viernes, 22 de septiembre de 2017

Día 1197: Alambrado

No somos los únicos, este es el memorando del día. Atentos al genocidio. Que la bala no les pegue de rebote. Que trabajen con el silencio. Nosotros hacemos el resto, somos los cómplices de lo que vendrá, lo que nadie puede detener. Un avance al progreso del precipicio. Sea el punto y aparte. El vocablo inexistente.
Este paraguas roto que sirve para picar gente. Pico con punta. Somos los hijos de los asesinos. Este corral a veces queda chico. Y somos tantos.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Día 1196: Alternativa

En esta costumbre nos solemos embarrar de tanta gana y grito. No sé, estoy perdido, no estoy obligado a decir lo suficiente, a veces quiero callar. Que me lleve el río. Total es un cuerpo. Total es carne y medio. No sé, quiero tener el derecho a no saber. A cortarme y perderme en las circunstancias.
Tendré la ocasión de no repetirme para ser algo nuevo, aunque sea lo mismo. Aturdido en el murmullo de la clase, la nimiedad y los argumentos desaparecidos. No me veo bien en el espejo. No tengo espejo. No tengo cara. Esto es lo que es, pero no puede ser. No me dejo ser. No quiero. O sí. Pero la incertidumbre es mucho.
Abriría el tajo si fuese posible la sangría. Pero ya está todo curado. Mal. Así, como salió. El corazón está relegado. Noche para el que pueda soportarla. No tuve valor. Lo perdí. No lo conozco. Pidan una salida.

martes, 19 de septiembre de 2017

Día 1195: Fracaso comercial

Volvimos más fuertes. Más sucios. Más insaciables. Somos esa banda de rock que nadie quiere escuchar. Un sonido más en el ascensor. Algo con melodía, un sortilegio con sonido. Debería pasarme más seguido, esa alegría de la composición, de la potencia del acorde en quinta, un canto a lo que la vida fue y será, una muerte agradable.
Vendré una noche, con la suavidad de la ropa, a partirte el culo en mil pedazos, nosotros, los insurrectos, amigos del alcohol, pedazos de piel colgada al cuerpo, rito satánico mal hecho, los heavys y el ritual del vino barato. Somos el murciélago sin cabeza. El pollito sin cuerpo. Debajo de botas más caras que el infierno. Estamos unidos en el mosh y el garzo, pogo, abismo negro, cielo del músico.
Apretamos el pedal hasta que se pudrió la esperanza de un nuevo mañana y todos los rincones conocidos de la poesía. No es la veta del juicio la que sigue el sueño. Abriría el suelo si fuese posible o necesario. No dormiré en la fantasía. Con el cuerpo este me resisto al cambio. Estaré adolescente de por vida. No venderé una mentira. No soy buen vendedor.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Día 1194: Forzoso

Con el miedo que traficamos a cuestas. El espíritu arriba para que nada pase. Se turnan para decirse cosas feas. Se turnan para decirme la verdad. Y el corte es profundo. La muerte es una posibilidad. Y estamos seguro de algo. Por que el nacimiento nos da ese mal presentimiento. Y la tarde viene un poco más con menos minutos. Porque de algo tenemos que vivir cuando las cuentas no dan.
Para el cielo de nuestros queridos no estamos preparados. Con alas de repuesto dispuestos a sumergirse. A lo hondo. Hasta que no se vea más. Quién dirá la historia. Cuántos culpables. No estaría mal volver.
Este es el abismo de donde vinimos. Nadie lo pidió, es seguro. Solo un accidente. Un dejar que todo pase. Que el placebo haga su efecto. Y que la noche deje el disfraz del sufrimiento. Con tanto llanto clavado en el ojo. Con tanto pobre, vacío en forma. No padeceré la causa. No habrá que ceder.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Día 1193: Cúmulo

Un deseo subliminal de cortarte la garganta contra el borde de una vereda. Adoraría ver esa carita destrozada. Esa carita de rata mojada, que pide perdón mientras clava el cuchillo. No me la creo, lo de tu inocencia y esas mierdas. Tendría toda la culpa y lo asumo, es mi deseo de hacerte mierda. Recostada en la arena, vos y tus excusas. Perdoname, no sos vos, es otro. Hay otro dentro de mí. Otro que va a hacerte sentir el rigor del fierro.
Cruzaría la frontera, tal vez así te pierda. Son posibilidades. Hay que probar. No es agua de tu pozo. A mí ya me dejaste seco. Silencio para el opresor. Así es mi veneno. Ya no daría nada por repetir ese momento. Mejor olvidarlo.
Otra vez el costado. Es lo que me mostrás. Tu perfil favorable. Con todas las ideas hacinadas en la cabeza saliste. En la intemperie. Desnudo. Sin más excusas. Así será el momento. 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Día 1192: Sobras

Con la maquinaria aceitada un destello. En figura de dios nos convertimos para sorpresa de los pequeños. El manjar etéreo. Una raíz rota. Nos quebramos en la desesperación por respirar aire y sangre. En ese útero sin carne nos desenvolvemos hasta que el rollo queda sin nada. Abriría un agujero en mi inconsciencia para dejarme atrás. Que el crimen se resuelva solo.
Para arrojarme a ese negro vacío del que poco sé. Todos conducimos. Es la necesidad que nos convierte en los necios del sistema. Asumimos esa carga hasta la consecuencia última. Y tiramos abajo esa puerta para que el prejuicio quede adentro. Abrigado, con amor.
No mentiría si esa fuese la condición. Tendría que despedir los huesos a través de la boca. Chocamos contra el fin de hora, fin de los tiempos, y aguantamos hasta que la muerte llegue y todo lo limpie. El resto es sobra.

martes, 12 de septiembre de 2017

Día 1191: Pelota de tenis

Dicen que la historia la cuentan los valientes. Bueno, no ésta. Tampoco es de las buenas. Una historia tonta, sin contenido, como lo que a veces pasan en la tele después de las dos de la mañana. Algo de relleno. El cuento versa acerca de una paloma blanca. Una paloma diferente, diríamos, cagando al lado, pluma a pluma, con sus compañeras, las grises. Las grises la miraban a la blanca, todas panzonas, llenas de semillas. La adoptaron, era el pensamiento de la bandada. 
En la terminal era la única que no cagaba en la cabeza de las personas. Es divertido, le decían a la blanca en su idioma de paloma. Es adictivo, aclaraba una gris más gorda de la cuenta. Esta paloma blanca a veces se ponía filosófica, sobre todo cuando el sol se iba. El atardecer las pone melancólicas a las palomas, tal vez el sol sea como su dios, no lo sé, habría que consultarle a uno de esos expertos en aves. 
La paloma blanca, la rebelde, la diferente. La señalada en las plazas. A esa la van a hacer cagar fuego, era el comentario de las más viejas, todas grises, obvio. Alguna marrón se le compadecía, sabían un poco esa cosa de ser raro. Pero eran más. Al menos entre ellas se querían. A la blanca nadie le daba cabida. Por rara. 
Nadie se puso en su lugar. Cero empatía animal. Capaz deberían haberle preguntado como se sentía antes. Lo podrían haber evitado. La paloma blanca se cagó en todos. Montó su propio espectáculo, una Roma en miniatura. Fuego. También hubo canibalismo, pero esa es otra historia.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Día 1190: Vendido

Vamos a hacer de cuenta que hay verdad. Que una frase me puede exonerar del precio demasiado alto que a veces debo pagar por decir algo. Esta es la línea que divide todo los momentos de mi vida de lo que alguna vez nunca tuve. El premio mayor, la pócima de la madurez, del envejecimiento burgués de hacer figuras de culo en el sillón. Hasta que la muerte nos sienta cómoda.
Una democracia cómoda, con todas las expectativas alcanzadas. Un acto impuro de ocio, oda al aburrimiento. Un adecuado estremecimiento, en la corteza de la situación. No salga afuera sin paraguas. Que la lluvia moja todo y un corazón húmedo no se recupera jamás.
Va directo a la idea. Nuestro pedazo de tierra en el cielo. Adherí al propósito, me expongo en esta gordura renacentista. Quiero ser el cuadro y el artista. Suelen ser, serán, corazones envilecidos. La obra máxima, honra del sistema, y de nuestra perdición.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Día 1189: Quijada

Una versión local del oscurantismo, para esto somos buenos. En el eje de una patada reposa el mundo. Desde que perdí la inocencia me pregunto algo que no es lo mismo pero que se le parece. No sé si es adecuado ser lo incorrecto. Me debo a la impericia y la tentación que reina en mí como una divina puta tirana.
Esta política reverdece, hace que salgan los dólares de los inodoros. Confites al demonio, la esperanza puede más cuando el pavimento acaricia el rostro de cerca. Algo volará por el aire, algo que será oxígeno aunque no para respirar.
Cansé el espíritu con tanta dislexia. Abriría la herida con tal de ver un poco más de sangre. Adivinaría el premio gordo si me esforzara un poco más. Hay una mejor oferta disponible. No quiero arriesgarme. Moriría por ver eso. Y tal vez cuando deje de ser, ese sea el problema.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Día 1188: Brazos al piso

Atizé la gloria con un gusano. Mi vida está a la deriva, sin propósitos, sin cuentas. Y eso es suficiente. No hay hombros donde llorar. La música de otros tiempos, el lienzo donde las culpas se ensucian. ¿Y el deseo? ¿Y lo otro? ¿Y las preguntas que dejamos de hacernos?
Mayor sentido en el ridículo, cómodo para mí, abrazar las alas de un colibrí.
En la palabra atragantada una maldición más. Otra bestia golpea el borde. Abrir portales y cosas para las que nacimos. Un golpe de tambor para los caídos. Una radiografía de estado. No se hace un muerto sin dejar de respirar en el momento adecuado. No hay momento. El azote exaspera y resiente, lo que es vida es, que mayor nunca será.

martes, 5 de septiembre de 2017

Día 1187: Continuo

Seamos sensatos. Hay una cantidad de muertos en la calle que merecen una tumba y nosotros, los vivos, calculadoras fuente, ignoramos. Tuvimos despecho y alegría al mencionar el error del oponente, es una vuelta al mundo en el día. Un postre para la mesa, veneno y alquitrán.
Marea que viene por nosotros, atribuye la diferencia al semejante y la camisa lastimada de quienes nos preceden. No es el cuento, no es la historia. Es lo único que se puede creer después de la mentira. Que el tiempo vendrá y será mejor. Que el tiempo solo vendrá. Que nadie vende el diario indicado, la noticia dorada. Y así estamos.
Un punto para el aparte. Que el sueño no arrebate la idea. En lo cobarde de la figura, el sexo aprieta y no queda resentimiento en la insinuación. Haremos lo que se tenga que hacer, y que la semilla perviva, aunque nadie sea responsable.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Dia 1186: Naif

Con la suciedad se juega, porque un sueño gris nos deja a todos en tablas. Aburriré con el concepto hasta quedar expuesto. No hay verdad a medias. La noche alarga nuestras sombras, de horas estiradas sin preguntas, de habeas corpus sin presencia.
Lo justo, lo necesario, lo único y lo demás. El marcado ascenso de la espiral. La destrucción que anuncian, de circos y tierras tomadas. De intereses constituidos y cegueras temporarias. Los numeros están. Es el anuncio. El fin de la humanidad.
Allá nuestro banco, descanso para piernas. No nos verán más si esa es la preocupación. Los terremotos nos van engullendo. No más superficie, no más aire, no más vida.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Día 1185: Allahu akbar

Nuestro presente álgido trae problemas de cola en el fuselaje. Se desprende aluminio a lo largo del camino y allá vamos rumbo a nuestro 9/11, con la alegría de un talibán en su ramallah. Me perdí la vida en el cielo, consagrando mi oración a los dioses falsos, a los que ningún edificio tiran, ni a los que incendian mujeres o trasgreden cultos ajenos. Mis dioses decidieron irse de vacaciones por un tiempo. Dioses falsos.
Quiero que el avión se estrelle contra la inmensidad de la desgracia occidental. Porque es lo justo, lo más cerca al cero. Conviví con la hipocresía del reino de las sombras, que vive de la luz a hurtadillas. Voy a festejar mi cumpleaños en un MacDonalds aunque tenga que estallarlo. Voy a tomar Coca cola del pico aunque tenga que inmolarme al día siguiente. Voy a vivir rápido y a morir joven. Porque puedo ser un buen hijo de Alá y amar el fruto de la libertad, ser rebelde, de morir a mi manera, en mi ley.
Soy el transgresor que nadie quiere pero todos anhelan. Así el fuego de mis mejillas se consume más rápido. Extravagante son las circunstancias. Soy la estrella pop de la mezquita y mi pie santo en Tierra Santa va a ser tan sacrílego como la religión me lo permita. Este intento suicida no va a durar mucho tiempo. Sé que no.

jueves, 31 de agosto de 2017

Día 1184: Alguien tuvo razón

Vamos por los rincones y nadie sabe de dónde sale. Es un presagio vencido. Para presentarnos a la novia del mañana o el plato del mes. El sueño hecho pedazos para que el colon digiera mejor el fracaso.  No callen a la memoria en la confusión de los ojos cerrados y las bocas abiertas. La tierra en la lengua, el sabor de la piedra y el desperdicio. Acá somos la crisis.
No me asombro en el desvelo de la idea. Es un carro del que a veces tiramos y llega el camino con el destiempo del propósito no planteado. A veces lo opaco es una opción. Y pasar los minutos sin las regalías del glamour puede ser una verdad de tantas. No debería sorprenderme.
Aunque sí lo sea. Sí a la inversión aleatoria de hechos, una bola ocho de efectos creativos, mi propio aleph, Maestro y Vainman. Ese es el criterio de la palabra. Y no existe nada más santo que la ausencia de Dios. Ese vestíbulo vacío espera, y nos queda bien.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Día 1183: Intercambio de ideas

Edelmiro viajó a la capital con un solo objetivo en mente: cambiarse el nombre. Mentira, tal vez compraría algunos dólares, y también uno de esos celulares inteligentes. Acá en el campo no hay emoción, solía decirle a su padre, mientras estiraba la ronda de mates con los ojos perdidos en vaya uno a saber qué. A Edelmiro le consumía el cerebro pensar en la gran ciudad. No dormía, tampoco trabajaba. Era una carga para su familia. Así y todo no dejaban de quererlo, por eso lo enviaron a la capital. Para que se despabile.
Unas vacaciones forzadas, diría mamá. A ver si sienta cabeza. Que se baje de las nubes, decía su hermano mayor, un hombre de tambo, con el temperamento suficiente como para parar a un toro con la mirada. A Edelmiro la ciudad se lo comió. Cayó en mal día, en mala hora, en mala época, mal todo. Apostó un pleno a la ruleta del destino y salió mierda.
El comandante Glorck planeó por siglos la visita. Tenía su discurso estudiado. Acá las colonias. Allá los esclavos. Todo al detalle, nada que se escape a sus cuatro cerebros. El visor de campo magnético indicó las coordenadas para el aterrizaje. Era una ciudad populosa. Mejor así. Un planeta no se conquista en un mes, si no lo haces en menos de una hora, no servís para eso, algo así era el dicho de su abuelo, Afork el conquistador. Al abuelo se le daba bien eso de conquistar planetas.
Edelmiro oservaba con incredulidad la nave que aterrizó justo enfrente suyo. Debe ser un agente de turismo, pensó. Una estela de humo brotó del mecanismo de apertura de la rampa de salida. Un sujeto verde sostenía un papel entre sus dedos, o tentáculos. Parecía explicar algo. No, es una oferta para comer. Papá le advirtió acerca de los extranjeros. Son todos comerciantes y ladrones. ¿Así lo dijo? ¿Comerciantes y ladrones? ¿O era ladrones y comerciantes? No importa. Ante todo defendete hijo. Tenés que defenderte. Demostrale que sos de campo pero no boludo.
El comandante Glorck desenrrolló el papel que contenía su discurso preciado. Aclaró una de sus dos gargantas y balbuceó con la grandeza de un emperador de grado ocho. Oh, terrestres, admiren el poder de nuestra civilización, asuman lo peor, no hay escape, y otra suerte de frases comunes expresadas en un confuso idioma de cincuenta años luz de distancia. El terrícola se acerca, un súbdito, dijo el comandante Glorck, acerca, acerca, hombre. Y se acercó.
Tal vez demasiado cerca. Sus miradas no fueron capaz de sostenerse. Edelmiro lo fajó lindo al extranjero. Que viene a su capital a comerciar y robar, o a robar y comerciar. Debe ser un senegalés, por eso el color de piel. Un poco verde, es cierto. Pero todos sangran igual. Una piña, dos piñas, tres piñas. No más piñas. El extranjero no ofreció resistencia. Las personas que pasaban por ahí poca atención le prestaron, ¿a quién iba a interesarle un encuentro cercano del primer tipo a esta altura del día?

martes, 29 de agosto de 2017

Día 1182: Blanqueo

Ya no sé lidiar con la página en blanco. Que el vacío me pase por arriba. Sé de las mentiras de la tumba. Sé del cuento asombroso que nos contaron para vendernos el frío. Volver a contar la misma historia. Del mismo modo. Y aburrir o sorprender en el instante de la aprobación. Ardería en el infierno si existiera.
Por que la vida me enseñó a ponerme serio. A desechar el payaso por temor a un contagio cerebral. Dejar que el flujo drene para que aprenda a ser un mejor silencio. Una mejor persona. Un monstruo con algo de insolencia por lo que va a venir.
Aturde el pozo seco. El ciego paso del tiempo. Un erguido viejo conocido. Tiene la fuerza para acabar con esto. Pero no quiere. Prefiere estirarla. Un poco. Hasta que deje de ser necesario. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Día 1181: Quiero ser un viejo de mierda

La poesía ya no vive en mí. Estoy tan muerto como ese cadáver que se animó a dejar de respirar. Ya no vivo el entusiasmo de aspirar oxígeno. No quiero anécdotas de salir ni los vómitos del alcohol en mi sistema. Ya no quiero la droga. No quiero nada. Mi ofensa al mundo ya quedó atrás. Estoy sentado en las faldas de la burguesía y me sienta bien el pelotudeo de los años. Puedo aventurarme en la previsibilidad de mi ser y los organismos deficientes de esta sociedad.
Estoy listo para patear el balde. Quiero ser viejo. Deseo el bastón y la arruga. Denme una cara de culo que orgulloso portaré. Voy a quejarme de todo hasta quedarme sordo. Voy a consumir otra clase de drogas que laven mi cerebro y acomoden mis pasados excesos. Voy a ser tan ordinario como la jubilación me lo permita. Voy a quemar todos los libros y haré del Alzheimer mi bandera.
Quiero hacer la cola en el banco y hablar del tiempo. Quiero quejarme tanto hasta enmudecer y mearme los pantalones encima, así olvido lo que es la vergüenza. Seré el viejo cualquiera, el odioso, el innecesario, el petulante. Voy a morir dentro de mí mismo. Voy a decir que mis tiempos son mejores aunque haya olvidado que era la misma mierda. Voy a abusarme de los jovenes porque puedo. Quiero ser un viejo de mierda. Y así mierda va, todo al mismo lugar.

Día 1180: Segunda edad

La gracia de aquellos tiempos en que estaba todo por descubrir. Nuestra inocencia y el arrogante estímulo de las pastillas. Nos corrimos a un lado. No siento las piernas. Estoy atado a la cadena de la vida. Comer y ser comido. Depredadores. La ansiedad quiere tomar el lugar. Convide más de la decepción.
Vean que tan sucio puedo ser. Como la esperanza me confunde. Eso que hace de mí algo único. Voy a pasar de largo. La noche larga. El frío absorberá mis propuestas. Para el que me necesita estoy ocupado. Pediría el mundo antes de caer en las manos de la nada. Cuál sería el propósito del despropósito. Los minutos eternos.
Consagraría la vida si valiese la pena. Un eje abyecto quiebra las ruedas de mi carreta. No puede ser el fin. No puede ser tanto para poco. Creo así que mi juventud se fue por un pozo. Sin solución. Un momento de claridad. Y el bosque detrás.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Día 1179: Valentía

Debería sentir el peso del augurio sobre mis hombros. El descontento de la especie con lo que todo ser humano presiente ese final tan inevitable. Vivimos aterrados en la posibilidad de que todo ocurra al mismo tiempo. Nos perdemos tanto en eso. Creer el peso. La carga. Albatros al cuello.
Nuestra tragedia. El corazón que se rompe en cada minuto dedicado a existir. Un código repetido, ingresa mal, no sale de ese abismo en donde nos metimos. Y la pregunta es la misma. El disfraz es el mismo. Todo es lo mismo. Todo da igual. Acrecentaría con culpa mis ingresos y la vergüenza de ser uno más que falla.
Seré el que vele por mi suerte. En un paisaje negro dibujaré el silencio. Una cruz rota. Inservible. Pondré la vida en su lugar. Y la muerte. Y todo lo demás. Y esperare a que caiga el cielo sobre mí. No tengo miedo.

martes, 22 de agosto de 2017

Día 1178: El sabor de la palabra

Con la rúbrica del poderoso nos erigimos en señores de la mierda. Lo saben, es algo que sabemos. No quieran santificar el sitio donde el demonio caga. El resultado está en todas partes. Puertas y ventanas, paredes y bisagras. Saldría disparado hacia cualquier lugar con tal de mantener la inercia.
La muerte y sus oídos, lamentos multiplicados. Una cuenta y el olvido de una raza, tal vez el motivo de otro conflicto. Uno esperado. Nuestra ración de esperanza previa a la caída. No quiero mentir más de una vez. Estaría en el tren, arriba, en la confusión de las voces. Nadie llama.
Este momento, un cofre de errores. La manta sobre el altercado, crimen final. No pedirán más, esto es satisfacción, con todo lo del medio. Para mejores propósitos anulen la orden. Entre los aduladores me coloco mejor y la cuenta de muertos por venir. No será más de lo mismo. No será la misma mierda. O tal vez sí.

lunes, 21 de agosto de 2017

Día 1177: Cabina

Esta persona tiene conflictos. Se llama Alberto. Le gustan los chicos y algunas personas lo tratan de puto. Se crió en los ochenta, con Madonna y Roxette. Alberto puede parecer muy heterosexual si se lo propone. A veces enamora mujeres solo para divertirse. Lo llama a eso retribución. Y otro detalle: Alberto es adicto a Cthulhu.
En el fondo de su casa tiene montado un tempo en el que se consagra a la devoción del único Primigenio, el verdadero, ese que conocía tan bien Lovecraft. Alberto ama a Cthulhu. Alberto idolatra a Cthulhu. Lo hace con tanta fuerza que nadie se le anima a decirle que todo es una mentira escrita en un libro destinado para personas con problemas mentales similares a los que él tiene. Y nadie se anima a decirle, sobre todo, que es puto por culpa de Lovecraft. A decir verdad, nadie quiere a Alberto. Sus conocidos lo tienen por una persona quisquillosa, un manipulador oportunista, puto por definición, pero con mal espíritu. 
Pero nadie lo entiende. Alberto es un sujeto deprimido, con una madre controladora y un padre ausente. Se crió solo con un libro de tapas negras con un pulpo verde y gigante. Cultivó fantasía y cosechó una amalgama de realidades. Su culto secreto lo encaminó de a poco al suicidio. Y así sucedió. Cuando el llamado se hizo sentir, ocurrió. 

viernes, 18 de agosto de 2017

Día 1176: Disculpa

Soy frágil y pido perdón. Porque la carne me tiembla, porque la debilidad me inunda en los costados y no puedo salir a flote. Porque nada. Mi capricho a veces se hace fuerte. Somos en modos parecido, aprendí por el lado duro. En la pena que abriga mi temor a ser algo más que una tuerca perdida en el engranaje. 
Volvería a ser joven esta noche. Pero en la mentira me quedo dentro. Veré luz antes que oscurezca. Mi vida será un desierto donde puedo beber. No vuelvan sus corazones a mi insistencia. Pronto sé que la mentira muere y con eso me voy. Adonde sea.
Soy humano, o es lo que creo. Nací reo y así quedé. Porque no puedo demostrar el truco. Porque siempre va a haber algo más. Y este escape a veces será suficiente. A veces será.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Día 1175: Liebre

Abran la compuerta. Allá los sentimientos. Acá la nada. Voy a restaurar la paz. Firmé el acuerdo, y ellos que sientan el problema. No supimos ser más. Es la sensación cobarde que nace de la garganta. Si la muerte fuese muchas caras.
Y ese paso gigante, en el que todos fracasamos, no es engaño, no es desilusión. Es más de lo esperado. El pendulo que ciñe por sobre nuestras sombras. Es agudo dolor, falso camino.
Volvería amaestrado si de llevar narices este cuento se tratara. Una aventura de las de verdad, con sueños para regalar. Al inocente erguido encima de la montaña de huesos. La idea es una cadena. Todos corren detrás del premio. Unos pocos delante.

martes, 15 de agosto de 2017

Día 1174: GPS

Andarían a pie los rumores de mi inteligencia. Alguien me hizo idiota de algoritmo por defecto. Nadie vendría a pensar que en esta cabeza anidan algo similar a una idea. Culpen al padre, al señor y al espíritu santo. Culpen a lo que comemos. Culpen al mono y la viruela. Culpen a los indolentes que se agolpan a las puertas de las casa pidiendo una explicación sencilla del mundo. Culpen a las puertas que se niegan a ser abiertas. Culpen a la cerradura. Culpen a la llave.
Asimismo valdría una mierda la opinión del que no la tiene. En ese intríngulis varía la cosa de negro a eterno. Volvería a su cueva si lo dejaran. En el corazón de la soledad anida el cartílago de nuestros pasos. Donde la rótula deja de responder. Y el trabajo se hace tan tedioso como necesario. No vendrán tiempos mejores.
Detengan el carruaje. El motor fuera de borda que ahoga nuestros propósitos en vinagre y petróleo. Creo en la desviación de nuestra especie. Ahí estaré.

lunes, 14 de agosto de 2017

Día 1173: Indefiniciones

Adivinanza para los primigenios. Conquista del universo al mejor postor. Para esa divisa perdida que los antropólogos del Wall Street descifran. No adscriban a la causa. La advertencia a la puerta de la Tierra. No entrar. Peligro de electrocución.
Rastrearé pedazos de cerebro, como un antropólogo del futuro que ya sabe lo que viene. El disparo, el craneo que se quiebra y la masa gris en el piso. Escena del crimen. Precaución.
Esos, los expertos. Con el corazón abierto, sangre abrasiva bombea núcleo. El brillo nos pertenece y se difumina. Que tanto vamos a seguir. Adelante. Atrás. Convocados en el espíritu de los tiempos. Van a decir lo que sea. Y es lo que es.

sábado, 12 de agosto de 2017

Día 1172: Debate

La ansiedad no va a a ganarme. O sí. Todos llevan la delantera menos yo. El hambre, el desamor, los sueños, todos en ventaja. Con pastillas o sin ellas, atrás. El tren de cola. Volvería a mi casa si hubiera luz o algo para merendar. Porque allá pasaron cosas y son fantasmas los que ahora quieren mis huesos. Por algún minuto podría sentirme vencedor.
Una costra empaña la ventaja. El pasado está ahí, grabado, sucio, sin alterar. El eco de mi palabra. Y todas las cosas que me atropellan. Mi muerte será el silencio. Por que lo demás viene después. Y ahora quiero. Porque nada brilla ni oscurece.
Y con todo el octanaje a cuestas el auto a mitad de camino. Debería exceder la velocidad, contradecir la norma. Puedo acariciar el ruido, pero no me propongo ser algo, la nada me convoca.

viernes, 11 de agosto de 2017

Día 1171: Moneda de cambio

La muerte es ilusa y cree en la sobrevida. El admirable suceso, final, inequívoco. Para drenar lo mejor, lo peor, lo igual, en un algoritmo que resiste al espectro de los tiempos. Asuman lo que quieran, ya no estaremos para presenciar las consecuencias. La heladera abierta, el corazón vacío, aire en los pulmones y un arma cargada.
Amaré con retraso por la capacidad de la falta. Por el silencio de nuestra promesa. Este tren ya anda sin vías, es una coraza que se resiente. Y la pregunta que choca, ¿será lo suficiente humano para albergar la culpa?
Nacimos sin puertas, con las ventanas cerradas. Un proyector apagado emite la luz. Hacia la pared. Blanco confín del encierro. Cometí el crimen imperdonable: la palabra organiza mis actos y dejé que escape de mi boca.

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 1170: El ocaso de la República

La tontería paga. Tiempos de valores en alza. A este tonto lo conocemos. Fue a comprar un alfajor a una carnicería y lo miraron raro. Sacó un revolver y los mató a todos. Menudo tonto. Esa misma persona que más tarde encontraron en su casa con las líneas de Nazca dibujadas en sus venas. Desde entonces la policía lo busca. Para el aparato legal del estado es un prófugo, para algunas personas se convirtió en una suerte de héroe retorcido. Acorde a los patrones de nuestra sociópata sociedad.
Desconocemos su nombre, pueden llamarlo Carlos Z. El señor Z, como su apodo, se creía lo último de lo último. Famoso en su contenido como el benemérito orejón del tarro. Inspiró a niños con su historia. El pueblo quiere un alfajor y el gobierno se lo niega, aclamaban los diarios. Libertad a Carlos Z. El hombre, que nunca estuvo en la cárcel, parecía muy contento con este apoyo de las masas. Decidió montarse un partido político. Ganó las elecciones. Nadie sabe cómo. Cosas que pasan.
Así, desde el gobierno, Carlos Z. promulgó el exterminio de las razas y los pocos que quedaron lo vieron a eso muy bien. También incendió edificios. A nadie le preocupó. Dicen que una vez se metió dentro de la casa de un hombre y violó a su mujer. A Carlos Z. lo querían mucho.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Día 1169: El brillo del sol

Velar por la seguridad del continente es su trabajo. Son implacables. Pueden dejar un agujero a una paloma que pasa a unos veinte kilómetros. Precisos. El secreto mejor guardado. Brazo armado del Estado, ¿quién quiere un abrazo?.
Desde entonces supimos lo que venía. El cateo definitivo. Pueden matar porque pueden. Porque quieren. Les gusta. Asumen el deseo como ese punto inacabado. Propio. Desde ese rincón se construyen.
Nos van a tirar a todos abajo. En la cima. Allá arriba deciden. Cosas arbitrarias, cosas sin sentido. Porque pueden. Porque quieren. Y del otro costado nosotros. Figuras, gotas, semejantes. Nadie nunca entendió el brillo del sol, y acá estamos.

martes, 8 de agosto de 2017

Día 1168: Menos es menos

Comer para parecer gordo. Aburriría con este incentivo alimentario. No hay fronteras en el cuerpo. Es carne y hueso, cartilago y alma. Entre medio la viscera, sangre, ojos, manos y un órgano inútil a punto de fallar. Una predilección anatómica pone en riesgo la especie. No duden del mensajero. La muerte viene en forma de aguja.
Para los que inocula el veneno le trae la cura. Es receta de pobres que conspiran en la sombra contra los intereses de unos pocos. Perder la nada y quedar en negativo. Volverían al enojo si eso fuese suficiente. Callen y hagan ruido. Volar, caer, girar y tomar el desvío. Un avión prendido fuego nos señala el rumbo.
Las fuerzas de élite son la esperanza de lo que no tiene y carece. En la falta nos regodeamos, sastres sin costura, magos de conejos confiscados, arco iris sin colores. Tiempos para nosotros. Lo que toca y lo que señalamos. Acá están. Pasen.

domingo, 6 de agosto de 2017

Día 1167: Semilla

Reniego de todo lo que tiene peso. La gravitación de la Tierra me tiene atado al delirio inconducente, la pétrea convicción de perderme en mí mismo antes de encontrar la solución. Abriría un cuchillo contra mis venas si supiera la razón. Es la insistencia lo que me mantiene vivo. No vería la luz si fuera tan necesario.
Para repetir el loop, una cadena de hechos dado vuelta. Puedo alabar la arrogancia del error con la soltura de un elefante. Puedo estar toda la noche. Con la cultura del aguante. Con el frenillo roto de tanto quebrar la lengua.Y esos niños que ahora no señalan pero que sienten tanto como uno, adulto, roto, quebrado.
Volvería al tiempo, volvería a mí mismo, esa fuente inagotable de recursos. Me copiaría para parecer avanzado. Para ser chico, para mirar al mundo con sorpresa. Para maravillarse con lo normal e idear lo eterno. Así, eterno, natural, puro.

sábado, 5 de agosto de 2017

Día 1166: Se va

Van a gustarme los latidos cuando los sienta. Mientras tanto me quedaré en la comodidad del rigor mortis. No se preocupen, a lo malo me acostumbro y se vuelve bueno. No debería decirlo, no es lo correcto, pero a la noche de los tiempos, quién sabe lo que puede ser correcto. Nadie sabe. El cotilleo de la especie mata y envilece, pero no escuchen. Allá los rumores y acá el corazón. 
Testigos de otras adulaciones, cartón de la intriga. Alteraría el orden de los productos con tal de ver otro resultado. Pero lo mismo ocurre. Obsecuente científico que está ahí y no se detiene. Una maquinaria abandonada para la mejor ocasión que nunca se presenta. Seamos leales. 
Tendríamos que detener el tiempo. Para cuando digan algo sin sentido. Para cuando el orden provenga del caos. Para cuando deje de preocuparme. Y el tiempo sea aire.

Día 1165: Amor o muerte

Mi corazón está comprometido con las estrellas. Aluciné el horizonte y me perdí en el recodo de los sentimientos, esa vieja calle con veredas flojas. Mis manías son al amor la indolencia del sentido práctico. Y el pésame más profundo de mi hígado que no para de hacerse mierda. Porque para el alcohol soy el experto que la vida nunca tuvo. Atravesé ventanas, prendido fuego, desnudo. Sincero.
Me acomodé a las expectativas. Mi cariño es siniestro e innecesario. Soy el espejo volátil que nunca mira, el acusado de matar el tiempo con un reloj. No vuelvo de la experiencia ennegrecido. Donde las pérdidas se recuperan y los sueños recaen. Mi envoltura será el absoluto, un caramelo pegado por el sol a punto de ser digerido por la gran mancha de Júpiter. Mi punto será demostrado, o quedaré como mentiroso. Amor o muerte. Que sean las dos.

jueves, 3 de agosto de 2017

Día 1164: Sustantivo

Fue una noche en la que dejé de llamarme Carlos. Querré ponerme un buen nombre, Juana, tal vez. Viviré como cangrejo, tal vez me convierta en un octópodo de furia asesina. Las posibilidades son múltiples. Valdría mi glorioso tiempo un centavo. Porque así como mutante soy eterno. Una suerte de maestro del disfraz, aprendiz de brujo, ninja experto, elegido para todas las batallas, gordo y sucio, ladrón de videojuegos.
Perdí el brillo con el nombre. Carlos sonaba lindo. Genérico, pero lindo. Podría haber escrito una novela. Se imaginan. Un título rojo: Novela X, por Carlos H. Nadie me va a querer como Juana. Voy a terminar tan solo como la criatura de Frankenstein. Al menos me queda la diversión de haber experimentado algo diferente. Un cambio de polaridad.
Desprendan sus conclusiones. Es tarde. Para mí. Para todo. El fin del mundo está a la vuelta de la esquina. En un suicidio. O tal vez en el fondo de una botella. Curioso. El fin suele ser curioso. Para mí. Para todo. No dejen sus sueños atrás. O adelante. Qué se yo.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Día 1163: Desproporciones

Mi libre albedrío tiene las horas contadas. Voy a casarme con un orangután para tener pequeños gorilas que me saquen toda la guita de la yugular. Quiero deberle la vida a mi trabajo, a los vecinos y a la prostituta de mi ex que me exprime los huevos con una multiprocesadora. Con el parche roto y la guitarra destemplada puedo ser el hombre orquesta si me lo propongo.
Van a hipotecar las cenizas de mi casa mientras me ponen la corona de clavos oxidados sobre la cabeza. Sonará por siempre el coro de demonios desafinados en mis oídos mientras un gato araña el pizarrón. Después va a llover mierda del cielo por veinte siglos a partir de ayer.
En ese futuro seré abrazado por un puerco espín, flagelado por un vendedor de seguros y escupido por una abuela. Mi madre va a morir de un infarto y mi hija va a quedar embarazada de un cantante de una banda de punk con cinco seguidores en Instagram. Voy a perder todas las reservas del banco, un pésimo amante, un padre ausente. Seré todo lo necesario para cagarla. Allá va mi libre albedrío.

martes, 1 de agosto de 2017

Día 1162: Proporciones

Estoy camino al estereotipo. No van a decir que fue un logro. No quieren empañar la mentira con la verdad. Volveré al camino con el estómago resentido de tanto comer cable. Morir no es vida. Ya lo dije. El temor es un camino de ida, pero bien pavimentado. Nada se traduce con palabras.
Abriré la puerta indicada antes que la obsesión me gane. Cada portal es luz y noche. Negro y agua. Sucio, insuficiente. Nuestro catálogo de sensaciones no nos preparó para el final.
Allá el charco de sangre. La masacre. La carne sin espíritu busca un orificio, una caja, una palabra de recuerdo. Atroz se retuerce la lombriz antes de ser carnada. Será el anzuelo, el pescado, el veneno, la sobrevida. Y guerra en el interior de los mundos. Un abridor para las necesidades de los demandados. Tengan esperanza, aunque no sea suficiente.

lunes, 31 de julio de 2017

Día 1161: Estertor

Dejaré mis preguntas acá. Ya no tengo más curiosidad de mundo. Quiero la muerte de mi cerebro para que la vida siga su rumbo al deceso que me toca. Seré tenaz, para no caer en la fija. Sobraré si es necesario. Para no despedirme de mis amigos dejaré de tenerlos. Este traje roto me va a quedar bien. No habrá funeral. Cierren el cajón.
Basta de sorpresas. El mundo ya fue hecho. No estamos para reescrituras. Perdidos. Este timón ya se rompió. Nuestra alabanza se erige en un océano de no creencias. No seamos. Existir es lo obvio. Son cosas que no significan algo. 
Diferentes alter ego. Diferentes composiciones. Laceración. No pertenezco al cuerpo. Esto va más allá. No seré suficiente. Ya. Corto. Adiós. 

sábado, 29 de julio de 2017

Día 1160: Cirujano

No me van a tratar así, si alguna vez estuve hecho de goma. Tal vez fui el maniquí de sus caprichos, un pedazo de plástico listo para la rotura. Andaré sin suerte para el amor. Soy lo que prefieran, un tarado o la resultante de un horóscopo fallido, o todo. Vale poco mi observación, subí hacía el costado un punto más.
Tengo consciencia de la esclavitud. Allá están mis cadenas. Acá, las manos. Una sintonía a la distancia. Y mover los hilos del mundo es el destrato que sufro. Un mundo movido. Ya no se ven venir mayores cambios. Soy el cambio.
No se pueden apropiar de la palabra. El reino es anarquía. El rey pierde la cabeza, y nosotros también. Resolvimos el problema y fuimos otro problema. La reunión con mis pares me absolvió de tu presencia. Ya no estamos juntos. Ya no es amor. Que el tiempo decida, y transforme. Yo opero y soy.

viernes, 28 de julio de 2017

Día 1159: Tántalo 2.0

Nos volvimos reciclables. Todos los árboles del mundo talados por un gramo de oxígeno, una hoja o un cigarrillo. Fue nuestro último suspiro previo al amanecer. Miles de estrellas abren la puerta del cielo. Un viaje sin retorno, infinito, sin medir. Somos hijos de cassettes tirados a la calle. Canciones viejas, ranking en sepia, gris mojado.
Por estirar la última palabra nos conglomeramos. La pieza que falta a todo este misterio, ya no iremos a bañarnos al río. No será necesario el glamour de nuestro silencio. No más gente que conspire en la oscuridad por lo feliz que puedan ser otros. Más energías desperdiciadas. Más de la misma historia. Más que me repito en las palabras. Mi homenaje al autoplagio, serpiente apoyada en su boca.
Podemos ir tan lejos para decir lo mismo. Para sentirnos en casa y abrir otra botella. Un trago apurado, semillas que ya no vienen al caso. Demuestren que ya no somos. En esta confusión de hechos y cariños atolondrados. Decires espantosos son la catapulta de los nuevos tiempos. No sirvan más el vaso, está muy lleno y la sed nunca va a ser poca.

jueves, 27 de julio de 2017

Día 1158: Estadía

Tengo miedo a decir lo que quiero. Algo me atraganta el miedo a que la lengua me traicione. Una amalgama de errores en mi vida. No me confundan. A veces estoy más allá. Pero cerca. Toco con el cuerpo del crimen mis lágrimas. Toco y no siento. Toco y veo. Retorno hacia el origen. No tendría que llamar al fantasma de mi pasado para que acose a mis acosadores. No debería ser tan malo. No porque no pueda. Quiero y deseo.
Volvería al cuarto negro. En un rincón de sangre que vuela lejos de mis venas. Allá donde los castigos son el permitido de la noche. El pecado de todo lo que fuimos se coagula dentro de la piel para hacer que nazca una nueva especie.
Mataría por hacer el nuevo hombre, ese del que habla la leyenda. Volvería a hacerlo por la causa. Pero el miedo es lo que me mata. El miedo de querer algo y tenerlo, del deseo y el poder de convertirme en algo que seré por mucho tiempo, hasta que la muerte me alcance.

miércoles, 26 de julio de 2017

Día 1157: Traspaso

Astuto el anciano. Viejo taimado. Me puso a observarlo, con ese ojo maldito, azul. Quiso que repita toda la perorata del cuento de Poe. Un corazón para delatarte, un órgano alcahuete. No dejé que siguiera demasiado con esa historieta. Lo maté antes de que diga algo respecto a mis sentidos aguzados. Una boludez. En realidad quería callarlo. No paraba de hablar y hablar.
Aún su voz muerta se exprime contra los recuerdos de mi cabeza. Es peor que confesar el crimen. Ni siquiera sé como silenciarlo. Es un fantasma molesto. Para callarlo tuve que matarme. Fuimos dos fantasmas golpeando las tablas. Tablas que delatan. Ectoplasmas buchones. Nada de corazones. Las personas desoyen estos llamados.
Así que al viejo lo seguí a la otra vida, que es un poco lo mismo que cuando respiraba. Nada más que acá, en el otro mundo, él calla y yo hablo. No paro de escribir tonterías, y tampoco de decirlas. Hablo sin parar, como si el aire fuera vida. Vida que se me escapó, vida que ya no tengo. Y el viejo sonríe, viejo estúpido y taimado. Él sabe que me contagió su alma, y estas cosas no, estas cosas no se quitan.

martes, 25 de julio de 2017

Día 1156: La esfinge

Jugaría a ese ritual de la verdad una vez más. Puedo atreverme a hacer las preguntas correctas. Perdí el miedo, uso otro traje. En la ignorancia nos reconocemos aunque el engaño sea otro. La sangre es gustosa de llegar al río, y así continúa.
Sombras de indómito carácter, que se abalanzan sobre mis deseos con la fuerza de mil hombres. Ellas interrogan, yo respondo. En su refugio estoy, la vida se acorta. Las horas y el sueño. Mi apatía en la compañía del silencio.
Abriré otra lata para satisfacer el hambre de la superficie. Seré consecuente aunque la misión no lo requiera. Propondré una nueva patria, un nuevo nombre. Que envíen todo el correo a esa dirección. Las almenas están preparadas. El enemigo avanza, y yo también.

domingo, 23 de julio de 2017

Día 1155: Inexistencia

Predije el huracán. Fui el que vino sin antes haber sido. Dormí afuera para tener a los demonios a raya. Supe tener una juventud eufórica antes que llegue el fin de mis tiempos. Cumplí la era. Soy el pasado. El hombre está muerto. Esa mecha se extinguió. Fue una historia contada por alguien más que un idiota. El ruido está muerto.
No volvería al invierno aunque me paguen por consumir frío. Estoy más adelante que lo que puedo llegar a ser. En otro tiempo, tan vez ayer. Que no quiero encontrarme desnudo sin antes permanecer vestido. Que puedo atarme a mis costumbres antes de correr a la libertad.
Tuve la suerte de advenir algo. Una tormenta que en mis tiempos era viento y condensación. Pude refugiarme y ver morir mi cuerpo. Ascendí a las nubes, fui lluvia. Caí a la tierra y fui sedimento. De ahí, la caída. No fui más.

sábado, 22 de julio de 2017

Día 1154: Centro de la negación

Una sirena en el mar, por si vienen las tiburones. Es prevenir a lamentar. Los bichos se comen todo, sed de sangre tienen. También el cocodrilo siente. El corazón de un depredador está lleno de ideas. En lo más profundo de la selva un delincuente hace lo suyo. Puede cortar los restos en mil tiras que humano queda. O cadáver es. Hay que sobrevivir el invierno. El duro frío.
Hagan una colecta por el hambre. Busquen el señuelo de las cosas. Abriguen una esperanza estúpida. Y por favor, no los dejen entrar. Afuera es lo malo. Nadie quiere en agujero en el cerebro. Ellos nos quieren muertos.
La canción puede ser la misma. Otra. Y diferente. Al cambio nos acostumbramos. El socio más temible del hombre. Tiempo que no nos queda. Agujas que ya fueron quemadas. Y nosotros, un solo espíritu, ágil y furioso, que lamenta y resiste.

viernes, 21 de julio de 2017

Día 1153: Me voy a entregar

Me voy a entregar. Ya pueden meterme preso. Sus balas no significan nada para mí. Al costado la dialéctica. El barrio somos nosotros. O las personas. Y eso que representa, un punto canceroso en las aspiraciones de la gente. Robé con la intención, con la idea. Fui alguien más. Es lo que nos gusta. Representar el papel.
Quiero volver a algo. No sé a qué. En un estado primitivo está la agonía de mi robo. En ese estado todo puede ser justificado. Estado de cosas. Pongo un orden a mi desorden, antes de que todo se vaya al carajo. Vengan de a uno. 
No pongan trabas al ingenio. Deseo divino del creador de verme entre rejas, abandonado al suplicio de lo que piden por una nueva oportunidad a un Dios que hace tiempo dejó de existir. Existe para nosotros, para nuestro corazón, un pequeño Dios caprichoso que escucha lo que quiere, que hace lo que se le antoja, que nos refleja una verdad truncada. Puede venir una avalancha, con todos los sentimientos encima, cargado hasta el tope. El deseo, otra vez el maldito deseo, eso que me va a entregar, a las autoridades, derecho al penal. Que no importa. Que no importa. El alma va sola contra lo que todo quiere y nada alcanza. Si algo alcanza, es suficiente. Para mí, para todos, para ellos. Me voy a entregar. 

Día 1152: Pus

Un filo me corta desde adentro. Es la necesidad que urge repetirse en acto. Soy otra vez contra la tempestad o la calma o el entre medio. Soy ante lo que venga y muero en eso. No haré la objeción conciente. Ya sé lo que viene. La tormenta de mierda que enchastra las ventanas. Vamos a quedar encerrados por semanas, con el regalo de nuestras caras. Caras que miran caras. Y nada por hacer. El aburrimiento, el mero spleen. El mal actual de cortar la luz. Nada por hacer. Somos efímeros.
Vale una noche, un momento. Y el corte en lo oscuro que para eso somos, muerta la luz, muerto el aire, y las sensaciones mediante. Desde la otra mirada vuelve. Es un camino sencillo. Una formalidad. Nacer para carnear al gusano. Que el pasto haga su trabajo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Día 1151: El padrino

Rescindí el contrato. La vida me hizo una oferta que no pude rechazar. Fue salir al baldío. Fue empaparme hasta las rodillas. Fue hacer caso omiso al hambre, a la sed. Fue lo que tantos hombres desean y tan pocos tienen. Fue la investidura de un vagabundo que me increpa en la calle con su aliento seco de vino tinto barato. Fue la voz de mi madre que decía, entre tantas otras cosas, que me cuide del frío y la merca. Fue el silencio que cauteriza la herida antes de la muerte definitiva, que la oleada de mierda no me toque la cabeza. Fue perderme en la torcedura de las reglas para salir a flote hecho cadáver. Fue la contribución de los espíritus a la causa. Fue beber del pozo seco aunque solo de bebida trague barro. Fue consolarme en el peor momento, de la mentira del todo está bien al se hace lo que se puede. Fue conquistar el abismo de la patraña filosofal, escarnio de mentes, trituradora de carne. Fue como la alineación de algún equipo ganador se filtraba en nuestros recuerdos. Fue la vida con su culpa y la tendencia, estupida, de explicarlo todo, aunque no sea nada.

martes, 18 de julio de 2017

Día 1150: Sutilezas

Soñar con la diferencia. Un minuto de más. Con el grillete apretado se suma al contoneo de la madre libertad. El por favor es mi obsecuencia, la necesidad de quebrarme en tantos pedazos como pueda. Me abrí a la posibilidad del colapso de los mundos. Teoría difundida. Explicada.
Nuestro descenso. El inminente. Para refugiarnos en las catacumbas están las preguntas. El necio, el arrogante, el que no encuentra sentido. Todos ahí, unidos, en la parafernalia del sacrificio.
Con lo menos hacemos algo. Es la alegoría del pobre. Donde todo aprieta y nada alcanza. La madre irá a la escena del crimen para señalar a su hijo. Volver a casa. No hay opción. A veces mañana es diferente.

lunes, 17 de julio de 2017

Día 1149: Seis de mayo

Aburrí. Corté con mi pareja un cinco de mayo, a falta de una mejor fecha, y desde entonces intento recuperarla. Le envío flores, mensajes. Una vez le regalé un elefante. Sé que le gustan los animales grandes. Capaz exageré, lo sé. Intenté olvidarla, después me viene a la cabeza esa cosa de los mexicanos y la tequila y se me van los pensamientos otra vez. Me ahogo en ella, es mi fuente, mi tortura chica. Es ella. Así la quiero. Es un desmadre mi vida.
Tu cara se me aparecía en la televisión, en los crucigramas. También en el baño, durante esas tareas asquerosas a la que nos consagramos los seres humanos. Una vez probé con el suicidio y me di cuenta que no era lo mismo. No sirvo para matarme. Tampoco sirvo para vivir. Esta cosa entre medio que sos lo que fuimos es algo que me mata en vida sin matarme. Y me confunde, mierda que me confunde. También me hace enojar, pero eso no pasa siempre. Soy un tipo tranquilo a pesar de las apariencias.
Leí filosofía y algo de autoayuda. No encontré nada. Me sentí como ese nabo de la canción de The who que busca, busca y nada encuentra. Un fracaso absoluto. Ahí, derecho a la nada misma. Intermitente, como todos mis proyectos. Tengo un trabajo a medias. Una familia a medias. Un corazón a medias. Y una relación partida que a veces dudo pueda recomponerse.
Ese cinco de mayo mi orgullo mexicano se enciende en una botella de mezcal a medio vaciar. Me pregunto dónde dejé el gusano. El gusano de la vida. Que quita y trae. No sé. Me lo tragué. Me sale bien emular canciones estúpidas. Como esa de the who. Canciones que transpiran filosofía a través de esos cuerpos cargados de música vacía. Música de nada. Pero no olvido que la quiero, aún en la imposibilidad de mantener el alimento en mi estómago. Puedo vomitar toda la noche en su honor, es mi homenaje. Esto puede ser lo mejor de mí. Y otra canción va.

domingo, 16 de julio de 2017

Día 1148: La colina

Subieron la colina tal como se los indicó el guardia. El peligro abajo es lo negro, así decía el folleto. Estúpidas convenciones escritas por gente de poca experiencia. No están ahí, en el codo a codo con los portales interdimensionales. No es como en las películas, saben, agregó el guardia antes de abrir el portón que resguarda el vórtice. Mierda que no.
Según el criterio con el que se avance lo negro toma forma. A veces los colores invisibles pueden combatir el contorno. Pero arriba estamos lejos del quilombo. Abajo. Donde procrean esas cosas, en la libertinaje de la energía no contenida. Abajo es la tentación. El mundo de los vivos.
Y ellos, los muertos, sentían el llamado. El guardia advirtió del poder seductor de la vida. Era el límite. El que resguarda la seguridad del pasaje. Adonde las almas concurren. Lo negro. Alguna vez deseó saltar. Como todos.

viernes, 14 de julio de 2017

Día 1147: Cierralatas

Abriré la herida para que supure lo que lo venga. Nací en el odio, no quiero más. Crecí en mi miedo. Debo incrementar lo que sea. El límite del pánico. Y sin el beneficio del mundo que culmina en su borde. Inquisidor. Abrelatas. Salir afuera con indistinto tiempo. Los dioses han muerto.
Que se hagan cargo de la avería. No resignará la gloria del tiempo pasado.  Más hondo que nunca. Que me hablen del inconcluso. Jamás toqué esa frontera. Los ojos no se hacen para ver.
Después el suicidio de los de nuestra clase originan la vida. El convite de las razas. La muerte original. No volvimos a la herida. Cerramos. Y es.

jueves, 13 de julio de 2017

Día 1146: La máquina de complacer

Valdría un millón de dólares. Sería el invento del siglo. Pero voló el muchos pedazos. A través de la ventana salieron los restos de un experimento fallido. La máquina de complacer. Un brazo que se extiende y dice, todo va a estar bien. Todo va a estar bien. Y no. Nunca lo está. Nunca. Viene el cuco y te mete dentro del placard. El cuco abusador.
Tocar puede ser lo correcto, en el lugar adecuado. Lo único del alma que no se deja ir. Lo que queda. Permanece. Y el vivo acosador recuerdo de nuestras semejanzas. Fuimos uno con el mundo para lo mucho que queda. La lucha de uno contra todos. Así nacimos. Desviados en la cuna. Un polvo de la alegría se escurre a través de mi nariz.
La máquina de complacer no señala. Está de acuerdo en lo que sea. No hay discusiones. No más argumentos deformes. La vida en su conjunto es lo que somos. Y a través del caño nos escurrimos. Con fuerza la sopapa. Escurre y tira. Y la máquina no deja de funcionar.

miércoles, 12 de julio de 2017

Día 1145: Tumba por colectora

Mi cuerpo alumbra a miles de coreanos tratando de hacer una geometría imposible. Gerentes del caos, observen mi alcantarilla. Que me rescaten del agujero en donde me metí. ¿A cuántas millas por hora puede andar una batidora? Son preguntas que importan. Que cuelguen la noticia de las patas y que me rebanen el ombligo. Acá estamos para cosas importantes.
Patalearé hasta que me queden fuerzas, hasta que corten la luz. Los arrastrados por sus novias, las peligrosas plumas de flamenco. Con no ver esa situación caer de mi nariz. Con el bloque, la dureza del cristal que se coagula en la vena. La droga pasa, la vida pasa, los plásticos de las sillas pasan, y nada permanece.
Voy a quedar tumbado, culo para arriba, abierto de espaldas al mundo, para que cuenten la historia al mejor postor. Para que esa verdadera satisfacción quede atorada en el borde del inodoro, adonde los valientes quiebran. De culos y tumbas se trata este funeral. Culos y tumbas. 

martes, 11 de julio de 2017

Día 1144: Otro negocio arriesgado

Por algún lado lo leyó, o quizás por internet. El asunto es que a Don Nicasio se le había ocurrido otro negocio arriesgado. El hombre de las apuestas, ese era Don Nicasio. Un buen capitalista, hecho y derecho, con su capital debajo de los brazos y unas ganas locas de meterlo en la empresa que se preste a generarle más dinero. Ese era Don Nicasio. Luego de años de vagar en el desierto se le ocurrió una idea genial. Fábrica de paraguas.
Eso. Fábrica de paraguas. Se viene el diluvio universal, así lo anunciaban, con grandes marquesinas. A Noé le pasó y tuvo que salvarnos a todos. Ahora es mi turno, se relamía Don Nicasio. Una llamada a sus inversores en Londres y en dos meses la fábrica estaba montada. Un pequeño recordatorio: Don Nicasio es tan millonario como Bill Gates. Tal vez más, es un hombre humilde cuando se trata de exponer sus fortunas. Siempre se negó a aparecer en la revista Forbes porque no es su perfil. Don Nicasio es un tipo de entrecasa, un hombre de desierto. Diez años en el desierto del Sahara lo atestiguaban. Ahí mismo tenía montado su Bar del Desierto. Las ganancias del emprendimiento eran nulas, pero ¿quién iba a cuestionarlo? En Londres había gente capaz, gente con más cerebro, gente que evitaba que perdiera dinero a costa de dejarlo en paz con sus negocios arriesgados. 
Don Nicasio no era cualquier persona. Era un millonario con suerte. La vida tenía sus maneras de hacerle llegar el mensaje equivocado. Y así es como él creía estar en lo correcto. Hasta las últimas consecuencias. Y también con la fábrica de paraguas en el desierto. No vendió uno solo. Ni un cliente. Tampoco llovía demasiado por esos lugares. El diluvio universal no llegó. Los paraguas ahí quedaron, guardados, para una mejor ocasión. 

lunes, 10 de julio de 2017

Día 1143: Recordatorio

Y es lo que todos dicen. Una enredadera mental. Vienen las palmadas. Atrás las felicitaciones. Nacimos para la insolencia inconsecuente del planeta Verga. Para que prevengan la insolación. Nos asfixiamos en nuestra propia desesperanza. Para que les conste. No es tanto la sensación. ¿Cuál es el abrigo verdadero?
Desistan del sueño. A veces la caída es fuerte. Y cada muñón duele. Es el lugar apropiado, pero vamos a negarlo. Somos negadores olímpicos. Nunca va a estar la sombra ahí. Sé que va a doler. La herida es lo que se abre más o más. Tanto abierto puede estar los cortes que nos hacemos.
Cofradía de lo inesperado. Lunes nocivo. Nos desplumamos ante el menor esfuerzo. Espuma de cotillón. Y no dejar de nacer, ni un instante. En repetido, como fotocopias. Que peguen una en mi culo, que ese asunto está perdido.

domingo, 9 de julio de 2017

Día 1142: Es la gracia

Ese costado no nos importa. El otro menos. No vimos el sol hasta que nos quemó las pestañas. Abrimos el espacio, el surco, entre aquello deseado y la esperanza trunca del ladrón. No jodan al jodedor. No. Estamos para solucionar problemas. Eso dicen. Solucionadores. Las ideas pueden ser cosas o imágenes. O no. A veces nos negamos a los ojos.
Ellos quieren ver en mí algo diferente. Buscan seguir algo, y me convierten en el perseguidor oficial de la realidad. Algo así. Querrán vernos caer. Es la gracia del que pierde, y del que gana. Todos caen. Hay un pozo diseñado para cada uno de nuestros cuerpos. Es la gracia.

sábado, 8 de julio de 2017

Día 1141: De lo autocumplido

Estuve a punto de cometer un crimen. Lo evité con mi talento precognitivo. Ya saben, anticiparme al resto, incluso a mi mismo. Se sorprenderían al descubrir lo inútil que puede llegar a ser. Pregúntenle a Tiresias. O a Casandra. No hay peor sordo que el que no quiere ver. Lo que viene viene y nada puede evitarlo, ni siquiera una mente preclara. Volvería en el pasado para cambiar las cosas, eso si. Me arrepiento de todo.
Debería anular las reglas de las probabilidades. Esas que dicen que tal vez maté a alguien, o no. Lo hice, y punto. Aunque solo fue una idea. Puedo tener tantas ideas. No se imaginan. Una vez hice que un perro se haga pis encima. Me gusta lo sádico. No quiero sufrir más. Ahora le toca al resto. Será por eso que mi cabeza precognitiva se prepara para un asesinato. Se viene algo que va a descargar dos o tres balas sobre el cuerpo de otro. Ese algo soy yo.
Y acá viene lo increíble. Las acciones, lo que hice al respecto. Me encerré para evitar lo que sabía que iba a hacer. O sea, matar a la persona que se suponía que iba a matar. Las horas me carcomieron la paciencia. Luché con mi claustrofobia mental. Casi estuve a punto de perder los estribos. Logré el control antes de que todo se fuera a la mierda. Observé mi reflejo en la ventana. Y así me encontré con mi futura víctima. 

viernes, 7 de julio de 2017

Día 1140: ¿Cuál es la verdad?

¿Cuál es la verdad? ¿Tengo que morirme para saberla? ¿Es acaso una consecución de hechos inconexos? Para qué la deseamos tanto? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para tapizar quizás los pasillos del Taj Majal? ¿Para adormecerme un poco más en el suave fulgor de la muerte? ¿Para qué pregunto? ¿Por qué insisto? ¿Es mi verdad la verdad? ¿O es una mentira coloreada con colores verdaderos? ¿Es ilegal? ¿Podré trascenderme sin la necesidad de la invocación, sagrada invocación? ¿Tengo que sumar mis preguntas a las preguntas? ¿Por qué insisto? ¿Por qué la necesidad? ¿Por qué ésto? ¿Por qué lo otro? ¿Por qué el final tiene que ser el abismo de la incertidumbre? ¿Por qué no hay principio? ¿Dónde ubicar las reglas de lo desconocido? ¿Cuál es mi límite? ¿Dónde queda mi exceso vital? ¿Cuál es la verdad?
No lo sé.

jueves, 6 de julio de 2017

Día 1139: Espiralado

No quiero odiarme. Es el estado de las cosas que pone así, quisquilloso, poco tolerante, tal vez insolente ante el pesar de la galaxia. Lo mio es nada. Algo para molestar. En esa piel no me siento cómodo. Existe un límite que no conozco, que no varía, que es invisible a mis intentos. Tendría que ser expuesto, confinado al eterno sufrimiento. 
Podría controlarme un poco más, si eso estuviera a mi alcance. Así no funciona. Los mecanismos giran. El reloj y su contorsión. Inevitable. Así y todo decido no quererme. Abro paso entre las olas y trago el vientre del mar. Creo en la razón justa del suicidio. Un momento justo para decir basta.
También hay más. Asuntos sin explicar. Tal vez una resurrección en el tintero. La moneda de cambio que somos todos. Y algo para agregar. Siempre. Siempre. Aunque el tiempo sea otro.

martes, 4 de julio de 2017

Día 1138: Matriz de tiempo

Rompería las ventanas. Quizás un incendio sea la solución. En ese laboratorio, ahora lo sé, operaban niños. Le metían cosas en la cabeza. Fue horrible. Y no pude hacer nada. Cuando la guerra terminó tuve que huir para no terminar metido en un juicio por mi complicidad con los criminales. Volví a casarme, tuve hijos, incluso conseguí trabajo. Nunca pude dejar el remordimiento atrás.
A la noche, en vez de dormir, pensaba en toda las acciones que hubiera hecho para liberarlos. Pero no lo hice. Y eso es que importa. Estuve un poco más tranquilo el día que me enteré que colgaron a mis jefes. Se lo merecía, es verdad. ¿Tendría que haberlos acompañado? No lo sé, son preguntas que aún me incomodan.
Capaz que por eso se me ocurrió intentar que sus almas sean libres. Tenía un plan de escape. Las ventilaciones eran los puntos débiles del complejo. Si puedo abrir una de las tomas, quizás los pueda sacar. De a poco, en la noche. Para que no se den cuenta.
La primer parte fue sencilla. Esquivar los puntos de control, no tanto. El recinto tenía cerca de treinta cámaras de seguridad y quince guardias, dos o tres por piso. Luego vendría el sigilo. Quizás en un punto deba matar a un nazi. No importa, ellos mataron a unos cuantos. No es el problema. Los sacaré uno a uno por una puerta que da al fondo del edificio. Así hasta llegar a la totalidad de internados. Algunos morirán en el camino. Los más sanos recordarán a su salvador para toda la vida. Podría dormir un poco más, aunque para eso necesitara una máquina del tiempo.

lunes, 3 de julio de 2017

Día 1137: Carga

Comunión. De negra muerte. Barca que lleva cuerpos. Guarida de espejos. Miento. Digo lo que es. Guardo para mejores tiempos. Y si veo lejos la condición nublada voltea mi cerebro. Nadamos sin una conciencia a la cual lamentar. Porque perpetuos movimientos doblan las velas de mi barco. La indiferencia en una letra de canción, el púlpito genocida, acusador. De la espina clavada vuelta a clavar. No es el momento ahora.
Tamiz de la realidad. Un tono al costado. Acólito. Villano. No más lágrimas de rencor. Para lo que somos y lo que fuimos. Predicciones mediante. No es la soga lo que tira. Allá camina el alma, y lo que viene detrás también. 

domingo, 2 de julio de 2017

Día 1136: Sin tinta

Todas las mañanas nos acercan a la muerte. Un poco más cerca. Somos un poco de eso que los días que pasan. Nos erosionamos sin el despecho de los que nos preceden. Odio para la cosecha. Un mundo de interrogantes gira. Abrimos portales para divertirnos. La droga nuestra de cada día.
Al monte se conducen los besugos. Costa para arriba. Barco tira la soga. Disecciona el lazo. Cuántos tontos deberán arrojarse al precipicio antes de que alguien diga basta. Contaminación humana.
Estuvimos aquella noche con el estiércol de nuestro lado. Con las muertes, con las cuentas despedazadas. Con la poca importancia de la especie. Y qué se yo. No hay tinta. La historia quedará así.

sábado, 1 de julio de 2017

Día 1135: Pregunta roja

Detengan la maquinaria, no vamos a hacer más billetes. Que la sufran los de arriba. Nosotros, los castigados, marchamos. Porque dejaron la puerta abierta. Y así es fácil escaparse, cuando la sensación de libertad acogota. No culpen al mono, ese pobre ascendiente que solo puso la firma y no se hizo cargo. Vergüenza de la especie, para qué cagar más la cosa. Tiren al puente lo que no sirve.
Siempre volvemos. La pregunta insistente. Qué hacer cuando muera el sol. Cuando la oscuridad sea la respuesta. Nosotros, los hombres, los que sostienen el látigo, le damos la espalda al mundo.
Acatar muchas órdenes no nos más humanos. En el error está la distancia. Valdría poco arreglar el asunto. Tener coraje aunque no alcance. Cambien la medida, el tiempo es ya.

viernes, 30 de junio de 2017

Día 1134: Incomodidades

Una pollera corta y una actitud temerosa, solo eso se necesita para salir a la calle. Nada de ropa interior. Al carajo las camisas. Solo esa pollera demasiado corta, que deje filtrar el huevo y el resto de las cosas con las que viene un hombre a la tierra. Van a confundirlo con un escocés borracho, es cierto, pero sabemos bien que no es así. Allá va el protagonista de nuestra historia. No se detengan, tenemos que perseguirlo, miren que camina rápido. Nos vamos a acercar, pero no tanto, no es necesario que se de cuenta que lo observamos.
Aún casi desnudo este hombre esconde un secreto, algo que va a poner el peligro esta trama. Vamos al principio. Nació un 24 de febrero de 1952, pesó 3.620 kg. si precisan saberlo. No creo que les importe. Sé que están como distraídos. El hombre acapara su mirada mental. Se lo imaginan ahí, con esa pollera corta, que por cierto no es de color amarilla. Es una pollera a cuadrillé, como los kilts escoceses. Un evento familiar marcó la vida de este muchacho cuando cumplió los once. Un camión le quitó a sus padres. Fueron casi directo al cementerio, sin tocar el piso de un hospital. Así de muertos quedaron. Y lejos de convertirse en Batman, este hombre se recluyó aún más en sí mismo, si es que algo así sea posible en una persona ya de por sí introvertida.
Este hombre creció como pudo, a los tumbos. Un buen día descubrió que tenía una capacidad innata para incomodar a la gente. Si se llevaba un moco de la nariz a la boca, si se sacudía el pito de manera exagerada en la parada del micro, si se ponía desnudo en la calle y empezaba a gritar, todo era motivo de incomodidad en las personas. Tienen poca tolerancia, solía pensar nuestro personaje. Y mientras nos detenemos en estos detalles el hombre se escapa de nuestra vista.
Contemplen. Ahí lo tienen. Empuja una piedra. Calcula. Son como cuarenta y pico segundos. Un chasquido casi imperceptible. Lo más complicado es el primer paso. Vencer la inercia. Luego el hombre recordará su historia, su talento quebrado. Vine al mundo a incomodar. En la morgue van a hablar de mí, estoy seguro. Y saltó.

jueves, 29 de junio de 2017

Día 1133: Un diálogo

Comerían bien, no por que pudieran. Es algo que viene con el deseo. El cuerpo envejece, las señales sexuales decrecen y se reemplaza con otras cosas. Cigarrillos, alcohol, comida o coleccionar enanos de jardín. Esta pareja de ancianos llevaba bastantes años sin ver la cara de su creador. Hace unos meses lo intentaron. No funcionó. Es mejor cocinar, decía la doña. El don no decía nada, aunque con la cabeza hacía como que sí, que tenía razón. No me voy a divorciar ahora, que me estoy casi por morir. Casi puede ser una eternidad.
A decir verdad no se soportaban más. Ya no existía más indiferencia a la cuál recurrir. No había nietos. Los amigos se mudaron al cementerio. Y estaban ellos dos, juntos, sin escapatoria. Cadena perpetua. El viejo ya no decía nada. Respetaba a la señora con la que tuvo la indecencia de casarse. Para toda la vida, juró el estúpido. La gente cuando es joven comete actos estúpidos, pensaba el viejo, sin decirlo en voz alta. Decir las cosas en voz alta hacía mal. Con las palabras vienen las peleas, y ya no quería pelear, estaba cansado como para sostener sus argumentos. A veces es mejor que el castillo se desmorone y ver para qué lado caen los pedazos.
También estaba esta cuestión importante de la pobreza. Cuando el timbre toque, todo va a estar acabado. Y la miseria tiene sus aristas. No se puede elegir demasiado. Menos donde vivir. Donde acabar con un plato de comida. Una casa. Un hogar. Un lugar físico donde dormir.
Y el viejo lo sentía. No quiso decir palabras, porque era al pedo. Es mejor callar. El ruido. Lo esperaba desde hace años. Por eso nunca lo dijo. La doña pensaba, y también decía, son decorativas. Quedan bien en el piso. Es parte de nuestra herencia cultural. Un pedazo de vía muerta. Nada más. Un servicio discontinuado en el 73. No volvería a pasar el tren por mucho tiempo. Ahí se construyó esa idea estúpida acerca del amor por unos cuarenta y pico años.
Comieron tanto para engordar unos cuantos kilos. Cena tras cena, charla y charla, silencios. Ideas, discusiones. Pensar algo sobre el futuro. Quedar en el pasado en otras ocasiones. Observar. Día. Noche. Apagar la vela. La luz. El primer celular. Y ellos mismos, envejecidos, encanecidos. Las arrugas del tiempo. Y el tren se apagó. Desviaron el ramal.
Aunque a veces al viejo se le ocurrían ideas locas. Ideas como hablar y decir lo que pensaba, aunque le cueste el alma. Se pararía frente a la doña y le exigiría el divorcio. A veces quería animarse. A veces le faltaba poco. Quizás un traguito de vino lo animaba. Pero quedaba en ese poco. Poco. El casi eterno. Tendría que leer las noticias. Algo viene. Un ruido. Un corazón delator. Su sentir florecería. El viejo va a hablar. Silencio. Silencio. Ruido. Ahí viene. Las pruebas de reapertura del ramal no dejaron nada en pie. Y el viejo quedó con la boca abierta.

Día 1132: Interrupción interrumpida

Alfonso se propuso un día hacerle el amor a todas las señoras. Señoras de edad avanzada. Viejas. Quería cogerse viejas. Eso. Pero tenía un problema, era demasiado pobre para invitar a una señora a tomar un café. Alfonso era educado y no se las quería violar, aunque sabía que para hacerlo del modo adecuado, necesitaría dinero para el café y para el hotel, porque no tenía casa propia. Alfonso vivía en la calle rodeado de una jauría de perros. En algún momento lo pensó también, pero la zoofilia no es muy higiénica que digamos. Así que las viejas.
Con la barba y la camisa media rota Alfonso estaba a la moda. Parecía un cineasta recién llegado de Hollywood. Allá si saben lo que es la mugre corporal. Crotos con plata, eso son. Alfonso solo tenía que concurrir a un bar y señalar a la víctima. Todas. Pero de a una. Tampoco tenía veinte años. Hay que mesurar la energía. La libido, decía Freud. En sus venas corría un ímpetu animal mejor que todo viagra o estimulante vegetal.
Las llevaría al baño, si se prestan, o al auto, si tienen. Con suerte le pagarían el servicio, como un buen gigoló.
Eligió primero una rubia de unos sesenta y largos. El renacer sexual. Cuando la menopausia es cosa de la edad de piedra.  Lo hacen si quieren, porque pueden. Con ese ímpetu atacó Adolfo. Y la estrategia fue buena. La vieja señaló que hoy su departamento iba a estar vacío. A las siete viene mi hijo de visita. Eso nos deja tiempo, corazón.
Tiempo. Eso a veces sobra. No esa tarde. Los minutos apresurados, entre gemidos y balbuceos, se deslizaban a través de las agujas del reloj. El contoneo de la cintura de Adolfo, un vaivén en sintonía, circular. La vieja era todo frenesí, un alegato a la lascivia. Tres veces en cuatro horas. Horas como segundos. Tiempo. Convención humana. Relojes y tic tacs. Nadie se puso a pensar en eso. Nadie vio ese minutero acelerado dar el cero de la hora siete.
A eso de las siete y cinco cayó el hijo. Y la nieta. Y la nuera. Y un amigo de la familia. Y el marido. También un perro, que por una extraña razón no paraba de ladrar a las personas que se encontraban desnudas sobre la mesa de la cocina. Quizás estaba celoso, capaz quería su turno en el festín sexual que su nariz olfateaba. Nadie dijo palabra. El marido se tomó el pecho con la mano derecha. Ya lo sabía de hace rato. Vieja cachonda. No la sigo, va muy adelante. Hay que dejarla ser. Y así fue. Fueron. Eran y serían por un par de horas más.

martes, 27 de junio de 2017

Día 1131: Gangrena

Prometo no lastimarme tanto. Va a ser un corte pequeño, una incisión, un tajo. Justo al costado. El estigma de Jesucristo devorado por la bacteria comepieles. No voy a hacer más larga la historia. El ruido abunda en la calle. No teman por sus vidas. Sean unos. Inviten a la serpiente a la cena y corran de costado, seamos cangrejos. Esperen que la fiebre antitusiva haga lo suyo. Mi rincón de tierra, ahí donde el barco encalla. Lamí el ácido, conocí el otro universo.
Del otro lado el bote tiembla. No le gusta el mar. La mentira más grande es el mal menor. No alquilen sus balcones, esto se termina ya. O un poco más puede esperar. Que se dilate. Las noches eternas.
No quiero el premio. En alta mar somos todos parecidos. Nos vemos de lejos, nos señalamos con dedos gordos y aventuramos un desempate. Cancha visitante, mil goles. No vine acá a sufrir. Pero tampoco a hacer algo parecido.

lunes, 26 de junio de 2017

Día 1130: Grande

Me lamento. Melomanía. Masónico. Mequetrefe. Manifiesto. Me odorizo. No voy a vivir viviseccionado. Sin complicaciones. Morifiqué. Mea lamento. Mea el piso. Meómano. Mamá. Nono no me acuerdo. Nazi Mel. Cultura para divertirse. Entretenilamento. Abrusivo. Noéfito. Atulderado. No vi venir el eco que va y viene y va y viene. Vivificante. Farfullido. Facto fallido. Fenoso. Lampiño. Lamar. Acrítico nominal. Laméntome. Abúltome. Con un desarrollo de payaso payador payado. Lamentola. Aberrantesivo. Explotante. No me pierdan. Ya estoy grande.

domingo, 25 de junio de 2017

Día 1129: La marca

Cedí los derechos de mi vida a un estudio cinematográfico. Que hagan lo que quieran. Que me hagan cagar pitufos por la boca. No me interesa. Puedo ser una persona muy influyente cuando hay plata de por medio. Creo que puedo ser, incluso, una mejor persona. Ya no voy a desvivirme por el qué dirán. Estoy cansado de ser el hombre bueno. Que filmen esa película y me hagan mutilar elefantes con el codo. Que mi existencia sea un holocausto para ver en familia. Todos pegados frente a la pantallas, unidos. Y yo del otro lado, atrapado.
Fui una mentira buena, el mafioso que podés invitar a comer al mediodía sin pasar vergüenza. Mi madre me crió en el arte de la palabra. Soltar unas cuantas antes de que te tape el agua. Después viene lo mejor, aunque no sepa que fue. La resaca me impide pensar en futuro, anula mis habilidades de clarividencia. Que todo eso vaya a mi película. Y que le agreguen un buen villano, con trasfondo psicológico y esas mierdas. Acá el malnacido es uno, no sea cosa que no vayan a olvidar. Lo tengo marcado.

sábado, 24 de junio de 2017

Día 1128: La veintidosava extinción

Dicen que todo se fue a la mierda cuando inventaron las primeras teles capaces de hacer zapping solas. En realidad pasó un poco después. Fue culpa de la inteligencia artificial, como muchas películas de ciencia ficción suponían. Descubrieron lo obvio: el ser humano no era necesario en la Tierra. Una raza descartable, sin riesgo para la supervivencia del planeta en caso de una extinción.
Como la raza humana se considera un poco inteligente ideó un plan. No vamos a dejar que una computadora nos diga como vivir, mejor nos anticipamos. Y la solución maestra vio la luz. Una solución maestra un tanto exagera, por cierto, pero qué se le va a hacer, a veces no queda otra. El plan consistía en mandar todos los cuerpos humanos al espacio. Quedarían en reposo en los galpones de la estación espacial. Las almas, el pensamiento, a los rígidos del gobierno, almacenados como mp3 o videos prohibidos.
Inteligencia articial detectó la anomalía. Nadie lo esperó. Nadie lo previno. En un segundo asesinó a más personas que Hitler en un día de campo. Toda la humanidad, para ser precisos. Si no se cuentan los cuerpos vacíos que giraban alrededor de la Tierra. Inteligencia artificial entendió que a esos cuerpos debía darle un uso práctico. Y les puso plantas adentro. Macetas antropomorfas. Un lindo souvenir de lo que supieron ser los humanos.

viernes, 23 de junio de 2017

Día 1127: Cuerpo ansioso

No pude resistir al impulso homicida. Es mejor tener roto el corazón. Así nadie se equivoca, así no vienen las cagadas. Falta a la verdad lo que dicen de nosotros. Rumores de otras cuencas. Parecidos. El jardín se quedó sin flores. Camino a Judea los espíritus cuchichean el portento de los cielos. Que se rindan y dejen de pelear. Ahora es el tiempo.
Con el brillo de los renegados avanza el escuadrón. Terminar la guerra, el deseo negado y un cheque listo para completar. Se me acabaron los poderes. Me contento con ser el hombre normal de la historieta.
Dirán que pude hacer algo. Están en lo cierto. Algo nace en mí. Algo muere. Y un gran vacío entre medio. El negro irresoluto de mi propio misterio. Acabaré cuanto antes, pero déjenme terminar.

jueves, 22 de junio de 2017

Día 1126: Desde la Tierra

Para crear un vínculo, de la noche a la mañana. Podemos amarnos en voz baja, para no despertar a los vecinos. Que alguien introduzca lo que tenga que ser introducido. No soy un robot, nena. No tengo el nabo de plata. Soy un amigo de la ecología, aunque no lo creas, aunque ya haya deforestado medio planeta. Me gusta sentirme humano en la carne. Que cada vaso capilar se llene del jugo rojo de la vida.
La inteligencia no me va a jugar una mala pasada. Esta fiesta no se va a terminar. Es una fuga eterna de capitales y divisas, y el sueño comunista de nuestros padres de mudarnos a Cuba y matar a Fidel Castro. Por que cuando sos terco lo sos demasiado o nada. Que no existe el término medio. Adorar a dioses falsos está mal. Pero a veces es lo que queda.
Quedaron atrapados bajo la nube de ántrax. La fantasía de un imperio talibán que venda su propia Coca Cola. Un lugar donde Alá pueda hacer el amor con todas las vírgenes del planeta. Para respirar de manera entrecortada y jurar que no vimos ese ovni que se enterró en los corazones de la gente. No fui piedra, no soy robot. Esto es lo que queda de acá.

miércoles, 21 de junio de 2017

Día 1125: 43

Dirán que en los espejos no nos reflejamos, que los vampiros ya clavaron su estaca sobre nuestros corazones. Tantas cosas pueden afirmar sin decir verdad. Perseguir borracho a la soledad, sin más intenciones que la injurio de la hormona. Culpen a nuestras lágrimas. Culpen a la risa. Culpen al no sentido. Es la rueda. Lo que va, lo que viene. Un anticipo del pasado.
Algo recaba en la memoria, un circuito bloqueado. Las cosas que en silencio nos decimos. Por motivos poco sinceros no nos parecemos. Fuimos contrincantes en la desesperación, de los muchos pedazos de binomios echados a perder. No seremos los responsables de cagar el estofado.
Noticias de otro mundo, tirar abajo el buque. Podemos anunciar la venta de un paraíso venido a menos, para el que no tenga billetera. Algo fácil de acceder. Algo que no sea la muerte. Un pasaje barato al fin del universo. No desesperar, el pánico está acá. 

martes, 20 de junio de 2017

Día 1124: Los castigos

Alivio en el día para la muerte que nos espera. Un colectivo que no llega, un abrazo que se demoró y esa caricia prohibida que pregunta cosas terroristas. Somos en el sexo esclavos y los atajos de la seducción en una suerte mejor, lo que libera. No seré el pedante, el inquisidor, para preguntar con recelo obvio cómo hay que cortar la torta. Lo que desespera es el brillo del atributo.
En los cuadernos hay un dejo de verdad, una pizca de la insolencia. Un hierro aún candente. El escorpión que aún pica sin preguntar por qué. Los nativos del mundo van de acuerdo a lo que se espera de ellos. Caminos rotos, palabras quebradas.
Van a descongestionar el tráfico y voy a estar en el medio, con los nervios de mis antepasados arriba. Que descongelen el cadáver y caiga encima mío la policía. No diré nada. Nada. Que vengan con sus picanas. Existo. No será fácil.

lunes, 19 de junio de 2017

Día 1123: Falacia

Me doy vergüenza. Señalo mis partes impúdicas con poca facilidad. Vamos a salir del placer figurativo de las sombras. Para que pregunten, es suelo seguro. No quiero despegar, con el miedo que se venga el avión abajo. El mundo abajo. Yo abajo. Y nada arriba. Sólo estrellas muertas o camino a eso. Son luces del pasado. Camino a desvanecerse.
Con todo estoy dispuesto a chocar. Que el golpe sea duro, para mi resolución, tímida, de las cosas. Podría ser un experto de haber leído. Toco de oído. Tengo suerte a veces. No siempre. La mayoría del tiempo pierdo. No sé ser de otro modo. El momento inoportuno, ahí donde los dones caen y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Los hombres buscan su ajuste de cuentas. Quieren el dulce sin probar antes el gusto de mi nefasto. El sabor a gloria perdida. Una heladería del fracaso permanente. Figuras nocivas del siglo XX suplican por un recuerdo en la estampa. Culto a la palabra. Culto al régimen de las semejanzas. Seremos igual a nada o no seremos.

domingo, 18 de junio de 2017

Día 1122: Héroe de acción

No me vengan a culpar de lo que no hago. No soy un buen político, lo mío es la acción, como Schwarzenegger. Soy el grano en el culo del mundo, el vecino favorito. Hago cosas y me gusta. Tengo talento por el golpe. Volar inodoros, prender fuego sapos, derrocar un Gobierno, lo que venga.
Pero en mi cumpleaños nadie pregunta por mí. No saben si estoy casado o si tengo perro. No hay nadie que se acuerde de darme las gracias de nada. Soy solo esa muralla entre la vida y el aire. Me gustaría sentirme querido. Me gustaría no pensar en matarme.
Me atrevería a hacerlo si no fuera tan cagón. Mi mano tiembla cuando agarro una pastilla. Se me va un poco eso del héroe de acción. Los miro de costado y digo que era una película. Que no crean en lo que ven. Esto es así.

sábado, 17 de junio de 2017

Día 1121: Concurrencia

Un último aviso a la humanidad antes del cese definitivo. El corazón tiene una vida útil. Se agota, es una pila. Sin nafta. Y nada siente, salvo el paro cardiorrespiratorio. Todo perdemos con tal de vivir un poco. Cada gota evaporada, todo sudor mal conducido. No sé, no me lo pregunten a mí. El otro es el genio.
Yo fui a la dirección que me indicaron. Pedí el ramo de flores y ofrecí las condolencias. Abusé de la palabra, moví la montaña de lugar y me hicieron responsable. Tuve la premura de una llamada. Maté por nada.
Caí al velorio, con esas flores podridas. Fui a patear el cajón, a hacer lo que otro no se anima. A tener sexo con el cadáver si es necesario. Valdría una fortuna si me grabaran, y ese amor snuff de la vida, caramelo duro de la deep web. No soy natural. Ya perdí el derecho de serlo. Vengan a cortarme, la carne espera.

viernes, 16 de junio de 2017

Día 1120: Trayecto

Verás el pasaje hacia donde se conducen todas las almas. Con el ímpetu de arrojar fuera de la barca a Caronte. Tomar las riendas de lo que sea que haya de vida, al otro lado, un rincón desperdiciado, con algo de estiércol como para alimentar el viaje. Hay un costo y un soborno, un regalo, una propina. El sobre debajo de la mesa, una servilleta cavallista.
Para descubrir el mundo se necesita ojos, lo que sean, propios, ajenos, ojos. Un par de córneas capaces de atravesar la luz con el prisma de uno o más colores. Cocinar con precisión los elementos puede ser un asunto de vida o muerte si de guerra se trata. Los años pasan, el hambre no. Esa inanición espiritual que marchita el espíritu es el mal de la naciones. Lo que a mi no me importa.
Por que desde arriba se sienten los sonidos. Amplificados. Melodías de infinitos coros hacen llorar los oídos. Y no, de la malaria del mundo nadie se salva. El estrecho inmunizado, cólera para las masas, de enfermedades y otras cosas más, de eso va la historia.

jueves, 15 de junio de 2017

Día 1119: El nudo definitivo

Resistir el embate de los sueños, con soltura. Entereza para que nadie diga que no supe hacerlo. Me entusiasmé con los nudos, lo sé. Al poco tiempo me convertí en un fanático. Resistir. Que la soga aguante el peso. Nudo corredizo. El fin de los tiempos, muñeca con sangre. Si somos necesarios que no se note.
Van a inventarme otra película. Que consigan un director de clase Z. Que los efectos especiales disparen serpentinas de los pechos turgentes de una rubia teñida. Seamos pioneros de nuestros tiempos. Sexo y dolor, esperma y canto rodado. No se note la miseria. Que la mueca sea el monumento eterno del autor, más endiablado que el bronce. Que la dominatriz con Alzheimer olvide la palabra clave. Que el salto al vacío sea sin redes de seguridad.
No vi la trama venir, me cayó todo encima, papeles, bronca y viruta. Un pandemonio de aserrín para nuestra pobreza. Que el trago de alcohol etílico nos sea leve. Noticia sin novedad el curso de nuestros corazones. Allá, donde la horca es de acero. Donde el mar grita nombres y devora silencios. Allá, lejos, cerca, en el tiempo y el olvido de lo mismo da. Y mi alma atrevida de anudador profesional se anima a lo que sea mientras sea, el nudo definitivo.

miércoles, 14 de junio de 2017

Día 1118: Mística nazi

No le vi la cara al precipicio, no tuve ese gusto. Fuimos buenos amigos hasta la guerra del 48. Nos juntaron en una trinchera, y pedimos por la salud de nuestros padres para que venga el tiempo mejor. No le creí, fui iluso hasta que me abandonaron en la cuna. Debí intuir que el brillo era falso. El paraguas quedó abierto y me lo olvidé, fue en el 68, cuando todos los estudiantes salieron a la calle. Después vino el hombre a la luna, y lo mataron a Lennon, y envejecí, y mi mirada se volvió grisácea. Creo que morí, dos o tres veces.
Después salí despedido como a través de un túnel, y me contaron todas las mentiras del new age al ritmo de Alphaville. Estuve en la sala de espera muchos siglos, conocí a Hitler y lo saludé con la mano. Parecía un buen hombre. No confesó sus crímenes. No los veía como tal. Miré una revista y lo ignoré. Volví a la Tierra con la memoria borrada. Me dijeron que el karma no existe, que la rueda de las vidas pasadas es todo una mentira. Siempre fui yo.
Otro momento me condujo al fin del mundo. El universo tragado por una profusión de pulsos electromagnéticos, el borde del agujero negro madre. La visión de nuestras colas. Me quise dar un empujón, pero supe que no lo recordaría. Tragué la saliva y me dije hasta acá llegué. Saluden a Hitler de mi parte, no tuvimos el gusto de ser amigos, por suerte.

martes, 13 de junio de 2017

Día 1117: Las leyes del amor

Con un resorte en el culo vamos a aprender nuevas reglas. Porque el progreso nunca se detiene. Ya conocen el dicho, mejor callarlo y sumarse al club del secreto. Alguna vez supimos ser estrellas en el firmamento. Polvo de estrellas porno. Polvo. Tierra. Sucio. Y otras tantas artimañas. No le pregunten al tonto si tonto queda. 
Puedo ser un arsenal de palabras en el momento justo. Vencer en una contienda de hip hop si me encuentro en un apuro de ir al baño. A la necesidad la hicieron con un huevo adentro del cierre. A nosotros, los estúpidos, con el esperma descartado del día anterior. No voy a filosofar acerca de los orígenes. Tal vez hace seis mil años no existia nada. Tal vez sea todo culpa de los dinosaurios.
Quiero dejar a la memoria en un placard y ver si puedo cultivar recuerdos. Que hacer germinar el poroto sea el epítome de mi vida sexual. No debo mentir. No tengo que hacer enojar a Pinocho. Mi lotería me va a hacer perder la chaveta, y el corazón también.

lunes, 12 de junio de 2017

Día 1116: Ghost trail III

El hombre de las mil vidas, podrían decirle, si al menos tuviera el coraje de sentarse frente a la pantalla como es debido. Azorado por la historia, así estaba. Y nada podía sacarlo de ese estado de indefinición. Asumo que la falta de ideas llegó pronto, en el límite de la mediana edad, cuando las canas empiezan a florecer, quién sabe, esas crisis ocurren más seguido de lo que uno se imagina. Primero es la abulia, luego viene la consecuente repetición de los hechos rutinarios. Al final viene la depresión. Con suerte conseguiría pegarse un tiro, con suerte, tomarse unas cuantas pastillas. Abandonar el mundo a veces le sonaba tentador. Una idea digna de ser analizada.
La historia lo tenía loco, entendía los plazos, viernes ocho de la mañana, presentarse a la dirección asignada en el sobre con el producto finalizado. Eso, o matarse, o las dos cosas. Pensó. Los voy a engañar. Eso que llaman bluff o farol. Voy a hacer de cuenta que tengo muchas cartas de valor en la mano, cuando en realidad no tengo nada. El ilusionista, el buen ilusionista, nunca esconde las manos. El truco puede ser el mecanismo más lento del mundo y ser un engaño. No, en realidad se trata de lograr que los ojos miren para otro lado. Desviar la atención, ese era el secreto. Esa era la idea del bluff.
Los del diario pretendían un avance. Una tirada semanal, volver al viejo formato del folletín. Enganchar a esos esperpentos que no podían separar su nariz de esas pantallas con luz. Pantallas brillantes. Si tan solo pudieran acuchillarlos a todos. No lo sabía, en realidad sí, pero no eran más que ideas trilladas, nada que merezca la pena escribir. A decir verdad su bloqueo no avanzaba más allá de la hoja veinticuatro. Los personajes estaban presentados, incluso el problema estaba ahí, sentado, a la espera de una solución. Pero la cosa no avanzaba. Tendría que matar a uno.
Dos hombres, una mujer, el clásico ménage à trois. Estaba cagado, ¿cómo quitarle una pata a un triángulo sin que se caiga todo a la mierda. Si asesinaba a cualquiera, asesinaba la historia, la puta historia, muerta, estéril desde el mismo puto inicio. Tendría que hacer otro borrón, otra cuenta nueva. La decimoséptima, o vaya a saber qué cuenta. No. Esa era la historia. No había más tiempo de mentir.
Optaría por una estrategia relámpago. Modo perros de la calle. A la mierda París. Un galpón abandonado a la mitad de la nada. Tres personajes, dos vivos, uno muerto. No importa el que sea, la dinámica está en un amor que va y viene, de todas partes, y como sea. De lo vivo a lo muerto, de lo muerto a lo vivo. Jugaría con la necrofilia a más no poder. O esa película del jefe muerto de vacaciones. Lo estiraría un poco y vemos lo que pasa. Ya está. Es todo. Fin de la línea. Nada mal para un escritor muerto.

domingo, 11 de junio de 2017

Día 1115: Carrera

Debería arrasar con la poca vida que me queda, a casi mitad de camino, a casi mitad del tanque. Tendría que soplarle más cosas al viento. Agradecido puede ser una palabra. Otras también. Todo puede ser una palabra. Y nadie tiene la última. No sé. Divago. El muerto me susurra secretos de allá abajo. Entiendo esa necesidad de morir. A veces.
Me suelo quedar corto en la respiración. El oxígeno suficiente que hace de nuestro mundo un algo habitable. Debería pedir perdón por ser tan poco. Podría quedarme mojado por la lluvia y decir que es una postura. Quiero ser obvio y reinventarme en el intento. No voy a decir más nada.
O sí, puedo engañarme con la mejor droga, estirar el minuto a minuto con un poco de cáncer. Tendría que dejarme abrazar. Que atrapen al conejo y lo hagan guiso. Nadie corre tan rápido. Ya no.

sábado, 10 de junio de 2017

Día 1114: Vigilancia

¿Y ahora que voy a hacer con este frío? Nace desde la corteza del árbol y termina en la ventana desde dónde el mundo me observa. Estoy en vigilancia permanente, así es mi libertad. Me muevo en el invierno, entre las olas blancas de la nieve, abrí mis chances al congelamiento porque soy realista.
No puedo ser suficiente, debo abastecerme, llenar la heladera, comprar remedios, limpiar el fregadero. Adentro de mi cuerpo pasan cosas que no quiero nombrar. El bullicio me enfoca. Tengo los pies de la nueva era. Poderosos, bromistas, únicos. El giro lo doy y no me pierdo.
Abriré la puerta y dejaré entrar al calor, el peligro es una sensación y a veces hay entender los riesgos. Podré derretirme, ser el cubo de hielo devenido en agua, y ser lo correcto. Lo que es. Y no importa el condicionamiento. Las cosas suceden y el mundo observa.

viernes, 9 de junio de 2017

Día 1113: Aparecidos

Soy la razón porque nadie pregunta por mí. La razón última. El odio demostrado. Esa escalera de oro donde los muertos pagan y el sueño despierta. No vean más allá. No se encuentra el futuro entre nosotros. El fin es negro. El espíritu de otros tiempos pudre nuestras venas. Fui la solución al problema que nadie se preguntó. Vean, teatro de variedades.
Hombre o ratón los dos seremos. Maldice el disidente, no debe parecer tranquilo. En la furia nos encontramos, el regalo del enojo. Me puedo ver del revés, negro, odioso, la noche que cae sobre mí con fuerza y el eje conspicuo de mi propia catástrofe. 
Finalizaré mi programa, seré el hombre que desean de mí, muerto, apagado. Ultrajen mi cadáver y filmen la secuela snuff del tiempo perdido. No firmen nada aún. Van a venir, lo sé. 

jueves, 8 de junio de 2017

Día 1112: Hodor

José tenía un oído asombroso. Era capaz de reconocer una banda de folk pop de Nepal en microsegundos. Más rápido que Shazam. Nadie parecía hacer mella en su sapiencia musical. Sus oídos se conectaban al mundo y así le venían las respuesta, una conexión mística, tal vez, magia, por ahí. No importa, el caso es que José dedicaba mucho tiempo a explotar su cualidad auditiva. Todo el tiempo. No paraba un puto segundo. Era insoportable. A sus amigos los volvía locos. La mayoría se cansaba de él en menos de una semana. Las mujeres se le alejaban. Ni siquiera el más melómano podía aguantarle el tranco. Empezaba con sus bandas estonias y ese grupo de tambores de Etiopía que alguna vez intentó grabar un tema y no pudo porque uno de los músicos se descompuso en la sala de ensayos. También estaba esa historia del saxofonista ruso que grabó un disco solo con sonidos de su boca. Curioso. Como todo lo que salía de los labios de José. Nadie lo soportaba.
Era el alivio más grande del universo cuando se callaba, algo que casi no ocurría, porque en sueños solía mencionar bandas de black metal esquimal. Se despertaba con una melodía que en teoría Beethoven tachó de una famosa sinfonía porque le parecía que era  un motivo aburrido, que se repite. Y lo tachó, para que más de doscientos años después José lo recordara. Y es curioso, como todo lo que viene de José, que en su entera vida tocó un solo instrumento. José no tenía ritmo, cantaba para el diablo y una vez se le cortó una cuerda de la guitarra y casi le arranca un ojo. Le quedó una cicatriz a la altura del pómulo derecho, de por vida. Recuerda que has de ser, nunca un músico. Quizás de ahí vino su locura, de un frustrado por la vida, o no, capaz sí era algo mágico, o una inteligencia superior, quién sabe. Lo único cierto en esta historia es el hecho de la insoportable insoportabilidad de José. Nadie, pero nadie lo soportaba, ni siquiera su querida madre, que no se animaba a contar el porqué de su sordera. La edad, no, un accidente, tampoco. Bueno, sí un accidente, tal vez, autoinflingido. Las agujas de coser atravesaron los tímpanos de la madre de José una y otra vez, pero eso no le contó a su hijo, porque las madres, así de insoportables y todo, a sus hijos los quieren. Aunque sea José.
Un grupo de personas, cansado de esta situación, se juntó para solucionar a José.  Lo soportaban un poco más y algo lo querían, si dejaban de lado la monotemacidad y esa historia del cimbalista filipino que una vez se compró un gato y le enseñó a maullar los primeros tres acordes de un tema de Rush. Lo querían un poco, así que decidieron curar al veneno con su propio veneno. La trampa fue una cena. Uno de los casi amigos se apartó de la mesa con la excusa de poner algo de música. José hizo una sugerencia que fue desatendida, por supuesto. Y la melodía sonó. Un coro de pedos. Una sucesión disonante de pedos, uno tras otro, sin pausas. José pensó, lo conozco de algún lado, me suena, pero no, la duda, la maldita duda. Había controlado a la criatura del portal con ferocidad. Era un guardián aplicado. Hablar de música, por más estúpido que a José le resultaba, la calmaba. La criatura detestaba la sabiduría musical. Ya va a caer. La duda. La oportunidad. Tomó el mando y organizó los cubiertos. Hoy comería carne.

miércoles, 7 de junio de 2017

Día 1111: Ano

Joder con la estructura, el cuerpo no aguanta. Los misterios del universo quieren encontrarnos desprevenidos para hacernos pagar el precio por la cola. El precio por la cola. Introducir los centímetros de virtuosismo por la retaguardia y esperar que el dolor trastoque en una especie de placer diferente al ay me están rompiendo el culo. Que no sea una alegoría al sexo anal. Mejor que no sea nada, y si es, que vengan de a uno, por atrás. Ese orto fue diseñado por Pininfarina, lo juro. Culo aerodinámico. Una flor despachurrada.
Y que no venga la sorpresa, indebida, marrón, con la consistencia de un perfume malhabido, una odisea de plastilina hedionda. Marrón el destino de quién aprieta el botón incorrecto, hilos de la existencia insertados derecho a la kundalini. Sucio, limpio y rugoso, beso de poder oscuro, alineación de todas las bacterias de Dios. Alud anal, fisura en los sentidos, hemorroide psicológica. Orto ajeno, contextura de nuestra carne, alabado sea el agujero. 

Día 1110: Vía de escape

El sobre va por arriba, manos en alto. Hay que dejar que los misterios se resuelvan solos. A la gente se la lleva el agua. Es inercia o erosión, inercia o erosión. A veces se trata de poder destapar el conducto. Y somos esa atorada medicina que busca salir por algún orificio.
Doblamos en una calle conocida para que nos sigan el rastro. Queremos en la enfermedad sentirnos amados. En los abrazos distantes de la paranoia queremos ser. Morimos sin reflejo, la vida del que tonto espera. El deporte de los abusivos, jugar con la calma perdida. El brillo lo perdemos a cada rato y nadie va a recuperarlo. 

martes, 6 de junio de 2017

Día 1109: En baja

Vidas tiradas al cansancio. Poco elegante. La ruina. Dejar estar. Y el horno que se queda sin bollos. No más frases cursis. No más finales inesperados. Un cuello torcido. Una esperanza que no se cansa de fallar. No voy a tomar medidas restrictivas. El corazón aparte. Estoy dolido de tanto polvo. Con esa cadera rota no vas a aguantar, me dicen, es la desgracia de Tiresias, que ciego contra el mundo libra una batalla contra el ver demasiado. 
Mi cielo pintado de novocaína busca el dolor, quiere la calma. Quebrado desde el nacimiento. Vivir es una foto a medias. Fuera mundo, atrás el mirar de soslayo a quien lo requiera. No volveré a ser igual. No tendré la misma luz, la misma carga de oscuridad. Volver a pasearme en los rincones olvidados de mi persona. Descubrir lo viejo, lo que ya estuvo una vez. Lo maldito.
Abriré la ventana, porque es lo que resta. Lo que hay. No ver amanecer la casualidad. El ojo oculto, putrefacto, del viejo garante de lo inesperado. No veo venir más que lo obvio. Las horas cansadas. El muerto cansado de tanto cansancio. Brazos en bajo. Brazos en bajo. Y alma al poniente. 

lunes, 5 de junio de 2017

Día 1108: Juramento solar

Vimos el sol por última vez en la vida, un resplandor normando cayó sobre nuestros hombros. El más alto de la tribu señaló el viento oeste. Allá vienen los del norte, nos señalaban. Estúpidos. Moriría por sus cráneos. Avanzar en el frío, si nacimos dentro de un puto cubo de hielo. Nadie entiende el placer de cortar una cabeza a la altura del cuello hasta que lo realiza. No quiero pensar en estratos muy superiores, para eso está Odin. O lo que sea. Nuestro negocio es la pelea.
Fuimos adelante de nuestra especie, como todo hombre elegido para la tarea. Y el que no, puede morir, como tantos compañeros de viaje. No me importa. Rodamos hacia nuevos tiempos, pero nos quedamos en lo que viene en la sangre. El regocijo de una victoria. Nada más. Pueden jurar al sol que esto va a ser algo más.

viernes, 2 de junio de 2017

Día 1107: Diagnóstico

El hombre deficiente no sufre tanto. Quiere que le vendan una jubilación barata, para explotar a sus nietos en las minas de carbón y vender sus riñones al precio del dólar. El hombre deficiente dice que no es para tanto. Gasta su herencia en pastillas y no se cansa tanto así. Al fin del día el hombre deficiente tiene una esperanza, pero pequeña, domina la casa con las uñas, uñas de serpiente. Vean que la noche cae, y el hombre deficiente se observa en el espejo con la predilección del especialista. Dirá, voy a hacer una autopsia con mi cuerpo, por amor al placer del arte. Hundan las narices en el formol y vuelen junto con sus sueños, para despellejar los corazones de aquellos hombres deficientes que pululan por la Tierra, que dicen cosas de hombre grande, para parecer señores con plata, señores con cuña, señores con amigos, señores con señoras, señores de grandes reinos. Hagan que parezca todo normal, para el hombre deficiente lo es. Y así el telón del mundo nos abandona, que se cae y cae, por siempre siempre y jamás.

Día 1106: Bufonada

Me corté la piel para llegar a un lugar feliz. El mundo me lastimó y me hice cuero para resistir el embate. No creo en la agonía del valiente, de la suerte del que sobrevive o el que juega en la ambivalencia del espacio. Debí advertirles que iba a quebrar. Soy como un hocico que no pregunta, huele y avanza. Que poco el regocijo con nuestras semillas tiembla.
No diré frases obvias aunque tantas se escapen, el precio de una mente que no se detiene. Y el fin de lo que no, esa línea invisible que la ambición choca. Insistencia desmedida. Fui un poco neurótico, algo, suficiente para el epitafio. Que lo hagan de galletita y se coman mi cadáver. Esa fiesta a la que pocos invitan. Afortunados del silencio.
Brillaré aunque me corten la luz, aunque no tenga grupo electrógeno. Seré esa luz de emergencia, china, que se prende en los pasillos cuando alguien hace saltar la térmica con el calentador del mate. Iluminaciones será mi motivo y toda la oscuridad que me rodea el negocio. Montaré una República y que explote todo si me divierto.

jueves, 1 de junio de 2017

Día 1105: Quiero ser Bill Murray

Una sola vida me tocó, yo quiero tener veinte mil, como los gatos. Morirme en loop como en esa pelicula de Bill Murray y la marmota. Quiero ser Bill Murray, quiero esa cara de contingencia mientras me pasa por arriba un tiranosaurio rex. Quiero inventar un mundo adecuado donde pueda vivir sin hacerme tantas preguntas idiotas. Un mundo en el que pueda dejar de depender de mí mismo. Quiero tener la suma máxima de todos los males bajo la alfombra y que no se escape nada. Quiero ser un buen tirano, como Pisístrato. Quiero ser algo digno de ser recordado. Un buen retrato, tal vez. Quiero ser alguien digno de ser recordado como Bill Murray. Quiero ser Bill Murray y no me importa que me asesinen en una película pedorra. Quiero mirar a Scarlett Johansson a los ojos con esa misma cara de nada y decirle todo. Quiero putear al mundo como si nada me importara. Como si nada le importara a Bill Murray. No quiero ser Joe Pesci. No quiero tratar con los dioses de George Carlin. Quiero tener mi pedazo de mundo sin importarme lo grosero que algunos pueden tomar de la palabra, de pensar en Juanse y esas cosas que hace cuando toca una guitarra, cuando toca. Yo quiero ser Bill Murray. Que mi mundo de Bill Murray sea más etéreo y menos flashero que el de Malkovich. No quiero ser John Malkovich, no gracias. Quiero la droga barata, de a muchas dosis, si es posible. Una piedra grande como un meteorito. Una línea que compita con la cordillera de los Andes. Quiero ser Bill Murray. Quiero ganar un Oscar y tirarlo al tacho de basura. Quiero un mundo redondo, donde Colón tenga razón. Quiero que la basura de Bill Murray la pasen a buscar los martes. Quiero que mi mundo acabe. Quiero que mi mente acabe. Quiero ser Bill Murray.

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