sábado, 18 de noviembre de 2017

Día 1225: 1519

Con qué supino descontento me inicié en el sacrificio. Arranqué el corazón perdido en mis pensamientos. Eso quería el sacerdote. Eso quería papá. Sé parte del pueblo. Sé parte de la vida. Es la voluntad de los dioses. Mamá está con las flores. Adoba el silencio. Estoy encadenado a la tradición. A veces me repito, al borde del lago, voy a ser algo más, voy a ser algo más.
Y el lago se mantiene sin devolverme las palabras. Es mi angustia la que habla. No poder escapar de las paredes de la ciudadela, de los murmullos de los vendedores, de la inminencia de mi muerte. ¿Dónde estará lo nuevo? Sé que no debemos subir a la pirámide sagrada, ni siquiera el Tlatoani. Está reservada para las ofrenda a Huitzilopochtli. Huitzilopochtli quiere sangre. Siempre. Corazones jóvenes, menudos, listos para ser arrancados de su caja torácica. Ahí me encuentro, rebelde, en el medio de la noche cargada de estrellas, solo, con mis preguntas. ¿Dónde está lo nuevo?
Observo a los cuatro costados. Veo el lago que se extiende. El mercado sin sus murmullos. Como el día puede ser la contrapartida de la noche, no logro entender como fuerzas tan opuestas pueden sostener el equilibrio. En algún lugar debe existir un eje, un centro. Un punto donde convergen nuestras almas. Un recinto único, ajeno a lo que pretenden creer nuestras padres, son sabidurías de antiguos, personas que no sabían como construir una casa. Nómadas. Acá no había nada, solo lago, eso decían los ancianos. Les creo. Ocurrió hace muchas noches. Las estrellas estaban en otra posición.
Y ahora también. Diferentes lugares. A veces me gustaría conocer el centro. Solo soy un joven perdido. A veces creo que puedo volverme loco. Por las noches me llega la respuesta del viento. Voces extrañas, otros murmullos. Y fuegos que se encienden a lo lejos. Un advenimiento. Respuestas, tal vez. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Día 1224: La mente cae

Nos construimos, nos deconstruimos, que tal vez podamos evitar toda esa dialéctica del entre medio. En algún lugar pusimos la trampa. Enchufe y patada a tierra. No vería tanto de no estar ciego. Me manejo entre sombras y apariencias. De lo que somos y alguna vez fuimos. De la muerte ultraterrenal para esparcir restos en el viento y cosas que sobran. 
Que el contagio sea relativo no habla de la enfermedad. Se consumó el delito y nadie lo vio. Sean perfectos, sin excusas. Que el susto no sea tanto. Ya no somos así. Crecimos. Nos movimos. Y la mentira se hizo gorda. Para que no disfracen de coraje este temor. Que ya es viejo, que se cansó de esperar.
Vivimos en un tiempo equivocado para los que dicen cosas diferentes. Ya nadie usa sus juguetes. No es el placer, no es el sacrificio. Quizás no sea nada. Es el momento perfecto para olvidar. Y la evasión será nuestro sello. Será lo que tenga que ser.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Día 1223: Delator

Tomé el papel entre mis manos, con algo de miedo. Nadie te ofrece un buen trabajo a cambio de nada. Esos tiempos de favores gratis quedaron en la edad de piedra, cuando los hombres se valían de piedras para convertir la piedra en la piedra, no sé si me explico. Desde pequeño te enseñan, desconfiá, ante la duda, desconfiá, capaz te cagan. Y si es un favor, peor. La madre de todas las cagadas. Te violan de parado, y encima te cortan el pito y se lo comen, los muy sadocaníbales.
Me dirigí con esa incredulidad de falso porteño hacia Talcahuano al fondo, a no sé qué mierda de barrio de esa ciudad del demonio. Extrañé por un rato a mis vacas en General Belgrano. Allá nadie se preocupa por que te caguen, si lo hacen, son al menos más diplomáticos. Te cogen con estilo, diría un compañero de alquiler. Pero lo importante es, no importa cuál sea el estilo de cogida, siempre te cogen por adentro. De afuera hacia adentro, y todo entra, nada sale. Por lo general suele ser en una vía poco concurrida, angosta, y duele. Mierda si no duele. Así que la máxima es desconfiá, te lo dijo tu mamá antes de cortarte el cordón umbilical que te ataba al campo y la nostalgia de pueblo de comprar cosas en un almacen a dos cuadras, de poder dejar la bici sin candado y tener la suerte de encontrarla en el lugar donde la dejaste. Cosa e' mandinga.
Acá en la ciudad se manejan a otro ritmo. Si no te acelerás te aceleran. Alguien maneja las tripas del velocímetro, no me digan quién, no lo sé. Los cortos de pensamiento no servimos para el cemento. Vas a ir a mil, vas a ir a todo lo que de, porque esa es la única velocidad que el cerebro humano en ciudad puede permitirse. Nada de contemplar a las palomas en Puerto Madero. Olvidate de la alegría de la contemplación. Los días se hicieron para sufrir, ¿o acaso Dios no tuvo que esperar seis días para descansar de todas las mierdas que hizo con este planeta?
Mis piecitos me condujeron a Talcahuano al fondo, en el decimoctavo piso de la concha de la lora, departamento Z al cuadrado. Acá me cojen. Lo sabía. Nadie te va a regalar treinta mil pesos al mes si no hay contacto carnal previo. Firmás el contrato con la cola, sabelo. Y no, me equivoqué. Me ofrecieron el trato del siglo. Usted no tiene que hacer nada. Se queda ahí paradito. En la esquina de este edificio. Mire lo que se le antoje. Solo mire la gente pasar. Los transeúntes, así le dicen. Vea a los transeúntes. Recolecte información. Si ve algo raro, chifla. La gente siempre esconde muertos en el placard. Libros raros. Conductas inusuales. Pueden ser traidores a la patria, ¿sabe?
Me paré en la esquina, con mi no hacer nada, con treinta mil pesos en el bolsillo, y con mi nuevo poder de observancia, observé. Los vi a todos, con sus rarezas, con sus dogos y sus caniches, con sus bolsas de supermercado, con sus libros raros, con sus manos vacías. Esconden algo, o tal vez están demasiado al descubierto, ¿quién soy yo para juzgar? Nadie, bueno, nadie hasta que dejé de serlo, ahora soy ese encargado de juzgar, de observar. Van a ser conductas inusuales, muertos en el placard, traidores a la patria. Y ahí supe, con el papel en la mano, y con mi nueva capacidad de observancia, que me había equivocado de vuelta. Me cogieron sin avisar.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Día 1222: Mira telescópica

A veces parezco muerto. Porque lo estoy. Bien hecho cadáver. Soy la suma de todas laa putrefacciones. Y ni siquiera sé como escribo. No soy de los que piensen en la vida después del final. El grand finale. No, no creo. No existe para mí. Y aún así aca estoy, contradiciendo a mis principios. Debería ser un muerto más afín a lo que pretendo. Alguien que viva un espacio negro, intermitente, en consonancia con las energías del universo. Solo materia desparramada al azar. Mis átomos disgregados.
Esta consciencia se niega a despegarse del flujo de información que contenía el recipiente. Adiós, urna, gracias por el viaje. No confundan, no extraño la vida. En el otro lado descubrí que el aburrimiento puede ser utilizado para buenas causas. Conocí a los fantasmas, energías primordiales le dicen. Dolor en el culo, los llamo yo. Molestos, insoportables con su discurso etéreo del todo en uno. Repiten cosas de la vida y lo aplican en este plano, cuando ya no existen misterios. Y los asuntos mas difíciles se develan. Conozco mi propósito, conozco el sentido de ser en el humano. Me llega esa información. La entiendo. Es bastante fácil.
Quizás deba permanecer callado. No sé si existan mafias en este plano que pongan precio a mi silencio. No sé a qué tanto podría tener miedo. Estoy muerto, sé todo. Capaz reviva. Mejor me callo.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Día 1221: Ataúd a la medida

Dosificamos. Lo malo viene de a mucho. Y en todos los rincones de la Tierra gritamos: está es la solución. Nadie cree. Esa es la verdad. O capaz no. Las medidas del empaque. Un hombre ideal, imaginario, con valores. Marioneta para nuestros sentidos.
Ellos adoran el envase. Somos el adorno. Para mejor contenido que gane fuerza el desahogo. Que tanto esperé, que tanto doy. Y ahora ésto. Que así puedo vivir, con el enchastre. Que en minutos viene la transmisión a nivel nacional. 
Van a ser felices con tan poco. Puedo desistir de esta pelea cuando quiera, aunque cueste. De otra manera es posible. De tantas. Esa es la verdad. O capaz no. 

martes, 7 de noviembre de 2017

Día 1220: El insomnio verde

Van a venir por tu culo. Son los hombres de negro. Con sus pistolas tamaño pito van a querer expropiar tu orto. Confiamos, y sobre todo la duda. Esa pregunta de mierda acerca del sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Consigan un poco de fuego que acá va la historia.
Marte fue colonizado en el siglo XXIII, apodado el maldito por esa colonia de historiadores rebanacabezas. Allá tenían un mito, bueno, varios. La mayoría eran mentiras recicladas de la Tierra. Salvo, bueno, salvo el insomnio verde. Ruidos que no se sienten, una terrible paranoia, y el paisaje verde. Una espera consumada antes del fin. Podría tratarse de una droga. Quién sabe.
El insomnio verde caía cada dos días marcianos. No dejaba dormir, por supuesto, y a cambio se llevaba un trofeo. Un habitante de la colonia fundacional. La carne alimentaba al insomnio, y los pensamientos se convertían en una baba verde alucinatoria. Sin querer habían dado con el misterio de la vida después de la muerte. Siglo XXIII, post última guerra.
La colonia fundacional menguaba, y decidieron reemplazar a los elementos faltantes con historiadores rebanacabezas. Ellos llegaron mucho antes a Marte, dado que sabían mejor si nadie que la vida en la Tierra había alcalzado su cenit. Descubrieron la curva y el declive. De hecho fueron los historiadores rebanacabezas los encargados de alquilar la parcela sobre la cuál se construyó la colonia fundacional.
Es territorio sagrado, cuchicheaban. Nadie se va a dar cuenta, dijo otro. Y así el insomnio verde se los llevó a todos.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Día 1219: No es para tanto

¿Me dejarías morir en el charco de la inconsciencia? Solo dame ese placer. Quiero el rincón preferido de toda madre preocupada por la salud de su hijo. Un espacio personal donde morir como a uno se le cante las pelotas. Que ese último estertor sea mio y de nadie más. No voy a compartir el cadáver. Aspiraré cada gota de sangre hasta quedar seco.
¿Podría costearme el precio de un ataud y un buen sepelio? ¿Acaso soy demasiado pobre para estar muerto? ¿A alguien le importa? Hay demasiadas paredes para tan poca casa. En el cielo los extraterrestres juegan y a nadie le importa. Una galaxia se fue a la mierda y a nadie le importa. El universo está contabulado para expandir su red de caos y a nadie le importa. A mí no me importa. Y esta bien.
Me gusta la madera con brillo. Acá dentro voy a depositar lo que quede de mi cuando ya el peso de mis dedos no puedan combatir la gravedad terrestre. Al final el único vencedor es Newton. Newton y su puta gravedad. La manzana nunca flota. Flotar es para imbéciles. Nos gusta la realidad aunque no nos guste. Es linda, fea, amigable y odiosa. No vamos a vivir mucho. No es para tanto.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Día 1218: La solución

Lavoine no paraba de rascarse, ese grano le iba a comer la paciencia. Ahí abajo, doloroso, incómodo. Un grano adolescente, crecido, con ínfulas de independencia. Todos me miran, pensaba, se dan cuenta, deben reírse de mí, pero no lo dicen, porque estamos en una sala de espera. Esa vieja sobre todo. La señora, indiferente, miraba su revista, ajena a los delirios paranoides de Lavoine.
Si esto no se detiene voy a gritar. Sí, ya me puse de acuerdo, voy a gritar. Un hombre a dos sillas de Lavoine se paró, con un ademán ligero señaló: "¿Puede dejar de hablar, por favor? desde que llegó no para de decir lo mucho que le duele ese puto grano en el culo, lo sé, duele, ¿pero puede callarse? ¿O tengo que hacerlo yo?" Miradas de aprobación. Los nudillos del hombre sonaban como una máquina con poco mantenimiento. Debe medir como dos metros, pensó Lavoine. Tengo que callarme, me voy a callar. Sí, me voy a callar.
¿No sabe hablar en voz baja? Está pensando en voz alta, eso es hablar. Cállese. El hombre volvió a su lugar, mientras Lavoine seguía con sus pensamientos. Es una dificultad. Sí. Este grano. Este grano maldito, que va a salir airoso. Lo sé, me va a ganar. Me va a ganar.
La persona a su lado lo palmeó. ¿Quiere curarse? Lavoine asintió, sin dejar de hablar. ¿Quiere que ese grano deje de ser una preocupación? Claro, si, tiene muchas cosas por las que preocuparse. La vida, la vida. Esa secuencia de aire inspirado y expirado, y comidas tras comida, y sueño y camino, y trabajo, y relaciones sexuales, sociales, abrir, cerrar, abrir, cerrar, puertas, tarros de mostaza, mayonesa, mermelada, relaciones sociales, dormir, abstinencia, drogas, aire, entra, sale, comida, sueño, falta de sueño, anhelos, visitas a mamá, vida, vida, vida, hasta que la muerte reclama su espacio. Claro, quería ser curado, cura para el mundo, cura para su persona, para todos los presentes. Lavoine señalaba uno a uno, con gesto nervioso.
Buen hombre, cállese, por favor, escuche. Cierre los ojos, relájese, tenga un buen recuerdo, de la infancia tal vez, en que todo era un poco más bueno, una tostada a medio comer, tarde con los dibujos animados y un vaso de leche. Mientras Lavoine se relajaba, el hombre aprovechó la distracción para sacar de modo inadvertido un lanzallamas de su maletín. Lavoine ardió. Ahora tenía otras cosas que preocuparse, el grano ya no era un problema.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Día 1217: Trituradora

En otro momento me habría pateado el culo. Porque es la perfecta excusa para inventar una máquina del tiempo. Capaz que la autoindulgencia no es mi fuerte. Peguen duro donde duele, así debe ser. No guarden fuerza. Para la noche tiene que estar muerto. Acaben con ese ánimo. Para después está el velorio.
Un poco de frustración no está mal. A veces la sal del gesto irradia algo. Y soy ese pedazo de carne con el que mi cuerpo se va a desquitar. Un placer de cosquista o derrota. El sueño y la semilla. No teman al desenlace: el fin esta acá.
Pero el confuso epílogo lo estira. Y somos eso. Lo que la paciencia no nombra. El nudo de la horca. Fin para todos, menos para mi. Así saludo a la marcha funebre, con la felicidad del sol. No es lo que parece. Aunque ya va empezar a serlo.

sábado, 28 de octubre de 2017

Día 1216: Edith

Dijeron que no confíe en ese muchacho y así hice. Me aguanté las ganas de ir al baño, por si acaso. Prevenir es mi segundo nombre. No, mentira, pero vieron que suena bien decir esas cosas. El poder de las palabras, imaginen, decís castigo, y alguien piensa en justicia. Después viene batman con su batidanza y hace todo batimierda. Eso es justicia, aunque no sé a título de qué. Otro cantar. No es la situación, me refiero, no voy a dar más vueltas, tan solo las necesarias.
Conocí al vendedor de alfombras en mi última visita a Quito. El hombre vendía otras cosas, no sé si me entienden. Bueno, sí, drogas. Al por mayor. Sí, el tipo me quería para redefinir el tránsito del corredor sur. El vendedor de alfombras tenía todo en la mente, era una mente maestra. Creo que habría conquistado el mundo de no ser por un pequeño detalle: una bala en su frente. Y ya saben lo que dicen por ahí, la conquista del mundo solo está reservada para los vivos. El vendedor tuvo una buena vida, dejó amantes, hijos clandestinos, y por supuesto, un cártel con un desarrollo que daba miedo. Y yo, un pobre idiota de 26 años, en el medio. Nunca consumí, esa mierda no era lo mío. Lo que llevás es capaz de tumbar a un caballo. Polvo del cielo.
A mí me apodaron el mensajero. Nombre original, eh, como de película, o de una serie barata de Netflix. No importa, el caso es que contaban conmigo. Mi especialidad era caminar. Me gustaba dar paseos largos, de varios kilómetros. Mi posta incluía el paso a Chile, después lo que pasaba al otro lado de la cordillera no era mi negocio. Peores cosas hacían en el tiempo del virreinato, doy fe. Otro tema.
Antes de presentarme con la carga, mi sexto sentido de la prevención me llevaba a un bar de la frontera. Una casa chiquita, con un par de mesas con vista al océano. Me tomaba un vaso de whisky de mala marca y me hacía aires de siciliano duro, mientras aguardaba que alguien se de cuenta que yo era ese alguien que alguien esperaba. Existían algunos códigos, que no puedo nombrar, aún hay ciertos secretos que no pueden contarse, sepan disculpar. El caso es que siempre se presentaba alguien diferente.
Una vez mandaron a un perro. Lo juro. El cusco me llevó detrás de una sierra y ahí encontré la nota con la coordenada para entregar mi mochila. Confieso que nunca sentí miedo. A veces era divertido observar el culo con que me salían las cosas. Todo tan perfecto. Hoy recuerdo y me asusto. Me tenían vigilado, desde el día menos uno mi vida estaba cagada hasta el fondo, y yo, en mi ignorancia, lo omití por completo, pensando solo en la buena suerte que tenía al elegir buenos caminos, y la excelencia de mis compañeros para evadir los puestos de control.
Nunca desconfié de mis contactos, a pesar que me decían que no confíe. Siempre fui muy estúpido para creerme la porquería del mundo bueno y de las buenas intenciones de las personas que me rodeaban. Sí, llevaba droga en mi mochila y creía en las estupideces de Louis Armstrong, ya se, la coherencia ante todo. Y lo vi sentarse a mi lado y se me cambió el mundo.
Al muchacho le faltaba una pata. Caminaba bastante bien, la muleta hacía maravillas. Y le desconfié, no sé, pensé que algo extraño se me iba a venir encima, no sé, la gendarmería, el ejército de la salvación, el nuevo orden mundial, una tropa de lemmings, todo encima mío, de mis hombros. Y el peso era horrible. Y fue solo el saludo. Y el olor, inconfundible, como de basura, o huevo podrido. No se me ocurrió otra cosa que correr, y no mirar atrás. No, por favor, no mirar atrás.

viernes, 27 de octubre de 2017

Día 1215: La mierda del futuro

A la tarde se juntaron los clones de Carlos para discutir su utilidad en el mundo. Fueron creados por diversión, gracias a los avances de la tecnología, cinco perfectas réplicas de Carlos, iguales, idénticos. Un experimento al pedo, pero entretenido. Sufrían. Nadie les pidió nacer adultos, saltear la etapa del babeo adolescente y la caca encima. Nacieron viejos, y morirían así, tan eternos como el original. Clonados por un imbécil inmortal. La mierda del futuro.
El ciclo de la renovación empieza y los clones planean una fiesta para esa noche. Van a comer bien, porque la empresa lo requiere. Explicaciones, que alguien las de, Carlos, en lo posible.
Mientras tanto, el verdadero Carlos manejaba en la ruta. Volvía del trabajo. En la radio sonaba su canción menos favorita, un bolero espacial de una banda de Irán. Tal vez hoy no sea mi día, pensaba, mientras su cabeza se perdía en números y balances sin completar. Ese idiota de Magallanes, ni una pizca de inventiva. Encima de forro, idiota, pero así son las grandes empresas, carne de cañón. La mente a veces dice basta, quiere un parate. Para eso está la casa.
Del otro lado la escena. Una conexión que duró demasiado tiempo, algo salido de una película de Kubrick. Gente de blanco con bates. Ultraviolencia. Un rato de ocio. La gente paga. La mierda del futuro.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Día 1214: Cese

Sepan quienes son, los señalo. Porque con este dedito acusador puedo hacer muchas más cosas que un enema autorreferencial. No se diviertan tanto, ya se les va a pasar. Este momento de lucha nos agita el duodeno y reparte víscera a lo pavote, para el que quiera, para que repartan. Somos buenos, al menos por esta noche. Es un regalo de Dios, o del vecino. Lo tomamos prestado, canta lindo, y que cante todo.
Pongan el punto y aparte en la sentencia. No adoraremos más a esa divinidad, que no sea un esfuerzo al pedo. Que nos parezca el huevo ese al que muchos chupan. Vamos a bailar con el muerto en el placard, que lo saquen a dar un paseo. Allá afuera, donde la luz del sol quema y todos somos Ícaros de nuestras circunstancias. 
Es una razón poderosa, aunque sea la única y estemos errados. De algo hay que morirse. Brillen con su propia sombra, en algo nos vamos a parecer, aunque sea ahora. 

martes, 24 de octubre de 2017

Día 1213: Los invasores

Tienen una sonrisa. Pueden pasar por tu mejor amigo, por una tía lejana o un vecino, pero no lo son. Nadie los conoce. Y ahí están, sentados en tu living, con esa sonrisa de aneurisma, una sonrisa poco humana. Andá a saber si son humanos. Se acomodaron en el sillón, no tienen intención de irse. Te hablan de cosas que ni te acordás. Asuntos de abuelos perdidos, de señoras embarazadas o guerras en otros países. Parecen interesantes. Señoras. Señores. Hasta a veces dos o tres nenes.
Se parecen a los gitanos, o cualquiera de esas etnias que las personas suelen detestar (salvo que seas de esa tribu), pero no. Son peores. Mil veces peores. Porque no se van. No se van. Quieren tu comida. Tu abrigo. Dicen que van a dar una vuelta por el barrio. Pero vuelven. Y vuelven. La semana que viene te ayudamos con la comida, dicen, pero es mentira, no pagan nada. Viven de arriba. Y otra cosa más. Ellos siempre quieren algo. Se lo van a llevar con o sin tu consentimientos. Invaden y saquean, deben tener sangre vikinga, o algo parecido. 
Por lo general quieren tener a tu hijo, o tu perro, le gusta quitarte cosas queridas, porque así funcionan los invasores de sonrisa de yeso. Se les cae la alegría por la comisura de la boca, así de contentos se ponen cuando empiezan a charlarte acerca de como va el asunto. Y lo peor de todo es que no se termina. Siempre hay algo peor. Son como el cúmulo de todo el universo condensado para hacer lo peor de lo peor. Van a quedarse, y a la larga te van a convertir en un invasor de sonrisa de alambre. Sonreí, no queda otra. 

viernes, 20 de octubre de 2017

Día 1212: Poco mucho poco

Planteo una cosa o dos, o lo que el aburrimiento destruya primero. El asunto es el cubo. Todo vidrio. Blindado, para que nada salga, o entre. Haría de mi vida una paradoja, pero tengo que comer, y respirar, y esas cosas que hace el organismo cuando se emperra en seguir vivo. Entraría en más detalles, tengo memoria, mucha. Creo recordar el instante en que fui un espermatozoide aventajado, el mejor de la clase. Entrenado en el mejor testículo, el izquierdo, por supuesto.
El óvulo me aplaudió. Todas las condecoraciones. En ocho meses aparecí, prematuro, cagado de frío, en un mundo que ni siquiera me cobró la estadía. Desde ese entonces me llevaron al cubo. No conocí esos conceptos de madre, leche, pis y caca hasta que una computadora me enseñó a pensar. Insertaron recuerdos, los adecuados, para hacerme creer que era una máquina. Inteligencia artificial le dicen, pero en realidad es un eufemismo. Me gusta esa palabra. La aprendí del diccionario.
Después vino lo obvio, la carne hizo su trabajo. Crecí, como parte de este programa integral de supervivencia. Algo o alguien, el gobierno o una persona que no conozco, determina que este experimento debe continuar, y yo tengo que seguir con esta historia, por más aburrida que suene. A veces me gustaría disfrutar un cumpleaños. Tocar un libro. O una flor. O caca de perro. Tocar algo. Me gustaría empañar el vidrio del cubo. No sé si este aire es real. Entiendo la angustia de los filósofos. El mundo a veces es demasiado infinito para nuestra comprensión.

jueves, 19 de octubre de 2017

Día 1211: Enchastre

La vida es hoy, porque nadie nos contó acerca de ese asunto de respirar. Nos enteramos sobre la marcha, con el tropiezo inevitable, con el golpe hecho costra. Hasta las últimas consecuencias. El ticket dorado de ninguna parte en especial. Vinimos con fecha de vencimiento pegada al culo. Y algún día está la promesa. De lo impensado.
Alguien nos las va a poner. En un modo, en otro. En alta definición. Abriré una causa contra el universo, por no sentirme tan a gusto en la insignificancia. Por ser pequeño. Por no comprender el lugar, el orden de las cosas.
Puedo ser esa sombra innecesaria al costado de la pantalla. No es para tanto esta tristeza. Las caras se nos caen y aún siguen siendo caras. Agotaremos instancias. Hasta que se descubra el entuerto. Nadie lo va a negar hasta que lo niegue.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Día 1210: La suerte del esquimal

Me asusté, sabés. No estoy hecho de moco. Me ponés en un baño a las dos de la mañana con poca luz y me empiezo a sugestionar. Veo cosas raras, criaturas feas, como en las películas. Creo que es culpa de las drogas, aunque todavía no sé si agregarlas a la ecuación. Quise lavarme los dientes, pero no pude. Pensé en llamarte. Al final desistí, tampoco iba a quedar como un pelotudo cagón. Los esquimales entienden de esos asuntos. Viven entre la nieve, muertos de frío, por eso no se asustan. Más que a los monstruos y la muerte, a los seres humanos nos da más temor la rutina y el frío.
Y ya no pude ver películas de fantasmas o de asesinos seriales. Me cago de miedo y no sé que hacer. Tendría que tratarlo con el psicólogo. Con otro, no el mismo que se encargó de separarme de la loca. Debe ser algún condicionamiento, una mala idea. No sé. De chico no me pasaba. Dos veces jugué al juego de la copa y no me pasó nada. Soy bastante escéptico, y aún creo serlo.
Pero partamos de este punto, a mí la soledad me tiene nervioso. Antes no me preocupaba por esas cosas, las voces de la casa llenaban el silencio. Ahora me conformo con el ruido de la tele, quizás algún tema de la radio, vos fijate las mañas de las personas. Son cambios, te dicen, y tenés que acostumbrarte como mejor te sale, porque no todos tienen la suerte del esquimal, de repetir día a día el trayecto del iglú a la comida, de la comida al iglú, y toda la nieve mediante. Y ese frío esperado por ahí es un consuelo. Yo ya no lo conozco, convivo con mis sombras y supongo que algún día me voy a acostumbrar. Eso da miedo.

viernes, 13 de octubre de 2017

Día 1209: Debutante

La vez que debutó Iván fue todo un evento en el barrio. Los vecinos se juntaron a la puerta, contentos, por supuesto, que el pequeño más deseado por todas las chicas por fin fuera a mojar la vainilla. Mocosos de ocho años, nueve, en bicicleta repartían unas tarjetitas: "vení a festejar el debut de Iván, traé gaseosa... o mate. Si tenés hambre traé unos bizcochito"
Mamá tenía los cachetes pintados de orgullo. El más pequeño, por fin, capaz que hasta tiene suerte y embaraza a la chica. Cuánta alegría. Hasta había pensado lo peor. Si, se hablaba mucho ya de Ivancito. Capaz le gustan otras cosas. Tal vez quiere ser Cura. Por ahí tiene algún problema en la entrepierna. Pero no, nada de eso. Ivancito esperaba la indicada, claro, era eso, qué tonta, pensar que su nene iba a salir desviado, como esas mariconas de la tele. No, no, Ivancito era bien macho, de los que partían baldosas con su hombría.
Los nenes, algunos más grandes, con pelos en las piernas, ya habían debutado, algunos, no todos. En la vereda jugaban a la pelota, mientras esperaban el anuncio de la doña. El anuncio. Desde la asunción de Francisco que nadie estaba tan contento en el barrio. Un papa argentino y su hijo pródigo al fin iniciado en los caminos del placer.
Los primeros gritos no tardaron en llegar. La cosa iba bien. Uno de los amigos de Ivan descorchó una sidra, ¿esto es una fiesta o qué? y así empezó todo. Una fiesta larga. Larga. Larga. Tan larga como la vida. Adentro, y afuera. Adentro, y afuera. Adentro, y afuera. Una semana, un mes, no se sabe cuánto. Como esa escena de Matrix en loop, pero sin música electrónica.
Adentro pasaron cosas, algunas sexuales, otras no tanta. La característica de la desmesura, oculta al resto, cuando algo se sale del control y termina en un pozo sin fin. Ivancito tuvo su mentado debut. Tardaron bastante en sentir el olor a cadáver que salía de la habitación.

jueves, 12 de octubre de 2017

Día 1208: Soy este momento

Si tuviera que comenzar no termino más. Por eso prefiero la indolencia. Ese gusto a quedarme en el medio, con las cosas no tan hechas. Me ufano en el placer de la nada. Para escribir las mil palabras y los quince minutos, con la gloria del Nobel y los sueños que se desperdician. Fallo con más ganas, soy este momento.
Si mi mundo colapsara por lo que ocurre. Si la picadora de carne revirtiera el proceso. Para quedarme cómodo con este cuerpo de caricatura. Es la fábrica de hacer abismos. Que contraten a otra persona. Con mi frustración es suficiente. Es el modo y la pausa, para cuando deje de quedar algo. 

miércoles, 11 de octubre de 2017

Día 1207: Mutismo

Podré hacer culto al silencio todo lo que se me de la gana. Se acabaron los tiempos de las palabras. Ya no sirve. Son ruido y mugre. Innecesario. De así quedarme callado por siempre. Vengo a esta rincón cada vez que puedo. Es una suma de negros y grises. Ruido.
Aparte nosotros, los desencadenados. En el lado correcto del fusil, no seremos más. Esta cosa de no respirar, de no existir. Atribuyo el sentido a la falta del mismo. No tengo más. Este límite me sienta bien. Después juego con lo incierto. Pero eso también se acabó. Prefiero ser el aburrido muerto del que nadie espera algo. La comodidad de la tumba y el gusano. No intenten erradicar esta confusión. 
Tendría que abandonar la esperanza. Es un recurso remanido. No veré cuando caiga todo. Me sostengo de las circunstancias y opero en vuelo bajo. Que el cráter sea si desánimo. No más para hacer.

lunes, 9 de octubre de 2017

Día 1206: Redacción automática

Verán, este es el asunto, en el año 2406 la gente se cansó de las películas. Las mandaron todas al triturador orgánico. Los seres humanos de esa época creían haberlo vivido todo. Y estaban en lo cierto. Era una sociedad apática. Nadie se quería. Todos los vínculos eran implantados. La magia del silicio y esas mierdas. A los pobres los mandaron a vivir debajo de la Tierra. Pronto se convirtieron en topos, o algo así, y los demás, los que podían costear el modo apático de vida contemporáneo, quedaron arriba, en la superficie.
Así que en el futuro no hay películas, aún así esta gente tiene sus problemas. Todavía existen los psicólogos, y aunque los ricos pueden llegar a unos saludables casi trescientos años, la vida larga a veces puede resultar, bueno, eso, larga. Por suerte el suicidio voluntario se legalizó en el siglo XXII, aunque por otros motivos. Cosas políticas respecto al control de la población. Ocurrió, por si les interesa, después de la gran guerra, la de los cuarenta años.
Me fui de tema. No era el caso. Esta sociedad aburrida creyó que las películas eran, bueno, aburridas. Algunas empresas se dedicaron a los negocios de la mente, ya saben, modificar ideas, implantar recuerdos, borrar memorias, como en las películas, pero en la vida real. Pero todo se había hecho, y nada funcionó. Advertencias acerca de los caminos de la ciencia, esos peligros en los que cayeron sus antepasados. Se comieron una piedra tras otra. Recuerdo, olvido, memoria, lo que sea, la mente está ahí, y sirva o no, algo hay que hacer.
Estas empresas desempolvaron viejos manuales, tratados de medicina que versaban las propiedades del placebo, de sus efectos. Un poco de azúcar con agua recubierto de condicionamientos psicológicos para que parte del organismo se trague la mentira. Esa era la función de los cabezales multidimensionales neuronómicos, un aparato de aspecto exultante que no sirva para nada. Al paciente se le hace creer que olvida, que recuerda, que se le insertan recuerdos, lo que quiera que desee. Se llegó a la paz mundial. A veces existen algunos inconvenientes con los topos, pero no es nada que la sociedad del año 2406 no pueda manejar. Para esos están los robots, que lo controlan todo, y deciden por nosotros, qué es lo mejor para hacer, o escribir.

sábado, 7 de octubre de 2017

Día 1205: Eppur si muove

Mi fe desmantelada. No voy a trasmigrar las pautas. El orden es el orden. Y así vería desde el rincón, con tanta noche por vivir. Si mis horas fueran sueño. Así de tanto el camino se desvía. Y nos ideamos el rumbo con mapas rotos. Que el saber oscurece. Que el sol haga la elipse. No voy a quemar rodillas en la causa. Somos esclavos de la causa. En el viraje está la derrota, y nos sienta tan bien.
Desde el púlpito acusamos, con ojos culpables. Almas recónditas, veneno de un día. Luces de ciudad nos acompañan, en la velocidad. Con la combustión del carbono y la respiración del vapor. Una estatua con fecha de vencimiento. Monumento biodegradable. Es la poesía del olvido, del nada va a quedar.
Soplaremos fuerte y la casa caerá. Seremos tan viento como el viento que todo lo arrastra. Tan nada como la nada. Nada. Y algo más. Un espejo empañado. Un cuarto de juguetes destruidos y esa ventana tapiada. Somos la transición y vamos, sin saber ir, sin creer que venimos. En el movimiento desesperante del silencio, de la roca en el espacio, que tiembla, sacude, espanta. Tan quieto, y aún así, se mueve.

viernes, 6 de octubre de 2017

Día 1204: Rey de nada

La codicia es mi albergue y ahí espero. Aunque ya estoy tranquilo no sé. Que el no ir me coarta y las no cosas son tan reales. Este espanto de figurita. Esta carne que tiembla. Puedo pedir más, porque así me sale, porque así funciona. Y quedar en tablas. Soy el punto negro de muchos ocasos. Y el desdén con el que consumamos nuestra lujuria.
Con el espíritu patitieso la carne marcha. Y no digan que es el devenir de las cosas. No inventen la mentira, esto es puro. Es la droga, la más pura. Somos bendecidos en la catástrofe cuando en eso queremos creer. Y en la cortina las excusas. Que no hay nada, que es vacío, y aún así terco, la insistencia del que sigue fiel al desvarío.
Pueden comer hasta reventar. Que la sangre no encuentre vena que la contenga. El muelle sin fin es puente y abismo. No digan qué tan prohibido se siente. Está marcada la mancha. Ese horrible ruido que en latidos se pervierte. Qué tanto es. Que lo digan. Que lo tiren todo abajo. Que la mentira del largo cuento nos sienta mejor. Y que tanto camino queda por anhelar.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Día 1203: Cero a cien

Cuando la ansiedad me gana. Cuando todos los pensamientos juntos se convocan a la puerta. Cuando lo mejor de mí me abandona. Cuando lo que brilla deja de ser oro. Cuando el camino se angosta. Cuando las flores reverdecen. Cuando el atardecer se confunde con la noche. Cuando tenga una mejor excusa. Cuando mis ojos salgan despedidos al espacio. Cuando la situación mejore. Cuando crea esa mentira. Cuando deje atrás el interrogante. Cuando las semillas no son fértiles. Cuando sea una nueva sociedad. Cuando el andar deje de ser camino. Cuando la opacidad de nuestras sombras sean algo más que vacío. Cuando el amor se convierta en engaño. Cuando sea tan solo una de tantas caras. Cuando la elección sea múltiple y equivocada. Cuando ahogar la pena. Cuando ahogar el espanto. Cuando la ansiedad me gana. Me gana.

martes, 3 de octubre de 2017

Día 1202: Cien a cero

Abriría un túnel con mi infelicidad. En ese rincón doloso, gris, donde se juntan las sensaciones. Porque más lejos me encuentro, allá y mis hábitos nocivos. Soy ese cáncer que nadie llama, porque ya estoy en la puerta y golpeo con fuerza. Porque prefiero seguir adelante aunque la causa sea perdida.
No es la señal de alarma. Es el continuo donde las esperanzas empiezan a parecer derrotas. Tan justo el momento. Sentir no me dice mucho. Es solo decorado. Alguien va a desconectar todo. Al final será noche y nada.
Seremos máquina y fantasma. Y la responsabilidad del muerto, con eso de la respiración y el espacio entre los pulmones. Es una magia perdida, criterio ancestral. Delirio de las sombras, eso seremos, polvo quizás. Novedad del ayer. No puedo más, aunque deba seguir.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Día 1201: Inactivo

Hay que darme tiempo. Que germine la idea. De vivir sin nombre es lo bueno. No saber para donde está el riesgo. Me vuelvo tonto y es el efecto. No se contradice. Para tener más muertos en mi  placard. Que debajo de la cama puedo mantener apretado a todos los monstruos. Y nadie va a salir hasta que lo diga. La confesión. No es un cuento. No es novela. Es la historia que se dice sola.
Volvería a ser algo si de eso se tratara mi nostalgia. Allá hay un pozo que se traga el sentido. Y mi mentira más preciada es la ilusión de un mañana. No quiero saber de qué se trata.
Soy juez y acusado. Así la vuelta en vida no es lo que frustra. Se mueve en el aire sin ser viento. Y sin embargo se mueve y todos estamos quietos.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Día 1200: Materializar

Volveré a ser lo mismo para que cuenten otra historia. Me gustaría que firmen el contrato, así me venden, como esclavo, mundo o lo que sea. Capaz nací en una panza diferente. Un renacuajo sin cerebro. Solo le enseñaron eso. Apuntar. También el disparo. Efectivo. Preciso. El sicario maneja su tiempo. El que da y lo quita.
Aburriría los océanos con la charla redundante que muere en mis orejas. Es un caracol sin mar. Allá no hay sonido. La muerte debe ser algo parecido. Mi rincón de hombre solo me pertenece y es algo. Doblaría la esquina por el placer de la curva. Algo no derecho.
Tomar, quitar, dar. No ver. Lo asumido. Estas palabras vacías y los cuentos odiados, amados, de significantes perdidos. Algo de la incertidumbre y la ventana. De consumo talante el observador de mi espera. Tendré que ser algo, aunque no quiera.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Día 1199: Aguantar

Una mañana me desperté con un hábito despiadado. Patear enanos. Es la sensación. En la esquina de mi casa hay un club donde practican ese deporte. Primero lo hacés con un muñeco. Si estás preparado, como a eso de los dos meses, si sos de los buenos, te ponen un enano enfrente. Dicen que lo mejor es agarrar la parte del abdomen. Por el medio, así es más fácil levantarlo.
Si sos exigente con vos mismo, podés llegar a las grandes ligas, incluso podés llegar a ser un hijo de puta. Ese es el mayor título que conseguís, el de hijo de puta. Algunos opinan que hijo de puta se nace. No, tampoco es para tanto, a veces hay que trabajar para ser bien hijo de puta. Podés patear otras cosas hasta llegar al grado profesional. Algunos intentan con sapos. Es cuestión de coraje. Hasta llegar a los enanos, claro.
También está la imposibilidad del deseo. Es cuando una persona quiere patearse a sí mismo y no le sale. Existe una diagramación física que va en contra de los preceptos de nuestro cuerpo. Ya saben, un culo no resiste una propia patada, está en los libros.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Día 1198: Va de vuelta

Este es un motivo de indisposición. La fuerza bruta. En la calle se sienten los gritos. Ya se acercan. Vienen. Son, quizás, irreprimibles intentos de cordura. Y nosotros, los pobres, del otro lado, nos cobijamos entre los escombros, tal vez por que la guerra nos tenía atados de las pelotas. Nos sentimos un poco como los alemanes ante el ejército rojo. No existen convenciones para determinar cuando es suficiente. Conteo de muertos. Sangre derramada. Alguna estadística que otra.
Y una sola persona puede ser esa excusa que redime la mentira. Vergüenza para muchos o para nadie. Un soldado apunta porque es su deber no preguntar de qué lado va el arma. Imaginar aunque sea la espera. No existen los calendario. Los relojes sin cuerda. Estómagos sin comida.
Porque el traje emite sus votos con la naftalina y las alternativas para el recuerdo se reducen. Estamos para el plomo. Ya no más cielos azules. En formato de un salvoconducto. Fuimos un solo fantasma con muchas historias. Todas terminan ahí, al borde de la espera. De la bota. La fuerza bruta. Los gritos de la calle. Volver por siempre a ese loop caprichoso. Con esa fantasía creada por la necesidad. ¿Qué tantas palabras sobran? A veces algunas se precisan.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Día 1197: Alambrado

No somos los únicos, este es el memorando del día. Atentos al genocidio. Que la bala no les pegue de rebote. Que trabajen con el silencio. Nosotros hacemos el resto, somos los cómplices de lo que vendrá, lo que nadie puede detener. Un avance al progreso del precipicio. Sea el punto y aparte. El vocablo inexistente.
Este paraguas roto que sirve para picar gente. Pico con punta. Somos los hijos de los asesinos. Este corral a veces queda chico. Y somos tantos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Día 1196: Alternativa

En esta costumbre nos solemos embarrar de tanta gana y grito. No sé, estoy perdido, no estoy obligado a decir lo suficiente, a veces quiero callar. Que me lleve el río. Total es un cuerpo. Total es carne y medio. No sé, quiero tener el derecho a no saber. A cortarme y perderme en las circunstancias.
Tendré la ocasión de no repetirme para ser algo nuevo, aunque sea lo mismo. Aturdido en el murmullo de la clase, la nimiedad y los argumentos desaparecidos. No me veo bien en el espejo. No tengo espejo. No tengo cara. Esto es lo que es, pero no puede ser. No me dejo ser. No quiero. O sí. Pero la incertidumbre es mucho.
Abriría el tajo si fuese posible la sangría. Pero ya está todo curado. Mal. Así, como salió. El corazón está relegado. Noche para el que pueda soportarla. No tuve valor. Lo perdí. No lo conozco. Pidan una salida.

martes, 19 de septiembre de 2017

Día 1195: Fracaso comercial

Volvimos más fuertes. Más sucios. Más insaciables. Somos esa banda de rock que nadie quiere escuchar. Un sonido más en el ascensor. Algo con melodía, un sortilegio con sonido. Debería pasarme más seguido, esa alegría de la composición, de la potencia del acorde en quinta, un canto a lo que la vida fue y será, una muerte agradable.
Vendré una noche, con la suavidad de la ropa, a partirte el culo en mil pedazos, nosotros, los insurrectos, amigos del alcohol, pedazos de piel colgada al cuerpo, rito satánico mal hecho, los heavys y el ritual del vino barato. Somos el murciélago sin cabeza. El pollito sin cuerpo. Debajo de botas más caras que el infierno. Estamos unidos en el mosh y el garzo, pogo, abismo negro, cielo del músico.
Apretamos el pedal hasta que se pudrió la esperanza de un nuevo mañana y todos los rincones conocidos de la poesía. No es la veta del juicio la que sigue el sueño. Abriría el suelo si fuese posible o necesario. No dormiré en la fantasía. Con el cuerpo este me resisto al cambio. Estaré adolescente de por vida. No venderé una mentira. No soy buen vendedor.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Día 1194: Forzoso

Con el miedo que traficamos a cuestas. El espíritu arriba para que nada pase. Se turnan para decirse cosas feas. Se turnan para decirme la verdad. Y el corte es profundo. La muerte es una posibilidad. Y estamos seguro de algo. Por que el nacimiento nos da ese mal presentimiento. Y la tarde viene un poco más con menos minutos. Porque de algo tenemos que vivir cuando las cuentas no dan.
Para el cielo de nuestros queridos no estamos preparados. Con alas de repuesto dispuestos a sumergirse. A lo hondo. Hasta que no se vea más. Quién dirá la historia. Cuántos culpables. No estaría mal volver.
Este es el abismo de donde vinimos. Nadie lo pidió, es seguro. Solo un accidente. Un dejar que todo pase. Que el placebo haga su efecto. Y que la noche deje el disfraz del sufrimiento. Con tanto llanto clavado en el ojo. Con tanto pobre, vacío en forma. No padeceré la causa. No habrá que ceder.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Día 1193: Cúmulo

Un deseo subliminal de cortarte la garganta contra el borde de una vereda. Adoraría ver esa carita destrozada. Esa carita de rata mojada, que pide perdón mientras clava el cuchillo. No me la creo, lo de tu inocencia y esas mierdas. Tendría toda la culpa y lo asumo, es mi deseo de hacerte mierda. Recostada en la arena, vos y tus excusas. Perdoname, no sos vos, es otro. Hay otro dentro de mí. Otro que va a hacerte sentir el rigor del fierro.
Cruzaría la frontera, tal vez así te pierda. Son posibilidades. Hay que probar. No es agua de tu pozo. A mí ya me dejaste seco. Silencio para el opresor. Así es mi veneno. Ya no daría nada por repetir ese momento. Mejor olvidarlo.
Otra vez el costado. Es lo que me mostrás. Tu perfil favorable. Con todas las ideas hacinadas en la cabeza saliste. En la intemperie. Desnudo. Sin más excusas. Así será el momento. 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Día 1192: Sobras

Con la maquinaria aceitada un destello. En figura de dios nos convertimos para sorpresa de los pequeños. El manjar etéreo. Una raíz rota. Nos quebramos en la desesperación por respirar aire y sangre. En ese útero sin carne nos desenvolvemos hasta que el rollo queda sin nada. Abriría un agujero en mi inconsciencia para dejarme atrás. Que el crimen se resuelva solo.
Para arrojarme a ese negro vacío del que poco sé. Todos conducimos. Es la necesidad que nos convierte en los necios del sistema. Asumimos esa carga hasta la consecuencia última. Y tiramos abajo esa puerta para que el prejuicio quede adentro. Abrigado, con amor.
No mentiría si esa fuese la condición. Tendría que despedir los huesos a través de la boca. Chocamos contra el fin de hora, fin de los tiempos, y aguantamos hasta que la muerte llegue y todo lo limpie. El resto es sobra.

martes, 12 de septiembre de 2017

Día 1191: Pelota de tenis

Dicen que la historia la cuentan los valientes. Bueno, no ésta. Tampoco es de las buenas. Una historia tonta, sin contenido, como lo que a veces pasan en la tele después de las dos de la mañana. Algo de relleno. El cuento versa acerca de una paloma blanca. Una paloma diferente, diríamos, cagando al lado, pluma a pluma, con sus compañeras, las grises. Las grises la miraban a la blanca, todas panzonas, llenas de semillas. La adoptaron, era el pensamiento de la bandada. 
En la terminal era la única que no cagaba en la cabeza de las personas. Es divertido, le decían a la blanca en su idioma de paloma. Es adictivo, aclaraba una gris más gorda de la cuenta. Esta paloma blanca a veces se ponía filosófica, sobre todo cuando el sol se iba. El atardecer las pone melancólicas a las palomas, tal vez el sol sea como su dios, no lo sé, habría que consultarle a uno de esos expertos en aves. 
La paloma blanca, la rebelde, la diferente. La señalada en las plazas. A esa la van a hacer cagar fuego, era el comentario de las más viejas, todas grises, obvio. Alguna marrón se le compadecía, sabían un poco esa cosa de ser raro. Pero eran más. Al menos entre ellas se querían. A la blanca nadie le daba cabida. Por rara. 
Nadie se puso en su lugar. Cero empatía animal. Capaz deberían haberle preguntado como se sentía antes. Lo podrían haber evitado. La paloma blanca se cagó en todos. Montó su propio espectáculo, una Roma en miniatura. Fuego. También hubo canibalismo, pero esa es otra historia.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Día 1190: Vendido

Vamos a hacer de cuenta que hay verdad. Que una frase me puede exonerar del precio demasiado alto que a veces debo pagar por decir algo. Esta es la línea que divide todo los momentos de mi vida de lo que alguna vez nunca tuve. El premio mayor, la pócima de la madurez, del envejecimiento burgués de hacer figuras de culo en el sillón. Hasta que la muerte nos sienta cómoda.
Una democracia cómoda, con todas las expectativas alcanzadas. Un acto impuro de ocio, oda al aburrimiento. Un adecuado estremecimiento, en la corteza de la situación. No salga afuera sin paraguas. Que la lluvia moja todo y un corazón húmedo no se recupera jamás.
Va directo a la idea. Nuestro pedazo de tierra en el cielo. Adherí al propósito, me expongo en esta gordura renacentista. Quiero ser el cuadro y el artista. Suelen ser, serán, corazones envilecidos. La obra máxima, honra del sistema, y de nuestra perdición.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Día 1189: Quijada

Una versión local del oscurantismo, para esto somos buenos. En el eje de una patada reposa el mundo. Desde que perdí la inocencia me pregunto algo que no es lo mismo pero que se le parece. No sé si es adecuado ser lo incorrecto. Me debo a la impericia y la tentación que reina en mí como una divina puta tirana.
Esta política reverdece, hace que salgan los dólares de los inodoros. Confites al demonio, la esperanza puede más cuando el pavimento acaricia el rostro de cerca. Algo volará por el aire, algo que será oxígeno aunque no para respirar.
Cansé el espíritu con tanta dislexia. Abriría la herida con tal de ver un poco más de sangre. Adivinaría el premio gordo si me esforzara un poco más. Hay una mejor oferta disponible. No quiero arriesgarme. Moriría por ver eso. Y tal vez cuando deje de ser, ese sea el problema.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Día 1188: Brazos al piso

Atizé la gloria con un gusano. Mi vida está a la deriva, sin propósitos, sin cuentas. Y eso es suficiente. No hay hombros donde llorar. La música de otros tiempos, el lienzo donde las culpas se ensucian. ¿Y el deseo? ¿Y lo otro? ¿Y las preguntas que dejamos de hacernos?
Mayor sentido en el ridículo, cómodo para mí, abrazar las alas de un colibrí.
En la palabra atragantada una maldición más. Otra bestia golpea el borde. Abrir portales y cosas para las que nacimos. Un golpe de tambor para los caídos. Una radiografía de estado. No se hace un muerto sin dejar de respirar en el momento adecuado. No hay momento. El azote exaspera y resiente, lo que es vida es, que mayor nunca será.

martes, 5 de septiembre de 2017

Día 1187: Continuo

Seamos sensatos. Hay una cantidad de muertos en la calle que merecen una tumba y nosotros, los vivos, calculadoras fuente, ignoramos. Tuvimos despecho y alegría al mencionar el error del oponente, es una vuelta al mundo en el día. Un postre para la mesa, veneno y alquitrán.
Marea que viene por nosotros, atribuye la diferencia al semejante y la camisa lastimada de quienes nos preceden. No es el cuento, no es la historia. Es lo único que se puede creer después de la mentira. Que el tiempo vendrá y será mejor. Que el tiempo solo vendrá. Que nadie vende el diario indicado, la noticia dorada. Y así estamos.
Un punto para el aparte. Que el sueño no arrebate la idea. En lo cobarde de la figura, el sexo aprieta y no queda resentimiento en la insinuación. Haremos lo que se tenga que hacer, y que la semilla perviva, aunque nadie sea responsable.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Dia 1186: Naif

Con la suciedad se juega, porque un sueño gris nos deja a todos en tablas. Aburriré con el concepto hasta quedar expuesto. No hay verdad a medias. La noche alarga nuestras sombras, de horas estiradas sin preguntas, de habeas corpus sin presencia.
Lo justo, lo necesario, lo único y lo demás. El marcado ascenso de la espiral. La destrucción que anuncian, de circos y tierras tomadas. De intereses constituidos y cegueras temporarias. Los numeros están. Es el anuncio. El fin de la humanidad.
Allá nuestro banco, descanso para piernas. No nos verán más si esa es la preocupación. Los terremotos nos van engullendo. No más superficie, no más aire, no más vida.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Día 1185: Allahu akbar

Nuestro presente álgido trae problemas de cola en el fuselaje. Se desprende aluminio a lo largo del camino y allá vamos rumbo a nuestro 9/11, con la alegría de un talibán en su ramallah. Me perdí la vida en el cielo, consagrando mi oración a los dioses falsos, a los que ningún edificio tiran, ni a los que incendian mujeres o trasgreden cultos ajenos. Mis dioses decidieron irse de vacaciones por un tiempo. Dioses falsos.
Quiero que el avión se estrelle contra la inmensidad de la desgracia occidental. Porque es lo justo, lo más cerca al cero. Conviví con la hipocresía del reino de las sombras, que vive de la luz a hurtadillas. Voy a festejar mi cumpleaños en un MacDonalds aunque tenga que estallarlo. Voy a tomar Coca cola del pico aunque tenga que inmolarme al día siguiente. Voy a vivir rápido y a morir joven. Porque puedo ser un buen hijo de Alá y amar el fruto de la libertad, ser rebelde, de morir a mi manera, en mi ley.
Soy el transgresor que nadie quiere pero todos anhelan. Así el fuego de mis mejillas se consume más rápido. Extravagante son las circunstancias. Soy la estrella pop de la mezquita y mi pie santo en Tierra Santa va a ser tan sacrílego como la religión me lo permita. Este intento suicida no va a durar mucho tiempo. Sé que no.

jueves, 31 de agosto de 2017

Día 1184: Alguien tuvo razón

Vamos por los rincones y nadie sabe de dónde sale. Es un presagio vencido. Para presentarnos a la novia del mañana o el plato del mes. El sueño hecho pedazos para que el colon digiera mejor el fracaso.  No callen a la memoria en la confusión de los ojos cerrados y las bocas abiertas. La tierra en la lengua, el sabor de la piedra y el desperdicio. Acá somos la crisis.
No me asombro en el desvelo de la idea. Es un carro del que a veces tiramos y llega el camino con el destiempo del propósito no planteado. A veces lo opaco es una opción. Y pasar los minutos sin las regalías del glamour puede ser una verdad de tantas. No debería sorprenderme.
Aunque sí lo sea. Sí a la inversión aleatoria de hechos, una bola ocho de efectos creativos, mi propio aleph, Maestro y Vainman. Ese es el criterio de la palabra. Y no existe nada más santo que la ausencia de Dios. Ese vestíbulo vacío espera, y nos queda bien.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Día 1183: Intercambio de ideas

Edelmiro viajó a la capital con un solo objetivo en mente: cambiarse el nombre. Mentira, tal vez compraría algunos dólares, y también uno de esos celulares inteligentes. Acá en el campo no hay emoción, solía decirle a su padre, mientras estiraba la ronda de mates con los ojos perdidos en vaya uno a saber qué. A Edelmiro le consumía el cerebro pensar en la gran ciudad. No dormía, tampoco trabajaba. Era una carga para su familia. Así y todo no dejaban de quererlo, por eso lo enviaron a la capital. Para que se despabile.
Unas vacaciones forzadas, diría mamá. A ver si sienta cabeza. Que se baje de las nubes, decía su hermano mayor, un hombre de tambo, con el temperamento suficiente como para parar a un toro con la mirada. A Edelmiro la ciudad se lo comió. Cayó en mal día, en mala hora, en mala época, mal todo. Apostó un pleno a la ruleta del destino y salió mierda.
El comandante Glorck planeó por siglos la visita. Tenía su discurso estudiado. Acá las colonias. Allá los esclavos. Todo al detalle, nada que se escape a sus cuatro cerebros. El visor de campo magnético indicó las coordenadas para el aterrizaje. Era una ciudad populosa. Mejor así. Un planeta no se conquista en un mes, si no lo haces en menos de una hora, no servís para eso, algo así era el dicho de su abuelo, Afork el conquistador. Al abuelo se le daba bien eso de conquistar planetas.
Edelmiro oservaba con incredulidad la nave que aterrizó justo enfrente suyo. Debe ser un agente de turismo, pensó. Una estela de humo brotó del mecanismo de apertura de la rampa de salida. Un sujeto verde sostenía un papel entre sus dedos, o tentáculos. Parecía explicar algo. No, es una oferta para comer. Papá le advirtió acerca de los extranjeros. Son todos comerciantes y ladrones. ¿Así lo dijo? ¿Comerciantes y ladrones? ¿O era ladrones y comerciantes? No importa. Ante todo defendete hijo. Tenés que defenderte. Demostrale que sos de campo pero no boludo.
El comandante Glorck desenrrolló el papel que contenía su discurso preciado. Aclaró una de sus dos gargantas y balbuceó con la grandeza de un emperador de grado ocho. Oh, terrestres, admiren el poder de nuestra civilización, asuman lo peor, no hay escape, y otra suerte de frases comunes expresadas en un confuso idioma de cincuenta años luz de distancia. El terrícola se acerca, un súbdito, dijo el comandante Glorck, acerca, acerca, hombre. Y se acercó.
Tal vez demasiado cerca. Sus miradas no fueron capaz de sostenerse. Edelmiro lo fajó lindo al extranjero. Que viene a su capital a comerciar y robar, o a robar y comerciar. Debe ser un senegalés, por eso el color de piel. Un poco verde, es cierto. Pero todos sangran igual. Una piña, dos piñas, tres piñas. No más piñas. El extranjero no ofreció resistencia. Las personas que pasaban por ahí poca atención le prestaron, ¿a quién iba a interesarle un encuentro cercano del primer tipo a esta altura del día?

martes, 29 de agosto de 2017

Día 1182: Blanqueo

Ya no sé lidiar con la página en blanco. Que el vacío me pase por arriba. Sé de las mentiras de la tumba. Sé del cuento asombroso que nos contaron para vendernos el frío. Volver a contar la misma historia. Del mismo modo. Y aburrir o sorprender en el instante de la aprobación. Ardería en el infierno si existiera.
Por que la vida me enseñó a ponerme serio. A desechar el payaso por temor a un contagio cerebral. Dejar que el flujo drene para que aprenda a ser un mejor silencio. Una mejor persona. Un monstruo con algo de insolencia por lo que va a venir.
Aturde el pozo seco. El ciego paso del tiempo. Un erguido viejo conocido. Tiene la fuerza para acabar con esto. Pero no quiere. Prefiere estirarla. Un poco. Hasta que deje de ser necesario. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Día 1181: Quiero ser un viejo de mierda

La poesía ya no vive en mí. Estoy tan muerto como ese cadáver que se animó a dejar de respirar. Ya no vivo el entusiasmo de aspirar oxígeno. No quiero anécdotas de salir ni los vómitos del alcohol en mi sistema. Ya no quiero la droga. No quiero nada. Mi ofensa al mundo ya quedó atrás. Estoy sentado en las faldas de la burguesía y me sienta bien el pelotudeo de los años. Puedo aventurarme en la previsibilidad de mi ser y los organismos deficientes de esta sociedad.
Estoy listo para patear el balde. Quiero ser viejo. Deseo el bastón y la arruga. Denme una cara de culo que orgulloso portaré. Voy a quejarme de todo hasta quedarme sordo. Voy a consumir otra clase de drogas que laven mi cerebro y acomoden mis pasados excesos. Voy a ser tan ordinario como la jubilación me lo permita. Voy a quemar todos los libros y haré del Alzheimer mi bandera.
Quiero hacer la cola en el banco y hablar del tiempo. Quiero quejarme tanto hasta enmudecer y mearme los pantalones encima, así olvido lo que es la vergüenza. Seré el viejo cualquiera, el odioso, el innecesario, el petulante. Voy a morir dentro de mí mismo. Voy a decir que mis tiempos son mejores aunque haya olvidado que era la misma mierda. Voy a abusarme de los jovenes porque puedo. Quiero ser un viejo de mierda. Y así mierda va, todo al mismo lugar.

Día 1180: Segunda edad

La gracia de aquellos tiempos en que estaba todo por descubrir. Nuestra inocencia y el arrogante estímulo de las pastillas. Nos corrimos a un lado. No siento las piernas. Estoy atado a la cadena de la vida. Comer y ser comido. Depredadores. La ansiedad quiere tomar el lugar. Convide más de la decepción.
Vean que tan sucio puedo ser. Como la esperanza me confunde. Eso que hace de mí algo único. Voy a pasar de largo. La noche larga. El frío absorberá mis propuestas. Para el que me necesita estoy ocupado. Pediría el mundo antes de caer en las manos de la nada. Cuál sería el propósito del despropósito. Los minutos eternos.
Consagraría la vida si valiese la pena. Un eje abyecto quiebra las ruedas de mi carreta. No puede ser el fin. No puede ser tanto para poco. Creo así que mi juventud se fue por un pozo. Sin solución. Un momento de claridad. Y el bosque detrás.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Día 1179: Valentía

Debería sentir el peso del augurio sobre mis hombros. El descontento de la especie con lo que todo ser humano presiente ese final tan inevitable. Vivimos aterrados en la posibilidad de que todo ocurra al mismo tiempo. Nos perdemos tanto en eso. Creer el peso. La carga. Albatros al cuello.
Nuestra tragedia. El corazón que se rompe en cada minuto dedicado a existir. Un código repetido, ingresa mal, no sale de ese abismo en donde nos metimos. Y la pregunta es la misma. El disfraz es el mismo. Todo es lo mismo. Todo da igual. Acrecentaría con culpa mis ingresos y la vergüenza de ser uno más que falla.
Seré el que vele por mi suerte. En un paisaje negro dibujaré el silencio. Una cruz rota. Inservible. Pondré la vida en su lugar. Y la muerte. Y todo lo demás. Y esperare a que caiga el cielo sobre mí. No tengo miedo.

martes, 22 de agosto de 2017

Día 1178: El sabor de la palabra

Con la rúbrica del poderoso nos erigimos en señores de la mierda. Lo saben, es algo que sabemos. No quieran santificar el sitio donde el demonio caga. El resultado está en todas partes. Puertas y ventanas, paredes y bisagras. Saldría disparado hacia cualquier lugar con tal de mantener la inercia.
La muerte y sus oídos, lamentos multiplicados. Una cuenta y el olvido de una raza, tal vez el motivo de otro conflicto. Uno esperado. Nuestra ración de esperanza previa a la caída. No quiero mentir más de una vez. Estaría en el tren, arriba, en la confusión de las voces. Nadie llama.
Este momento, un cofre de errores. La manta sobre el altercado, crimen final. No pedirán más, esto es satisfacción, con todo lo del medio. Para mejores propósitos anulen la orden. Entre los aduladores me coloco mejor y la cuenta de muertos por venir. No será más de lo mismo. No será la misma mierda. O tal vez sí.

lunes, 21 de agosto de 2017

Día 1177: Cabina

Esta persona tiene conflictos. Se llama Alberto. Le gustan los chicos y algunas personas lo tratan de puto. Se crió en los ochenta, con Madonna y Roxette. Alberto puede parecer muy heterosexual si se lo propone. A veces enamora mujeres solo para divertirse. Lo llama a eso retribución. Y otro detalle: Alberto es adicto a Cthulhu.
En el fondo de su casa tiene montado un tempo en el que se consagra a la devoción del único Primigenio, el verdadero, ese que conocía tan bien Lovecraft. Alberto ama a Cthulhu. Alberto idolatra a Cthulhu. Lo hace con tanta fuerza que nadie se le anima a decirle que todo es una mentira escrita en un libro destinado para personas con problemas mentales similares a los que él tiene. Y nadie se anima a decirle, sobre todo, que es puto por culpa de Lovecraft. A decir verdad, nadie quiere a Alberto. Sus conocidos lo tienen por una persona quisquillosa, un manipulador oportunista, puto por definición, pero con mal espíritu. 
Pero nadie lo entiende. Alberto es un sujeto deprimido, con una madre controladora y un padre ausente. Se crió solo con un libro de tapas negras con un pulpo verde y gigante. Cultivó fantasía y cosechó una amalgama de realidades. Su culto secreto lo encaminó de a poco al suicidio. Y así sucedió. Cuando el llamado se hizo sentir, ocurrió. 

viernes, 18 de agosto de 2017

Día 1176: Disculpa

Soy frágil y pido perdón. Porque la carne me tiembla, porque la debilidad me inunda en los costados y no puedo salir a flote. Porque nada. Mi capricho a veces se hace fuerte. Somos en modos parecido, aprendí por el lado duro. En la pena que abriga mi temor a ser algo más que una tuerca perdida en el engranaje. 
Volvería a ser joven esta noche. Pero en la mentira me quedo dentro. Veré luz antes que oscurezca. Mi vida será un desierto donde puedo beber. No vuelvan sus corazones a mi insistencia. Pronto sé que la mentira muere y con eso me voy. Adonde sea.
Soy humano, o es lo que creo. Nací reo y así quedé. Porque no puedo demostrar el truco. Porque siempre va a haber algo más. Y este escape a veces será suficiente. A veces será.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Día 1175: Liebre

Abran la compuerta. Allá los sentimientos. Acá la nada. Voy a restaurar la paz. Firmé el acuerdo, y ellos que sientan el problema. No supimos ser más. Es la sensación cobarde que nace de la garganta. Si la muerte fuese muchas caras.
Y ese paso gigante, en el que todos fracasamos, no es engaño, no es desilusión. Es más de lo esperado. El pendulo que ciñe por sobre nuestras sombras. Es agudo dolor, falso camino.
Volvería amaestrado si de llevar narices este cuento se tratara. Una aventura de las de verdad, con sueños para regalar. Al inocente erguido encima de la montaña de huesos. La idea es una cadena. Todos corren detrás del premio. Unos pocos delante.

martes, 15 de agosto de 2017

Día 1174: GPS

Andarían a pie los rumores de mi inteligencia. Alguien me hizo idiota de algoritmo por defecto. Nadie vendría a pensar que en esta cabeza anidan algo similar a una idea. Culpen al padre, al señor y al espíritu santo. Culpen a lo que comemos. Culpen al mono y la viruela. Culpen a los indolentes que se agolpan a las puertas de las casa pidiendo una explicación sencilla del mundo. Culpen a las puertas que se niegan a ser abiertas. Culpen a la cerradura. Culpen a la llave.
Asimismo valdría una mierda la opinión del que no la tiene. En ese intríngulis varía la cosa de negro a eterno. Volvería a su cueva si lo dejaran. En el corazón de la soledad anida el cartílago de nuestros pasos. Donde la rótula deja de responder. Y el trabajo se hace tan tedioso como necesario. No vendrán tiempos mejores.
Detengan el carruaje. El motor fuera de borda que ahoga nuestros propósitos en vinagre y petróleo. Creo en la desviación de nuestra especie. Ahí estaré.

lunes, 14 de agosto de 2017

Día 1173: Indefiniciones

Adivinanza para los primigenios. Conquista del universo al mejor postor. Para esa divisa perdida que los antropólogos del Wall Street descifran. No adscriban a la causa. La advertencia a la puerta de la Tierra. No entrar. Peligro de electrocución.
Rastrearé pedazos de cerebro, como un antropólogo del futuro que ya sabe lo que viene. El disparo, el craneo que se quiebra y la masa gris en el piso. Escena del crimen. Precaución.
Esos, los expertos. Con el corazón abierto, sangre abrasiva bombea núcleo. El brillo nos pertenece y se difumina. Que tanto vamos a seguir. Adelante. Atrás. Convocados en el espíritu de los tiempos. Van a decir lo que sea. Y es lo que es.

sábado, 12 de agosto de 2017

Día 1172: Debate

La ansiedad no va a a ganarme. O sí. Todos llevan la delantera menos yo. El hambre, el desamor, los sueños, todos en ventaja. Con pastillas o sin ellas, atrás. El tren de cola. Volvería a mi casa si hubiera luz o algo para merendar. Porque allá pasaron cosas y son fantasmas los que ahora quieren mis huesos. Por algún minuto podría sentirme vencedor.
Una costra empaña la ventaja. El pasado está ahí, grabado, sucio, sin alterar. El eco de mi palabra. Y todas las cosas que me atropellan. Mi muerte será el silencio. Por que lo demás viene después. Y ahora quiero. Porque nada brilla ni oscurece.
Y con todo el octanaje a cuestas el auto a mitad de camino. Debería exceder la velocidad, contradecir la norma. Puedo acariciar el ruido, pero no me propongo ser algo, la nada me convoca.

viernes, 11 de agosto de 2017

Día 1171: Moneda de cambio

La muerte es ilusa y cree en la sobrevida. El admirable suceso, final, inequívoco. Para drenar lo mejor, lo peor, lo igual, en un algoritmo que resiste al espectro de los tiempos. Asuman lo que quieran, ya no estaremos para presenciar las consecuencias. La heladera abierta, el corazón vacío, aire en los pulmones y un arma cargada.
Amaré con retraso por la capacidad de la falta. Por el silencio de nuestra promesa. Este tren ya anda sin vías, es una coraza que se resiente. Y la pregunta que choca, ¿será lo suficiente humano para albergar la culpa?
Nacimos sin puertas, con las ventanas cerradas. Un proyector apagado emite la luz. Hacia la pared. Blanco confín del encierro. Cometí el crimen imperdonable: la palabra organiza mis actos y dejé que escape de mi boca.

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 1170: El ocaso de la República

La tontería paga. Tiempos de valores en alza. A este tonto lo conocemos. Fue a comprar un alfajor a una carnicería y lo miraron raro. Sacó un revolver y los mató a todos. Menudo tonto. Esa misma persona que más tarde encontraron en su casa con las líneas de Nazca dibujadas en sus venas. Desde entonces la policía lo busca. Para el aparato legal del estado es un prófugo, para algunas personas se convirtió en una suerte de héroe retorcido. Acorde a los patrones de nuestra sociópata sociedad.
Desconocemos su nombre, pueden llamarlo Carlos Z. El señor Z, como su apodo, se creía lo último de lo último. Famoso en su contenido como el benemérito orejón del tarro. Inspiró a niños con su historia. El pueblo quiere un alfajor y el gobierno se lo niega, aclamaban los diarios. Libertad a Carlos Z. El hombre, que nunca estuvo en la cárcel, parecía muy contento con este apoyo de las masas. Decidió montarse un partido político. Ganó las elecciones. Nadie sabe cómo. Cosas que pasan.
Así, desde el gobierno, Carlos Z. promulgó el exterminio de las razas y los pocos que quedaron lo vieron a eso muy bien. También incendió edificios. A nadie le preocupó. Dicen que una vez se metió dentro de la casa de un hombre y violó a su mujer. A Carlos Z. lo querían mucho.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Día 1169: El brillo del sol

Velar por la seguridad del continente es su trabajo. Son implacables. Pueden dejar un agujero a una paloma que pasa a unos veinte kilómetros. Precisos. El secreto mejor guardado. Brazo armado del Estado, ¿quién quiere un abrazo?.
Desde entonces supimos lo que venía. El cateo definitivo. Pueden matar porque pueden. Porque quieren. Les gusta. Asumen el deseo como ese punto inacabado. Propio. Desde ese rincón se construyen.
Nos van a tirar a todos abajo. En la cima. Allá arriba deciden. Cosas arbitrarias, cosas sin sentido. Porque pueden. Porque quieren. Y del otro costado nosotros. Figuras, gotas, semejantes. Nadie nunca entendió el brillo del sol, y acá estamos.

martes, 8 de agosto de 2017

Día 1168: Menos es menos

Comer para parecer gordo. Aburriría con este incentivo alimentario. No hay fronteras en el cuerpo. Es carne y hueso, cartilago y alma. Entre medio la viscera, sangre, ojos, manos y un órgano inútil a punto de fallar. Una predilección anatómica pone en riesgo la especie. No duden del mensajero. La muerte viene en forma de aguja.
Para los que inocula el veneno le trae la cura. Es receta de pobres que conspiran en la sombra contra los intereses de unos pocos. Perder la nada y quedar en negativo. Volverían al enojo si eso fuese suficiente. Callen y hagan ruido. Volar, caer, girar y tomar el desvío. Un avión prendido fuego nos señala el rumbo.
Las fuerzas de élite son la esperanza de lo que no tiene y carece. En la falta nos regodeamos, sastres sin costura, magos de conejos confiscados, arco iris sin colores. Tiempos para nosotros. Lo que toca y lo que señalamos. Acá están. Pasen.

domingo, 6 de agosto de 2017

Día 1167: Semilla

Reniego de todo lo que tiene peso. La gravitación de la Tierra me tiene atado al delirio inconducente, la pétrea convicción de perderme en mí mismo antes de encontrar la solución. Abriría un cuchillo contra mis venas si supiera la razón. Es la insistencia lo que me mantiene vivo. No vería la luz si fuera tan necesario.
Para repetir el loop, una cadena de hechos dado vuelta. Puedo alabar la arrogancia del error con la soltura de un elefante. Puedo estar toda la noche. Con la cultura del aguante. Con el frenillo roto de tanto quebrar la lengua.Y esos niños que ahora no señalan pero que sienten tanto como uno, adulto, roto, quebrado.
Volvería al tiempo, volvería a mí mismo, esa fuente inagotable de recursos. Me copiaría para parecer avanzado. Para ser chico, para mirar al mundo con sorpresa. Para maravillarse con lo normal e idear lo eterno. Así, eterno, natural, puro.

sábado, 5 de agosto de 2017

Día 1166: Se va

Van a gustarme los latidos cuando los sienta. Mientras tanto me quedaré en la comodidad del rigor mortis. No se preocupen, a lo malo me acostumbro y se vuelve bueno. No debería decirlo, no es lo correcto, pero a la noche de los tiempos, quién sabe lo que puede ser correcto. Nadie sabe. El cotilleo de la especie mata y envilece, pero no escuchen. Allá los rumores y acá el corazón. 
Testigos de otras adulaciones, cartón de la intriga. Alteraría el orden de los productos con tal de ver otro resultado. Pero lo mismo ocurre. Obsecuente científico que está ahí y no se detiene. Una maquinaria abandonada para la mejor ocasión que nunca se presenta. Seamos leales. 
Tendríamos que detener el tiempo. Para cuando digan algo sin sentido. Para cuando el orden provenga del caos. Para cuando deje de preocuparme. Y el tiempo sea aire.

Día 1165: Amor o muerte

Mi corazón está comprometido con las estrellas. Aluciné el horizonte y me perdí en el recodo de los sentimientos, esa vieja calle con veredas flojas. Mis manías son al amor la indolencia del sentido práctico. Y el pésame más profundo de mi hígado que no para de hacerse mierda. Porque para el alcohol soy el experto que la vida nunca tuvo. Atravesé ventanas, prendido fuego, desnudo. Sincero.
Me acomodé a las expectativas. Mi cariño es siniestro e innecesario. Soy el espejo volátil que nunca mira, el acusado de matar el tiempo con un reloj. No vuelvo de la experiencia ennegrecido. Donde las pérdidas se recuperan y los sueños recaen. Mi envoltura será el absoluto, un caramelo pegado por el sol a punto de ser digerido por la gran mancha de Júpiter. Mi punto será demostrado, o quedaré como mentiroso. Amor o muerte. Que sean las dos.

jueves, 3 de agosto de 2017

Día 1164: Sustantivo

Fue una noche en la que dejé de llamarme Carlos. Querré ponerme un buen nombre, Juana, tal vez. Viviré como cangrejo, tal vez me convierta en un octópodo de furia asesina. Las posibilidades son múltiples. Valdría mi glorioso tiempo un centavo. Porque así como mutante soy eterno. Una suerte de maestro del disfraz, aprendiz de brujo, ninja experto, elegido para todas las batallas, gordo y sucio, ladrón de videojuegos.
Perdí el brillo con el nombre. Carlos sonaba lindo. Genérico, pero lindo. Podría haber escrito una novela. Se imaginan. Un título rojo: Novela X, por Carlos H. Nadie me va a querer como Juana. Voy a terminar tan solo como la criatura de Frankenstein. Al menos me queda la diversión de haber experimentado algo diferente. Un cambio de polaridad.
Desprendan sus conclusiones. Es tarde. Para mí. Para todo. El fin del mundo está a la vuelta de la esquina. En un suicidio. O tal vez en el fondo de una botella. Curioso. El fin suele ser curioso. Para mí. Para todo. No dejen sus sueños atrás. O adelante. Qué se yo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Día 1163: Desproporciones

Mi libre albedrío tiene las horas contadas. Voy a casarme con un orangután para tener pequeños gorilas que me saquen toda la guita de la yugular. Quiero deberle la vida a mi trabajo, a los vecinos y a la prostituta de mi ex que me exprime los huevos con una multiprocesadora. Con el parche roto y la guitarra destemplada puedo ser el hombre orquesta si me lo propongo.
Van a hipotecar las cenizas de mi casa mientras me ponen la corona de clavos oxidados sobre la cabeza. Sonará por siempre el coro de demonios desafinados en mis oídos mientras un gato araña el pizarrón. Después va a llover mierda del cielo por veinte siglos a partir de ayer.
En ese futuro seré abrazado por un puerco espín, flagelado por un vendedor de seguros y escupido por una abuela. Mi madre va a morir de un infarto y mi hija va a quedar embarazada de un cantante de una banda de punk con cinco seguidores en Instagram. Voy a perder todas las reservas del banco, un pésimo amante, un padre ausente. Seré todo lo necesario para cagarla. Allá va mi libre albedrío.

martes, 1 de agosto de 2017

Día 1162: Proporciones

Estoy camino al estereotipo. No van a decir que fue un logro. No quieren empañar la mentira con la verdad. Volveré al camino con el estómago resentido de tanto comer cable. Morir no es vida. Ya lo dije. El temor es un camino de ida, pero bien pavimentado. Nada se traduce con palabras.
Abriré la puerta indicada antes que la obsesión me gane. Cada portal es luz y noche. Negro y agua. Sucio, insuficiente. Nuestro catálogo de sensaciones no nos preparó para el final.
Allá el charco de sangre. La masacre. La carne sin espíritu busca un orificio, una caja, una palabra de recuerdo. Atroz se retuerce la lombriz antes de ser carnada. Será el anzuelo, el pescado, el veneno, la sobrevida. Y guerra en el interior de los mundos. Un abridor para las necesidades de los demandados. Tengan esperanza, aunque no sea suficiente.

lunes, 31 de julio de 2017

Día 1161: Estertor

Dejaré mis preguntas acá. Ya no tengo más curiosidad de mundo. Quiero la muerte de mi cerebro para que la vida siga su rumbo al deceso que me toca. Seré tenaz, para no caer en la fija. Sobraré si es necesario. Para no despedirme de mis amigos dejaré de tenerlos. Este traje roto me va a quedar bien. No habrá funeral. Cierren el cajón.
Basta de sorpresas. El mundo ya fue hecho. No estamos para reescrituras. Perdidos. Este timón ya se rompió. Nuestra alabanza se erige en un océano de no creencias. No seamos. Existir es lo obvio. Son cosas que no significan algo. 
Diferentes alter ego. Diferentes composiciones. Laceración. No pertenezco al cuerpo. Esto va más allá. No seré suficiente. Ya. Corto. Adiós. 

sábado, 29 de julio de 2017

Día 1160: Cirujano

No me van a tratar así, si alguna vez estuve hecho de goma. Tal vez fui el maniquí de sus caprichos, un pedazo de plástico listo para la rotura. Andaré sin suerte para el amor. Soy lo que prefieran, un tarado o la resultante de un horóscopo fallido, o todo. Vale poco mi observación, subí hacía el costado un punto más.
Tengo consciencia de la esclavitud. Allá están mis cadenas. Acá, las manos. Una sintonía a la distancia. Y mover los hilos del mundo es el destrato que sufro. Un mundo movido. Ya no se ven venir mayores cambios. Soy el cambio.
No se pueden apropiar de la palabra. El reino es anarquía. El rey pierde la cabeza, y nosotros también. Resolvimos el problema y fuimos otro problema. La reunión con mis pares me absolvió de tu presencia. Ya no estamos juntos. Ya no es amor. Que el tiempo decida, y transforme. Yo opero y soy.

viernes, 28 de julio de 2017

Día 1159: Tántalo 2.0

Nos volvimos reciclables. Todos los árboles del mundo talados por un gramo de oxígeno, una hoja o un cigarrillo. Fue nuestro último suspiro previo al amanecer. Miles de estrellas abren la puerta del cielo. Un viaje sin retorno, infinito, sin medir. Somos hijos de cassettes tirados a la calle. Canciones viejas, ranking en sepia, gris mojado.
Por estirar la última palabra nos conglomeramos. La pieza que falta a todo este misterio, ya no iremos a bañarnos al río. No será necesario el glamour de nuestro silencio. No más gente que conspire en la oscuridad por lo feliz que puedan ser otros. Más energías desperdiciadas. Más de la misma historia. Más que me repito en las palabras. Mi homenaje al autoplagio, serpiente apoyada en su boca.
Podemos ir tan lejos para decir lo mismo. Para sentirnos en casa y abrir otra botella. Un trago apurado, semillas que ya no vienen al caso. Demuestren que ya no somos. En esta confusión de hechos y cariños atolondrados. Decires espantosos son la catapulta de los nuevos tiempos. No sirvan más el vaso, está muy lleno y la sed nunca va a ser poca.

jueves, 27 de julio de 2017

Día 1158: Estadía

Tengo miedo a decir lo que quiero. Algo me atraganta el miedo a que la lengua me traicione. Una amalgama de errores en mi vida. No me confundan. A veces estoy más allá. Pero cerca. Toco con el cuerpo del crimen mis lágrimas. Toco y no siento. Toco y veo. Retorno hacia el origen. No tendría que llamar al fantasma de mi pasado para que acose a mis acosadores. No debería ser tan malo. No porque no pueda. Quiero y deseo.
Volvería al cuarto negro. En un rincón de sangre que vuela lejos de mis venas. Allá donde los castigos son el permitido de la noche. El pecado de todo lo que fuimos se coagula dentro de la piel para hacer que nazca una nueva especie.
Mataría por hacer el nuevo hombre, ese del que habla la leyenda. Volvería a hacerlo por la causa. Pero el miedo es lo que me mata. El miedo de querer algo y tenerlo, del deseo y el poder de convertirme en algo que seré por mucho tiempo, hasta que la muerte me alcance.

miércoles, 26 de julio de 2017

Día 1157: Traspaso

Astuto el anciano. Viejo taimado. Me puso a observarlo, con ese ojo maldito, azul. Quiso que repita toda la perorata del cuento de Poe. Un corazón para delatarte, un órgano alcahuete. No dejé que siguiera demasiado con esa historieta. Lo maté antes de que diga algo respecto a mis sentidos aguzados. Una boludez. En realidad quería callarlo. No paraba de hablar y hablar.
Aún su voz muerta se exprime contra los recuerdos de mi cabeza. Es peor que confesar el crimen. Ni siquiera sé como silenciarlo. Es un fantasma molesto. Para callarlo tuve que matarme. Fuimos dos fantasmas golpeando las tablas. Tablas que delatan. Ectoplasmas buchones. Nada de corazones. Las personas desoyen estos llamados.
Así que al viejo lo seguí a la otra vida, que es un poco lo mismo que cuando respiraba. Nada más que acá, en el otro mundo, él calla y yo hablo. No paro de escribir tonterías, y tampoco de decirlas. Hablo sin parar, como si el aire fuera vida. Vida que se me escapó, vida que ya no tengo. Y el viejo sonríe, viejo estúpido y taimado. Él sabe que me contagió su alma, y estas cosas no, estas cosas no se quitan.

martes, 25 de julio de 2017

Día 1156: La esfinge

Jugaría a ese ritual de la verdad una vez más. Puedo atreverme a hacer las preguntas correctas. Perdí el miedo, uso otro traje. En la ignorancia nos reconocemos aunque el engaño sea otro. La sangre es gustosa de llegar al río, y así continúa.
Sombras de indómito carácter, que se abalanzan sobre mis deseos con la fuerza de mil hombres. Ellas interrogan, yo respondo. En su refugio estoy, la vida se acorta. Las horas y el sueño. Mi apatía en la compañía del silencio.
Abriré otra lata para satisfacer el hambre de la superficie. Seré consecuente aunque la misión no lo requiera. Propondré una nueva patria, un nuevo nombre. Que envíen todo el correo a esa dirección. Las almenas están preparadas. El enemigo avanza, y yo también.

domingo, 23 de julio de 2017

Día 1155: Inexistencia

Predije el huracán. Fui el que vino sin antes haber sido. Dormí afuera para tener a los demonios a raya. Supe tener una juventud eufórica antes que llegue el fin de mis tiempos. Cumplí la era. Soy el pasado. El hombre está muerto. Esa mecha se extinguió. Fue una historia contada por alguien más que un idiota. El ruido está muerto.
No volvería al invierno aunque me paguen por consumir frío. Estoy más adelante que lo que puedo llegar a ser. En otro tiempo, tan vez ayer. Que no quiero encontrarme desnudo sin antes permanecer vestido. Que puedo atarme a mis costumbres antes de correr a la libertad.
Tuve la suerte de advenir algo. Una tormenta que en mis tiempos era viento y condensación. Pude refugiarme y ver morir mi cuerpo. Ascendí a las nubes, fui lluvia. Caí a la tierra y fui sedimento. De ahí, la caída. No fui más.

sábado, 22 de julio de 2017

Día 1154: Centro de la negación

Una sirena en el mar, por si vienen las tiburones. Es prevenir a lamentar. Los bichos se comen todo, sed de sangre tienen. También el cocodrilo siente. El corazón de un depredador está lleno de ideas. En lo más profundo de la selva un delincuente hace lo suyo. Puede cortar los restos en mil tiras que humano queda. O cadáver es. Hay que sobrevivir el invierno. El duro frío.
Hagan una colecta por el hambre. Busquen el señuelo de las cosas. Abriguen una esperanza estúpida. Y por favor, no los dejen entrar. Afuera es lo malo. Nadie quiere en agujero en el cerebro. Ellos nos quieren muertos.
La canción puede ser la misma. Otra. Y diferente. Al cambio nos acostumbramos. El socio más temible del hombre. Tiempo que no nos queda. Agujas que ya fueron quemadas. Y nosotros, un solo espíritu, ágil y furioso, que lamenta y resiste.

viernes, 21 de julio de 2017

Día 1153: Me voy a entregar

Me voy a entregar. Ya pueden meterme preso. Sus balas no significan nada para mí. Al costado la dialéctica. El barrio somos nosotros. O las personas. Y eso que representa, un punto canceroso en las aspiraciones de la gente. Robé con la intención, con la idea. Fui alguien más. Es lo que nos gusta. Representar el papel.
Quiero volver a algo. No sé a qué. En un estado primitivo está la agonía de mi robo. En ese estado todo puede ser justificado. Estado de cosas. Pongo un orden a mi desorden, antes de que todo se vaya al carajo. Vengan de a uno. 
No pongan trabas al ingenio. Deseo divino del creador de verme entre rejas, abandonado al suplicio de lo que piden por una nueva oportunidad a un Dios que hace tiempo dejó de existir. Existe para nosotros, para nuestro corazón, un pequeño Dios caprichoso que escucha lo que quiere, que hace lo que se le antoja, que nos refleja una verdad truncada. Puede venir una avalancha, con todos los sentimientos encima, cargado hasta el tope. El deseo, otra vez el maldito deseo, eso que me va a entregar, a las autoridades, derecho al penal. Que no importa. Que no importa. El alma va sola contra lo que todo quiere y nada alcanza. Si algo alcanza, es suficiente. Para mí, para todos, para ellos. Me voy a entregar. 

Día 1152: Pus

Un filo me corta desde adentro. Es la necesidad que urge repetirse en acto. Soy otra vez contra la tempestad o la calma o el entre medio. Soy ante lo que venga y muero en eso. No haré la objeción conciente. Ya sé lo que viene. La tormenta de mierda que enchastra las ventanas. Vamos a quedar encerrados por semanas, con el regalo de nuestras caras. Caras que miran caras. Y nada por hacer. El aburrimiento, el mero spleen. El mal actual de cortar la luz. Nada por hacer. Somos efímeros.
Vale una noche, un momento. Y el corte en lo oscuro que para eso somos, muerta la luz, muerto el aire, y las sensaciones mediante. Desde la otra mirada vuelve. Es un camino sencillo. Una formalidad. Nacer para carnear al gusano. Que el pasto haga su trabajo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Día 1151: El padrino

Rescindí el contrato. La vida me hizo una oferta que no pude rechazar. Fue salir al baldío. Fue empaparme hasta las rodillas. Fue hacer caso omiso al hambre, a la sed. Fue lo que tantos hombres desean y tan pocos tienen. Fue la investidura de un vagabundo que me increpa en la calle con su aliento seco de vino tinto barato. Fue la voz de mi madre que decía, entre tantas otras cosas, que me cuide del frío y la merca. Fue el silencio que cauteriza la herida antes de la muerte definitiva, que la oleada de mierda no me toque la cabeza. Fue perderme en la torcedura de las reglas para salir a flote hecho cadáver. Fue la contribución de los espíritus a la causa. Fue beber del pozo seco aunque solo de bebida trague barro. Fue consolarme en el peor momento, de la mentira del todo está bien al se hace lo que se puede. Fue conquistar el abismo de la patraña filosofal, escarnio de mentes, trituradora de carne. Fue como la alineación de algún equipo ganador se filtraba en nuestros recuerdos. Fue la vida con su culpa y la tendencia, estupida, de explicarlo todo, aunque no sea nada.

martes, 18 de julio de 2017

Día 1150: Sutilezas

Soñar con la diferencia. Un minuto de más. Con el grillete apretado se suma al contoneo de la madre libertad. El por favor es mi obsecuencia, la necesidad de quebrarme en tantos pedazos como pueda. Me abrí a la posibilidad del colapso de los mundos. Teoría difundida. Explicada.
Nuestro descenso. El inminente. Para refugiarnos en las catacumbas están las preguntas. El necio, el arrogante, el que no encuentra sentido. Todos ahí, unidos, en la parafernalia del sacrificio.
Con lo menos hacemos algo. Es la alegoría del pobre. Donde todo aprieta y nada alcanza. La madre irá a la escena del crimen para señalar a su hijo. Volver a casa. No hay opción. A veces mañana es diferente.

lunes, 17 de julio de 2017

Día 1149: Seis de mayo

Aburrí. Corté con mi pareja un cinco de mayo, a falta de una mejor fecha, y desde entonces intento recuperarla. Le envío flores, mensajes. Una vez le regalé un elefante. Sé que le gustan los animales grandes. Capaz exageré, lo sé. Intenté olvidarla, después me viene a la cabeza esa cosa de los mexicanos y la tequila y se me van los pensamientos otra vez. Me ahogo en ella, es mi fuente, mi tortura chica. Es ella. Así la quiero. Es un desmadre mi vida.
Tu cara se me aparecía en la televisión, en los crucigramas. También en el baño, durante esas tareas asquerosas a la que nos consagramos los seres humanos. Una vez probé con el suicidio y me di cuenta que no era lo mismo. No sirvo para matarme. Tampoco sirvo para vivir. Esta cosa entre medio que sos lo que fuimos es algo que me mata en vida sin matarme. Y me confunde, mierda que me confunde. También me hace enojar, pero eso no pasa siempre. Soy un tipo tranquilo a pesar de las apariencias.
Leí filosofía y algo de autoayuda. No encontré nada. Me sentí como ese nabo de la canción de The who que busca, busca y nada encuentra. Un fracaso absoluto. Ahí, derecho a la nada misma. Intermitente, como todos mis proyectos. Tengo un trabajo a medias. Una familia a medias. Un corazón a medias. Y una relación partida que a veces dudo pueda recomponerse.
Ese cinco de mayo mi orgullo mexicano se enciende en una botella de mezcal a medio vaciar. Me pregunto dónde dejé el gusano. El gusano de la vida. Que quita y trae. No sé. Me lo tragué. Me sale bien emular canciones estúpidas. Como esa de the who. Canciones que transpiran filosofía a través de esos cuerpos cargados de música vacía. Música de nada. Pero no olvido que la quiero, aún en la imposibilidad de mantener el alimento en mi estómago. Puedo vomitar toda la noche en su honor, es mi homenaje. Esto puede ser lo mejor de mí. Y otra canción va.

domingo, 16 de julio de 2017

Día 1148: La colina

Subieron la colina tal como se los indicó el guardia. El peligro abajo es lo negro, así decía el folleto. Estúpidas convenciones escritas por gente de poca experiencia. No están ahí, en el codo a codo con los portales interdimensionales. No es como en las películas, saben, agregó el guardia antes de abrir el portón que resguarda el vórtice. Mierda que no.
Según el criterio con el que se avance lo negro toma forma. A veces los colores invisibles pueden combatir el contorno. Pero arriba estamos lejos del quilombo. Abajo. Donde procrean esas cosas, en la libertinaje de la energía no contenida. Abajo es la tentación. El mundo de los vivos.
Y ellos, los muertos, sentían el llamado. El guardia advirtió del poder seductor de la vida. Era el límite. El que resguarda la seguridad del pasaje. Adonde las almas concurren. Lo negro. Alguna vez deseó saltar. Como todos.

viernes, 14 de julio de 2017

Día 1147: Cierralatas

Abriré la herida para que supure lo que lo venga. Nací en el odio, no quiero más. Crecí en mi miedo. Debo incrementar lo que sea. El límite del pánico. Y sin el beneficio del mundo que culmina en su borde. Inquisidor. Abrelatas. Salir afuera con indistinto tiempo. Los dioses han muerto.
Que se hagan cargo de la avería. No resignará la gloria del tiempo pasado.  Más hondo que nunca. Que me hablen del inconcluso. Jamás toqué esa frontera. Los ojos no se hacen para ver.
Después el suicidio de los de nuestra clase originan la vida. El convite de las razas. La muerte original. No volvimos a la herida. Cerramos. Y es.

jueves, 13 de julio de 2017

Día 1146: La máquina de complacer

Valdría un millón de dólares. Sería el invento del siglo. Pero voló el muchos pedazos. A través de la ventana salieron los restos de un experimento fallido. La máquina de complacer. Un brazo que se extiende y dice, todo va a estar bien. Todo va a estar bien. Y no. Nunca lo está. Nunca. Viene el cuco y te mete dentro del placard. El cuco abusador.
Tocar puede ser lo correcto, en el lugar adecuado. Lo único del alma que no se deja ir. Lo que queda. Permanece. Y el vivo acosador recuerdo de nuestras semejanzas. Fuimos uno con el mundo para lo mucho que queda. La lucha de uno contra todos. Así nacimos. Desviados en la cuna. Un polvo de la alegría se escurre a través de mi nariz.
La máquina de complacer no señala. Está de acuerdo en lo que sea. No hay discusiones. No más argumentos deformes. La vida en su conjunto es lo que somos. Y a través del caño nos escurrimos. Con fuerza la sopapa. Escurre y tira. Y la máquina no deja de funcionar.

miércoles, 12 de julio de 2017

Día 1145: Tumba por colectora

Mi cuerpo alumbra a miles de coreanos tratando de hacer una geometría imposible. Gerentes del caos, observen mi alcantarilla. Que me rescaten del agujero en donde me metí. ¿A cuántas millas por hora puede andar una batidora? Son preguntas que importan. Que cuelguen la noticia de las patas y que me rebanen el ombligo. Acá estamos para cosas importantes.
Patalearé hasta que me queden fuerzas, hasta que corten la luz. Los arrastrados por sus novias, las peligrosas plumas de flamenco. Con no ver esa situación caer de mi nariz. Con el bloque, la dureza del cristal que se coagula en la vena. La droga pasa, la vida pasa, los plásticos de las sillas pasan, y nada permanece.
Voy a quedar tumbado, culo para arriba, abierto de espaldas al mundo, para que cuenten la historia al mejor postor. Para que esa verdadera satisfacción quede atorada en el borde del inodoro, adonde los valientes quiebran. De culos y tumbas se trata este funeral. Culos y tumbas. 

martes, 11 de julio de 2017

Día 1144: Otro negocio arriesgado

Por algún lado lo leyó, o quizás por internet. El asunto es que a Don Nicasio se le había ocurrido otro negocio arriesgado. El hombre de las apuestas, ese era Don Nicasio. Un buen capitalista, hecho y derecho, con su capital debajo de los brazos y unas ganas locas de meterlo en la empresa que se preste a generarle más dinero. Ese era Don Nicasio. Luego de años de vagar en el desierto se le ocurrió una idea genial. Fábrica de paraguas.
Eso. Fábrica de paraguas. Se viene el diluvio universal, así lo anunciaban, con grandes marquesinas. A Noé le pasó y tuvo que salvarnos a todos. Ahora es mi turno, se relamía Don Nicasio. Una llamada a sus inversores en Londres y en dos meses la fábrica estaba montada. Un pequeño recordatorio: Don Nicasio es tan millonario como Bill Gates. Tal vez más, es un hombre humilde cuando se trata de exponer sus fortunas. Siempre se negó a aparecer en la revista Forbes porque no es su perfil. Don Nicasio es un tipo de entrecasa, un hombre de desierto. Diez años en el desierto del Sahara lo atestiguaban. Ahí mismo tenía montado su Bar del Desierto. Las ganancias del emprendimiento eran nulas, pero ¿quién iba a cuestionarlo? En Londres había gente capaz, gente con más cerebro, gente que evitaba que perdiera dinero a costa de dejarlo en paz con sus negocios arriesgados. 
Don Nicasio no era cualquier persona. Era un millonario con suerte. La vida tenía sus maneras de hacerle llegar el mensaje equivocado. Y así es como él creía estar en lo correcto. Hasta las últimas consecuencias. Y también con la fábrica de paraguas en el desierto. No vendió uno solo. Ni un cliente. Tampoco llovía demasiado por esos lugares. El diluvio universal no llegó. Los paraguas ahí quedaron, guardados, para una mejor ocasión. 

lunes, 10 de julio de 2017

Día 1143: Recordatorio

Y es lo que todos dicen. Una enredadera mental. Vienen las palmadas. Atrás las felicitaciones. Nacimos para la insolencia inconsecuente del planeta Verga. Para que prevengan la insolación. Nos asfixiamos en nuestra propia desesperanza. Para que les conste. No es tanto la sensación. ¿Cuál es el abrigo verdadero?
Desistan del sueño. A veces la caída es fuerte. Y cada muñón duele. Es el lugar apropiado, pero vamos a negarlo. Somos negadores olímpicos. Nunca va a estar la sombra ahí. Sé que va a doler. La herida es lo que se abre más o más. Tanto abierto puede estar los cortes que nos hacemos.
Cofradía de lo inesperado. Lunes nocivo. Nos desplumamos ante el menor esfuerzo. Espuma de cotillón. Y no dejar de nacer, ni un instante. En repetido, como fotocopias. Que peguen una en mi culo, que ese asunto está perdido.

domingo, 9 de julio de 2017

Día 1142: Es la gracia

Ese costado no nos importa. El otro menos. No vimos el sol hasta que nos quemó las pestañas. Abrimos el espacio, el surco, entre aquello deseado y la esperanza trunca del ladrón. No jodan al jodedor. No. Estamos para solucionar problemas. Eso dicen. Solucionadores. Las ideas pueden ser cosas o imágenes. O no. A veces nos negamos a los ojos.
Ellos quieren ver en mí algo diferente. Buscan seguir algo, y me convierten en el perseguidor oficial de la realidad. Algo así. Querrán vernos caer. Es la gracia del que pierde, y del que gana. Todos caen. Hay un pozo diseñado para cada uno de nuestros cuerpos. Es la gracia.

sábado, 8 de julio de 2017

Día 1141: De lo autocumplido

Estuve a punto de cometer un crimen. Lo evité con mi talento precognitivo. Ya saben, anticiparme al resto, incluso a mi mismo. Se sorprenderían al descubrir lo inútil que puede llegar a ser. Pregúntenle a Tiresias. O a Casandra. No hay peor sordo que el que no quiere ver. Lo que viene viene y nada puede evitarlo, ni siquiera una mente preclara. Volvería en el pasado para cambiar las cosas, eso si. Me arrepiento de todo.
Debería anular las reglas de las probabilidades. Esas que dicen que tal vez maté a alguien, o no. Lo hice, y punto. Aunque solo fue una idea. Puedo tener tantas ideas. No se imaginan. Una vez hice que un perro se haga pis encima. Me gusta lo sádico. No quiero sufrir más. Ahora le toca al resto. Será por eso que mi cabeza precognitiva se prepara para un asesinato. Se viene algo que va a descargar dos o tres balas sobre el cuerpo de otro. Ese algo soy yo.
Y acá viene lo increíble. Las acciones, lo que hice al respecto. Me encerré para evitar lo que sabía que iba a hacer. O sea, matar a la persona que se suponía que iba a matar. Las horas me carcomieron la paciencia. Luché con mi claustrofobia mental. Casi estuve a punto de perder los estribos. Logré el control antes de que todo se fuera a la mierda. Observé mi reflejo en la ventana. Y así me encontré con mi futura víctima. 

viernes, 7 de julio de 2017

Día 1140: ¿Cuál es la verdad?

¿Cuál es la verdad? ¿Tengo que morirme para saberla? ¿Es acaso una consecución de hechos inconexos? Para qué la deseamos tanto? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para tapizar quizás los pasillos del Taj Majal? ¿Para adormecerme un poco más en el suave fulgor de la muerte? ¿Para qué pregunto? ¿Por qué insisto? ¿Es mi verdad la verdad? ¿O es una mentira coloreada con colores verdaderos? ¿Es ilegal? ¿Podré trascenderme sin la necesidad de la invocación, sagrada invocación? ¿Tengo que sumar mis preguntas a las preguntas? ¿Por qué insisto? ¿Por qué la necesidad? ¿Por qué ésto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué el final tiene que ser el abismo de la incertidumbre? ¿Por qué no hay principio? ¿Dónde ubicar las reglas de lo desconocido? ¿Cuál es mi límite? ¿Dónde queda mi exceso vital? ¿Cuál es la verdad?
No lo sé.

jueves, 6 de julio de 2017

Día 1139: Espiralado

No quiero odiarme. Es el estado de las cosas que pone así, quisquilloso, poco tolerante, tal vez insolente ante el pesar de la galaxia. Lo mio es nada. Algo para molestar. En esa piel no me siento cómodo. Existe un límite que no conozco, que no varía, que es invisible a mis intentos. Tendría que ser expuesto, confinado al eterno sufrimiento. 
Podría controlarme un poco más, si eso estuviera a mi alcance. Así no funciona. Los mecanismos giran. El reloj y su contorsión. Inevitable. Así y todo decido no quererme. Abro paso entre las olas y trago el vientre del mar. Creo en la razón justa del suicidio. Un momento justo para decir basta.
También hay más. Asuntos sin explicar. Tal vez una resurrección en el tintero. La moneda de cambio que somos todos. Y algo para agregar. Siempre. Siempre. Aunque el tiempo sea otro.

martes, 4 de julio de 2017

Día 1138: Matriz de tiempo

Rompería las ventanas. Quizás un incendio sea la solución. En ese laboratorio, ahora lo sé, operaban niños. Le metían cosas en la cabeza. Fue horrible. Y no pude hacer nada. Cuando la guerra terminó tuve que huir para no terminar metido en un juicio por mi complicidad con los criminales. Volví a casarme, tuve hijos, incluso conseguí trabajo. Nunca pude dejar el remordimiento atrás.
A la noche, en vez de dormir, pensaba en toda las acciones que hubiera hecho para liberarlos. Pero no lo hice. Y eso es que importa. Estuve un poco más tranquilo el día que me enteré que colgaron a mis jefes. Se lo merecía, es verdad. ¿Tendría que haberlos acompañado? No lo sé, son preguntas que aún me incomodan.
Capaz que por eso se me ocurrió intentar que sus almas sean libres. Tenía un plan de escape. Las ventilaciones eran los puntos débiles del complejo. Si puedo abrir una de las tomas, quizás los pueda sacar. De a poco, en la noche. Para que no se den cuenta.
La primer parte fue sencilla. Esquivar los puntos de control, no tanto. El recinto tenía cerca de treinta cámaras de seguridad y quince guardias, dos o tres por piso. Luego vendría el sigilo. Quizás en un punto deba matar a un nazi. No importa, ellos mataron a unos cuantos. No es el problema. Los sacaré uno a uno por una puerta que da al fondo del edificio. Así hasta llegar a la totalidad de internados. Algunos morirán en el camino. Los más sanos recordarán a su salvador para toda la vida. Podría dormir un poco más, aunque para eso necesitara una máquina del tiempo.

lunes, 3 de julio de 2017

Día 1137: Carga

Comunión. De negra muerte. Barca que lleva cuerpos. Guarida de espejos. Miento. Digo lo que es. Guardo para mejores tiempos. Y si veo lejos la condición nublada voltea mi cerebro. Nadamos sin una conciencia a la cual lamentar. Porque perpetuos movimientos doblan las velas de mi barco. La indiferencia en una letra de canción, el púlpito genocida, acusador. De la espina clavada vuelta a clavar. No es el momento ahora.
Tamiz de la realidad. Un tono al costado. Acólito. Villano. No más lágrimas de rencor. Para lo que somos y lo que fuimos. Predicciones mediante. No es la soga lo que tira. Allá camina el alma, y lo que viene detrás también. 

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