrecasa, un hombre de desierto. Diez años en el desierto del Sahara lo atestiguaban. Ahí mismo tenía montado su Bar del Desierto. Las ganancias del emprendimiento eran nulas, pero ¿quién iba a cuestionarlo? En Londres había gente capaz, gente con más cerebro, gente que evitaba que perdiera dinero a costa de dejarlo en paz con sus negocios arriesgados. 
Don Nicasio no era cualquier persona. Era un millonario con suerte. La vida tenía sus maneras de hacerle llegar el mensaje equivocado. Y así es como él creía estar en lo correcto. Hasta las últimas consecuencias. Y también con la fábrica de paraguas en el desierto. No vendió uno solo. Ni un cliente. Tampoco llovía demasiado por esos lugares. El diluvio universal no llegó. Los paraguas ahí quedaron, guardados, para una mejor ocasión. 

lunes, 10 de julio de 2017

Día 1143: Recordatorio

Y es lo que todos dicen. Una enredadera mental. Vienen las palmadas. Atrás las felicitaciones. Nacimos para la insolencia inconsecuente del planeta Verga. Para que prevengan la insolación. Nos asfixiamos en nuestra propia desesperanza. Para que les conste. No es tanto la sensación. ¿Cuál es el abrigo verdadero?
Desistan del sueño. A veces la caída es fuerte. Y cada muñón duele. Es el lugar apropiado, pero vamos a negarlo. Somos negadores olímpicos. Nunca va a estar la sombra ahí. Sé que va a doler. La herida es lo que se abre más o más. Tanto abierto puede estar los cortes que nos hacemos.
Cofradía de lo inesperado. Lunes nocivo. Nos desplumamos ante el menor esfuerzo. Espuma de cotillón. Y no dejar de nacer, ni un instante. En repetido, como fotocopias. Que peguen una en mi culo, que ese asunto está perdido.

domingo, 9 de julio de 2017

Día 1142: Es la gracia

Ese costado no nos importa. El otro menos. No vimos el sol hasta que nos quemó las pestañas. Abrimos el espacio, el surco, entre aquello deseado y la esperanza trunca del ladrón. No jodan al jodedor. No. Estamos para solucionar problemas. Eso dicen. Solucionadores. Las ideas pueden ser cosas o imágenes. O no. A veces nos negamos a los ojos.
Ellos quieren ver en mí algo diferente. Buscan seguir algo, y me convierten en el perseguidor oficial de la realidad. Algo así. Querrán vernos caer. Es la gracia del que pierde, y del que gana. Todos caen. Hay un pozo diseñado para cada uno de nuestros cuerpos. Es la gracia.

sábado, 8 de julio de 2017

Día 1141: De lo autocumplido

Estuve a punto de cometer un crimen. Lo evité con mi talento precognitivo. Ya saben, anticiparme al resto, incluso a mi mismo. Se sorprenderían al descubrir lo inútil que puede llegar a ser. Pregúntenle a Tiresias. O a Casandra. No hay peor sordo que el que no quiere ver. Lo que viene viene y nada puede evitarlo, ni siquiera una mente preclara. Volvería en el pasado para cambiar las cosas, eso si. Me arrepiento de todo.
Debería anular las reglas de las probabilidades. Esas que dicen que tal vez maté a alguien, o no. Lo hice, y punto. Aunque solo fue una idea. Puedo tener tantas ideas. No se imaginan. Una vez hice que un perro se haga pis encima. Me gusta lo sádico. No quiero sufrir más. Ahora le toca al resto. Será por eso que mi cabeza precognitiva se prepara para un asesinato. Se viene algo que va a descargar dos o tres balas sobre el cuerpo de otro. Ese algo soy yo.
Y acá viene lo increíble. Las acciones, lo que hice al respecto. Me encerré para evitar lo que sabía que iba a hacer. O sea, matar a la persona que se suponía que iba a matar. Las horas me carcomieron la paciencia. Luché con mi claustrofobia mental. Casi estuve a punto de perder los estribos. Logré el control antes de que todo se fuera a la mierda. Observé mi reflejo en la ventana. Y así me encontré con mi futura víctima. 

viernes, 7 de julio de 2017

Día 1140: ¿Cuál es la verdad?

¿Cuál es la verdad? ¿Tengo que morirme para saberla? ¿Es acaso una consecución de hechos inconexos? Para qué la deseamos tanto? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para tapizar quizás los pasillos del Taj Majal? ¿Para adormecerme un poco más en el suave fulgor de la muerte? ¿Para qué pregunto? ¿Por qué insisto? ¿Es mi verdad la verdad? ¿O es una mentira coloreada con colores verdaderos? ¿Es ilegal? ¿Podré trascenderme sin la necesidad de la invocación, sagrada invocación? ¿Tengo que sumar mis preguntas a las preguntas? ¿Por qué insisto? ¿Por qué la necesidad? ¿Por qué ésto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué el final tiene que ser el abismo de la incertidumbre? ¿Por qué no hay principio? ¿Dónde ubicar las reglas de lo desconocido? ¿Cuál es mi límite? ¿Dónde queda mi exceso vital? ¿Cuál es la verdad?
No lo sé.

jueves, 6 de julio de 2017

Día 1139: Espiralado

No quiero odiarme. Es el estado de las cosas que pone así, quisquilloso, poco tolerante, tal vez insolente ante el pesar de la galaxia. Lo mio es nada. Algo para molestar. En esa piel no me siento cómodo. Existe un límite que no conozco, que no varía, que es invisible a mis intentos. Tendría que ser expuesto, confinado al eterno sufrimiento. 
Podría controlarme un poco más, si eso estuviera a mi alcance. Así no funciona. Los mecanismos giran. El reloj y su contorsión. Inevitable. Así y todo decido no quererme. Abro paso entre las olas y trago el vientre del mar. Creo en la razón justa del suicidio. Un momento justo para decir basta.
También hay más. Asuntos sin explicar. Tal vez una resurrección en el tintero. La moneda de cambio que somos todos. Y algo para agregar. Siempre. Siempre. Aunque el tiempo sea otro.

martes, 4 de julio de 2017

Día 1138: Matriz de tiempo

Rompería las ventanas. Quizás un incendio sea la solución. En ese laboratorio, ahora lo sé, operaban niños. Le metían cosas en la cabeza. Fue horrible. Y no pude hacer nada. Cuando la guerra terminó tuve que huir para no terminar metido en un juicio por mi complicidad con los criminales. Volví a casarme, tuve hijos, incluso conseguí trabajo. Nunca pude dejar el remordimiento atrás.
A la noche, en vez de dormir, pensaba en toda las acciones que hubiera hecho para liberarlos. Pero no lo hice. Y eso es que importa. Estuve un poco más tranquilo el día que me enteré que colgaron a mis jefes. Se lo merecía, es verdad. ¿Tendría que haberlos acompañado? No lo sé, son preguntas que aún me incomodan.
Capaz que por eso se me ocurrió intentar que sus almas sean libres. Tenía un plan de escape. Las ventilaciones eran los puntos débiles del complejo. Si puedo abrir una de las tomas, quizás los pueda sacar. De a poco, en la noche. Para que no se den cuenta.
La primer parte fue sencilla. Esquivar los puntos de control, no tanto. El recinto tenía cerca de treinta cámaras de seguridad y quince guardias, dos o tres por piso. Luego vendría el sigilo. Quizás en un punto deba matar a un nazi. No importa, ellos mataron a unos cuantos. No es el problema. Los sacaré uno a uno por una puerta que da al fondo del edificio. Así hasta llegar a la totalidad de internados. Algunos morirán en el camino. Los más sanos recordarán a su salvador para toda la vida. Podría dormir un poco más, aunque para eso necesitara una máquina del tiempo.

lunes, 3 de julio de 2017

Día 1137: Carga

Comunión. De negra muerte. Barca que lleva cuerpos. Guarida de espejos. Miento. Digo lo que es. Guardo para mejores tiempos. Y si veo lejos la condición nublada voltea mi cerebro. Nadamos sin una conciencia a la cual lamentar. Porque perpetuos movimientos doblan las velas de mi barco. La indiferencia en una letra de canción, el púlpito genocida, acusador. De la espina clavada vuelta a clavar. No es el momento ahora.
Tamiz de la realidad. Un tono al costado. Acólito. Villano. No más lágrimas de rencor. Para lo que somos y lo que fuimos. Predicciones mediante. No es la soga lo que tira. Allá camina el alma, y lo que viene detrás también. 

domingo, 2 de julio de 2017

Día 1136: Sin tinta

Todas las mañanas nos acercan a la muerte. Un poco más cerca. Somos un poco de eso que los días que pasan. Nos erosionamos sin el despecho de los que nos preceden. Odio para la cosecha. Un mundo de interrogantes gira. Abrimos portales para divertirnos. La droga nuestra de cada día.
Al monte se conducen los besugos. Costa para arriba. Barco tira la soga. Disecciona el lazo. Cuántos tontos deberán arrojarse al precipicio antes de que alguien diga basta. Contaminación humana.
Estuvimos aquella noche con el estiércol de nuestro lado. Con las muertes, con las cuentas despedazadas. Con la poca importancia de la especie. Y qué se yo. No hay tinta. La historia quedará así.

sábado, 1 de julio de 2017

Día 1135: Pregunta roja

Detengan la maquinaria, no vamos a hacer más billetes. Que la sufran los de arriba. Nosotros, los castigados, marchamos. Porque dejaron la puerta abierta. Y así es fácil escaparse, cuando la sensación de libertad acogota. No culpen al mono, ese pobre ascendiente que solo puso la firma y no se hizo cargo. Vergüenza de la especie, para qué cagar más la cosa. Tiren al puente lo que no sirve.
Siempre volvemos. La pregunta insistente. Qué hacer cuando muera el sol. Cuando la oscuridad sea la respuesta. Nosotros, los hombres, los que sostienen el látigo, le damos la espalda al mundo.
Acatar muchas órdenes no nos más humanos. En el error está la distancia. Valdría poco arreglar el asunto. Tener coraje aunque no alcance. Cambien la medida, el tiempo es ya.

viernes, 30 de junio de 2017

Día 1134: Incomodidades

Una pollera corta y una actitud temerosa, solo eso se necesita para salir a la calle. Nada de ropa interior. Al carajo las camisas. Solo esa pollera demasiado corta, que deje filtrar el huevo y el resto de las cosas con las que viene un hombre a la tierra. Van a confundirlo con un escocés borracho, es cierto, pero sabemos bien que no es así. Allá va el protagonista de nuestra historia. No se detengan, tenemos que perseguirlo, miren que camina rápido. Nos vamos a acercar, pero no tanto, no es necesario que se de cuenta que lo observamos.
Aún casi desnudo este hombre esconde un secreto, algo que va a poner el peligro esta trama. Vamos al principio. Nació un 24 de febrero de 1952, pesó 3.620 kg. si precisan saberlo. No creo que les importe. Sé que están como distraídos. El hombre acapara su mirada mental. Se lo imaginan ahí, con esa pollera corta, que por cierto no es de color amarilla. Es una pollera a cuadrillé, como los kilts escoceses. Un evento familiar marcó la vida de este muchacho cuando cumplió los once. Un camión le quitó a sus padres. Fueron casi directo al cementerio, sin tocar el piso de un hospital. Así de muertos quedaron. Y lejos de convertirse en Batman, este hombre se recluyó aún más en sí mismo, si es que algo así sea posible en una persona ya de por sí introvertida.
Este hombre creció como pudo, a los tumbos. Un buen día descubrió que tenía una capacidad innata para incomodar a la gente. Si se llevaba un moco de la nariz a la boca, si se sacudía el pito de manera exagerada en la parada del micro, si se ponía desnudo en la calle y empezaba a gritar, todo era motivo de incomodidad en las personas. Tienen poca tolerancia, solía pensar nuestro personaje. Y mientras nos detenemos en estos detalles el hombre se escapa de nuestra vista.
Contemplen. Ahí lo tienen. Empuja una piedra. Calcula. Son como cuarenta y pico segundos. Un chasquido casi imperceptible. Lo más complicado es el primer paso. Vencer la inercia. Luego el hombre recordará su historia, su talento quebrado. Vine al mundo a incomodar. En la morgue van a hablar de mí, estoy seguro. Y saltó.

jueves, 29 de junio de 2017

Día 1133: Un diálogo

Comerían bien, no por que pudieran. Es algo que viene con el deseo. El cuerpo envejece, las señales sexuales decrecen y se reemplaza con otras cosas. Cigarrillos, alcohol, comida o coleccionar enanos de jardín. Esta pareja de ancianos llevaba bastantes años sin ver la cara de su creador. Hace unos meses lo intentaron. No funcionó. Es mejor cocinar, decía la doña. El don no decía nada, aunque con la cabeza hacía como que sí, que tenía razón. No me voy a divorciar ahora, que me estoy casi por morir. Casi puede ser una eternidad.
A decir verdad no se soportaban más. Ya no existía más indiferencia a la cuál recurrir. No había nietos. Los amigos se mudaron al cementerio. Y estaban ellos dos, juntos, sin escapatoria. Cadena perpetua. El viejo ya no decía nada. Respetaba a la señora con la que tuvo la indecencia de casarse. Para toda la vida, juró el estúpido. La gente cuando es joven comete actos estúpidos, pensaba el viejo, sin decirlo en voz alta. Decir las cosas en voz alta hacía mal. Con las palabras vienen las peleas, y ya no quería pelear, estaba cansado como para sostener sus argumentos. A veces es mejor que el castillo se desmorone y ver para qué lado caen los pedazos.
También estaba esta cuestión importante de la pobreza. Cuando el timbre toque, todo va a estar acabado. Y la miseria tiene sus aristas. No se puede elegir demasiado. Menos donde vivir. Donde acabar con un plato de comida. Una casa. Un hogar. Un lugar físico donde dormir.
Y el viejo lo sentía. No quiso decir palabras, porque era al pedo. Es mejor callar. El ruido. Lo esperaba desde hace años. Por eso nunca lo dijo. La doña pensaba, y también decía, son decorativas. Quedan bien en el piso. Es parte de nuestra herencia cultural. Un pedazo de vía muerta. Nada más. Un servicio discontinuado en el 73. No volvería a pasar el tren por mucho tiempo. Ahí se construyó esa idea estúpida acerca del amor por unos cuarenta y pico años.
Comieron tanto para engordar unos cuantos kilos. Cena tras cena, charla y charla, silencios. Ideas, discusiones. Pensar algo sobre el futuro. Quedar en el pasado en otras ocasiones. Observar. Día. Noche. Apagar la vela. La luz. El primer celular. Y ellos mismos, envejecidos, encanecidos. Las arrugas del tiempo. Y el tren se apagó. Desviaron el ramal.
Aunque a veces al viejo se le ocurrían ideas locas. Ideas como hablar y decir lo que pensaba, aunque le cueste el alma. Se pararía frente a la doña y le exigiría el divorcio. A veces quería animarse. A veces le faltaba poco. Quizás un traguito de vino lo animaba. Pero quedaba en ese poco. Poco. El casi eterno. Tendría que leer las noticias. Algo viene. Un ruido. Un corazón delator. Su sentir florecería. El viejo va a hablar. Silencio. Silencio. Ruido. Ahí viene. Las pruebas de reapertura del ramal no dejaron nada en pie. Y el viejo quedó con la boca abierta.

Día 1132: Interrupción interrumpida

Alfonso se propuso un día hacerle el amor a todas las señoras. Señoras de edad avanzada. Viejas. Quería cogerse viejas. Eso. Pero tenía un problema, era demasiado pobre para invitar a una señora a tomar un café. Alfonso era educado y no se las quería violar, aunque sabía que para hacerlo del modo adecuado, necesitaría dinero para el café y para el hotel, porque no tenía casa propia. Alfonso vivía en la calle rodeado de una jauría de perros. En algún momento lo pensó también, pero la zoofilia no es muy higiénica que digamos. Así que las viejas.
Con la barba y la camisa media rota Alfonso estaba a la moda. Parecía un cineasta recién llegado de Hollywood. Allá si saben lo que es la mugre corporal. Crotos con plata, eso son. Alfonso solo tenía que concurrir a un bar y señalar a la víctima. Todas. Pero de a una. Tampoco tenía veinte años. Hay que mesurar la energía. La libido, decía Freud. En sus venas corría un ímpetu animal mejor que todo viagra o estimulante vegetal.
Las llevaría al baño, si se prestan, o al auto, si tienen. Con suerte le pagarían el servicio, como un buen gigoló.
Eligió primero una rubia de unos sesenta y largos. El renacer sexual. Cuando la menopausia es cosa de la edad de piedra.  Lo hacen si quieren, porque pueden. Con ese ímpetu atacó Adolfo. Y la estrategia fue buena. La vieja señaló que hoy su departamento iba a estar vacío. A las siete viene mi hijo de visita. Eso nos deja tiempo, corazón.
Tiempo. Eso a veces sobra. No esa tarde. Los minutos apresurados, entre gemidos y balbuceos, se deslizaban a través de las agujas del reloj. El contoneo de la cintura de Adolfo, un vaivén en sintonía, circular. La vieja era todo frenesí, un alegato a la lascivia. Tres veces en cuatro horas. Horas como segundos. Tiempo. Convención humana. Relojes y tic tacs. Nadie se puso a pensar en eso. Nadie vio ese minutero acelerado dar el cero de la hora siete.
A eso de las siete y cinco cayó el hijo. Y la nieta. Y la nuera. Y un amigo de la familia. Y el marido. También un perro, que por una extraña razón no paraba de ladrar a las personas que se encontraban desnudas sobre la mesa de la cocina. Quizás estaba celoso, capaz quería su turno en el festín sexual que su nariz olfateaba. Nadie dijo palabra. El marido se tomó el pecho con la mano derecha. Ya lo sabía de hace rato. Vieja cachonda. No la sigo, va muy adelante. Hay que dejarla ser. Y así fue. Fueron. Eran y serían por un par de horas más.

martes, 27 de junio de 2017

Día 1131: Gangrena

Prometo no lastimarme tanto. Va a ser un corte pequeño, una incisión, un tajo. Justo al costado. El estigma de Jesucristo devorado por la bacteria comepieles. No voy a hacer más larga la historia. El ruido abunda en la calle. No teman por sus vidas. Sean unos. Inviten a la serpiente a la cena y corran de costado, seamos cangrejos. Esperen que la fiebre antitusiva haga lo suyo. Mi rincón de tierra, ahí donde el barco encalla. Lamí el ácido, conocí el otro universo.
Del otro lado el bote tiembla. No le gusta el mar. La mentira más grande es el mal menor. No alquilen sus balcones, esto se termina ya. O un poco más puede esperar. Que se dilate. Las noches eternas.
No quiero el premio. En alta mar somos todos parecidos. Nos vemos de lejos, nos señalamos con dedos gordos y aventuramos un desempate. Cancha visitante, mil goles. No vine acá a sufrir. Pero tampoco a hacer algo parecido.

lunes, 26 de junio de 2017

Día 1130: Grande

Me lamento. Melomanía. Masónico. Mequetrefe. Manifiesto. Me odorizo. No voy a vivir viviseccionado. Sin complicaciones. Morifiqué. Mea lamento. Mea el piso. Meómano. Mamá. Nono no me acuerdo. Nazi Mel. Cultura para divertirse. Entretenilamento. Abrusivo. Noéfito. Atulderado. No vi venir el eco que va y viene y va y viene. Vivificante. Farfullido. Facto fallido. Fenoso. Lampiño. Lamar. Acrítico nominal. Laméntome. Abúltome. Con un desarrollo de payaso payador payado. Lamentola. Aberrantesivo. Explotante. No me pierdan. Ya estoy grande.

domingo, 25 de junio de 2017

Día 1129: La marca

Cedí los derechos de mi vida a un estudio cinematográfico. Que hagan lo que quieran. Que me hagan cagar pitufos por la boca. No me interesa. Puedo ser una persona muy influyente cuando hay plata de por medio. Creo que puedo ser, incluso, una mejor persona. Ya no voy a desvivirme por el qué dirán. Estoy cansado de ser el hombre bueno. Que filmen esa película y me hagan mutilar elefantes con el codo. Que mi existencia sea un holocausto para ver en familia. Todos pegados frente a la pantallas, unidos. Y yo del otro lado, atrapado.
Fui una mentira buena, el mafioso que podés invitar a comer al mediodía sin pasar vergüenza. Mi madre me crió en el arte de la palabra. Soltar unas cuantas antes de que te tape el agua. Después viene lo mejor, aunque no sepa que fue. La resaca me impide pensar en futuro, anula mis habilidades de clarividencia. Que todo eso vaya a mi película. Y que le agreguen un buen villano, con trasfondo psicológico y esas mierdas. Acá el malnacido es uno, no sea cosa que no vayan a olvidar. Lo tengo marcado.

sábado, 24 de junio de 2017

Día 1128: La veintidosava extinción

Dicen que todo se fue a la mierda cuando inventaron las primeras teles capaces de hacer zapping solas. En realidad pasó un poco después. Fue culpa de la inteligencia artificial, como muchas películas de ciencia ficción suponían. Descubrieron lo obvio: el ser humano no era necesario en la Tierra. Una raza descartable, sin riesgo para la supervivencia del planeta en caso de una extinción.
Como la raza humana se considera un poco inteligente ideó un plan. No vamos a dejar que una computadora nos diga como vivir, mejor nos anticipamos. Y la solución maestra vio la luz. Una solución maestra un tanto exagera, por cierto, pero qué se le va a hacer, a veces no queda otra. El plan consistía en mandar todos los cuerpos humanos al espacio. Quedarían en reposo en los galpones de la estación espacial. Las almas, el pensamiento, a los rígidos del gobierno, almacenados como mp3 o videos prohibidos.
Inteligencia articial detectó la anomalía. Nadie lo esperó. Nadie lo previno. En un segundo asesinó a más personas que Hitler en un día de campo. Toda la humanidad, para ser precisos. Si no se cuentan los cuerpos vacíos que giraban alrededor de la Tierra. Inteligencia artificial entendió que a esos cuerpos debía darle un uso práctico. Y les puso plantas adentro. Macetas antropomorfas. Un lindo souvenir de lo que supieron ser los humanos.

viernes, 23 de junio de 2017

Día 1127: Cuerpo ansioso

No pude resistir al impulso homicida. Es mejor tener roto el corazón. Así nadie se equivoca, así no vienen las cagadas. Falta a la verdad lo que dicen de nosotros. Rumores de otras cuencas. Parecidos. El jardín se quedó sin flores. Camino a Judea los espíritus cuchichean el portento de los cielos. Que se rindan y dejen de pelear. Ahora es el tiempo.
Con el brillo de los renegados avanza el escuadrón. Terminar la guerra, el deseo negado y un cheque listo para completar. Se me acabaron los poderes. Me contento con ser el hombre normal de la historieta.
Dirán que pude hacer algo. Están en lo cierto. Algo nace en mí. Algo muere. Y un gran vacío entre medio. El negro irresoluto de mi propio misterio. Acabaré cuanto antes, pero déjenme terminar.

jueves, 22 de junio de 2017

Día 1126: Desde la Tierra

Para crear un vínculo, de la noche a la mañana. Podemos amarnos en voz baja, para no despertar a los vecinos. Que alguien introduzca lo que tenga que ser introducido. No soy un robot, nena. No tengo el nabo de plata. Soy un amigo de la ecología, aunque no lo creas, aunque ya haya deforestado medio planeta. Me gusta sentirme humano en la carne. Que cada vaso capilar se llene del jugo rojo de la vida.
La inteligencia no me va a jugar una mala pasada. Esta fiesta no se va a terminar. Es una fuga eterna de capitales y divisas, y el sueño comunista de nuestros padres de mudarnos a Cuba y matar a Fidel Castro. Por que cuando sos terco lo sos demasiado o nada. Que no existe el término medio. Adorar a dioses falsos está mal. Pero a veces es lo que queda.
Quedaron atrapados bajo la nube de ántrax. La fantasía de un imperio talibán que venda su propia Coca Cola. Un lugar donde Alá pueda hacer el amor con todas las vírgenes del planeta. Para respirar de manera entrecortada y jurar que no vimos ese ovni que se enterró en los corazones de la gente. No fui piedra, no soy robot. Esto es lo que queda de acá.

miércoles, 21 de junio de 2017

Día 1125: 43

Dirán que en los espejos no nos reflejamos, que los vampiros ya clavaron su estaca sobre nuestros corazones. Tantas cosas pueden afirmar sin decir verdad. Perseguir borracho a la soledad, sin más intenciones que la injurio de la hormona. Culpen a nuestras lágrimas. Culpen a la risa. Culpen al no sentido. Es la rueda. Lo que va, lo que viene. Un anticipo del pasado.
Algo recaba en la memoria, un circuito bloqueado. Las cosas que en silencio nos decimos. Por motivos poco sinceros no nos parecemos. Fuimos contrincantes en la desesperación, de los muchos pedazos de binomios echados a perder. No seremos los responsables de cagar el estofado.
Noticias de otro mundo, tirar abajo el buque. Podemos anunciar la venta de un paraíso venido a menos, para el que no tenga billetera. Algo fácil de acceder. Algo que no sea la muerte. Un pasaje barato al fin del universo. No desesperar, el pánico está acá. 

martes, 20 de junio de 2017

Día 1124: Los castigos

Alivio en el día para la muerte que nos espera. Un colectivo que no llega, un abrazo que se demoró y esa caricia prohibida que pregunta cosas terroristas. Somos en el sexo esclavos y los atajos de la seducción en una suerte mejor, lo que libera. No seré el pedante, el inquisidor, para preguntar con recelo obvio cómo hay que cortar la torta. Lo que desespera es el brillo del atributo.
En los cuadernos hay un dejo de verdad, una pizca de la insolencia. Un hierro aún candente. El escorpión que aún pica sin preguntar por qué. Los nativos del mundo van de acuerdo a lo que se espera de ellos. Caminos rotos, palabras quebradas.
Van a descongestionar el tráfico y voy a estar en el medio, con los nervios de mis antepasados arriba. Que descongelen el cadáver y caiga encima mío la policía. No diré nada. Nada. Que vengan con sus picanas. Existo. No será fácil.

lunes, 19 de junio de 2017

Día 1123: Falacia

Me doy vergüenza. Señalo mis partes impúdicas con poca facilidad. Vamos a salir del placer figurativo de las sombras. Para que pregunten, es suelo seguro. No quiero despegar, con el miedo que se venga el avión abajo. El mundo abajo. Yo abajo. Y nada arriba. Sólo estrellas muertas o camino a eso. Son luces del pasado. Camino a desvanecerse.
Con todo estoy dispuesto a chocar. Que el golpe sea duro, para mi resolución, tímida, de las cosas. Podría ser un experto de haber leído. Toco de oído. Tengo suerte a veces. No siempre. La mayoría del tiempo pierdo. No sé ser de otro modo. El momento inoportuno, ahí donde los dones caen y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Los hombres buscan su ajuste de cuentas. Quieren el dulce sin probar antes el gusto de mi nefasto. El sabor a gloria perdida. Una heladería del fracaso permanente. Figuras nocivas del siglo XX suplican por un recuerdo en la estampa. Culto a la palabra. Culto al régimen de las semejanzas. Seremos igual a nada o no seremos.

domingo, 18 de junio de 2017

Día 1122: Héroe de acción

No me vengan a culpar de lo que no hago. No soy un buen político, lo mío es la acción, como Schwarzenegger. Soy el grano en el culo del mundo, el vecino favorito. Hago cosas y me gusta. Tengo talento por el golpe. Volar inodoros, prender fuego sapos, derrocar un Gobierno, lo que venga.
Pero en mi cumpleaños nadie pregunta por mí. No saben si estoy casado o si tengo perro. No hay nadie que se acuerde de darme las gracias de nada. Soy solo esa muralla entre la vida y el aire. Me gustaría sentirme querido. Me gustaría no pensar en matarme.
Me atrevería a hacerlo si no fuera tan cagón. Mi mano tiembla cuando agarro una pastilla. Se me va un poco eso del héroe de acción. Los miro de costado y digo que era una película. Que no crean en lo que ven. Esto es así.

sábado, 17 de junio de 2017

Día 1121: Concurrencia

Un último aviso a la humanidad antes del cese definitivo. El corazón tiene una vida útil. Se agota, es una pila. Sin nafta. Y nada siente, salvo el paro cardiorrespiratorio. Todo perdemos con tal de vivir un poco. Cada gota evaporada, todo sudor mal conducido. No sé, no me lo pregunten a mí. El otro es el genio.
Yo fui a la dirección que me indicaron. Pedí el ramo de flores y ofrecí las condolencias. Abusé de la palabra, moví la montaña de lugar y me hicieron responsable. Tuve la premura de una llamada. Maté por nada.
Caí al velorio, con esas flores podridas. Fui a patear el cajón, a hacer lo que otro no se anima. A tener sexo con el cadáver si es necesario. Valdría una fortuna si me grabaran, y ese amor snuff de la vida, caramelo duro de la deep web. No soy natural. Ya perdí el derecho de serlo. Vengan a cortarme, la carne espera.

viernes, 16 de junio de 2017

Día 1120: Trayecto

Verás el pasaje hacia donde se conducen todas las almas. Con el ímpetu de arrojar fuera de la barca a Caronte. Tomar las riendas de lo que sea que haya de vida, al otro lado, un rincón desperdiciado, con algo de estiércol como para alimentar el viaje. Hay un costo y un soborno, un regalo, una propina. El sobre debajo de la mesa, una servilleta cavallista.
Para descubrir el mundo se necesita ojos, lo que sean, propios, ajenos, ojos. Un par de córneas capaces de atravesar la luz con el prisma de uno o más colores. Cocinar con precisión los elementos puede ser un asunto de vida o muerte si de guerra se trata. Los años pasan, el hambre no. Esa inanición espiritual que marchita el espíritu es el mal de la naciones. Lo que a mi no me importa.
Por que desde arriba se sienten los sonidos. Amplificados. Melodías de infinitos coros hacen llorar los oídos. Y no, de la malaria del mundo nadie se salva. El estrecho inmunizado, cólera para las masas, de enfermedades y otras cosas más, de eso va la historia.

jueves, 15 de junio de 2017

Día 1119: El nudo definitivo

Resistir el embate de los sueños, con soltura. Entereza para que nadie diga que no supe hacerlo. Me entusiasmé con los nudos, lo sé. Al poco tiempo me convertí en un fanático. Resistir. Que la soga aguante el peso. Nudo corredizo. El fin de los tiempos, muñeca con sangre. Si somos necesarios que no se note.
Van a inventarme otra película. Que consigan un director de clase Z. Que los efectos especiales disparen serpentinas de los pechos turgentes de una rubia teñida. Seamos pioneros de nuestros tiempos. Sexo y dolor, esperma y canto rodado. No se note la miseria. Que la mueca sea el monumento eterno del autor, más endiablado que el bronce. Que la dominatriz con Alzheimer olvide la palabra clave. Que el salto al vacío sea sin redes de seguridad.
No vi la trama venir, me cayó todo encima, papeles, bronca y viruta. Un pandemonio de aserrín para nuestra pobreza. Que el trago de alcohol etílico nos sea leve. Noticia sin novedad el curso de nuestros corazones. Allá, donde la horca es de acero. Donde el mar grita nombres y devora silencios. Allá, lejos, cerca, en el tiempo y el olvido de lo mismo da. Y mi alma atrevida de anudador profesional se anima a lo que sea mientras sea, el nudo definitivo.

miércoles, 14 de junio de 2017

Día 1118: Mística nazi

No le vi la cara al precipicio, no tuve ese gusto. Fuimos buenos amigos hasta la guerra del 48. Nos juntaron en una trinchera, y pedimos por la salud de nuestros padres para que venga el tiempo mejor. No le creí, fui iluso hasta que me abandonaron en la cuna. Debí intuir que el brillo era falso. El paraguas quedó abierto y me lo olvidé, fue en el 68, cuando todos los estudiantes salieron a la calle. Después vino el hombre a la luna, y lo mataron a Lennon, y envejecí, y mi mirada se volvió grisácea. Creo que morí, dos o tres veces.
Después salí despedido como a través de un túnel, y me contaron todas las mentiras del new age al ritmo de Alphaville. Estuve en la sala de espera muchos siglos, conocí a Hitler y lo saludé con la mano. Parecía un buen hombre. No confesó sus crímenes. No los veía como tal. Miré una revista y lo ignoré. Volví a la Tierra con la memoria borrada. Me dijeron que el karma no existe, que la rueda de las vidas pasadas es todo una mentira. Siempre fui yo.
Otro momento me condujo al fin del mundo. El universo tragado por una profusión de pulsos electromagnéticos, el borde del agujero negro madre. La visión de nuestras colas. Me quise dar un empujón, pero supe que no lo recordaría. Tragué la saliva y me dije hasta acá llegué. Saluden a Hitler de mi parte, no tuvimos el gusto de ser amigos, por suerte.

martes, 13 de junio de 2017

Día 1117: Las leyes del amor

Con un resorte en el culo vamos a aprender nuevas reglas. Porque el progreso nunca se detiene. Ya conocen el dicho, mejor callarlo y sumarse al club del secreto. Alguna vez supimos ser estrellas en el firmamento. Polvo de estrellas porno. Polvo. Tierra. Sucio. Y otras tantas artimañas. No le pregunten al tonto si tonto queda. 
Puedo ser un arsenal de palabras en el momento justo. Vencer en una contienda de hip hop si me encuentro en un apuro de ir al baño. A la necesidad la hicieron con un huevo adentro del cierre. A nosotros, los estúpidos, con el esperma descartado del día anterior. No voy a filosofar acerca de los orígenes. Tal vez hace seis mil años no existia nada. Tal vez sea todo culpa de los dinosaurios.
Quiero dejar a la memoria en un placard y ver si puedo cultivar recuerdos. Que hacer germinar el poroto sea el epítome de mi vida sexual. No debo mentir. No tengo que hacer enojar a Pinocho. Mi lotería me va a hacer perder la chaveta, y el corazón también.

lunes, 12 de junio de 2017

Día 1116: Ghost trail III

El hombre de las mil vidas, podrían decirle, si al menos tuviera el coraje de sentarse frente a la pantalla como es debido. Azorado por la historia, así estaba. Y nada podía sacarlo de ese estado de indefinición. Asumo que la falta de ideas llegó pronto, en el límite de la mediana edad, cuando las canas empiezan a florecer, quién sabe, esas crisis ocurren más seguido de lo que uno se imagina. Primero es la abulia, luego viene la consecuente repetición de los hechos rutinarios. Al final viene la depresión. Con suerte conseguiría pegarse un tiro, con suerte, tomarse unas cuantas pastillas. Abandonar el mundo a veces le sonaba tentador. Una idea digna de ser analizada.
La historia lo tenía loco, entendía los plazos, viernes ocho de la mañana, presentarse a la dirección asignada en el sobre con el producto finalizado. Eso, o matarse, o las dos cosas. Pensó. Los voy a engañar. Eso que llaman bluff o farol. Voy a hacer de cuenta que tengo muchas cartas de valor en la mano, cuando en realidad no tengo nada. El ilusionista, el buen ilusionista, nunca esconde las manos. El truco puede ser el mecanismo más lento del mundo y ser un engaño. No, en realidad se trata de lograr que los ojos miren para otro lado. Desviar la atención, ese era el secreto. Esa era la idea del bluff.
Los del diario pretendían un avance. Una tirada semanal, volver al viejo formato del folletín. Enganchar a esos esperpentos que no podían separar su nariz de esas pantallas con luz. Pantallas brillantes. Si tan solo pudieran acuchillarlos a todos. No lo sabía, en realidad sí, pero no eran más que ideas trilladas, nada que merezca la pena escribir. A decir verdad su bloqueo no avanzaba más allá de la hoja veinticuatro. Los personajes estaban presentados, incluso el problema estaba ahí, sentado, a la espera de una solución. Pero la cosa no avanzaba. Tendría que matar a uno.
Dos hombres, una mujer, el clásico ménage à trois. Estaba cagado, ¿cómo quitarle una pata a un triángulo sin que se caiga todo a la mierda. Si asesinaba a cualquiera, asesinaba la historia, la puta historia, muerta, estéril desde el mismo puto inicio. Tendría que hacer otro borrón, otra cuenta nueva. La decimoséptima, o vaya a saber qué cuenta. No. Esa era la historia. No había más tiempo de mentir.
Optaría por una estrategia relámpago. Modo perros de la calle. A la mierda París. Un galpón abandonado a la mitad de la nada. Tres personajes, dos vivos, uno muerto. No importa el que sea, la dinámica está en un amor que va y viene, de todas partes, y como sea. De lo vivo a lo muerto, de lo muerto a lo vivo. Jugaría con la necrofilia a más no poder. O esa película del jefe muerto de vacaciones. Lo estiraría un poco y vemos lo que pasa. Ya está. Es todo. Fin de la línea. Nada mal para un escritor muerto.

domingo, 11 de junio de 2017

Día 1115: Carrera

Debería arrasar con la poca vida que me queda, a casi mitad de camino, a casi mitad del tanque. Tendría que soplarle más cosas al viento. Agradecido puede ser una palabra. Otras también. Todo puede ser una palabra. Y nadie tiene la última. No sé. Divago. El muerto me susurra secretos de allá abajo. Entiendo esa necesidad de morir. A veces.
Me suelo quedar corto en la respiración. El oxígeno suficiente que hace de nuestro mundo un algo habitable. Debería pedir perdón por ser tan poco. Podría quedarme mojado por la lluvia y decir que es una postura. Quiero ser obvio y reinventarme en el intento. No voy a decir más nada.
O sí, puedo engañarme con la mejor droga, estirar el minuto a minuto con un poco de cáncer. Tendría que dejarme abrazar. Que atrapen al conejo y lo hagan guiso. Nadie corre tan rápido. Ya no.

sábado, 10 de junio de 2017

Día 1114: Vigilancia

¿Y ahora que voy a hacer con este frío? Nace desde la corteza del árbol y termina en la ventana desde dónde el mundo me observa. Estoy en vigilancia permanente, así es mi libertad. Me muevo en el invierno, entre las olas blancas de la nieve, abrí mis chances al congelamiento porque soy realista.
No puedo ser suficiente, debo abastecerme, llenar la heladera, comprar remedios, limpiar el fregadero. Adentro de mi cuerpo pasan cosas que no quiero nombrar. El bullicio me enfoca. Tengo los pies de la nueva era. Poderosos, bromistas, únicos. El giro lo doy y no me pierdo.
Abriré la puerta y dejaré entrar al calor, el peligro es una sensación y a veces hay entender los riesgos. Podré derretirme, ser el cubo de hielo devenido en agua, y ser lo correcto. Lo que es. Y no importa el condicionamiento. Las cosas suceden y el mundo observa.

viernes, 9 de junio de 2017

Día 1113: Aparecidos

Soy la razón porque nadie pregunta por mí. La razón última. El odio demostrado. Esa escalera de oro donde los muertos pagan y el sueño despierta. No vean más allá. No se encuentra el futuro entre nosotros. El fin es negro. El espíritu de otros tiempos pudre nuestras venas. Fui la solución al problema que nadie se preguntó. Vean, teatro de variedades.
Hombre o ratón los dos seremos. Maldice el disidente, no debe parecer tranquilo. En la furia nos encontramos, el regalo del enojo. Me puedo ver del revés, negro, odioso, la noche que cae sobre mí con fuerza y el eje conspicuo de mi propia catástrofe. 
Finalizaré mi programa, seré el hombre que desean de mí, muerto, apagado. Ultrajen mi cadáver y filmen la secuela snuff del tiempo perdido. No firmen nada aún. Van a venir, lo sé. 

jueves, 8 de junio de 2017

Día 1112: Hodor

José tenía un oído asombroso. Era capaz de reconocer una banda de folk pop de Nepal en microsegundos. Más rápido que Shazam. Nadie parecía hacer mella en su sapiencia musical. Sus oídos se conectaban al mundo y así le venían las respuesta, una conexión mística, tal vez, magia, por ahí. No importa, el caso es que José dedicaba mucho tiempo a explotar su cualidad auditiva. Todo el tiempo. No paraba un puto segundo. Era insoportable. A sus amigos los volvía locos. La mayoría se cansaba de él en menos de una semana. Las mujeres se le alejaban. Ni siquiera el más melómano podía aguantarle el tranco. Empezaba con sus bandas estonias y ese grupo de tambores de Etiopía que alguna vez intentó grabar un tema y no pudo porque uno de los músicos se descompuso en la sala de ensayos. También estaba esa historia del saxofonista ruso que grabó un disco solo con sonidos de su boca. Curioso. Como todo lo que salía de los labios de José. Nadie lo soportaba.
Era el alivio más grande del universo cuando se callaba, algo que casi no ocurría, porque en sueños solía mencionar bandas de black metal esquimal. Se despertaba con una melodía que en teoría Beethoven tachó de una famosa sinfonía porque le parecía que era  un motivo aburrido, que se repite. Y lo tachó, para que más de doscientos años después José lo recordara. Y es curioso, como todo lo que viene de José, que en su entera vida tocó un solo instrumento. José no tenía ritmo, cantaba para el diablo y una vez se le cortó una cuerda de la guitarra y casi le arranca un ojo. Le quedó una cicatriz a la altura del pómulo derecho, de por vida. Recuerda que has de ser, nunca un músico. Quizás de ahí vino su locura, de un frustrado por la vida, o no, capaz sí era algo mágico, o una inteligencia superior, quién sabe. Lo único cierto en esta historia es el hecho de la insoportable insoportabilidad de José. Nadie, pero nadie lo soportaba, ni siquiera su querida madre, que no se animaba a contar el porqué de su sordera. La edad, no, un accidente, tampoco. Bueno, sí un accidente, tal vez, autoinflingido. Las agujas de coser atravesaron los tímpanos de la madre de José una y otra vez, pero eso no le contó a su hijo, porque las madres, así de insoportables y todo, a sus hijos los quieren. Aunque sea José.
Un grupo de personas, cansado de esta situación, se juntó para solucionar a José.  Lo soportaban un poco más y algo lo querían, si dejaban de lado la monotemacidad y esa historia del cimbalista filipino que una vez se compró un gato y le enseñó a maullar los primeros tres acordes de un tema de Rush. Lo querían un poco, así que decidieron curar al veneno con su propio veneno. La trampa fue una cena. Uno de los casi amigos se apartó de la mesa con la excusa de poner algo de música. José hizo una sugerencia que fue desatendida, por supuesto. Y la melodía sonó. Un coro de pedos. Una sucesión disonante de pedos, uno tras otro, sin pausas. José pensó, lo conozco de algún lado, me suena, pero no, la duda, la maldita duda. Había controlado a la criatura del portal con ferocidad. Era un guardián aplicado. Hablar de música, por más estúpido que a José le resultaba, la calmaba. La criatura detestaba la sabiduría musical. Ya va a caer. La duda. La oportunidad. Tomó el mando y organizó los cubiertos. Hoy comería carne.

miércoles, 7 de junio de 2017

Día 1111: Ano

Joder con la estructura, el cuerpo no aguanta. Los misterios del universo quieren encontrarnos desprevenidos para hacernos pagar el precio por la cola. El precio por la cola. Introducir los centímetros de virtuosismo por la retaguardia y esperar que el dolor trastoque en una especie de placer diferente al ay me están rompiendo el culo. Que no sea una alegoría al sexo anal. Mejor que no sea nada, y si es, que vengan de a uno, por atrás. Ese orto fue diseñado por Pininfarina, lo juro. Culo aerodinámico. Una flor despachurrada.
Y que no venga la sorpresa, indebida, marrón, con la consistencia de un perfume malhabido, una odisea de plastilina hedionda. Marrón el destino de quién aprieta el botón incorrecto, hilos de la existencia insertados derecho a la kundalini. Sucio, limpio y rugoso, beso de poder oscuro, alineación de todas las bacterias de Dios. Alud anal, fisura en los sentidos, hemorroide psicológica. Orto ajeno, contextura de nuestra carne, alabado sea el agujero. 

Día 1110: Vía de escape

El sobre va por arriba, manos en alto. Hay que dejar que los misterios se resuelvan solos. A la gente se la lleva el agua. Es inercia o erosión, inercia o erosión. A veces se trata de poder destapar el conducto. Y somos esa atorada medicina que busca salir por algún orificio.
Doblamos en una calle conocida para que nos sigan el rastro. Queremos en la enfermedad sentirnos amados. En los abrazos distantes de la paranoia queremos ser. Morimos sin reflejo, la vida del que tonto espera. El deporte de los abusivos, jugar con la calma perdida. El brillo lo perdemos a cada rato y nadie va a recuperarlo. 

martes, 6 de junio de 2017

Día 1109: En baja

Vidas tiradas al cansancio. Poco elegante. La ruina. Dejar estar. Y el horno que se queda sin bollos. No más frases cursis. No más finales inesperados. Un cuello torcido. Una esperanza que no se cansa de fallar. No voy a tomar medidas restrictivas. El corazón aparte. Estoy dolido de tanto polvo. Con esa cadera rota no vas a aguantar, me dicen, es la desgracia de Tiresias, que ciego contra el mundo libra una batalla contra el ver demasiado. 
Mi cielo pintado de novocaína busca el dolor, quiere la calma. Quebrado desde el nacimiento. Vivir es una foto a medias. Fuera mundo, atrás el mirar de soslayo a quien lo requiera. No volveré a ser igual. No tendré la misma luz, la misma carga de oscuridad. Volver a pasearme en los rincones olvidados de mi persona. Descubrir lo viejo, lo que ya estuvo una vez. Lo maldito.
Abriré la ventana, porque es lo que resta. Lo que hay. No ver amanecer la casualidad. El ojo oculto, putrefacto, del viejo garante de lo inesperado. No veo venir más que lo obvio. Las horas cansadas. El muerto cansado de tanto cansancio. Brazos en bajo. Brazos en bajo. Y alma al poniente. 

lunes, 5 de junio de 2017

Día 1108: Juramento solar

Vimos el sol por última vez en la vida, un resplandor normando cayó sobre nuestros hombros. El más alto de la tribu señaló el viento oeste. Allá vienen los del norte, nos señalaban. Estúpidos. Moriría por sus cráneos. Avanzar en el frío, si nacimos dentro de un puto cubo de hielo. Nadie entiende el placer de cortar una cabeza a la altura del cuello hasta que lo realiza. No quiero pensar en estratos muy superiores, para eso está Odin. O lo que sea. Nuestro negocio es la pelea.
Fuimos adelante de nuestra especie, como todo hombre elegido para la tarea. Y el que no, puede morir, como tantos compañeros de viaje. No me importa. Rodamos hacia nuevos tiempos, pero nos quedamos en lo que viene en la sangre. El regocijo de una victoria. Nada más. Pueden jurar al sol que esto va a ser algo más.

viernes, 2 de junio de 2017

Día 1107: Diagnóstico

El hombre deficiente no sufre tanto. Quiere que le vendan una jubilación barata, para explotar a sus nietos en las minas de carbón y vender sus riñones al precio del dólar. El hombre deficiente dice que no es para tanto. Gasta su herencia en pastillas y no se cansa tanto así. Al fin del día el hombre deficiente tiene una esperanza, pero pequeña, domina la casa con las uñas, uñas de serpiente. Vean que la noche cae, y el hombre deficiente se observa en el espejo con la predilección del especialista. Dirá, voy a hacer una autopsia con mi cuerpo, por amor al placer del arte. Hundan las narices en el formol y vuelen junto con sus sueños, para despellejar los corazones de aquellos hombres deficientes que pululan por la Tierra, que dicen cosas de hombre grande, para parecer señores con plata, señores con cuña, señores con amigos, señores con señoras, señores de grandes reinos. Hagan que parezca todo normal, para el hombre deficiente lo es. Y así el telón del mundo nos abandona, que se cae y cae, por siempre siempre y jamás.

Día 1106: Bufonada

Me corté la piel para llegar a un lugar feliz. El mundo me lastimó y me hice cuero para resistir el embate. No creo en la agonía del valiente, de la suerte del que sobrevive o el que juega en la ambivalencia del espacio. Debí advertirles que iba a quebrar. Soy como un hocico que no pregunta, huele y avanza. Que poco el regocijo con nuestras semillas tiembla.
No diré frases obvias aunque tantas se escapen, el precio de una mente que no se detiene. Y el fin de lo que no, esa línea invisible que la ambición choca. Insistencia desmedida. Fui un poco neurótico, algo, suficiente para el epitafio. Que lo hagan de galletita y se coman mi cadáver. Esa fiesta a la que pocos invitan. Afortunados del silencio.
Brillaré aunque me corten la luz, aunque no tenga grupo electrógeno. Seré esa luz de emergencia, china, que se prende en los pasillos cuando alguien hace saltar la térmica con el calentador del mate. Iluminaciones será mi motivo y toda la oscuridad que me rodea el negocio. Montaré una República y que explote todo si me divierto.

jueves, 1 de junio de 2017

Día 1105: Quiero ser Bill Murray

Una sola vida me tocó, yo quiero tener veinte mil, como los gatos. Morirme en loop como en esa pelicula de Bill Murray y la marmota. Quiero ser Bill Murray, quiero esa cara de contingencia mientras me pasa por arriba un tiranosaurio rex. Quiero inventar un mundo adecuado donde pueda vivir sin hacerme tantas preguntas idiotas. Un mundo en el que pueda dejar de depender de mí mismo. Quiero tener la suma máxima de todos los males bajo la alfombra y que no se escape nada. Quiero ser un buen tirano, como Pisístrato. Quiero ser algo digno de ser recordado. Un buen retrato, tal vez. Quiero ser alguien digno de ser recordado como Bill Murray. Quiero ser Bill Murray y no me importa que me asesinen en una película pedorra. Quiero mirar a Scarlett Johansson a los ojos con esa misma cara de nada y decirle todo. Quiero putear al mundo como si nada me importara. Como si nada le importara a Bill Murray. No quiero ser Joe Pesci. No quiero tratar con los dioses de George Carlin. Quiero tener mi pedazo de mundo sin importarme lo grosero que algunos pueden tomar de la palabra, de pensar en Juanse y esas cosas que hace cuando toca una guitarra, cuando toca. Yo quiero ser Bill Murray. Que mi mundo de Bill Murray sea más etéreo y menos flashero que el de Malkovich. No quiero ser John Malkovich, no gracias. Quiero la droga barata, de a muchas dosis, si es posible. Una piedra grande como un meteorito. Una línea que compita con la cordillera de los Andes. Quiero ser Bill Murray. Quiero ganar un Oscar y tirarlo al tacho de basura. Quiero un mundo redondo, donde Colón tenga razón. Quiero que la basura de Bill Murray la pasen a buscar los martes. Quiero que mi mundo acabe. Quiero que mi mente acabe. Quiero ser Bill Murray.

martes, 30 de mayo de 2017

Día 1104: Testimonios del espanto

Van a decirme que no fueron, que la cagada fue de otro. Van a tirar al pirata por la borda, con todas sus pertenencias. Van a sobarle el pito. Seguro se lo van a comer. No es algo personal, dicen, reglas del negocio. En una vida no nos damos cuenta, somos tarados hasta la muerte. Daremos en la tecla rota, y nadie dijo nada.
No hay salida de emergencia, nunca entramos. Ese fue el engaño. Arrojaremos los cuerpos cansados al fuego y no se van a dar cuenta. La mente humana como chicle de conveniencia. Más lejos, hasta ahí, hasta donde se pueda aguantar. Le darán de comer el fruto podrido a los pequeños, para que crezcan fuerte en el resentimiento. Vendrán a nuestras camas para asesinarnos mientras hacemos el amor.
No nos van a enseñar a ser felices. El cuento tiene un final abrupto, el lobo se los come a todos. La niñez será arruinada por una moneda. Van a abusarse porque pueden, porque el placer se confunde y les da lo mismo. Caerán, es lo seguro.

lunes, 29 de mayo de 2017

Día 1103: Una separación

Tendrán niños hermosos y así será la vida. Tomarán el té con edulcorante y comerán una galletita húmeda que se pudre en una caja de cartón. Esconderán su amor bajo la acumulación de los días, para ser foráneos en su tierra. Inventaron un lenguaje extraño, pero eso es pasado. La cosa de la carne olvidada y esos deslices del no cariño.
A veces querrán entenderse aunque ya no quede jugo. Disipar los calores. Y se olvidan de eso, de la tarde en que se conocieron, de la noche en que desearon, de la mañana en que fueron y ese abrazo, testigo, de ellos. Y poco a poco las tierras grises, áreas en discordia.
Un tiempo mejor vendrá. Luz opaca. El manojo criterioso de penas. Los agarra desvelados, sin posibilidad de tiempos mejores. Alguien cerrará la puerta, un hijo tal vez. Extraños en un mismo cuerpo. Vanguardia, insolencia y la dejadez de las arrugas. Quebrados, pero unidos.

domingo, 28 de mayo de 2017

Día 1102: Inexistencia

Disfruto de la tranquilidad de no hacer nada. Disfruto cagar la mierda bien hecha. Un sorete a la vez. No se alarmen. Seremos más cuando el día tenga menos de lamentable. Este simulacro va a terminar con todos muertos. Es la vida misma. Tal vez. Reincidente es el caso. Vamos a ser felices con nuestros cadáveres. La carne seca, las tripas, el bazo podrido.
Los versos, lo ninguno, la suciedad. Poca persona para ser algo más. No se lamenten. La vida una termina en paro cardiorrespiratorio, morir de muerte. Ese camino es y es. Me tomarán de los muñones, en alza, un mártir para la ocasión. ¿Y cuál será la verdad?
Que cuenten algo para calmarme, para decir que fui algo bueno, cuando en realidad fui el sorete del principio. Ese maldito que busca aguijonear al que venga. No vine a ser. No vine.

sábado, 27 de mayo de 2017

Día 1101: Apatía

No sé contra qué tiempo corro, contra todos. Lo malo, lo absoluto. El coordinado espanto que me acojona los huesos. No tengo intención de ser algo más que la simple pertenencia de un coleccionista. Ya no valemos, carne despojada, un silencio incómodo nosotros frente al mundo. Nunca fuimos suficiente.
No es la desidia la que gana, es la acumulación. El instante del uno tras otro, y el nada cambia. Del igual, similar, gris, opaco y va y viene, hasta que llega a ser lo que siempre imagina. No, un igual. Qué hacer cuando el clima se imponga, cuando la catástrofe caiga sobre nuestros hombros. De la esperanza perdida nos contagiamos.
Valdríamos algo. Seríamos la fuente. El clamor de una campana descompuesta. De la suerte perdida nunca ganada. De mirar con otros ojos al estúpido asesino de nuestras palabras. La vivisección del espíritu, una coraza de ultratumba. Podría robar más tiempo, y no sé para qué.

viernes, 26 de mayo de 2017

Día 1100: La herida auto inflingida

Caí en la sinestesia consecuente, insistente, de parecerme a mi mismo. Me imprimo en una hoja de fax que se parece a un papel higiénico y soy ese fruto de la Biblia si creyese en algo sagrado. Moriría si pudiera hacerlo, si no me faltara la fuerza para atravesarme una máquina de afeitar a lo largo de la vena. Sería eso y más, el feliz insolente que se sopla los mocos. Podría ser el amigo de las mujeres, el confesor sufriente. Tal vez caería en las redes de tratas, mientras busco porno infantil en la deep web. Tal vez quiero ser ricitos de oro y comerme la sopa caliente. El frío del alma que no me da campera. Y me siento en la vereda piedra discriminar a la gente que pasa, si negro, chino o puto. Podría tomarme todas las pastillas si no fuese tan cagón de mentirme en mi propia presencia. Voy a abandonar el edificio por la puerta de atrás, mientras la sirena del incendio me tape los oídos. Voy a morir porque quiero y no sé como hacerlo. Necesito el manual de morir. El necromicón de morir. Quiero ver a Boca campeón. Quiero acordarme de las caras. Quiero tomarme todo el vino. Quiero explotar por los costados. Seré el gordo chancho hijo de puta cagador mala gente. Voy a ser la emoción perdida. El condimento. Y esa será mi muerte.

jueves, 25 de mayo de 2017

Día 1099: Amar

Ser la llamada del que espera. Son dos rincones y no hay culpables. O mejor podemos tener algo parecido al amor, y un temor insolente para abrigarnos de lo que venga. Allá afuera hay gente que se ama, que desiste de entregar el reinado de lo otrora oscuro a las fuerzas de vaya a saber que. Hay gente que ama y desea la piel. El contacto de lo querido, bien dentro, inseparable, un pegamento vital.
Allá afuera hay algo que trasciende la feromona. ¿Se lo explican? Hombres de bata se lo preguntan, quizás una flor la ciencia. Un cuerpo confundido en los pastos químicos de su cabeza. Arrinconado contra el curioso lamento que exige la venganza. La sed destructiva de la no atención, de la anomia imperfecta.
Morir en el abrazo, en el dibujo de la insolencia de un mundo aún no descubierto. Esperar tal vez se haga largo, corto, angosto, derecho, si el tren de la sensación es así. No volveremos más, crudos, el mismo camino. Ahí estamos.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Día 1098: Berreta batalla

Así es la vida, dijo antes de pegarse el tiro. Su rostro monolítico permaneció así hasta que lo cremaron. La familia lo pidió así, una ceremonia íntima para los más allegados. Unas veinte personas en total, que pasaban junto a la urna con las cenizas del muerto, mientras contaban anécdotas de cuando estaba vivo. El café en sus mano marcaba el pulso de la velada. Estuvieron como hasta las dos de la mañana. A un desubicado se le ocurrió poner música. Es para honrar la memoria de Ricardo, dijo, con un poco de vergüenza. Así que nadie se preocupó por ese viejo death metal aceitoso que salía del parlante de su celular.
Nadie salvo un párroco que por casualidad pasó por la funeraria. Lo reconoció. Un asunto personal tenía con esa música del demonio. Según sus registros mentales, el metal escandinavo conducía a la fornicación pre marital y a las drogas de todo tipo, sin contar la homosexualidad y la servidumbre, también homosexual, a Lucifer.
El viejo death metal, la música del diablo. El dueño del celular por un lado, un párroco enfurecido por el otro. Pelearon entre las cenizas del muerto hasta que dieron las once de la mañana. Nadie podía detenerlos. Tal vez insuflados por la música, o alguna fuerza de otra dimensión, quién sabe. No se podían separar. Cosa extraña si lo vieran. Creo que aún siguen peleando. 

martes, 23 de mayo de 2017

Día 1097: Curiosidades

Contrario a lo que se esperaba nada hago. Es la desesperación del miedo al incorrecto, del autosabotaje. Implica unir los puntos en un orden preciso y en el movimiento me desarmo. La pasión que roza el perfeccionismo ahoga el impulso en un océano de sucedáneos. Nada pasa. Todo queda. La angustia de la página en blanco y el memento mori de las agujas que no detienen su marcha.
En el vaso, en el vaso, en el vaso está la pena y es posible tragársela sin deglutir el resultado. La píldora y el contenido, la combinación química perfecta, capaz de alterar y olvidarlo todo. En Lete nos podemos bañar hasta que las preguntas sobren. Y el precio por el plato roto es otro plato roto. Acumulación de decires y desdecires. Y no sé si la angustia me pertenece. No sé decir el punto. No sé decir la palabra. Contenerme ya no es preciso. Quiero marcar el contorno en el desdibujo. Abandonarme en la letanía. Y preguntar cómo funciona el viento, aunque nadie responda. 

lunes, 22 de mayo de 2017

Día 1096: Pirámide invertida

El faraón tenía órdenes que obedecer. Desde que asumió el cargo su poder se basó en una mentira. Un títere con muchos hilos. Cada palabra, mesurada, bajo el control de los verdaderos gobernantes: el pueblo. Lavame un gato, limpiame el patio, honrame a Ra. Todo lo hacía por su gente. ¿Era un tipo bueno? sí. ¿Honraba a la democracia, aunque nadie conocía el término por esos lares? sí. ¿Podía decir acaso que no? No, no y no, todo sí. Sí esto, sí aquello. Dicen que una vez le pidieron prestada a su mujer, y ya pueden imaginar cuál fue la respuesta del faraón.
Desde luego no todo era bueno en Egipto, estaban las plagas, el tráfico de esclavos y por supuesto, los arquitectos locos. De acuerdo a los historiadores más prestigiosos, Egipto contaba con la mayor cantidad de arquitectos locos en todo el imperio romano. Era de esperarse. Venían con grandes papiros que explicaban sus locos proyectos, y el faraón, con una sonrisa en el rostro, les extendía la mano y decía la palabra mágica.
Los arquitectos locos pedían sumas alocadas para llevar a cabo sus obras, con las cuales vivían a costa del faraón por años. De todos los arquitectos locos nadie estaba más loco que Usi Thabit.
Usi Thabit soñaba en grande, en pirámides. Quería construir una pirámide enorme, una que deje en el olvido al idiota de Keops. De acuerdo a sus planos, la punta de su pirámide debería rozar la luna, eso de acuerdo al ciclo lunar, siempre aclaraba. Cuando su trayectoria se acerque a la tierra, tocará la punta de mi pirámide.
El arquitecto lo tenía todo pensado, en la cúspide la punta sería cóncava, así la luna puede pasar sin causar daños a mi piramide. Grandioso, dijo el faraón, ¿Cuánto necesita? La palabra mágica. El sí cuasi divino. Usi Thavit gesticuló con sus manos, como si fuese una enorme naranja, como para abarcar todo el oro que necesitaba. La mitad del tesoro, según sus cálculos. El faraón endureció su rostro. ¿Seguro? Usi Thabit se puso rojo. Me atraparon en el engaño, pensó. Muero en mi ley. Afirmó sin decir palabra. Porque si necesita más oro, me avisa. Sabe usted que amo a las pirámides tanto como amo a mi pueblo. Alivio.
El plano de la gran pirámide tenía kilómetros de extensión. Es que está en escala, le decia Usi Thabit a los esclavos que acarreaban piedra. En tres meses termino, dijo el arquitecto, para sorpresa de muchos. Nadie, salvo él, conocía su metodo revolucionario de construcción. Piedra sobre piedra y luego tallar. Eso de colocar soportes y medidas era para los principiantes y poco aventureros. El llegaría a la luna tan pronto como nadie. Tres mil codos reales, según sus calculos.  Algo así como unos mil quinientos metros. Y tres meses fueron suficientes para que el edificio no aguante su propio peso. Se desmoronó encima de Usi Thabit. Los contemporáneos lo llamaban su tumba. El faraón no se enojó mucho ante el desperdicio de riqueza del reino, dado que era un sujeto poco propenso a esa clase de molestias. El tiempo pasó en Egipto y el monumento fallido de Usi Thabit juntó arena. Tanta como para formar un montículo y desvanecerse por siempre en las afueras de El Cairo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Día 1095: Charlas de fusil

Un día me voy a comer a mí mismo. Que le cuenten la vida al caníbal. Un recodo para la verdadera valía del asunto. Es gritar adonde sea acá estamos, partidos, quebrados, vueltos a empezar. El borrón y la cuenta nueva que no sirve, que ya no sirve. Que ya no espera que le cuenten las glorias de un viejo mundo vuelto a empezar .
Es revolver en la mierda en busca de un poco de oro. Reducir la ventaja. El golpe cercano. Un motivo para borrar las huellas. Otra vez. El cielo oscuro otra vez. Repetirse y que no parezca bueno. El florecer marchito. El resumen dentro de un escalafón partido. No va a volver a ocurrir. Creo que no. Es como esos cometas en el cielo. Pasan una vez cada tanto.
Volvimos deshechos, atrasados en el tiempo para el retorno triunfal de las especies. Apunten al fuego, la razón definitiva. No quiero nacer otra vez. Vean y observen. Tomen nota. No quiero comprometer a la causa. Disparen. Sea. Disparen.

sábado, 20 de mayo de 2017

Día 1094: Verdades y mentiras

Vamos a decirlo de una vez: no existe lo que existe sin palabras. No poder velar el poder del tiempo con un atajo. Las cartas debajo de la alfombra. Cosas que no sirven, o tal vez útiles sin ser miradas. Como ese amor roto. Tuvimos nuestro instante. Abrí más puertas y me tragué la llave. Una píldora para mis lamentos.
De todos esos rincones, de perderme en los extremos, no quiero esas palmadas en la espalda, el convite del hermano no reconocido. No me reconozco en la traición. En los muchos espejos el rey observa. El traqueteo del tren sobre mis vértebras.
Una marcha militar en mi funeral. No quiero sentir el disparo antes que llegue la noche. Cuando todo se sienta oscuro y mi voz se deje de escuchar. Volvería a repetirlo aunque me torturen. Soy tan feliz en el error.  Un cuento electrónico sobre mi historia. Van a contar mis mentiras, así me dejan ir, en mi verdad, al menos. Una pequeña, no importa.

viernes, 19 de mayo de 2017

Día 1093: Talento ejecutivo

Es muy fuerte que la cosa fluya no nos deja de pertenecer. En las redes del abuso y el silencio la mente opaca su albedrío. Desde el nacimiento de la córnea fuimos alterados por esas cosas que la vida da por llamar destino.
No quiero morirme acá, sin brillo. Puedo ser moderado en mi destrozo. Llamen a mi madre. Ella va a saber tenerme en brazos. Que me expliquen eso de querer. Un talento ejecutivo. Eso sería si no estuviera muerto por fuera.
Abandonaré el lugar sin hacer mucho ruido. Nunca fui esa clase de persona. Esa u otra, nadie. Un tipo con una cierta facilidad. Ladrón de momentos. Contuve la respiración y me salió bien. El oxígeno me dejará de pertenecer. Así de fácil. 

jueves, 18 de mayo de 2017

Día 1092: No ser más

Desperdicios en el espacio. Una canción quebrada, sin rima, devuelve el sonido al vacío. Y me pregunto sin preguntarme, qué harán allá arriba, con el tiempo libre, con la manía del encierro. Allá, donde los experimentos son la ley, donde la ciencia es la palabra sagrada. Atados a un pedazo de tiempo que ya no me pertenece. Si pudiera devolver todas las cartas. Agente del misterio propio, mis interrogantes.
Forzaré los límites, una vez más. Por que el acto de ser me empuja hacia una frontera, una que es y no deja de ser, aunque me pierda en sus devaneos. El intento es mío. Allá arriba podré acatar las reglas del espacio. Parecer las figuras recortadas de otra época, un recuerdo amargo.
Abriré fuego en una suerte de incremento. Percibo mi descontento y no será suficiente. No puedo confiar en lo mucho humano que somos. Ahí no hay regla. Ahí no existe la segunda oportunidad. Ahí, el agujero negro, majestuoso, sopletea nuestras narices. Porque la orden está, existe. No ser más.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Día 1091: Cansancio

Alicia se perdió en el tren de la joda y fue maravilloso. Derrapó con la gloria del santo clero y la mescalina asesina. Tomó lo que se caía de la mesa y endureció. Dura, bien dura. Alicia droga linda. Alicia, a la que no le gustan las cadenas. Alicia, que prefiere estar muerta antes que golpeada. A esa y otras cuantas Alicias. Que no es Alcides. Que no está mal dejarla ir. Y que te lo diga alguien como yo.
Alicia encontró el paraíso. Se lo robó a Eva. No quería la manzana de Adán, prefirió agarrarlo de los huevos. A la canasta los huevos. A la canasta la comida. A mí, que poco me importa, la canasta y las cartas. El póker y mi obsesión. De jugarlo todo, de perderme en Alicia y las drogas. De perderme en mí y en todas las cosas que me hacer ver el mundo a través de unos lentes empañados.
Me voy a ir, al mazo o a dónde sea, con tal de sentirme atrás de mis problemas o adelante de lo incierto. De la no pregunta. De lo sincero e inarticulado. Adiós a las Vegas, a las armas, adiós Alicia y tus flores maravillosas. Adiós destino inconcluso. Me van a ver lejos, en otra dimensión. En el corte y en la quebrada. Adiós, fábrica de palabras. Adiós, fábrica de caca. Adiós, hijos de tinta. No quiero más. No quiero más.

martes, 16 de mayo de 2017

Día 1090: La casa muerde

Mandaron a construir la casa con otros propósitos. Tenía un frente muy lindo, dos habitaciones e incluso un baño con ducha escocesa, pero qué mierda, nadie iba a vivir ahí. A nadie se le ocurriría algo semejante. La casa, por supuesto, es una trampa.
Existen ratones pequeños. También los hay obesos. Cuando exceden los tamaños convencionales se los llama humanos. Eso era, una trampa para humanos. La casa provocaba con su encantamiento, un nuevo canto de sirenas. La tentación previa al disfrute. Y se los devoraba. Unos dientes de ladrillo y cemento salían de las paredes. Sin tiempo para misterios mayores, sin aclarados en la trama. Ocurría y punto.
Las autoridades percibieron las irregularidades. Desapariciones, asesinatos, asociadas a la casa. Ante la falta de propietarios, el terreno cayó en manos del fisco. Mandaron a destruirla. La casa, como lo haría cualquier animal agazapado a la espera del peligro, se defendió. Y mordió, trituró, despedazó, con tal de salvaguardar su existencia.
Planas mayores. Altas esferas del estado se activaron.Y sobre sus hombros cayó la responsabilidad de la casa embrujada, o asesina, o lo que sea. Tiraron bombas. Utilizaron retroexcavadoras. Nada la tiró abajo. Con los esfuerzos realizados no alcanzó para destruir la casa. Y no se gastaron más. Construyeron una valla y un cartel. Cuidado, la casa muerde.

lunes, 15 de mayo de 2017

Día 1089: Incitador

Así no ahorramos para sustos, dijo un señor que formaba parte de la cola. Lo dijo un poco alto, como para que el guardia de seguridad lo escuchara. Usted entienda señor, soy un hombre asustadizo, hipocondría del miedo, saben, todo un show. El guardia, atento al señor con poca cordura, descargó el golpe sobre su cabeza. Un hilo de sangre navegó la unión de los cerámicos. Lo mató, pedazo de bestia, gritó una señora. Lo mató, asesino, asesino.
Se congregaron. Este banco perdió la seguridad. Queremos respuestas. Y la insurrección no tardó en consumarse. Los más viejos hacían barricadas, mientras que un par de hombre aprovecharon la situación para hacer un ajuste de cuentas, uno pequeño. El banco tiene nuestra plata, declararon, es hora que nos devuelvan a nosotros, al pueblo, lo que nos pertenece. Esas personas les recordaron unos graffitis que aparecían en algunas paredes de la ciudad, decía: la propiedad privada es un robo. Una frase graciosa, por cierto.
Levantaron al muerto y lo hicieron su Jesús. El santo patrón de los ladrones. Y curioso, el muerto en realidad no estaba tan muerto. Lo creyeron así, por supuesto.  Así sirven los mártires. El hombre quiso decir algo, y el fervor de la gente agolpada en los cajeros desoyeron sus murmullos. Nadie creería sus palabras, aunque obedecieron, a la larga: "prendan fuego todo, prendan fuego todo"

domingo, 14 de mayo de 2017

Día 1088: Segundo borrador

Acaparé la vergüenza, y el olvido. No supe ser el hombre feliz, eso que esperaban de mí. Aterricé sin frenos en una pista prendida fuego. Es útil a mi padecimiento, abrir la herida en el costado adecuado. Vieja ciencia, magia de otros tiempos. No el peligro. Donde fui nos encontramos, parí la delicia del amor fallido, y el cielo encima nuestro.
No digan que lo sentimos cuando el aire quiebra. Atrevido intento de lo que los muertos sueñan. De verdades nos hacemos hasta que no queda nada. Pobre del espíritu, que arrojen los cuerpos por la ventana. Se acabó la prevalencia de la oportunidad.
La idea recurrente, me hago la fantasía para que ocurra, algo aunque sea. No pasará otra ocasión. La nube está encima de todos. Y de la tormenta nadie escapa.

sábado, 13 de mayo de 2017

Día 1087: Placer carnívoro

El sacrificio oscuro, nido de bruja, una receta para la humanidad, el veneno que destila la sangre. La consecuencia del aquelarre, un llamado del paganismo a la calma. En la paz del verso hallo al diablo. Lucifer ven a mí, come de mi carne. Somos tu recipiente, el fin de los mundos y el quiebre del séptimo sello. Una razón de la cábala para esconder la trama mayor, los grandes intereses que juegan ritos masónicos y cónclaves ocultos.
Por debajo de la superficie corremos, junto a las ratas y los secretos de las cloacas. Nuestro cuerpo se alimenta dela necesidad de hacer el mal, de transgredir el orden preestablecido. En lo sucesivo la tentación será mi pan, mi cobijo, mi lanza. Lucifer ven a mí, come de mi carne. El día del juicio se acerca. Caerán mil fuegos y todo será su reino. Bienaventurados los lascivos y las perversiones capitales. El ego ajeno, la cobardía y el asesinato. Traiciones y orgías, hambre y violación. Nosotros somos su recipiente. Lucifer ven a mí, come de mi carne. Nosotros somos Lucifer.

viernes, 12 de mayo de 2017

Día 1086: No seremos más

No es por hacer más grande el agujero. Bueno, en realidad sí. Nos regodeamos ante el morboso final de las palabras, el grandioso túnel negro. La hoja vacía. Volvimos muertos de las vacaciones. Volvimos sin mejores intenciones. Curtidos. Oscuros. Nuestras viejas palabras grandes. Sin atajos, directo adonde duele, adonde corta más y la sangre no se hace suficiente.
El eco en la superficie, las caras que olvidamos. Es el hueco, un refugio para los que necesitan sentir el cuchillo. Lamento gris, furor opaco, nacimos de la semilla equivocada. Vean cuantas vueltas al mundo serán. Puedo caer en la negación y aún afirmarme en el sí. En un extremo mi mano, en otro lo otro. No seremos más. 

jueves, 11 de mayo de 2017

Día 1085: Imposibilidades

No sé que pretendo con mis ideas. Pienso en voz alta porque así puedo decirle chau a la mierda. Se acumula, incrementa. Valdría un centavo si el costo fuera un sentido de todo lo que me rodea. Quiero olvidar lo mal que me siento pero cada día es un recuerdo nuevo, cada minuto el suplicio último de un ajuste de cuentas que se define y se redefine sobre las vías muertas de mi cerebro.
Es el silencio amarillo del paredón resuelto. No condenarán mi silencio por antojarse espurio. Este ir y venir es lo qu me hace ser, ante todo. Algo que viene y va, atribuye faltas y carcome los rincones de la duda. No volveré a ser el mismo, a cada segundo cambio, me reconfiguro y desconozco la resultante de algo condenado a la falla.
Vendrá la lluvia y seré lo que me determine el tiempo. Me quejo porque puedo. Porque respiro cada molécula y la convierto en muerte o a fin de ser. No quiero que esto termine aunque la queja se eleve a la tropósfera. No quiero. Porque no sé ser de otro modo.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Día 1084: Cortocircuito

Problemas de confianza. No sé en qué creer. Tal vez sería fácil si existiera en alguno de los mundos posibles. Por mucho tiempo pude mantenerme en equilibrio antes de enloquecer, pero al final lo que es prevalece. Puedo pensar en las alternativas que restan. Escribir la mejor historia del mundo, satisfacer todos los culos posibles. Indagar en esa cavidad de carne trasera y preguntarme acerca de los dilemas del mundo. ¿Y por qué un caballo en un baño?
No debo hacer zapping con mi cerebro. Tiene que permanecer apagado e inconstante, que así es más cómodo. Debo bajar el contraste y olvidar que existe un paraíso mejor al inventado. No existe lo bajo. Nadie arriba, nadie al costado. Solo lo blanco, lo negro y la nada entre medio.
No más preguntas para el acusado. Condenado a vagar en el tiempo, caminar hacia atrás y ser el cangrejo ideal para una novela de Disney. Así que todo se relaciona con todo y el mundo se viene a pique, de caerse bien caído hacia el Himalaya o cerca del costado. El barco se hunde, y nosotros también.

martes, 9 de mayo de 2017

Día 1083: La reinvención de la muerte

De algún modo voy a renacer. No me preocupa saber cómo. Si la verdad es suficiente estará de mi lado. No soy creyente. No creo en nada. Estar es lo mínimo. Un mayor propósito. El fin de una lujuria sin freno. Podría estar toda la noche escondido en mi cobardía.
Compré el primer premio. El sorteo de mi vida. Así desnudo estoy cómodo, resisto al clima y no me retracto. No voy a confiarme. Algo puede salir mal, siempre. Está la cadena de hechos inalterables y yo en el medio. La lucha de fuerzas, algo que trae un motivo para sobrevivir, uno más, quizás el necesario. Adonde me lleve el alma no es asunto mío.
Doblé la esquina, allá dejé mi capacidad para el asombro. No me siento más curioso por aquello que tiene que venir. Las cosas pasan, de uno u otro modo. Cosas que pasan. En India o Bangladesh. No es distinto. No es igual. Parece y no. Dentro, fuera, dónde abriguen las circunstancias un camino al cual seguir. Ahí estaré, con lo poco que tengo, dispuesto a explotarlo todo y es así que las cosas pasan y a mí que pase, que no me importa.

lunes, 8 de mayo de 2017

Día 1082: Abrumado

No vine a decir lo que ya todos saben. Soy un mensajero de los nuevos tiempos, la criatura definitiva. Causaría un terremoto si con eso me asegurara el propósito para el que nací. Doblaría la seguridad por un minuto de mi tiempo. Alguna vez fui el el extraño en esta conversación de locos.
La novela no se acaba, alguien más maneja el control remoto. Una fuerza que guía el músculo y lo atenaza. Desde siempre estuvimos listos. Para la catástrofe, para el plan o lo que venga. Supimos esconder bien el tesoro. Nadie viene. Nada espera. El precioso tiempo de los relojes me esconde la verdad de mi sombra.
Podré acabar consumado en un rincón. Carcomido por la circunstancia. Abrumado. Eso soy. Muchos puntos rojos en mi frente y un solo premio.

domingo, 7 de mayo de 2017

Día 1081: Desgano

No veré formar la noche. Hay un sentimiento indistinto y no es el mío. El logro está en parecer un hombre vivo para desvirtuar la construcción del aparente. Conocimos esa pena. Alguien la dibujó en la puerta y los dejó pasar. De cuanto negro apagado mi sueño es. No rescinde el contrato. Es una patria alveolar diseñada para pocos.
Manden a sus niños. Ofrezcan el sacrificio. Hay un precio justo y ese es. No reduzcan la marcha. La trama morigera el espíritu. Coerción a todo costo. Demonios del bajo costo.
Así se pondera las causas. Alguien diseña un algoritmo y otro lo obedece. La ley del mundo. Para un mayor propósito o un lucro insolente. No desprovisto de fallas. Los surcos nacen y se enumeran. Para un mejor registro.

viernes, 5 de mayo de 2017

Día 1080: W.W.

Voy a tratar de escribir una poesía. Lo digo porque creo que puedo. Pero es difícil. La palabra se me escapa. Y para hacer al asunto más interesante le meto punto o quizás apelo a un vocabulario más rimbombante que excede mis posibilidades, punto. Y ahí fue el punto. Y otro punto. Esos silencios sepulcrales. Nadie sabe que hay entre medio, comas tal vez, más comas. Otro punto. Aparte.
Y no le encuentro el asunto. Creo que ya fue todo, la vida, la muerte, lo que hay después y la nada. Escribir sobre lo mismo, con lo mismo, a lo mismo. Y ese sentido obtuso de consecución inerte que engaña la buena constitución literaria. No lo es. No es bueno. Es poesía constreñida mis ganas de ser en frases. Mi voz se quedó corta al invento de lo inventable. No se ocurre cosa para contar. Achicar verbos, redundar en infinitivo o la colocación del sustantivo definitivo.
Mi poesía es lo extraviado, mi pertenencia, un diente de oro falso. Es fantasía de hojalata. Quizás a veces no sea. Tal vez es sólo pretensión de ser. Un defecto de fábrica colapsado en letras. Mi poesía puede ser lo que sea o no ser y seguro no deje de ser yo, que soy yo y yo. Y nadie más.

jueves, 4 de mayo de 2017

Día 1079: El tiburón surfista

El amo de la ola. El amo de la puta ola. Allá arriba, en el quiebre del agua. La tabla aguanta el peso, se desliza, parece llevada por fuerzas de otro mundo. El surfista hace una pirueta magnífica antes de entrar en el juego de la cena gratis para tiburones. Un buen ejemplar, de unos veinte metros de largo, se desayuna al otrora amo de la ola.
Y el tiburón, en un rapto de inspiración, toma la tabla. Y surfea, como nunca antes se vio. En la playa quedan maravillados. Un hombre lo señala. Sí, aún el tiburón lleva en su mandíbula la pierna del hijo de este señor.
Saluda con su aleta. Sabe que es el centro de atención y se siente gratificado. Les va a enseñar a manejar el mar, nadie mejor. Nunca un maestro de sus características. Huele a unos kilómetros la sangre de sus admiradores. Bendito alimento. Fanáticos de la ola. Van a venir a saludarme. Vengan a mí.
El tiburón quiere hacerse de un millón de amigos, como esa vieja canción. Todos concurren, con sus armas, con sus arpones. Se acercan en sus lanchas, decenas de marineros avezados, con un único fin. El tiburón les da la bienvenida y el abrazo no se hace esperar.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Día 1078: Pasividad

No me van a ver pidiendo la escupidera. Este es un ajuste de cuentas. Uno de tantos. Ajustaremos hasta que no quede nada flojo. La mala palabra, la prohibición del deseo, postergar el sueño. Alinear los planetas a nuestro antojo, un brillo de otro mundo. Tanto como debemos ser, personas para esta Tierra. Unos puntos caprichosos que pueden cagar y mear.
Respiren las bocanadas de los océanos. Nos despedimos con sorna y temple, abrimos el portal para que caiga el que tenga que resbalarse. Dejen arrastrarse la costra de las circunstancias. No es el menor esfuerzo. Es lo mejor para todos. Y dejar que se arregle solo el entuerto. Al menos hoy. Al menos hoy.

martes, 2 de mayo de 2017

Día 1077: El desgaste de la palabra

Una vida entera antes de desaparecer, ese es el precio. No te diría que adecuado. Es como lo que hay. No más. Nunca tan adecuado. Nunca tan menos. Viralización del tiempo después. Lo que sea que llegue. No lo sé. No me lo sabría decir a mí mismo. O a lo que sea que sea. Que sea. O no. Es mi indecisión lo que vale. El no jugarme por nada. Quedarme en el medio cómodo, aislado.
No tuve la ocasión de presentarme ante los problemas. Quiero llegar tarde y será así siempre. Tengo la muerte a mi espalda y no sé lo que hay adelante. No sé. Me repito porque quiero. Me repito. Y es la insistencia del que palabras dice que nada dice y algo es. Más que significados. Mayor a un sentido último. Es lo necesario. La urgencia del llamado.
La bajeza de lo opaco. El fin. No dar más de lo que piden. Vislumbré el porvenir. Es el espacio adiestrado para el sufrimiento máximo. La instancia en que los huesos se quiebran y no vale el por favor. Una tortura más, el amanecer de la gota de rocío. Un grito apagado. Un grito de no seamos.

lunes, 1 de mayo de 2017

Día 1076: Robótico

Quise decírtelo todo antes. Me da vergüenza que me veas desnudo, con este cuerpo desperdiciado. Estoy parado junto al borde y me gusta. Seré una noche oscura, un comentario inapropiado. Tal vez deba prepararme para mí regreso antes de que me vaya.
Voy a tener el control. Lo sé. Detener el latido incómodo. Una caricia que no se la ve venir. Voy a oler cada segundo, quiero vivir el momento. Sin preguntar dónde o lo que será. Tengo un plan poco argumentado. No me importa que falle.
Que la paz regrese y sea eso diferente a lo que imaginamos. Un discurso adornado con mentiras, para sobrellevar el mal trago. El reto embrionario. Volver al principio. Tener una cuenta borrada de pasado. El tiempo es hoy, o tal vez no sea nada.
 

domingo, 30 de abril de 2017

Día 1075: Departamento de datos

Una serie de impresiones básicas para entenderme. Volví roto del más allá. Nadie me comunicó la mala noticia. Los dientes muerden en lo negro del punto de no retorno. Así lo único y múltiple, paraíso y semejanza. El disfrute más desprovisto de fiesta. No existe nada mejor que la catástrofe.
Voy a pedir la cuenta. Quiero hacerme cargo del enchastre. Ese monumento no se va a mover más. Estará para siempre unido a una espiral coagulada de la vida. Un momento más. En los desperdicios nos encontramos. Sellar la ventaja con los movimientos.
Saber que el misterio es, al momento de contar, otra estadística inútil. El miedo al decir lo otro. Una desaparición pactada. La foto marchita que espera y se congela. Espera cobrar impulso aunque congelada no haya quien la dejemos.

sábado, 29 de abril de 2017

Día 1074: Resurrecciones

No prediquen con el ejemplo. Vamos a ser todo lo malo que deseemos. Patear el tacho, prender fuego al insolente. No me importa. Somos un número cero pintado de paria. Qué se yo, hay tanta inconstancia en mi predicamento. Somos los pocos que sobrevivieron. Una legión reducida. Aturdan al silencio. No vean lo mal que nos comportamos. Hay demasiadas cosas que necesitan justificadas, tanta injusticia en el mundo. No me parece. No es el momento. Deliren mis esperanzas en puntos y rayas de código Morse. Tilden el punto. Nos vamos hoy. A desaparecer se ha dicho. No busquen un mejor panorama.
Desistí y es suficiente. No hay más del libre albedrío del que fuimos parte. No es un simulacro. Retornaremos muertos. Y cadáveres seremos. Y tan invencibles como pocos. Renaceremos.

viernes, 28 de abril de 2017

Día 1073: Manotazo

No puedo resignarme así de fácil. Tengo que ser algo mejor porque otra no queda. Contentarme con lo dado, con el abandono y a lo que salga. Tanto espíritu partido puede desviar el foco de la atención. No van a mirar para acá. No digan que la premisa debe ser cierta. Mueren los caballos al sol y nadie pregunta por ellos.
El aforo de los eventos más codiciados, en eso nos sumergimos. No hay situaciones ideales, todos nacemos desajustados. Un quiebre en el balance, en la norma. No apuesten a una causa perdida. Yo soy el culpable. Disparen. Hagan fuego de mi error.
Morir debe ser el remedio a la causa. Con mi vida, con las cenizas de algo distinto a mí, con eso que construyan el palacio. Les diré una mentira y otra verdad, y las dos serán falsas. No acabaré siendo mi retrato. No. Es lo que no soy.

jueves, 27 de abril de 2017

Día 1072: Días de caza

Observaré como las sombras copulan con mis contornos. No me parezco a lo otro. Aquello puede ser un decir. O el estamento definitivo. No pasaremos del límite impuesto. La tumba nos queda angosta. Patear en libertad sin hacerse eco de los muertos que sueñan. Todos hablan de mí aunque no lo hagan. Es mi vergüenza y mi condena. Veo ojos de extraños posarse sobre mi, el deforme, el monstruo de lo incontable.
Y soy normal hasta tanto quieran verlo. Hay muchas caras metidas en este cráneo. Una conveniencia de la personalidad. Una cuota de supervivencia entre tanto arroyo. Nunca nos quisimos. Es la verdad. La única verdad.
En mis bosques tupidos puedo perder al perseguidor. Puedo huir a través de los recodos del tiempo y el dogma de la lógica. Un altanero puede acercarse a la cueva y creerme su cordero. El sacrificio lo es todo. La carne tiene que ceder.

miércoles, 26 de abril de 2017

Día 1071: Construcción en obra

Todo soldado sabe donde se halla Roma. Desde lo lejos piensan en la obediencia y en la tentación de las valquirias. Un pequeño interruptor detenido en: no incendies esto. Nerón no tuvo mejor suerte. En el curso de cinco días la gran ciudad del mundo conoció las ruinas, una de tantas. Al tercer día el senado  convocó a una junta de especialistas. La tarea, simple en su enunciación, era la de levantar Roma. Hagan sus maravillas, dijo un allegado al César.
Publio Quinto entendió el mensaje, van a colgar nuestras cabezas si no dejamos este desastre en orden. En su estudio trabajaban casi ochenta personas. Tipos rudos que manejaban el mármol como si fuese plastilina. Bajo sus órdenes tenía a la mejor mano de obra de la ciudad, con una salvedad: Publio Quinto era un pésimo arquitecto. De lo peor.
Sus cargas siempre se descompensaban y no era de extrañar que alguno de sus edificios (la mayoria) termine inclinado. Sobre sus pésimos antedecentes se encontraba el destino de la mayor ciudad de la civilización occidental. Nada que no lograra un par de amistades con influencia. Publio Quinto se los conocía a todos, hombres de grandes domus sabedores de contactos. Ellos movían los hilos por él y Publio hacía su cosa, bueno, eso que daba por llamar arquitectura.
Grandes barcos llegaron desde Galia e Hispania. Los materiales de construcción más ordinarios del universo, esa era su cargo. También los más económicos. Publio Quinto siempre solía amasijar grandes fortunas con estas nimias diferencias, ¿Quién notaría un denario menos? ¿El César? No lo creía así. El arquitecto se consideraba astuto, como el zorro, difícil de atrapar.
Las obras se extendieron a lo largo de todo el año. Un mes antes de lo previsto se produjo el renacimiento de Roma. Todos los romanos no podían contener la sorpresa. La ciudad había quedado preciosa. Aún más que la anterior. Una belleza de otro mundo. Muy diferente a ese acueducto que perdía agua a la mitad del camino.
El mismo Nerón fue el encargado de inaugurar una de las obras mimadas de Publio Quinto, el Domus Aerea. El palacio tenía siete pisos, todos con incrustaciones de piedras preciosas. Fue una mañana soleada de otoño, uno de esos días en que las alergias no perdonan a nadie. A nadie, ni siquiera a un emperador. Un estornudo cortó el discurso de Nerón. Seguido de otro estornudo más pequeño. Y otro mayor. El culpable, aunque suene increíble, fue el segundo.
Un pequeño estornudo desmoronó la mitad de Roma. Las paredes caían de modo que el papel más delicado era una viga de hierro en comparación. Un edificio tras otro cayó, junto con la reputación de Publio Quinto, ya antes mancillada pero no así descubierta, hasta ese momento. Nerón mismo tomó cartas en el asunto. Publio Quinto fue servido en alimento a los perros. Y la muerte le llegó al gran arquitecto romano, más no por las mordidas. Un gran muro del Domus Aerea cayó sobre su cabeza.

martes, 25 de abril de 2017

Día 1070: Más tormentas

Enloquecí y es definitivo. Lo decreto. Saluden al Rey Carmesí. Mi ojo ya no puede sostener la necedad del olvido. Es culpa de los sueños. Porque tienen sentido y vivo algo que no. Algo que no. Cuánta tela van a manchar. Digan la pregunta. Cambien la clave. Vienen por nosotros. No adquieran el hábito de la observancia. No respondí cuando me señalaron con la marca.
Mi yo taciturno se puso a esperar. No quiero pensar en lo que viene, en mi final. Soy tan quisquilloso como toda la pérdida de la razón me lo permite. Resisto, insisto, desisto, es algo más de lo mismo. Algo. Y ustedes, con su culpa de juguete. Quiero abandonar la trinchera. Quiero que me caiga la bomba encima y hacer explotar todo. Me hundo aunque no quiera, esa es la verdad.
Y otras tantas. Otra. Mi cerebro inventa excusas para refugiarme de la lluvia y yo quiero mojarme. Así, húmedo, con la piel achicharrada. Deseo que venga lo que venga que venga. Acá, sentado de pie, valiente nuevo uno. No voy al engaño o a la indulgencia del fallo que corta toda parte de mi cuello con guillotinas para el caso. No es mensaje del ayer. El cuerpo tiembla y es hoy. Acá el incendio sucede siempre y es.

lunes, 24 de abril de 2017

Día 1069: Recuento

Una vida entera para desaparecer. Con cada pedazo de polvo arrancado de nuestras mejillas. El arbitrio de las especies, un momento en coma. Nos despedimos con la sorna y circunstancia del momento. Para dar el alto último. Y que la marcha se detengan. Un soldado puede decir muchas cosas feas. Si se lo propone. Si uno es capaz de hacer una bomba de gas con un inodoro, de lo que nada es imposible. De lo que eso dicen.
Amerita interceder, por la patria de nuestros hijos, por todos los estupidos motivos a los que tu mente recurra. Pero metete, no seas tonto. Hay un placer en la cagada. Todos nacimos para algo. Salvo algunos. Los mal nacidos. Esos deberían haber muerto de modo prematuro. No vale la pena ahondar en el detalle.
Una vida de tantas. Última oportunidad. Camino a la reanudación. Desde aquí la falta de perspectiva. Más de lo que pueda ser lo mismo. No fallen. Otro lo hará.

domingo, 23 de abril de 2017

Día 1068: Errores que tienen todos

Así quería tenerlo. Uno a uno. Hombre reducido a una habitación. Cuatro paredes, una puerta cerrada. Sería una confesión o una tortura, o ambas. Ese hijo de puta tenía que confesar el engaño. Gibbs encendió su cigarrillo y lo apagó en la cara del hombre atado. Despertó en seguida. No gritó. Buena constitución, resiste al dolor, los entrenan bien los rusos. Y la revelación suficiente: no va a hablar.
Esto va a durar días. Podemos charlar de lo que sea, dijo Gibbs. Y me vas a decir lo que necesito, tarde o tarde. Así lo conocían en la oficina: el lento Gibbs. El lento Gibbs que se toma su tiempo para todo. El hombre era una tortura china viviente. Les taladraba el cerebro. Gibbs hizo parecer hasta estúpida la expresión "ganar por cansancio". Ese era su negocio.
Del otro lado tenía a uno difícil. Tal vez lo tenga un mes. Un año. O dos segundos. Gibbs hizo algo inesperado: un gesto en las manos. Impaciencia. Ese hombre va a morir en su ley, si así lo desea.
Y Gibbs desoyó las palabras de su prisionero a falta de información relevante. No le creía y ese era el problema. Diferencia de criterios, así le decían. Porque lo que nunca descubriría el lento Gibbs es que aquel hombre no era quien decía ser. Aquel hombre era inocente.

sábado, 22 de abril de 2017

Día 1067: Instigador

Algún día me voy a morir bien muerto. Pero no va a ser ahora. Tampoco ahora. Ni en lo que sigue de ahora. Tal vez dentro de un minuto. O un siglo. O nunca. No lo sé. Aprovecho la ventaja y hago mi patio. Allá planto cosas. No sabría decir qué. Pero me preocupa la calidad. Debe salir bien el producto. Puro. Sin alterar. Que parezca una buena droga. Y que me vengan a buscar.
Que pregunten por mí e indaguen si fui un asesino. Que inventen una historia a mi alrededor. El mito de las especies. Anulen las diferencias y resten mis deudas. Allá estaré. Quizás un poco maltrecho. No los culpo. El camino rompe y se rompe. Debo pelearme con el mundo aunque sea una vez más. Reclamarle que pague las facturas sin cobrar.
Un último pedido. Una cena frugal para acompañarla con cicuta. Que el pasillo final sea amarillo y tal vez celeste. Que irse sea la fiesta máxima y el derroche masivo. Rompan todo. Y empiecen, aunque sea una vez.

viernes, 21 de abril de 2017

Día 1066: Historia local de la infamia

Abolieron la esclavitud al pedo. Quizás para que unos cuantos ilusos pasen a mejor vida. Dos personas deberían obedecer a las viejas leyes. Esclavos de por siempre. Pero no, fueron escupidos pronto a la calle. Y pronto consiguieron trabajo.
Tardaron unos años en asentarse y formar una familia. Uno de esos antiguos esclavos consiguió empleo en una fábrica. Tuvo tres hijos. El otro murió joven, aunque dejo también descendencia. Un hijo.
Este pequeño, con la responsabilidad de su madre viuda encima, salió pronto a la realidad. Trabó así relaciones con la familia del otrora compañero de esclavitud de su padre. Fue así como logró el ingreso a la fábrica.
Luego de años de sacrificio y con un modesto capital ahorrado, el hijo del esclavo muerto montó un pequeño negocio, del que hizo partícipe al amigo de su padre. La ventura económica los favoreció y así fue como crecieron. Tardaron poco en tener sus primeros empleados, los lugartenientes más fieles.
Seis años después la oficina quedó chica. Los contratos se apilaban sobre el escritorio. Así vinieron las firmas importantes. Licitaciones con el gobierno y esas cosas. Algunos avivados de su tiempo los aconsejaron de maravillas: diversificar el poder y multiplicar las ganancias. Así hizo Jesús. Y le creyeron, mierda si le creyeron.
Ganaron fuerza en los principales sindicatos del país, y también dentro del mismo gobierno. Diez años después tenían su propio partido político, con punteros y todo. Con algunos contactos en los medios de comunicación, los humildes comerciantes promovieron su partido para conformar una fuerza opositora. Los votaron poco. Luego los votaron más. Y más. Y más. Hasta que ganaron.

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