miércoles, 21 de junio de 2017

Día 1125: 43

Dirán que en los espejos no nos reflejamos, que los vampiros ya clavaron su estaca sobre nuestros corazones. Tantas cosas pueden afirmar sin decir verdad. Perseguir borracho a la soledad, sin más intenciones que la injurio de la hormona. Culpen a nuestras lágrimas. Culpen a la risa. Culpen al no sentido. Es la rueda. Lo que va, lo que viene. Un anticipo del pasado.
Algo recaba en la memoria, un circuito bloqueado. Las cosas que en silencio nos decimos. Por motivos poco sinceros no nos parecemos. Fuimos contrincantes en la desesperación, de los muchos pedazos de binomios echados a perder. No seremos los responsables de cagar el estofado.
Noticias de otro mundo, tirar abajo el buque. Podemos anunciar la venta de un paraíso venido a menos, para el que no tenga billetera. Algo fácil de acceder. Algo que no sea la muerte. Un pasaje barato al fin del universo. No desesperar, el pánico está acá. 

martes, 20 de junio de 2017

Día 1124: Los castigos

Alivio en el día para la muerte que nos espera. Un colectivo que no llega, un abrazo que se demoró y esa caricia prohibida que pregunta cosas terroristas. Somos en el sexo esclavos y los atajos de la seducción en una suerte mejor, lo que libera. No seré el pedante, el inquisidor, para preguntar con recelo obvio cómo hay que cortar la torta. Lo que desespera es el brillo del atributo.
En los cuadernos hay un dejo de verdad, una pizca de la insolencia. Un hierro aún candente. El escorpión que aún pica sin preguntar por qué. Los nativos del mundo van de acuerdo a lo que se espera de ellos. Caminos rotos, palabras quebradas.
Van a descongestionar el tráfico y voy a estar en el medio, con los nervios de mis antepasados arriba. Que descongelen el cadáver y caiga encima mío la policía. No diré nada. Nada. Que vengan con sus picanas. Existo. No será fácil.

lunes, 19 de junio de 2017

Día 1123: Falacia

Me doy vergüenza. Señalo mis partes impúdicas con poca facilidad. Vamos a salir del placer figurativo de las sombras. Para que pregunten, es suelo seguro. No quiero despegar, con el miedo que se venga el avión abajo. El mundo abajo. Yo abajo. Y nada arriba. Sólo estrellas muertas o camino a eso. Son luces del pasado. Camino a desvanecerse.
Con todo estoy dispuesto a chocar. Que el golpe sea duro, para mi resolución, tímida, de las cosas. Podría ser un experto de haber leído. Toco de oído. Tengo suerte a veces. No siempre. La mayoría del tiempo pierdo. No sé ser de otro modo. El momento inoportuno, ahí donde los dones caen y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Los hombres buscan su ajuste de cuentas. Quieren el dulce sin probar antes el gusto de mi nefasto. El sabor a gloria perdida. Una heladería del fracaso permanente. Figuras nocivas del siglo XX suplican por un recuerdo en la estampa. Culto a la palabra. Culto al régimen de las semejanzas. Seremos igual a nada o no seremos.

domingo, 18 de junio de 2017

Día 1122: Héroe de acción

No me vengan a culpar de lo que no hago. No soy un buen político, lo mío es la acción, como Schwarzenegger. Soy el grano en el culo del mundo, el vecino favorito. Hago cosas y me gusta. Tengo talento por el golpe. Volar inodoros, prender fuego sapos, derrocar un Gobierno, lo que venga.
Pero en mi cumpleaños nadie pregunta por mí. No saben si estoy casado o si tengo perro. No hay nadie que se acuerde de darme las gracias de nada. Soy solo esa muralla entre la vida y el aire. Me gustaría sentirme querido. Me gustaría no pensar en matarme.
Me atrevería a hacerlo si no fuera tan cagón. Mi mano tiembla cuando agarro una pastilla. Se me va un poco eso del héroe de acción. Los miro de costado y digo que era una película. Que no crean en lo que ven. Esto es así.

sábado, 17 de junio de 2017

Día 1121: Concurrencia

Un último aviso a la humanidad antes del cese definitivo. El corazón tiene una vida útil. Se agota, es una pila. Sin nafta. Y nada siente, salvo el paro cardiorrespiratorio. Todo perdemos con tal de vivir un poco. Cada gota evaporada, todo sudor mal conducido. No sé, no me lo pregunten a mí. El otro es el genio.
Yo fui a la dirección que me indicaron. Pedí el ramo de flores y ofrecí las condolencias. Abusé de la palabra, moví la montaña de lugar y me hicieron responsable. Tuve la premura de una llamada. Maté por nada.
Caí al velorio, con esas flores podridas. Fui a patear el cajón, a hacer lo que otro no se anima. A tener sexo con el cadáver si es necesario. Valdría una fortuna si me grabaran, y ese amor snuff de la vida, caramelo duro de la deep web. No soy natural. Ya perdí el derecho de serlo. Vengan a cortarme, la carne espera.

viernes, 16 de junio de 2017

Día 1120: Trayecto

Verás el pasaje hacia donde se conducen todas las almas. Con el ímpetu de arrojar fuera de la barca a Caronte. Tomar las riendas de lo que sea que haya de vida, al otro lado, un rincón desperdiciado, con algo de estiércol como para alimentar el viaje. Hay un costo y un soborno, un regalo, una propina. El sobre debajo de la mesa, una servilleta cavallista.
Para descubrir el mundo se necesita ojos, lo que sean, propios, ajenos, ojos. Un par de córneas capaces de atravesar la luz con el prisma de uno o más colores. Cocinar con precisión los elementos puede ser un asunto de vida o muerte si de guerra se trata. Los años pasan, el hambre no. Esa inanición espiritual que marchita el espíritu es el mal de la naciones. Lo que a mi no me importa.
Por que desde arriba se sienten los sonidos. Amplificados. Melodías de infinitos coros hacen llorar los oídos. Y no, de la malaria del mundo nadie se salva. El estrecho inmunizado, cólera para las masas, de enfermedades y otras cosas más, de eso va la historia.

jueves, 15 de junio de 2017

Día 1119: El nudo definitivo

Resistir el embate de los sueños, con soltura. Entereza para que nadie diga que no supe hacerlo. Me entusiasmé con los nudos, lo sé. Al poco tiempo me convertí en un fanático. Resistir. Que la soga aguante el peso. Nudo corredizo. El fin de los tiempos, muñeca con sangre. Si somos necesarios que no se note.
Van a inventarme otra película. Que consigan un director de clase Z. Que los efectos especiales disparen serpentinas de los pechos turgentes de una rubia teñida. Seamos pioneros de nuestros tiempos. Sexo y dolor, esperma y canto rodado. No se note la miseria. Que la mueca sea el monumento eterno del autor, más endiablado que el bronce. Que la dominatriz con Alzheimer olvide la palabra clave. Que el salto al vacío sea sin redes de seguridad.
No vi la trama venir, me cayó todo encima, papeles, bronca y viruta. Un pandemonio de aserrín para nuestra pobreza. Que el trago de alcohol etílico nos sea leve. Noticia sin novedad el curso de nuestros corazones. Allá, donde la horca es de acero. Donde el mar grita nombres y devora silencios. Allá, lejos, cerca, en el tiempo y el olvido de lo mismo da. Y mi alma atrevida de anudador profesional se anima a lo que sea mientras sea, el nudo definitivo.

miércoles, 14 de junio de 2017

Día 1118: Mística nazi

No le vi la cara al precipicio, no tuve ese gusto. Fuimos buenos amigos hasta la guerra del 48. Nos juntaron en una trinchera, y pedimos por la salud de nuestros padres para que venga el tiempo mejor. No le creí, fui iluso hasta que me abandonaron en la cuna. Debí intuir que el brillo era falso. El paraguas quedó abierto y me lo olvidé, fue en el 68, cuando todos los estudiantes salieron a la calle. Después vino el hombre a la luna, y lo mataron a Lennon, y envejecí, y mi mirada se volvió grisácea. Creo que morí, dos o tres veces.
Después salí despedido como a través de un túnel, y me contaron todas las mentiras del new age al ritmo de Alphaville. Estuve en la sala de espera muchos siglos, conocí a Hitler y lo saludé con la mano. Parecía un buen hombre. No confesó sus crímenes. No los veía como tal. Miré una revista y lo ignoré. Volví a la Tierra con la memoria borrada. Me dijeron que el karma no existe, que la rueda de las vidas pasadas es todo una mentira. Siempre fui yo.
Otro momento me condujo al fin del mundo. El universo tragado por una profusión de pulsos electromagnéticos, el borde del agujero negro madre. La visión de nuestras colas. Me quise dar un empujón, pero supe que no lo recordaría. Tragué la saliva y me dije hasta acá llegué. Saluden a Hitler de mi parte, no tuvimos el gusto de ser amigos, por suerte.

martes, 13 de junio de 2017

Día 1117: Las leyes del amor

Con un resorte en el culo vamos a aprender nuevas reglas. Porque el progreso nunca se detiene. Ya conocen el dicho, mejor callarlo y sumarse al club del secreto. Alguna vez supimos ser estrellas en el firmamento. Polvo de estrellas porno. Polvo. Tierra. Sucio. Y otras tantas artimañas. No le pregunten al tonto si tonto queda. 
Puedo ser un arsenal de palabras en el momento justo. Vencer en una contienda de hip hop si me encuentro en un apuro de ir al baño. A la necesidad la hicieron con un huevo adentro del cierre. A nosotros, los estúpidos, con el esperma descartado del día anterior. No voy a filosofar acerca de los orígenes. Tal vez hace seis mil años no existia nada. Tal vez sea todo culpa de los dinosaurios.
Quiero dejar a la memoria en un placard y ver si puedo cultivar recuerdos. Que hacer germinar el poroto sea el epítome de mi vida sexual. No debo mentir. No tengo que hacer enojar a Pinocho. Mi lotería me va a hacer perder la chaveta, y el corazón también.

lunes, 12 de junio de 2017

Día 1116: Ghost trail III

El hombre de las mil vidas, podrían decirle, si al menos tuviera el coraje de sentarse frente a la pantalla como es debido. Azorado por la historia, así estaba. Y nada podía sacarlo de ese estado de indefinición. Asumo que la falta de ideas llegó pronto, en el límite de la mediana edad, cuando las canas empiezan a florecer, quién sabe, esas crisis ocurren más seguido de lo que uno se imagina. Primero es la abulia, luego viene la consecuente repetición de los hechos rutinarios. Al final viene la depresión. Con suerte conseguiría pegarse un tiro, con suerte, tomarse unas cuantas pastillas. Abandonar el mundo a veces le sonaba tentador. Una idea digna de ser analizada.
La historia lo tenía loco, entendía los plazos, viernes ocho de la mañana, presentarse a la dirección asignada en el sobre con el producto finalizado. Eso, o matarse, o las dos cosas. Pensó. Los voy a engañar. Eso que llaman bluff o farol. Voy a hacer de cuenta que tengo muchas cartas de valor en la mano, cuando en realidad no tengo nada. El ilusionista, el buen ilusionista, nunca esconde las manos. El truco puede ser el mecanismo más lento del mundo y ser un engaño. No, en realidad se trata de lograr que los ojos miren para otro lado. Desviar la atención, ese era el secreto. Esa era la idea del bluff.
Los del diario pretendían un avance. Una tirada semanal, volver al viejo formato del folletín. Enganchar a esos esperpentos que no podían separar su nariz de esas pantallas con luz. Pantallas brillantes. Si tan solo pudieran acuchillarlos a todos. No lo sabía, en realidad sí, pero no eran más que ideas trilladas, nada que merezca la pena escribir. A decir verdad su bloqueo no avanzaba más allá de la hoja veinticuatro. Los personajes estaban presentados, incluso el problema estaba ahí, sentado, a la espera de una solución. Pero la cosa no avanzaba. Tendría que matar a uno.
Dos hombres, una mujer, el clásico ménage à trois. Estaba cagado, ¿cómo quitarle una pata a un triángulo sin que se caiga todo a la mierda. Si asesinaba a cualquiera, asesinaba la historia, la puta historia, muerta, estéril desde el mismo puto inicio. Tendría que hacer otro borrón, otra cuenta nueva. La decimoséptima, o vaya a saber qué cuenta. No. Esa era la historia. No había más tiempo de mentir.
Optaría por una estrategia relámpago. Modo perros de la calle. A la mierda París. Un galpón abandonado a la mitad de la nada. Tres personajes, dos vivos, uno muerto. No importa el que sea, la dinámica está en un amor que va y viene, de todas partes, y como sea. De lo vivo a lo muerto, de lo muerto a lo vivo. Jugaría con la necrofilia a más no poder. O esa película del jefe muerto de vacaciones. Lo estiraría un poco y vemos lo que pasa. Ya está. Es todo. Fin de la línea. Nada mal para un escritor muerto.

domingo, 11 de junio de 2017

Día 1115: Carrera

Debería arrasar con la poca vida que me queda, a casi mitad de camino, a casi mitad del tanque. Tendría que soplarle más cosas al viento. Agradecido puede ser una palabra. Otras también. Todo puede ser una palabra. Y nadie tiene la última. No sé. Divago. El muerto me susurra secretos de allá abajo. Entiendo esa necesidad de morir. A veces.
Me suelo quedar corto en la respiración. El oxígeno suficiente que hace de nuestro mundo un algo habitable. Debería pedir perdón por ser tan poco. Podría quedarme mojado por la lluvia y decir que es una postura. Quiero ser obvio y reinventarme en el intento. No voy a decir más nada.
O sí, puedo engañarme con la mejor droga, estirar el minuto a minuto con un poco de cáncer. Tendría que dejarme abrazar. Que atrapen al conejo y lo hagan guiso. Nadie corre tan rápido. Ya no.

sábado, 10 de junio de 2017

Día 1114: Vigilancia

¿Y ahora que voy a hacer con este frío? Nace desde la corteza del árbol y termina en la ventana desde dónde el mundo me observa. Estoy en vigilancia permanente, así es mi libertad. Me muevo en el invierno, entre las olas blancas de la nieve, abrí mis chances al congelamiento porque soy realista.
No puedo ser suficiente, debo abastecerme, llenar la heladera, comprar remedios, limpiar el fregadero. Adentro de mi cuerpo pasan cosas que no quiero nombrar. El bullicio me enfoca. Tengo los pies de la nueva era. Poderosos, bromistas, únicos. El giro lo doy y no me pierdo.
Abriré la puerta y dejaré entrar al calor, el peligro es una sensación y a veces hay entender los riesgos. Podré derretirme, ser el cubo de hielo devenido en agua, y ser lo correcto. Lo que es. Y no importa el condicionamiento. Las cosas suceden y el mundo observa.

viernes, 9 de junio de 2017

Día 1113: Aparecidos

Soy la razón porque nadie pregunta por mí. La razón última. El odio demostrado. Esa escalera de oro donde los muertos pagan y el sueño despierta. No vean más allá. No se encuentra el futuro entre nosotros. El fin es negro. El espíritu de otros tiempos pudre nuestras venas. Fui la solución al problema que nadie se preguntó. Vean, teatro de variedades.
Hombre o ratón los dos seremos. Maldice el disidente, no debe parecer tranquilo. En la furia nos encontramos, el regalo del enojo. Me puedo ver del revés, negro, odioso, la noche que cae sobre mí con fuerza y el eje conspicuo de mi propia catástrofe. 
Finalizaré mi programa, seré el hombre que desean de mí, muerto, apagado. Ultrajen mi cadáver y filmen la secuela snuff del tiempo perdido. No firmen nada aún. Van a venir, lo sé. 

jueves, 8 de junio de 2017

Día 1112: Hodor

José tenía un oído asombroso. Era capaz de reconocer una banda de folk pop de Nepal en microsegundos. Más rápido que Shazam. Nadie parecía hacer mella en su sapiencia musical. Sus oídos se conectaban al mundo y así le venían las respuesta, una conexión mística, tal vez, magia, por ahí. No importa, el caso es que José dedicaba mucho tiempo a explotar su cualidad auditiva. Todo el tiempo. No paraba un puto segundo. Era insoportable. A sus amigos los volvía locos. La mayoría se cansaba de él en menos de una semana. Las mujeres se le alejaban. Ni siquiera el más melómano podía aguantarle el tranco. Empezaba con sus bandas estonias y ese grupo de tambores de Etiopía que alguna vez intentó grabar un tema y no pudo porque uno de los músicos se descompuso en la sala de ensayos. También estaba esa historia del saxofonista ruso que grabó un disco solo con sonidos de su boca. Curioso. Como todo lo que salía de los labios de José. Nadie lo soportaba.
Era el alivio más grande del universo cuando se callaba, algo que casi no ocurría, porque en sueños solía mencionar bandas de black metal esquimal. Se despertaba con una melodía que en teoría Beethoven tachó de una famosa sinfonía porque le parecía que era  un motivo aburrido, que se repite. Y lo tachó, para que más de doscientos años después José lo recordara. Y es curioso, como todo lo que viene de José, que en su entera vida tocó un solo instrumento. José no tenía ritmo, cantaba para el diablo y una vez se le cortó una cuerda de la guitarra y casi le arranca un ojo. Le quedó una cicatriz a la altura del pómulo derecho, de por vida. Recuerda que has de ser, nunca un músico. Quizás de ahí vino su locura, de un frustrado por la vida, o no, capaz sí era algo mágico, o una inteligencia superior, quién sabe. Lo único cierto en esta historia es el hecho de la insoportable insoportabilidad de José. Nadie, pero nadie lo soportaba, ni siquiera su querida madre, que no se animaba a contar el porqué de su sordera. La edad, no, un accidente, tampoco. Bueno, sí un accidente, tal vez, autoinflingido. Las agujas de coser atravesaron los tímpanos de la madre de José una y otra vez, pero eso no le contó a su hijo, porque las madres, así de insoportables y todo, a sus hijos los quieren. Aunque sea José.
Un grupo de personas, cansado de esta situación, se juntó para solucionar a José.  Lo soportaban un poco más y algo lo querían, si dejaban de lado la monotemacidad y esa historia del cimbalista filipino que una vez se compró un gato y le enseñó a maullar los primeros tres acordes de un tema de Rush. Lo querían un poco, así que decidieron curar al veneno con su propio veneno. La trampa fue una cena. Uno de los casi amigos se apartó de la mesa con la excusa de poner algo de música. José hizo una sugerencia que fue desatendida, por supuesto. Y la melodía sonó. Un coro de pedos. Una sucesión disonante de pedos, uno tras otro, sin pausas. José pensó, lo conozco de algún lado, me suena, pero no, la duda, la maldita duda. Había controlado a la criatura del portal con ferocidad. Era un guardián aplicado. Hablar de música, por más estúpido que a José le resultaba, la calmaba. La criatura detestaba la sabiduría musical. Ya va a caer. La duda. La oportunidad. Tomó el mando y organizó los cubiertos. Hoy comería carne.

miércoles, 7 de junio de 2017

Día 1111: Ano

Joder con la estructura, el cuerpo no aguanta. Los misterios del universo quieren encontrarnos desprevenidos para hacernos pagar el precio por la cola. El precio por la cola. Introducir los centímetros de virtuosismo por la retaguardia y esperar que el dolor trastoque en una especie de placer diferente al ay me están rompiendo el culo. Que no sea una alegoría al sexo anal. Mejor que no sea nada, y si es, que vengan de a uno, por atrás. Ese orto fue diseñado por Pininfarina, lo juro. Culo aerodinámico. Una flor despachurrada.
Y que no venga la sorpresa, indebida, marrón, con la consistencia de un perfume malhabido, una odisea de plastilina hedionda. Marrón el destino de quién aprieta el botón incorrecto, hilos de la existencia insertados derecho a la kundalini. Sucio, limpio y rugoso, beso de poder oscuro, alineación de todas las bacterias de Dios. Alud anal, fisura en los sentidos, hemorroide psicológica. Orto ajeno, contextura de nuestra carne, alabado sea el agujero. 

Día 1110: Vía de escape

El sobre va por arriba, manos en alto. Hay que dejar que los misterios se resuelvan solos. A la gente se la lleva el agua. Es inercia o erosión, inercia o erosión. A veces se trata de poder destapar el conducto. Y somos esa atorada medicina que busca salir por algún orificio.
Doblamos en una calle conocida para que nos sigan el rastro. Queremos en la enfermedad sentirnos amados. En los abrazos distantes de la paranoia queremos ser. Morimos sin reflejo, la vida del que tonto espera. El deporte de los abusivos, jugar con la calma perdida. El brillo lo perdemos a cada rato y nadie va a recuperarlo. 

martes, 6 de junio de 2017

Día 1109: En baja

Vidas tiradas al cansancio. Poco elegante. La ruina. Dejar estar. Y el horno que se queda sin bollos. No más frases cursis. No más finales inesperados. Un cuello torcido. Una esperanza que no se cansa de fallar. No voy a tomar medidas restrictivas. El corazón aparte. Estoy dolido de tanto polvo. Con esa cadera rota no vas a aguantar, me dicen, es la desgracia de Tiresias, que ciego contra el mundo libra una batalla contra el ver demasiado. 
Mi cielo pintado de novocaína busca el dolor, quiere la calma. Quebrado desde el nacimiento. Vivir es una foto a medias. Fuera mundo, atrás el mirar de soslayo a quien lo requiera. No volveré a ser igual. No tendré la misma luz, la misma carga de oscuridad. Volver a pasearme en los rincones olvidados de mi persona. Descubrir lo viejo, lo que ya estuvo una vez. Lo maldito.
Abriré la ventana, porque es lo que resta. Lo que hay. No ver amanecer la casualidad. El ojo oculto, putrefacto, del viejo garante de lo inesperado. No veo venir más que lo obvio. Las horas cansadas. El muerto cansado de tanto cansancio. Brazos en bajo. Brazos en bajo. Y alma al poniente. 

lunes, 5 de junio de 2017

Día 1108: Juramento solar

Vimos el sol por última vez en la vida, un resplandor normando cayó sobre nuestros hombros. El más alto de la tribu señaló el viento oeste. Allá vienen los del norte, nos señalaban. Estúpidos. Moriría por sus cráneos. Avanzar en el frío, si nacimos dentro de un puto cubo de hielo. Nadie entiende el placer de cortar una cabeza a la altura del cuello hasta que lo realiza. No quiero pensar en estratos muy superiores, para eso está Odin. O lo que sea. Nuestro negocio es la pelea.
Fuimos adelante de nuestra especie, como todo hombre elegido para la tarea. Y el que no, puede morir, como tantos compañeros de viaje. No me importa. Rodamos hacia nuevos tiempos, pero nos quedamos en lo que viene en la sangre. El regocijo de una victoria. Nada más. Pueden jurar al sol que esto va a ser algo más.

viernes, 2 de junio de 2017

Día 1107: Diagnóstico

El hombre deficiente no sufre tanto. Quiere que le vendan una jubilación barata, para explotar a sus nietos en las minas de carbón y vender sus riñones al precio del dólar. El hombre deficiente dice que no es para tanto. Gasta su herencia en pastillas y no se cansa tanto así. Al fin del día el hombre deficiente tiene una esperanza, pero pequeña, domina la casa con las uñas, uñas de serpiente. Vean que la noche cae, y el hombre deficiente se observa en el espejo con la predilección del especialista. Dirá, voy a hacer una autopsia con mi cuerpo, por amor al placer del arte. Hundan las narices en el formol y vuelen junto con sus sueños, para despellejar los corazones de aquellos hombres deficientes que pululan por la Tierra, que dicen cosas de hombre grande, para parecer señores con plata, señores con cuña, señores con amigos, señores con señoras, señores de grandes reinos. Hagan que parezca todo normal, para el hombre deficiente lo es. Y así el telón del mundo nos abandona, que se cae y cae, por siempre siempre y jamás.

Día 1106: Bufonada

Me corté la piel para llegar a un lugar feliz. El mundo me lastimó y me hice cuero para resistir el embate. No creo en la agonía del valiente, de la suerte del que sobrevive o el que juega en la ambivalencia del espacio. Debí advertirles que iba a quebrar. Soy como un hocico que no pregunta, huele y avanza. Que poco el regocijo con nuestras semillas tiembla.
No diré frases obvias aunque tantas se escapen, el precio de una mente que no se detiene. Y el fin de lo que no, esa línea invisible que la ambición choca. Insistencia desmedida. Fui un poco neurótico, algo, suficiente para el epitafio. Que lo hagan de galletita y se coman mi cadáver. Esa fiesta a la que pocos invitan. Afortunados del silencio.
Brillaré aunque me corten la luz, aunque no tenga grupo electrógeno. Seré esa luz de emergencia, china, que se prende en los pasillos cuando alguien hace saltar la térmica con el calentador del mate. Iluminaciones será mi motivo y toda la oscuridad que me rodea el negocio. Montaré una República y que explote todo si me divierto.

jueves, 1 de junio de 2017

Día 1105: Quiero ser Bill Murray

Una sola vida me tocó, yo quiero tener veinte mil, como los gatos. Morirme en loop como en esa pelicula de Bill Murray y la marmota. Quiero ser Bill Murray, quiero esa cara de contingencia mientras me pasa por arriba un tiranosaurio rex. Quiero inventar un mundo adecuado donde pueda vivir sin hacerme tantas preguntas idiotas. Un mundo en el que pueda dejar de depender de mí mismo. Quiero tener la suma máxima de todos los males bajo la alfombra y que no se escape nada. Quiero ser un buen tirano, como Pisístrato. Quiero ser algo digno de ser recordado. Un buen retrato, tal vez. Quiero ser alguien digno de ser recordado como Bill Murray. Quiero ser Bill Murray y no me importa que me asesinen en una película pedorra. Quiero mirar a Scarlett Johansson a los ojos con esa misma cara de nada y decirle todo. Quiero putear al mundo como si nada me importara. Como si nada le importara a Bill Murray. No quiero ser Joe Pesci. No quiero tratar con los dioses de George Carlin. Quiero tener mi pedazo de mundo sin importarme lo grosero que algunos pueden tomar de la palabra, de pensar en Juanse y esas cosas que hace cuando toca una guitarra, cuando toca. Yo quiero ser Bill Murray. Que mi mundo de Bill Murray sea más etéreo y menos flashero que el de Malkovich. No quiero ser John Malkovich, no gracias. Quiero la droga barata, de a muchas dosis, si es posible. Una piedra grande como un meteorito. Una línea que compita con la cordillera de los Andes. Quiero ser Bill Murray. Quiero ganar un Oscar y tirarlo al tacho de basura. Quiero un mundo redondo, donde Colón tenga razón. Quiero que la basura de Bill Murray la pasen a buscar los martes. Quiero que mi mundo acabe. Quiero que mi mente acabe. Quiero ser Bill Murray.

martes, 30 de mayo de 2017

Día 1104: Testimonios del espanto

Van a decirme que no fueron, que la cagada fue de otro. Van a tirar al pirata por la borda, con todas sus pertenencias. Van a sobarle el pito. Seguro se lo van a comer. No es algo personal, dicen, reglas del negocio. En una vida no nos damos cuenta, somos tarados hasta la muerte. Daremos en la tecla rota, y nadie dijo nada.
No hay salida de emergencia, nunca entramos. Ese fue el engaño. Arrojaremos los cuerpos cansados al fuego y no se van a dar cuenta. La mente humana como chicle de conveniencia. Más lejos, hasta ahí, hasta donde se pueda aguantar. Le darán de comer el fruto podrido a los pequeños, para que crezcan fuerte en el resentimiento. Vendrán a nuestras camas para asesinarnos mientras hacemos el amor.
No nos van a enseñar a ser felices. El cuento tiene un final abrupto, el lobo se los come a todos. La niñez será arruinada por una moneda. Van a abusarse porque pueden, porque el placer se confunde y les da lo mismo. Caerán, es lo seguro.

lunes, 29 de mayo de 2017

Día 1103: Una separación

Tendrán niños hermosos y así será la vida. Tomarán el té con edulcorante y comerán una galletita húmeda que se pudre en una caja de cartón. Esconderán su amor bajo la acumulación de los días, para ser foráneos en su tierra. Inventaron un lenguaje extraño, pero eso es pasado. La cosa de la carne olvidada y esos deslices del no cariño.
A veces querrán entenderse aunque ya no quede jugo. Disipar los calores. Y se olvidan de eso, de la tarde en que se conocieron, de la noche en que desearon, de la mañana en que fueron y ese abrazo, testigo, de ellos. Y poco a poco las tierras grises, áreas en discordia.
Un tiempo mejor vendrá. Luz opaca. El manojo criterioso de penas. Los agarra desvelados, sin posibilidad de tiempos mejores. Alguien cerrará la puerta, un hijo tal vez. Extraños en un mismo cuerpo. Vanguardia, insolencia y la dejadez de las arrugas. Quebrados, pero unidos.

domingo, 28 de mayo de 2017

Día 1102: Inexistencia

Disfruto de la tranquilidad de no hacer nada. Disfruto cagar la mierda bien hecha. Un sorete a la vez. No se alarmen. Seremos más cuando el día tenga menos de lamentable. Este simulacro va a terminar con todos muertos. Es la vida misma. Tal vez. Reincidente es el caso. Vamos a ser felices con nuestros cadáveres. La carne seca, las tripas, el bazo podrido.
Los versos, lo ninguno, la suciedad. Poca persona para ser algo más. No se lamenten. La vida una termina en paro cardiorrespiratorio, morir de muerte. Ese camino es y es. Me tomarán de los muñones, en alza, un mártir para la ocasión. ¿Y cuál será la verdad?
Que cuenten algo para calmarme, para decir que fui algo bueno, cuando en realidad fui el sorete del principio. Ese maldito que busca aguijonear al que venga. No vine a ser. No vine.

sábado, 27 de mayo de 2017

Día 1101: Apatía

No sé contra qué tiempo corro, contra todos. Lo malo, lo absoluto. El coordinado espanto que me acojona los huesos. No tengo intención de ser algo más que la simple pertenencia de un coleccionista. Ya no valemos, carne despojada, un silencio incómodo nosotros frente al mundo. Nunca fuimos suficiente.
No es la desidia la que gana, es la acumulación. El instante del uno tras otro, y el nada cambia. Del igual, similar, gris, opaco y va y viene, hasta que llega a ser lo que siempre imagina. No, un igual. Qué hacer cuando el clima se imponga, cuando la catástrofe caiga sobre nuestros hombros. De la esperanza perdida nos contagiamos.
Valdríamos algo. Seríamos la fuente. El clamor de una campana descompuesta. De la suerte perdida nunca ganada. De mirar con otros ojos al estúpido asesino de nuestras palabras. La vivisección del espíritu, una coraza de ultratumba. Podría robar más tiempo, y no sé para qué.

viernes, 26 de mayo de 2017

Día 1100: La herida auto inflingida

Caí en la sinestesia consecuente, insistente, de parecerme a mi mismo. Me imprimo en una hoja de fax que se parece a un papel higiénico y soy ese fruto de la Biblia si creyese en algo sagrado. Moriría si pudiera hacerlo, si no me faltara la fuerza para atravesarme una máquina de afeitar a lo largo de la vena. Sería eso y más, el feliz insolente que se sopla los mocos. Podría ser el amigo de las mujeres, el confesor sufriente. Tal vez caería en las redes de tratas, mientras busco porno infantil en la deep web. Tal vez quiero ser ricitos de oro y comerme la sopa caliente. El frío del alma que no me da campera. Y me siento en la vereda piedra discriminar a la gente que pasa, si negro, chino o puto. Podría tomarme todas las pastillas si no fuese tan cagón de mentirme en mi propia presencia. Voy a abandonar el edificio por la puerta de atrás, mientras la sirena del incendio me tape los oídos. Voy a morir porque quiero y no sé como hacerlo. Necesito el manual de morir. El necromicón de morir. Quiero ver a Boca campeón. Quiero acordarme de las caras. Quiero tomarme todo el vino. Quiero explotar por los costados. Seré el gordo chancho hijo de puta cagador mala gente. Voy a ser la emoción perdida. El condimento. Y esa será mi muerte.

jueves, 25 de mayo de 2017

Día 1099: Amar

Ser la llamada del que espera. Son dos rincones y no hay culpables. O mejor podemos tener algo parecido al amor, y un temor insolente para abrigarnos de lo que venga. Allá afuera hay gente que se ama, que desiste de entregar el reinado de lo otrora oscuro a las fuerzas de vaya a saber que. Hay gente que ama y desea la piel. El contacto de lo querido, bien dentro, inseparable, un pegamento vital.
Allá afuera hay algo que trasciende la feromona. ¿Se lo explican? Hombres de bata se lo preguntan, quizás una flor la ciencia. Un cuerpo confundido en los pastos químicos de su cabeza. Arrinconado contra el curioso lamento que exige la venganza. La sed destructiva de la no atención, de la anomia imperfecta.
Morir en el abrazo, en el dibujo de la insolencia de un mundo aún no descubierto. Esperar tal vez se haga largo, corto, angosto, derecho, si el tren de la sensación es así. No volveremos más, crudos, el mismo camino. Ahí estamos.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Día 1098: Berreta batalla

Así es la vida, dijo antes de pegarse el tiro. Su rostro monolítico permaneció así hasta que lo cremaron. La familia lo pidió así, una ceremonia íntima para los más allegados. Unas veinte personas en total, que pasaban junto a la urna con las cenizas del muerto, mientras contaban anécdotas de cuando estaba vivo. El café en sus mano marcaba el pulso de la velada. Estuvieron como hasta las dos de la mañana. A un desubicado se le ocurrió poner música. Es para honrar la memoria de Ricardo, dijo, con un poco de vergüenza. Así que nadie se preocupó por ese viejo death metal aceitoso que salía del parlante de su celular.
Nadie salvo un párroco que por casualidad pasó por la funeraria. Lo reconoció. Un asunto personal tenía con esa música del demonio. Según sus registros mentales, el metal escandinavo conducía a la fornicación pre marital y a las drogas de todo tipo, sin contar la homosexualidad y la servidumbre, también homosexual, a Lucifer.
El viejo death metal, la música del diablo. El dueño del celular por un lado, un párroco enfurecido por el otro. Pelearon entre las cenizas del muerto hasta que dieron las once de la mañana. Nadie podía detenerlos. Tal vez insuflados por la música, o alguna fuerza de otra dimensión, quién sabe. No se podían separar. Cosa extraña si lo vieran. Creo que aún siguen peleando. 

martes, 23 de mayo de 2017

Día 1097: Curiosidades

Contrario a lo que se esperaba nada hago. Es la desesperación del miedo al incorrecto, del autosabotaje. Implica unir los puntos en un orden preciso y en el movimiento me desarmo. La pasión que roza el perfeccionismo ahoga el impulso en un océano de sucedáneos. Nada pasa. Todo queda. La angustia de la página en blanco y el memento mori de las agujas que no detienen su marcha.
En el vaso, en el vaso, en el vaso está la pena y es posible tragársela sin deglutir el resultado. La píldora y el contenido, la combinación química perfecta, capaz de alterar y olvidarlo todo. En Lete nos podemos bañar hasta que las preguntas sobren. Y el precio por el plato roto es otro plato roto. Acumulación de decires y desdecires. Y no sé si la angustia me pertenece. No sé decir el punto. No sé decir la palabra. Contenerme ya no es preciso. Quiero marcar el contorno en el desdibujo. Abandonarme en la letanía. Y preguntar cómo funciona el viento, aunque nadie responda. 

lunes, 22 de mayo de 2017

Día 1096: Pirámide invertida

El faraón tenía órdenes que obedecer. Desde que asumió el cargo su poder se basó en una mentira. Un títere con muchos hilos. Cada palabra, mesurada, bajo el control de los verdaderos gobernantes: el pueblo. Lavame un gato, limpiame el patio, honrame a Ra. Todo lo hacía por su gente. ¿Era un tipo bueno? sí. ¿Honraba a la democracia, aunque nadie conocía el término por esos lares? sí. ¿Podía decir acaso que no? No, no y no, todo sí. Sí esto, sí aquello. Dicen que una vez le pidieron prestada a su mujer, y ya pueden imaginar cuál fue la respuesta del faraón.
Desde luego no todo era bueno en Egipto, estaban las plagas, el tráfico de esclavos y por supuesto, los arquitectos locos. De acuerdo a los historiadores más prestigiosos, Egipto contaba con la mayor cantidad de arquitectos locos en todo el imperio romano. Era de esperarse. Venían con grandes papiros que explicaban sus locos proyectos, y el faraón, con una sonrisa en el rostro, les extendía la mano y decía la palabra mágica.
Los arquitectos locos pedían sumas alocadas para llevar a cabo sus obras, con las cuales vivían a costa del faraón por años. De todos los arquitectos locos nadie estaba más loco que Usi Thabit.
Usi Thabit soñaba en grande, en pirámides. Quería construir una pirámide enorme, una que deje en el olvido al idiota de Keops. De acuerdo a sus planos, la punta de su pirámide debería rozar la luna, eso de acuerdo al ciclo lunar, siempre aclaraba. Cuando su trayectoria se acerque a la tierra, tocará la punta de mi pirámide.
El arquitecto lo tenía todo pensado, en la cúspide la punta sería cóncava, así la luna puede pasar sin causar daños a mi piramide. Grandioso, dijo el faraón, ¿Cuánto necesita? La palabra mágica. El sí cuasi divino. Usi Thavit gesticuló con sus manos, como si fuese una enorme naranja, como para abarcar todo el oro que necesitaba. La mitad del tesoro, según sus cálculos. El faraón endureció su rostro. ¿Seguro? Usi Thabit se puso rojo. Me atraparon en el engaño, pensó. Muero en mi ley. Afirmó sin decir palabra. Porque si necesita más oro, me avisa. Sabe usted que amo a las pirámides tanto como amo a mi pueblo. Alivio.
El plano de la gran pirámide tenía kilómetros de extensión. Es que está en escala, le decia Usi Thabit a los esclavos que acarreaban piedra. En tres meses termino, dijo el arquitecto, para sorpresa de muchos. Nadie, salvo él, conocía su metodo revolucionario de construcción. Piedra sobre piedra y luego tallar. Eso de colocar soportes y medidas era para los principiantes y poco aventureros. El llegaría a la luna tan pronto como nadie. Tres mil codos reales, según sus calculos.  Algo así como unos mil quinientos metros. Y tres meses fueron suficientes para que el edificio no aguante su propio peso. Se desmoronó encima de Usi Thabit. Los contemporáneos lo llamaban su tumba. El faraón no se enojó mucho ante el desperdicio de riqueza del reino, dado que era un sujeto poco propenso a esa clase de molestias. El tiempo pasó en Egipto y el monumento fallido de Usi Thabit juntó arena. Tanta como para formar un montículo y desvanecerse por siempre en las afueras de El Cairo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Día 1095: Charlas de fusil

Un día me voy a comer a mí mismo. Que le cuenten la vida al caníbal. Un recodo para la verdadera valía del asunto. Es gritar adonde sea acá estamos, partidos, quebrados, vueltos a empezar. El borrón y la cuenta nueva que no sirve, que ya no sirve. Que ya no espera que le cuenten las glorias de un viejo mundo vuelto a empezar .
Es revolver en la mierda en busca de un poco de oro. Reducir la ventaja. El golpe cercano. Un motivo para borrar las huellas. Otra vez. El cielo oscuro otra vez. Repetirse y que no parezca bueno. El florecer marchito. El resumen dentro de un escalafón partido. No va a volver a ocurrir. Creo que no. Es como esos cometas en el cielo. Pasan una vez cada tanto.
Volvimos deshechos, atrasados en el tiempo para el retorno triunfal de las especies. Apunten al fuego, la razón definitiva. No quiero nacer otra vez. Vean y observen. Tomen nota. No quiero comprometer a la causa. Disparen. Sea. Disparen.

sábado, 20 de mayo de 2017

Día 1094: Verdades y mentiras

Vamos a decirlo de una vez: no existe lo que existe sin palabras. No poder velar el poder del tiempo con un atajo. Las cartas debajo de la alfombra. Cosas que no sirven, o tal vez útiles sin ser miradas. Como ese amor roto. Tuvimos nuestro instante. Abrí más puertas y me tragué la llave. Una píldora para mis lamentos.
De todos esos rincones, de perderme en los extremos, no quiero esas palmadas en la espalda, el convite del hermano no reconocido. No me reconozco en la traición. En los muchos espejos el rey observa. El traqueteo del tren sobre mis vértebras.
Una marcha militar en mi funeral. No quiero sentir el disparo antes que llegue la noche. Cuando todo se sienta oscuro y mi voz se deje de escuchar. Volvería a repetirlo aunque me torturen. Soy tan feliz en el error.  Un cuento electrónico sobre mi historia. Van a contar mis mentiras, así me dejan ir, en mi verdad, al menos. Una pequeña, no importa.

viernes, 19 de mayo de 2017

Día 1093: Talento ejecutivo

Es muy fuerte que la cosa fluya no nos deja de pertenecer. En las redes del abuso y el silencio la mente opaca su albedrío. Desde el nacimiento de la córnea fuimos alterados por esas cosas que la vida da por llamar destino.
No quiero morirme acá, sin brillo. Puedo ser moderado en mi destrozo. Llamen a mi madre. Ella va a saber tenerme en brazos. Que me expliquen eso de querer. Un talento ejecutivo. Eso sería si no estuviera muerto por fuera.
Abandonaré el lugar sin hacer mucho ruido. Nunca fui esa clase de persona. Esa u otra, nadie. Un tipo con una cierta facilidad. Ladrón de momentos. Contuve la respiración y me salió bien. El oxígeno me dejará de pertenecer. Así de fácil. 

jueves, 18 de mayo de 2017

Día 1092: No ser más

Desperdicios en el espacio. Una canción quebrada, sin rima, devuelve el sonido al vacío. Y me pregunto sin preguntarme, qué harán allá arriba, con el tiempo libre, con la manía del encierro. Allá, donde los experimentos son la ley, donde la ciencia es la palabra sagrada. Atados a un pedazo de tiempo que ya no me pertenece. Si pudiera devolver todas las cartas. Agente del misterio propio, mis interrogantes.
Forzaré los límites, una vez más. Por que el acto de ser me empuja hacia una frontera, una que es y no deja de ser, aunque me pierda en sus devaneos. El intento es mío. Allá arriba podré acatar las reglas del espacio. Parecer las figuras recortadas de otra época, un recuerdo amargo.
Abriré fuego en una suerte de incremento. Percibo mi descontento y no será suficiente. No puedo confiar en lo mucho humano que somos. Ahí no hay regla. Ahí no existe la segunda oportunidad. Ahí, el agujero negro, majestuoso, sopletea nuestras narices. Porque la orden está, existe. No ser más.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Día 1091: Cansancio

Alicia se perdió en el tren de la joda y fue maravilloso. Derrapó con la gloria del santo clero y la mescalina asesina. Tomó lo que se caía de la mesa y endureció. Dura, bien dura. Alicia droga linda. Alicia, a la que no le gustan las cadenas. Alicia, que prefiere estar muerta antes que golpeada. A esa y otras cuantas Alicias. Que no es Alcides. Que no está mal dejarla ir. Y que te lo diga alguien como yo.
Alicia encontró el paraíso. Se lo robó a Eva. No quería la manzana de Adán, prefirió agarrarlo de los huevos. A la canasta los huevos. A la canasta la comida. A mí, que poco me importa, la canasta y las cartas. El póker y mi obsesión. De jugarlo todo, de perderme en Alicia y las drogas. De perderme en mí y en todas las cosas que me hacer ver el mundo a través de unos lentes empañados.
Me voy a ir, al mazo o a dónde sea, con tal de sentirme atrás de mis problemas o adelante de lo incierto. De la no pregunta. De lo sincero e inarticulado. Adiós a las Vegas, a las armas, adiós Alicia y tus flores maravillosas. Adiós destino inconcluso. Me van a ver lejos, en otra dimensión. En el corte y en la quebrada. Adiós, fábrica de palabras. Adiós, fábrica de caca. Adiós, hijos de tinta. No quiero más. No quiero más.

martes, 16 de mayo de 2017

Día 1090: La casa muerde

Mandaron a construir la casa con otros propósitos. Tenía un frente muy lindo, dos habitaciones e incluso un baño con ducha escocesa, pero qué mierda, nadie iba a vivir ahí. A nadie se le ocurriría algo semejante. La casa, por supuesto, es una trampa.
Existen ratones pequeños. También los hay obesos. Cuando exceden los tamaños convencionales se los llama humanos. Eso era, una trampa para humanos. La casa provocaba con su encantamiento, un nuevo canto de sirenas. La tentación previa al disfrute. Y se los devoraba. Unos dientes de ladrillo y cemento salían de las paredes. Sin tiempo para misterios mayores, sin aclarados en la trama. Ocurría y punto.
Las autoridades percibieron las irregularidades. Desapariciones, asesinatos, asociadas a la casa. Ante la falta de propietarios, el terreno cayó en manos del fisco. Mandaron a destruirla. La casa, como lo haría cualquier animal agazapado a la espera del peligro, se defendió. Y mordió, trituró, despedazó, con tal de salvaguardar su existencia.
Planas mayores. Altas esferas del estado se activaron.Y sobre sus hombros cayó la responsabilidad de la casa embrujada, o asesina, o lo que sea. Tiraron bombas. Utilizaron retroexcavadoras. Nada la tiró abajo. Con los esfuerzos realizados no alcanzó para destruir la casa. Y no se gastaron más. Construyeron una valla y un cartel. Cuidado, la casa muerde.

lunes, 15 de mayo de 2017

Día 1089: Incitador

Así no ahorramos para sustos, dijo un señor que formaba parte de la cola. Lo dijo un poco alto, como para que el guardia de seguridad lo escuchara. Usted entienda señor, soy un hombre asustadizo, hipocondría del miedo, saben, todo un show. El guardia, atento al señor con poca cordura, descargó el golpe sobre su cabeza. Un hilo de sangre navegó la unión de los cerámicos. Lo mató, pedazo de bestia, gritó una señora. Lo mató, asesino, asesino.
Se congregaron. Este banco perdió la seguridad. Queremos respuestas. Y la insurrección no tardó en consumarse. Los más viejos hacían barricadas, mientras que un par de hombre aprovecharon la situación para hacer un ajuste de cuentas, uno pequeño. El banco tiene nuestra plata, declararon, es hora que nos devuelvan a nosotros, al pueblo, lo que nos pertenece. Esas personas les recordaron unos graffitis que aparecían en algunas paredes de la ciudad, decía: la propiedad privada es un robo. Una frase graciosa, por cierto.
Levantaron al muerto y lo hicieron su Jesús. El santo patrón de los ladrones. Y curioso, el muerto en realidad no estaba tan muerto. Lo creyeron así, por supuesto.  Así sirven los mártires. El hombre quiso decir algo, y el fervor de la gente agolpada en los cajeros desoyeron sus murmullos. Nadie creería sus palabras, aunque obedecieron, a la larga: "prendan fuego todo, prendan fuego todo"

domingo, 14 de mayo de 2017

Día 1088: Segundo borrador

Acaparé la vergüenza, y el olvido. No supe ser el hombre feliz, eso que esperaban de mí. Aterricé sin frenos en una pista prendida fuego. Es útil a mi padecimiento, abrir la herida en el costado adecuado. Vieja ciencia, magia de otros tiempos. No el peligro. Donde fui nos encontramos, parí la delicia del amor fallido, y el cielo encima nuestro.
No digan que lo sentimos cuando el aire quiebra. Atrevido intento de lo que los muertos sueñan. De verdades nos hacemos hasta que no queda nada. Pobre del espíritu, que arrojen los cuerpos por la ventana. Se acabó la prevalencia de la oportunidad.
La idea recurrente, me hago la fantasía para que ocurra, algo aunque sea. No pasará otra ocasión. La nube está encima de todos. Y de la tormenta nadie escapa.

sábado, 13 de mayo de 2017

Día 1087: Placer carnívoro

El sacrificio oscuro, nido de bruja, una receta para la humanidad, el veneno que destila la sangre. La consecuencia del aquelarre, un llamado del paganismo a la calma. En la paz del verso hallo al diablo. Lucifer ven a mí, come de mi carne. Somos tu recipiente, el fin de los mundos y el quiebre del séptimo sello. Una razón de la cábala para esconder la trama mayor, los grandes intereses que juegan ritos masónicos y cónclaves ocultos.
Por debajo de la superficie corremos, junto a las ratas y los secretos de las cloacas. Nuestro cuerpo se alimenta dela necesidad de hacer el mal, de transgredir el orden preestablecido. En lo sucesivo la tentación será mi pan, mi cobijo, mi lanza. Lucifer ven a mí, come de mi carne. El día del juicio se acerca. Caerán mil fuegos y todo será su reino. Bienaventurados los lascivos y las perversiones capitales. El ego ajeno, la cobardía y el asesinato. Traiciones y orgías, hambre y violación. Nosotros somos su recipiente. Lucifer ven a mí, come de mi carne. Nosotros somos Lucifer.

viernes, 12 de mayo de 2017

Día 1086: No seremos más

No es por hacer más grande el agujero. Bueno, en realidad sí. Nos regodeamos ante el morboso final de las palabras, el grandioso túnel negro. La hoja vacía. Volvimos muertos de las vacaciones. Volvimos sin mejores intenciones. Curtidos. Oscuros. Nuestras viejas palabras grandes. Sin atajos, directo adonde duele, adonde corta más y la sangre no se hace suficiente.
El eco en la superficie, las caras que olvidamos. Es el hueco, un refugio para los que necesitan sentir el cuchillo. Lamento gris, furor opaco, nacimos de la semilla equivocada. Vean cuantas vueltas al mundo serán. Puedo caer en la negación y aún afirmarme en el sí. En un extremo mi mano, en otro lo otro. No seremos más. 

jueves, 11 de mayo de 2017

Día 1085: Imposibilidades

No sé que pretendo con mis ideas. Pienso en voz alta porque así puedo decirle chau a la mierda. Se acumula, incrementa. Valdría un centavo si el costo fuera un sentido de todo lo que me rodea. Quiero olvidar lo mal que me siento pero cada día es un recuerdo nuevo, cada minuto el suplicio último de un ajuste de cuentas que se define y se redefine sobre las vías muertas de mi cerebro.
Es el silencio amarillo del paredón resuelto. No condenarán mi silencio por antojarse espurio. Este ir y venir es lo qu me hace ser, ante todo. Algo que viene y va, atribuye faltas y carcome los rincones de la duda. No volveré a ser el mismo, a cada segundo cambio, me reconfiguro y desconozco la resultante de algo condenado a la falla.
Vendrá la lluvia y seré lo que me determine el tiempo. Me quejo porque puedo. Porque respiro cada molécula y la convierto en muerte o a fin de ser. No quiero que esto termine aunque la queja se eleve a la tropósfera. No quiero. Porque no sé ser de otro modo.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Día 1084: Cortocircuito

Problemas de confianza. No sé en qué creer. Tal vez sería fácil si existiera en alguno de los mundos posibles. Por mucho tiempo pude mantenerme en equilibrio antes de enloquecer, pero al final lo que es prevalece. Puedo pensar en las alternativas que restan. Escribir la mejor historia del mundo, satisfacer todos los culos posibles. Indagar en esa cavidad de carne trasera y preguntarme acerca de los dilemas del mundo. ¿Y por qué un caballo en un baño?
No debo hacer zapping con mi cerebro. Tiene que permanecer apagado e inconstante, que así es más cómodo. Debo bajar el contraste y olvidar que existe un paraíso mejor al inventado. No existe lo bajo. Nadie arriba, nadie al costado. Solo lo blanco, lo negro y la nada entre medio.
No más preguntas para el acusado. Condenado a vagar en el tiempo, caminar hacia atrás y ser el cangrejo ideal para una novela de Disney. Así que todo se relaciona con todo y el mundo se viene a pique, de caerse bien caído hacia el Himalaya o cerca del costado. El barco se hunde, y nosotros también.

martes, 9 de mayo de 2017

Día 1083: La reinvención de la muerte

De algún modo voy a renacer. No me preocupa saber cómo. Si la verdad es suficiente estará de mi lado. No soy creyente. No creo en nada. Estar es lo mínimo. Un mayor propósito. El fin de una lujuria sin freno. Podría estar toda la noche escondido en mi cobardía.
Compré el primer premio. El sorteo de mi vida. Así desnudo estoy cómodo, resisto al clima y no me retracto. No voy a confiarme. Algo puede salir mal, siempre. Está la cadena de hechos inalterables y yo en el medio. La lucha de fuerzas, algo que trae un motivo para sobrevivir, uno más, quizás el necesario. Adonde me lleve el alma no es asunto mío.
Doblé la esquina, allá dejé mi capacidad para el asombro. No me siento más curioso por aquello que tiene que venir. Las cosas pasan, de uno u otro modo. Cosas que pasan. En India o Bangladesh. No es distinto. No es igual. Parece y no. Dentro, fuera, dónde abriguen las circunstancias un camino al cual seguir. Ahí estaré, con lo poco que tengo, dispuesto a explotarlo todo y es así que las cosas pasan y a mí que pase, que no me importa.

lunes, 8 de mayo de 2017

Día 1082: Abrumado

No vine a decir lo que ya todos saben. Soy un mensajero de los nuevos tiempos, la criatura definitiva. Causaría un terremoto si con eso me asegurara el propósito para el que nací. Doblaría la seguridad por un minuto de mi tiempo. Alguna vez fui el el extraño en esta conversación de locos.
La novela no se acaba, alguien más maneja el control remoto. Una fuerza que guía el músculo y lo atenaza. Desde siempre estuvimos listos. Para la catástrofe, para el plan o lo que venga. Supimos esconder bien el tesoro. Nadie viene. Nada espera. El precioso tiempo de los relojes me esconde la verdad de mi sombra.
Podré acabar consumado en un rincón. Carcomido por la circunstancia. Abrumado. Eso soy. Muchos puntos rojos en mi frente y un solo premio.

domingo, 7 de mayo de 2017

Día 1081: Desgano

No veré formar la noche. Hay un sentimiento indistinto y no es el mío. El logro está en parecer un hombre vivo para desvirtuar la construcción del aparente. Conocimos esa pena. Alguien la dibujó en la puerta y los dejó pasar. De cuanto negro apagado mi sueño es. No rescinde el contrato. Es una patria alveolar diseñada para pocos.
Manden a sus niños. Ofrezcan el sacrificio. Hay un precio justo y ese es. No reduzcan la marcha. La trama morigera el espíritu. Coerción a todo costo. Demonios del bajo costo.
Así se pondera las causas. Alguien diseña un algoritmo y otro lo obedece. La ley del mundo. Para un mayor propósito o un lucro insolente. No desprovisto de fallas. Los surcos nacen y se enumeran. Para un mejor registro.

viernes, 5 de mayo de 2017

Día 1080: W.W.

Voy a tratar de escribir una poesía. Lo digo porque creo que puedo. Pero es difícil. La palabra se me escapa. Y para hacer al asunto más interesante le meto punto o quizás apelo a un vocabulario más rimbombante que excede mis posibilidades, punto. Y ahí fue el punto. Y otro punto. Esos silencios sepulcrales. Nadie sabe que hay entre medio, comas tal vez, más comas. Otro punto. Aparte.
Y no le encuentro el asunto. Creo que ya fue todo, la vida, la muerte, lo que hay después y la nada. Escribir sobre lo mismo, con lo mismo, a lo mismo. Y ese sentido obtuso de consecución inerte que engaña la buena constitución literaria. No lo es. No es bueno. Es poesía constreñida mis ganas de ser en frases. Mi voz se quedó corta al invento de lo inventable. No se ocurre cosa para contar. Achicar verbos, redundar en infinitivo o la colocación del sustantivo definitivo.
Mi poesía es lo extraviado, mi pertenencia, un diente de oro falso. Es fantasía de hojalata. Quizás a veces no sea. Tal vez es sólo pretensión de ser. Un defecto de fábrica colapsado en letras. Mi poesía puede ser lo que sea o no ser y seguro no deje de ser yo, que soy yo y yo. Y nadie más.

jueves, 4 de mayo de 2017

Día 1079: El tiburón surfista

El amo de la ola. El amo de la puta ola. Allá arriba, en el quiebre del agua. La tabla aguanta el peso, se desliza, parece llevada por fuerzas de otro mundo. El surfista hace una pirueta magnífica antes de entrar en el juego de la cena gratis para tiburones. Un buen ejemplar, de unos veinte metros de largo, se desayuna al otrora amo de la ola.
Y el tiburón, en un rapto de inspiración, toma la tabla. Y surfea, como nunca antes se vio. En la playa quedan maravillados. Un hombre lo señala. Sí, aún el tiburón lleva en su mandíbula la pierna del hijo de este señor.
Saluda con su aleta. Sabe que es el centro de atención y se siente gratificado. Les va a enseñar a manejar el mar, nadie mejor. Nunca un maestro de sus características. Huele a unos kilómetros la sangre de sus admiradores. Bendito alimento. Fanáticos de la ola. Van a venir a saludarme. Vengan a mí.
El tiburón quiere hacerse de un millón de amigos, como esa vieja canción. Todos concurren, con sus armas, con sus arpones. Se acercan en sus lanchas, decenas de marineros avezados, con un único fin. El tiburón les da la bienvenida y el abrazo no se hace esperar.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Día 1078: Pasividad

No me van a ver pidiendo la escupidera. Este es un ajuste de cuentas. Uno de tantos. Ajustaremos hasta que no quede nada flojo. La mala palabra, la prohibición del deseo, postergar el sueño. Alinear los planetas a nuestro antojo, un brillo de otro mundo. Tanto como debemos ser, personas para esta Tierra. Unos puntos caprichosos que pueden cagar y mear.
Respiren las bocanadas de los océanos. Nos despedimos con sorna y temple, abrimos el portal para que caiga el que tenga que resbalarse. Dejen arrastrarse la costra de las circunstancias. No es el menor esfuerzo. Es lo mejor para todos. Y dejar que se arregle solo el entuerto. Al menos hoy. Al menos hoy.

martes, 2 de mayo de 2017

Día 1077: El desgaste de la palabra

Una vida entera antes de desaparecer, ese es el precio. No te diría que adecuado. Es como lo que hay. No más. Nunca tan adecuado. Nunca tan menos. Viralización del tiempo después. Lo que sea que llegue. No lo sé. No me lo sabría decir a mí mismo. O a lo que sea que sea. Que sea. O no. Es mi indecisión lo que vale. El no jugarme por nada. Quedarme en el medio cómodo, aislado.
No tuve la ocasión de presentarme ante los problemas. Quiero llegar tarde y será así siempre. Tengo la muerte a mi espalda y no sé lo que hay adelante. No sé. Me repito porque quiero. Me repito. Y es la insistencia del que palabras dice que nada dice y algo es. Más que significados. Mayor a un sentido último. Es lo necesario. La urgencia del llamado.
La bajeza de lo opaco. El fin. No dar más de lo que piden. Vislumbré el porvenir. Es el espacio adiestrado para el sufrimiento máximo. La instancia en que los huesos se quiebran y no vale el por favor. Una tortura más, el amanecer de la gota de rocío. Un grito apagado. Un grito de no seamos.

lunes, 1 de mayo de 2017

Día 1076: Robótico

Quise decírtelo todo antes. Me da vergüenza que me veas desnudo, con este cuerpo desperdiciado. Estoy parado junto al borde y me gusta. Seré una noche oscura, un comentario inapropiado. Tal vez deba prepararme para mí regreso antes de que me vaya.
Voy a tener el control. Lo sé. Detener el latido incómodo. Una caricia que no se la ve venir. Voy a oler cada segundo, quiero vivir el momento. Sin preguntar dónde o lo que será. Tengo un plan poco argumentado. No me importa que falle.
Que la paz regrese y sea eso diferente a lo que imaginamos. Un discurso adornado con mentiras, para sobrellevar el mal trago. El reto embrionario. Volver al principio. Tener una cuenta borrada de pasado. El tiempo es hoy, o tal vez no sea nada.
 

domingo, 30 de abril de 2017

Día 1075: Departamento de datos

Una serie de impresiones básicas para entenderme. Volví roto del más allá. Nadie me comunicó la mala noticia. Los dientes muerden en lo negro del punto de no retorno. Así lo único y múltiple, paraíso y semejanza. El disfrute más desprovisto de fiesta. No existe nada mejor que la catástrofe.
Voy a pedir la cuenta. Quiero hacerme cargo del enchastre. Ese monumento no se va a mover más. Estará para siempre unido a una espiral coagulada de la vida. Un momento más. En los desperdicios nos encontramos. Sellar la ventaja con los movimientos.
Saber que el misterio es, al momento de contar, otra estadística inútil. El miedo al decir lo otro. Una desaparición pactada. La foto marchita que espera y se congela. Espera cobrar impulso aunque congelada no haya quien la dejemos.

sábado, 29 de abril de 2017

Día 1074: Resurrecciones

No prediquen con el ejemplo. Vamos a ser todo lo malo que deseemos. Patear el tacho, prender fuego al insolente. No me importa. Somos un número cero pintado de paria. Qué se yo, hay tanta inconstancia en mi predicamento. Somos los pocos que sobrevivieron. Una legión reducida. Aturdan al silencio. No vean lo mal que nos comportamos. Hay demasiadas cosas que necesitan justificadas, tanta injusticia en el mundo. No me parece. No es el momento. Deliren mis esperanzas en puntos y rayas de código Morse. Tilden el punto. Nos vamos hoy. A desaparecer se ha dicho. No busquen un mejor panorama.
Desistí y es suficiente. No hay más del libre albedrío del que fuimos parte. No es un simulacro. Retornaremos muertos. Y cadáveres seremos. Y tan invencibles como pocos. Renaceremos.

viernes, 28 de abril de 2017

Día 1073: Manotazo

No puedo resignarme así de fácil. Tengo que ser algo mejor porque otra no queda. Contentarme con lo dado, con el abandono y a lo que salga. Tanto espíritu partido puede desviar el foco de la atención. No van a mirar para acá. No digan que la premisa debe ser cierta. Mueren los caballos al sol y nadie pregunta por ellos.
El aforo de los eventos más codiciados, en eso nos sumergimos. No hay situaciones ideales, todos nacemos desajustados. Un quiebre en el balance, en la norma. No apuesten a una causa perdida. Yo soy el culpable. Disparen. Hagan fuego de mi error.
Morir debe ser el remedio a la causa. Con mi vida, con las cenizas de algo distinto a mí, con eso que construyan el palacio. Les diré una mentira y otra verdad, y las dos serán falsas. No acabaré siendo mi retrato. No. Es lo que no soy.

jueves, 27 de abril de 2017

Día 1072: Días de caza

Observaré como las sombras copulan con mis contornos. No me parezco a lo otro. Aquello puede ser un decir. O el estamento definitivo. No pasaremos del límite impuesto. La tumba nos queda angosta. Patear en libertad sin hacerse eco de los muertos que sueñan. Todos hablan de mí aunque no lo hagan. Es mi vergüenza y mi condena. Veo ojos de extraños posarse sobre mi, el deforme, el monstruo de lo incontable.
Y soy normal hasta tanto quieran verlo. Hay muchas caras metidas en este cráneo. Una conveniencia de la personalidad. Una cuota de supervivencia entre tanto arroyo. Nunca nos quisimos. Es la verdad. La única verdad.
En mis bosques tupidos puedo perder al perseguidor. Puedo huir a través de los recodos del tiempo y el dogma de la lógica. Un altanero puede acercarse a la cueva y creerme su cordero. El sacrificio lo es todo. La carne tiene que ceder.

miércoles, 26 de abril de 2017

Día 1071: Construcción en obra

Todo soldado sabe donde se halla Roma. Desde lo lejos piensan en la obediencia y en la tentación de las valquirias. Un pequeño interruptor detenido en: no incendies esto. Nerón no tuvo mejor suerte. En el curso de cinco días la gran ciudad del mundo conoció las ruinas, una de tantas. Al tercer día el senado  convocó a una junta de especialistas. La tarea, simple en su enunciación, era la de levantar Roma. Hagan sus maravillas, dijo un allegado al César.
Publio Quinto entendió el mensaje, van a colgar nuestras cabezas si no dejamos este desastre en orden. En su estudio trabajaban casi ochenta personas. Tipos rudos que manejaban el mármol como si fuese plastilina. Bajo sus órdenes tenía a la mejor mano de obra de la ciudad, con una salvedad: Publio Quinto era un pésimo arquitecto. De lo peor.
Sus cargas siempre se descompensaban y no era de extrañar que alguno de sus edificios (la mayoria) termine inclinado. Sobre sus pésimos antedecentes se encontraba el destino de la mayor ciudad de la civilización occidental. Nada que no lograra un par de amistades con influencia. Publio Quinto se los conocía a todos, hombres de grandes domus sabedores de contactos. Ellos movían los hilos por él y Publio hacía su cosa, bueno, eso que daba por llamar arquitectura.
Grandes barcos llegaron desde Galia e Hispania. Los materiales de construcción más ordinarios del universo, esa era su cargo. También los más económicos. Publio Quinto siempre solía amasijar grandes fortunas con estas nimias diferencias, ¿Quién notaría un denario menos? ¿El César? No lo creía así. El arquitecto se consideraba astuto, como el zorro, difícil de atrapar.
Las obras se extendieron a lo largo de todo el año. Un mes antes de lo previsto se produjo el renacimiento de Roma. Todos los romanos no podían contener la sorpresa. La ciudad había quedado preciosa. Aún más que la anterior. Una belleza de otro mundo. Muy diferente a ese acueducto que perdía agua a la mitad del camino.
El mismo Nerón fue el encargado de inaugurar una de las obras mimadas de Publio Quinto, el Domus Aerea. El palacio tenía siete pisos, todos con incrustaciones de piedras preciosas. Fue una mañana soleada de otoño, uno de esos días en que las alergias no perdonan a nadie. A nadie, ni siquiera a un emperador. Un estornudo cortó el discurso de Nerón. Seguido de otro estornudo más pequeño. Y otro mayor. El culpable, aunque suene increíble, fue el segundo.
Un pequeño estornudo desmoronó la mitad de Roma. Las paredes caían de modo que el papel más delicado era una viga de hierro en comparación. Un edificio tras otro cayó, junto con la reputación de Publio Quinto, ya antes mancillada pero no así descubierta, hasta ese momento. Nerón mismo tomó cartas en el asunto. Publio Quinto fue servido en alimento a los perros. Y la muerte le llegó al gran arquitecto romano, más no por las mordidas. Un gran muro del Domus Aerea cayó sobre su cabeza.

martes, 25 de abril de 2017

Día 1070: Más tormentas

Enloquecí y es definitivo. Lo decreto. Saluden al Rey Carmesí. Mi ojo ya no puede sostener la necedad del olvido. Es culpa de los sueños. Porque tienen sentido y vivo algo que no. Algo que no. Cuánta tela van a manchar. Digan la pregunta. Cambien la clave. Vienen por nosotros. No adquieran el hábito de la observancia. No respondí cuando me señalaron con la marca.
Mi yo taciturno se puso a esperar. No quiero pensar en lo que viene, en mi final. Soy tan quisquilloso como toda la pérdida de la razón me lo permite. Resisto, insisto, desisto, es algo más de lo mismo. Algo. Y ustedes, con su culpa de juguete. Quiero abandonar la trinchera. Quiero que me caiga la bomba encima y hacer explotar todo. Me hundo aunque no quiera, esa es la verdad.
Y otras tantas. Otra. Mi cerebro inventa excusas para refugiarme de la lluvia y yo quiero mojarme. Así, húmedo, con la piel achicharrada. Deseo que venga lo que venga que venga. Acá, sentado de pie, valiente nuevo uno. No voy al engaño o a la indulgencia del fallo que corta toda parte de mi cuello con guillotinas para el caso. No es mensaje del ayer. El cuerpo tiembla y es hoy. Acá el incendio sucede siempre y es.

lunes, 24 de abril de 2017

Día 1069: Recuento

Una vida entera para desaparecer. Con cada pedazo de polvo arrancado de nuestras mejillas. El arbitrio de las especies, un momento en coma. Nos despedimos con la sorna y circunstancia del momento. Para dar el alto último. Y que la marcha se detengan. Un soldado puede decir muchas cosas feas. Si se lo propone. Si uno es capaz de hacer una bomba de gas con un inodoro, de lo que nada es imposible. De lo que eso dicen.
Amerita interceder, por la patria de nuestros hijos, por todos los estupidos motivos a los que tu mente recurra. Pero metete, no seas tonto. Hay un placer en la cagada. Todos nacimos para algo. Salvo algunos. Los mal nacidos. Esos deberían haber muerto de modo prematuro. No vale la pena ahondar en el detalle.
Una vida de tantas. Última oportunidad. Camino a la reanudación. Desde aquí la falta de perspectiva. Más de lo que pueda ser lo mismo. No fallen. Otro lo hará.

domingo, 23 de abril de 2017

Día 1068: Errores que tienen todos

Así quería tenerlo. Uno a uno. Hombre reducido a una habitación. Cuatro paredes, una puerta cerrada. Sería una confesión o una tortura, o ambas. Ese hijo de puta tenía que confesar el engaño. Gibbs encendió su cigarrillo y lo apagó en la cara del hombre atado. Despertó en seguida. No gritó. Buena constitución, resiste al dolor, los entrenan bien los rusos. Y la revelación suficiente: no va a hablar.
Esto va a durar días. Podemos charlar de lo que sea, dijo Gibbs. Y me vas a decir lo que necesito, tarde o tarde. Así lo conocían en la oficina: el lento Gibbs. El lento Gibbs que se toma su tiempo para todo. El hombre era una tortura china viviente. Les taladraba el cerebro. Gibbs hizo parecer hasta estúpida la expresión "ganar por cansancio". Ese era su negocio.
Del otro lado tenía a uno difícil. Tal vez lo tenga un mes. Un año. O dos segundos. Gibbs hizo algo inesperado: un gesto en las manos. Impaciencia. Ese hombre va a morir en su ley, si así lo desea.
Y Gibbs desoyó las palabras de su prisionero a falta de información relevante. No le creía y ese era el problema. Diferencia de criterios, así le decían. Porque lo que nunca descubriría el lento Gibbs es que aquel hombre no era quien decía ser. Aquel hombre era inocente.

sábado, 22 de abril de 2017

Día 1067: Instigador

Algún día me voy a morir bien muerto. Pero no va a ser ahora. Tampoco ahora. Ni en lo que sigue de ahora. Tal vez dentro de un minuto. O un siglo. O nunca. No lo sé. Aprovecho la ventaja y hago mi patio. Allá planto cosas. No sabría decir qué. Pero me preocupa la calidad. Debe salir bien el producto. Puro. Sin alterar. Que parezca una buena droga. Y que me vengan a buscar.
Que pregunten por mí e indaguen si fui un asesino. Que inventen una historia a mi alrededor. El mito de las especies. Anulen las diferencias y resten mis deudas. Allá estaré. Quizás un poco maltrecho. No los culpo. El camino rompe y se rompe. Debo pelearme con el mundo aunque sea una vez más. Reclamarle que pague las facturas sin cobrar.
Un último pedido. Una cena frugal para acompañarla con cicuta. Que el pasillo final sea amarillo y tal vez celeste. Que irse sea la fiesta máxima y el derroche masivo. Rompan todo. Y empiecen, aunque sea una vez.

viernes, 21 de abril de 2017

Día 1066: Historia local de la infamia

Abolieron la esclavitud al pedo. Quizás para que unos cuantos ilusos pasen a mejor vida. Dos personas deberían obedecer a las viejas leyes. Esclavos de por siempre. Pero no, fueron escupidos pronto a la calle. Y pronto consiguieron trabajo.
Tardaron unos años en asentarse y formar una familia. Uno de esos antiguos esclavos consiguió empleo en una fábrica. Tuvo tres hijos. El otro murió joven, aunque dejo también descendencia. Un hijo.
Este pequeño, con la responsabilidad de su madre viuda encima, salió pronto a la realidad. Trabó así relaciones con la familia del otrora compañero de esclavitud de su padre. Fue así como logró el ingreso a la fábrica.
Luego de años de sacrificio y con un modesto capital ahorrado, el hijo del esclavo muerto montó un pequeño negocio, del que hizo partícipe al amigo de su padre. La ventura económica los favoreció y así fue como crecieron. Tardaron poco en tener sus primeros empleados, los lugartenientes más fieles.
Seis años después la oficina quedó chica. Los contratos se apilaban sobre el escritorio. Así vinieron las firmas importantes. Licitaciones con el gobierno y esas cosas. Algunos avivados de su tiempo los aconsejaron de maravillas: diversificar el poder y multiplicar las ganancias. Así hizo Jesús. Y le creyeron, mierda si le creyeron.
Ganaron fuerza en los principales sindicatos del país, y también dentro del mismo gobierno. Diez años después tenían su propio partido político, con punteros y todo. Con algunos contactos en los medios de comunicación, los humildes comerciantes promovieron su partido para conformar una fuerza opositora. Los votaron poco. Luego los votaron más. Y más. Y más. Hasta que ganaron.

jueves, 20 de abril de 2017

Día 1065: Causa de un caído

Nos lo merecemos. Hicimos todo mal. A eso nos condenan. Un tanto de arrogancia para el espíritu muerto. Volvería a repetirlo en otra oportunidad. Pero ahora debo quemar las naves. Debo nadar desnudo hacia otra oportunidad. Tanto punto y sin final. Una mentira redobla la apuesta. Somos más. Eso quiero creer. Tengo que hacer la ilusión del más allá. Algo accesible, que me pertenezca. Un recinto adonde pueda guardar mis pecados lejos de la intemperie. Casa segura. Pero sé que no existe la tranquilidad. Nadie mira atrás seguro. Todos guardan nuestras pisadas. Es ser atrapado por el atrapado. Nosotros, los perseguidores perseguidos. Es un giro de la circunstancia hasta quebrar el eje. El panorama quebrado de todo lo bueno, todo lo malo y lo demás. Abriré una causa y me sentaré a esperar. Los muertos caen, y yo también.

miércoles, 19 de abril de 2017

Día 1064: Recuerdos del telón caído

Comencemos por el principio: esto no es una declaración de principios. Deje a la banda en su mejor momento y no me arrepiento. Todavía se agolpan los fans a la puerta de mi mansión. Pobres, como si me fueran a convencer. Están furiosos, desilusionados, lo entiendo. Pero para mí el rock quedó atrás. Ahora pruebo otra clase de estímulos. Planto arboles. Escribo libros. Y cosas así. No los extraño. Corté Internet. No pago cable. No salgo de mi casa para nada.
En el ostracismo la vida me va bien. Puedo ser todo lo Salinger que desee y no apenarme en el intento.
Tengo contacto con personas, eso es verdad. Mi abogado, mi mánager, empleados de limpieza, un secretario que cada dos años se cansa de su trabajo y me pide un aumento, un nuevo secretario para reemplazar al anterior, tres perros, una gaviota. Y ese es mi mundo. Y estoy contento. No necesité de familia para llenar los huecos. Leo mucho. Me informo de como van las cosas con los diarios. Y evito creer todas las líneas editoriales.
A veces sueño que un buen día voy a ser tan putamente millonario que voy a ser capaz de curar el hambre en África con mis propias manos. Es la determinación del que quiere y puede, algo que tipos como Gates o Geldolf desconocen. Para teles menesteres tengo una caja fuerte especial. Se llama "fondo para África", lo sé, no es un nombre muy creativo. Pero sirve. Me deja dormir por las noches. Me hace sentir tan bien como un Cardenal de Vaticano. Ellos sí saben de negocios.
Recuerdo que una vez tocamos en un bar como para veinte personas. Éramos mis mismos flacos, los que ahora llenan estadios. Lo recuerdo por que fue nuestro mejor show. Una cosa visceral, íntegra por donde se lo vea. En ese recital murió uno. Le agarró un paro cardíaco, supongo que de la emoción. O no sé. Nosotros no tuvimos la culpa. Y no fue la única muerte en nuestro haber. Después vinieron más. Aunque creo que esa fue la mejor.

martes, 18 de abril de 2017

Día 1063: Única vía

Descubrí algo. Tal vez el amor o nada. Quiero abrazos y trompadas, al mismo tiempo. Ser el eco masoquista del sádico. Doblaría las rodillas al dolor de supiese la palabra clave. No me interesa que se detenga. En la muerte está el placer. El definitivo.
Agoté la fuente de energía. Dirigí la dosis mínima hacía ese lugar inservible del cuerpo. La apéndice del mundo. Un hombre comedido, de raices fuertes, se asienta con los pies y tiembla. No soy esa clase de persona. A mí me vence el terror y la fiesta recién empieza.
Soy el cúmulo último de todas las cosas. Mezcladas. Amontonadas. Devolví a la tierra el fruto de mi bilis. Lo regurgité con mi alegría. Un abrazo relleno de caca. La madre de todas las parafilias me desea y quiere lo que fui. No es para tanto. Puedo ser ese hombre deshecho. Puedo ser lo que nadie quiere y así ser. No encuentro otra manera.

lunes, 17 de abril de 2017

Día 1062: Jonestown

Culpable hasta que se demuestre lo contrario. Las pruebas admiten el error humano. Saben, todo empezó ahí, en el invento, en el posterior regodeo de la mentira. Nadie quiso el desmadre. Tenían que ser discretos. Y todo el mundo observa las barrabasadas del pueblo perdido. Comida del diablo, así le decían a sus pobladores. Empezaron los usufructos y no se preguntaron si fue real o tal vez el espejismo de un crimen cometido, al menos, sin querer.
Las personas con el tiempo pierden el tacto, inventan realidades y escapan. Pero siempre hay un sabueso con el ímpetu necesario para la búsqueda. Es cuestión de tiempo. Así se descifran los mensajes, incluso los códigos más inexplicables. Allá está la prueba, a unos cincuenta kilómetros de la ciudad. Un pueblo que arde por el fuego de sus propios habitantes. Fueron entregados a la lujuria del libre albedrío y decidieron montar su propia Sodoma.
Ideas radicales. Alas de izquierda aprovecharon el impulso. Los degenerados liberales tomaron el púlpito e inclinaron a las masas a su favor. Un incendio no necesita de chispas si se propaga solo y nace de la nada. No tardaron mucho en comprender que la muerte es la solución última a todos los problemas. Y así lo hicieron.

domingo, 16 de abril de 2017

Día 1061: Voleado

Yo y mis dificultades. Todo me cuesta. Soy la babosa reina madre de las complicaciones. Caigo fácil en el barboteo. Me confundo conmigo mismo. Volví de los supuestos una norma. No supe distinguir las atrocidades del tiempo. Lo que hace en mí. Un cuento para pocos. No contado por nadie. Para lo que resta de vida.
Abrí un portal hacia lo que no decimos. Debería abrir el corazón, pero no tengo. Un poco del resquicio idiota de volar en pedazos el puente que modela los canales de mis palabras. En un qué se yo me defino. No es mejor lo que se olvida.
Tampoco el punto atribuido a la especie puede definirme. No temo lo que sé que va a venir. Estoy preparado. Abierto. Como mejor sale.

sábado, 15 de abril de 2017

Día 1060: Encargo divino

El conejo dio un brinco y murió. Su corazón no resisto el esfuerzo. A dos metros de distancia un hombre esperaba ese desenlace. Comida gratis, de la que no abunda, se dijo. Esa noche refrescaría. Tal vez con un poco de ingenio el conejo muerto haría el préstamo de piel. Cosas del invierno.
A veces es bueno sentirse inundado por ciertas corazonadas. Eso lo llevó a tomar el arma. Un pálpito de las entrañas, el fin de la humanidad. Con eso tendría suficiente. Algo de trabajo para calentar los músculos. Quebrar un cuello. El cuchillo que se clava entre la carne. Diez personas abajo. Y nadie que lo delate.
Es una encomienda divina. La limpieza final. No es la idea de genocidios. No. Solo inhibir los patrones. No dejar que la semilla crezca. Hasta que alguien dé la señal de alto. ¿Nadie? Nadie. Proseguiría. Con buen tino. Y que se abalancen sobre él las ruinas del juicio final. No era para tanto.

viernes, 14 de abril de 2017

Día 1059: Luces de la calle

Me voy a explotar desde afuera, hacia dentro, por los costados. Dejaré mi espíritu expansivo por toda la habitación. Y quizás más. No me llevo bien con los planes. Solo hago lo que hago, como sale. En un intento a veces la suerte quiere. En otro no queda nada. Vueltas. Giros.
Daría mi vida pero ya no la tengo. No pertenezco más a esta galaxia. Me fui lejos. A pensar o a decir algo diferente. Algo de lo que crean que puedo decir. Lo esperable. Una sucesión de palabras amables con un tinte diplomatico. Las estupideces del mundo venido abajo.
Abolición de los sentidos. Opto por prohibir el paraíso de la carne. No me culpen, la ciudad es un espejo en el que me veo reflejado. Con sus calles rotas y sus semáforos imprecisos. Puedo pasar a recolectar la basura en un horario poco habitual, o ser la basura. Ahí donde duele me ilumino. Ahí donde la cosa puede. Resalto. No sé preocupen. Es solo el momento.

jueves, 13 de abril de 2017

Día 1058: Opción agotada

No era lo extraño. Otro regó la planta y espero que alguien interceda. Para construir una relación de dos extraños y u mundo. Cosas insostenibles que se dicen. En el proceso querer es una mentira. El tarro de la mierda, un atractivo a la promesa. Tuvimos una experiencia de otra vida. Pero sin la muerte.
El fenómeno aturde. No crean en las semejanzas. Se extinguen las ruinas del buen juicio. Después cae una tormenta de tantas. Lluvias de mentira. Fuera de los dominios. Vamos a reconocer el momento en el que dejamos de ser.
Sin reembolso. Extienden el área de pánico. Pudimos ser fieros ante la desesperanza. Hay tantas opciones. Mejor así, dejemos de elegir.

miércoles, 12 de abril de 2017

Día 1057: Descanso primigenio

Toda la noche hizo su trabajo. Quedó exhausto y un cadáver se dibujó sobre la mesa. La policía no supo encontrar respuestas. Eso sería tarea de algunos peritos con imaginación. El hombre estaba partido en dos. Lo hizo. Solo con una cuchara.
Dicen que buscaba la llave al infierno. Algunos suponen que la encontró. Tuvo que rascar bien dentro de su cuerpo, mientras pedazos de carne se separaban de su lugar habitual. La escena del crimen, sellada a sangre, hueso y cartílago, era un habitáculo solo apto para valientes.
Y al final, pero no menos importante,
las motivaciones. ¿Existió un llamado? ¿Acaso un pedido poco usual? ¿De alguna forma la mafia logró interceptar a esta persona? Conjeturas, teorías que conducen a más pabellones sin salida. Quizás cabe recordar lo principal, la premisa inicial. Que no se olvide: ese cuerpo no es humano.

martes, 11 de abril de 2017

Día 1056: Mafia rusa

Cuidado con el efecto rebote. Todo vuelve. El elefante alimenta con paciencia a su cría antes de ser devorado por la existencia. No hay cabos sueltos. Todo perfecto. Sin fisuras. En menoscabo de la especie. Para quien pueda jactarse. No vemos con ojos ajenos a quien nos traiciona.
Sobramos en el recuento. Cuando hay que aligerar el equipaje y nadie levanta vuelo. Así. Atrapados. Un entre medio de posibilidades. Los muchos y los pocos, apertura de fuego a discreción. No debe parecer un salto. Es la progresión natural de la hechos. Es la portada en primera plana. Un acto criminal. Noticias del más allá.
No estamos gran comprometidos con el ser humano. A veces los genes nos juegan en lo más bajo. Sin que nadie celebre, un funeral postergado. Hay manos en la obras y un pozo a medio cavar. Hay un minuto en la paz y otros momentos, tal vez de más, o justo de lo que quede, en que nada seremos. O uno. O es.

lunes, 10 de abril de 2017

Día 1055: Big bang

Nacimos en otro universo. A nadie le rendimos cuentas. Tuvimos que crear al otro para tener problemas. La naturaleza tiene una disposición intrínseca a cagarla. Es como es. Sucede. Sin más. Y luego pasa que nos preguntamos qué fue lo que pasó. Rebobinemos.
En el minuto cero algo salió mal. Hubo un cocinero que se excedió con la sal. Tuvieron que tirar el plato. Quedó poco tiempo. Emergencia y plan B. Fuimos escupidos al abismo con un agujero en medio del pecho. Un vacío fácil. Desde entonces somos la raza perfecta. La envidia de la galaxia en un desierto de estrellas. La vida, putrefacta, nos tardó en crecer. Un poco más atrás.
Existió un negro superior. La última instancia antes de la muerte. Un círculo de luz. Un aro pequeño, colador de energía. La explosión última. Gases fuera de control. La nada dijo es el fin. Es el fin. O no es nada. O es todo.

domingo, 9 de abril de 2017

Día 1054: Otra burbuja

Firme sin escrúpulos. Condene a la población. No va a escuchar sus gritos. La culpa no es nada. De verdad, crealo. Es un alivio a la conciencia. Sepa, usted es perfecto. No hace nada mal. La vida entera le sonríe. Los ecos, quizás lejanos, de un acorde disonante no son más que fantasía. Nadie lo va a correr del sillón. Está cómodo. Si por las dudas se le da por observar al de al lado no se preocupe. Son sacrificios mínimos. Imperceptibles. Las cantidades no importan. Uno, ocho mil, treinta mil, lo mismo da.
Coraje, no lo necesita. No va a enfrentar a las masas, usted es un curioso caso, una moda pasajera. Va a ser un instante en la vida de muchos, que tal vez preferirán despedirse de sus seres queridos antes que la inundación les tape las rodillas. Es un momento, sonría a la cámara. El mundo es feliz. O así quiere parecer.
El dinero puede comprar el anonimato. También la falta de culpa. Alivio. Un juego nuevo. Blanco. Que resiste los gritos del afuera. Niños muertos. Hambre. Desidia. Juego porfiado. Taimado. Hay que ir. No queda otra.

sábado, 8 de abril de 2017

Día 1053: La conquista de los cielos

No me expreso respecto al contenido, dijo el hombre antes de abordar el avión. Una bandada de aves salió de su equipaje de mano. Eran mansitas, resistieron a los rayos del pre embarque vaya uno a saber cómo. Magia, tal vez. Algunas empezaron a picotear el ojo de los pasajeros, como si se tratase de una película de Hitchcock. Las otras, más inteligentes, se dedicaron a cagar cada dos asientos.
El caos no tardó en extenderse a la cabina del piloto. Perdemos altitud, sentenció un pasajero que miraba obnubilado la ventana. Vamos morir, dijo. Y así fue. El avión se desparramó en pedazos a lo largo de una montaña. No sobrevivió nadie. Nadie humano, por cierto.
Las aves alcanzaron vuelo antes que el ataúd de acero se las llevará con él. Una de ellas sostenía un dedo con sangre en su pico. La mayoría aún insistía en cagar, del entusiasmo, seguro. Habían ganado otra batalla. Nadie más surcaría los aires. Y este era el comienzo.

viernes, 7 de abril de 2017

Día 1052: Legión de legiones

Tal vez nunca nos vayamos a entender. Es una cuestión generacional, muchos años entre medio. Si somos la llave o el puño ahora poco importa. Los de arriba solo quieren una cosa: sangre. No importa la manera, para eso son vampiros. En las horas de desesperación hay que sacar adelante el método. Que la historia sea contada como ellos quieran. A partir de este momento.
Nos vamos a poner un nombre colorido. Quizás nos cambiemos de apellido. Hacer que sirva el mundo, eso dicen. Nos van preparando para el instante definitivo. Dos segundos que van a consumir vidas. No sé si será una guerra. No sé si será poco. O suficiente. En todo nos equivocamos.
Una fachada con estilo dirá lo que las paredes callan. Que los testigos mueren en sus convicciones. Y la valla se atraviesa, muerto o como sea. Del otro lado, es lo único que importa. Nadie brilla. Solo el eco de un desierto amplificado. Y lo somos.

jueves, 6 de abril de 2017

Día 1051: Cosas de la muerte

Abrasivo constituyente. Eso o nada. Definitivo, nada. La calvicie se hereda y no hay pelo que aguante. Todos se van por el caño. Así de apocalíptico se levantó Ricardo antes de que el último vestigio de su cabellera desapareciera de la faz de la Tierra. Eso, con 25 años, es una catástrofe mundial. Mucho más que treinta años sin salir campeón. Es la gran catástrofe. Nadie te quiere. Por lo bajo a todos los pelados le desean el suicidio voluntario.
Y Ricardo pensó, no, no me voy a matar. Voy a hacer algo de mi vida antes que el efecto de la alopecia acabe con mi cerebro. Voy a curarme, voy a tener pelos, como sea que sea. Y se inyectó silicona. Y se adhirió pelos muertos. Y los cuidó. Hasta que se cayeron. Mala solución. Ser pobre y no tener la posibilidad de un tratamiento decente. Uno que funcione, por cierto.
Ricardo sabe que no va a ser una estrella de rock. Nadie quiere a los pelados. Están en el mismo escalafón de los rengos y los farmacéuticos, cagadores que esconden madres muertas debajo del sofá, o peor, perros muertos.
Alguna vez, en el futuro, quizás vuelva a tratar de matarse. De eso se trata, ¿no? de cuántos intentos se necesitan realizar antes de llegar al éxito. Ricardo al final lo logró, una bala le dejó un orificio de unos cuatro centímetros de diámetro al costado del cráneo. Curioso, pero cuentan aquellos trabajadores del cementerio que nunca vieron a un cadáver que le creciera tan rápido los pelos. Cosas de la muerte.

miércoles, 5 de abril de 2017

Día 1050: Acto heroico

No se puede sospechar, es algo que resiste al reloj. El tiempo, iluso perpetuo, abrigo del tonto. No trajimos este feto al mundo para que se cague en nuestros zapatos. Es lo que vive poco hasta que se resiente y quiebra. Escapemos por un pelo para enseñarles a esos que no se jode. Acá no se jode.
Van a inventar un aparato que mida las intenciones y va a explotar. Para mí es suficiente. No más. Un paso adelante puede retroceder dado vuelta. Es muy confuso el mundo donde existo. Quiero respirar aire y se me escapa. Branquias vengan a mí.
Que encarcelen al sano juicio, un cartel de cuarentena que cuelgue al pecho. Las mejores ideas surgen de lo inesperado. Desvíos estúpidos. Caminos de tierra pavimentados. Vamos a tragar la brea y decir: qué rico. Por las dudas no lo conozco. El traje de superhéroe me queda bien.

martes, 4 de abril de 2017

Día 1049: Poco cuento

La última puesta del sol. Luego de eso moriría, o tal vez entraría en coma. O quizás ocurra el milagro, un dios descancerizador. Algo que revierta el enchastre de la quimioterapia y los tumores alborotados que habían hecho base en su páncreas. El oncólogo señaló un abanico de actividades dignas de un paciente de su alcurnia. El selecto club de los IV, el reino de la metástasis. 
Y aún así nunca se sintió mejor en la vida. Morir sería tan solo un accidente. Uno de los que a veces ocurre, como cuando se cae el tarro de leche de la mesa y el gato se lo toma. Esa clase de accidentes. Ser feliz ante el desenlace que todos conocen. Es un poco dejarse llevar y comenzar a reorganizar los átomos para que formen parte de algo distinto a un cuerpo humano. Tierra, polvo, gusano. 
Y lo peor, el desenlace y la gran broma última, la mejoría final. La estúpida esperanza del infinito, de lo eterno, de la trascendencia. Esos cuentos inventados para sentirse mejor con algo que no está diseñado para hacernos sentirnos mejor. A veces es mejor no preguntar antes que alguien meta la pata hasta el fondo. El sol trasmite sus fotones hacia millones de lugares y menos pregunta. El sol, dador de la vida y el cáncer. Qué poco importa cuando deja de haber cuento en el carretel. 

lunes, 3 de abril de 2017

Día 1048: Último intento después del último intento

Voy a retirarme a la fuerza. Ya saben, con guirnaldas y panchos vencidos. Sirvan sidra picada, a mí no me importa la muerte o lo que ella acarrea. Ya saben, gusanos. Descubran el telón y que el cielo se quiebre hasta el polvo. No voy a oír más, el pabellón se secó. Al borde de la catástrofe nos gusta estar, hay linda vista. Lindas fotos. El reintegro no llegó. Estamos pobres, mustios. Abandonados a un azar que no nos quiso más.
Terminé mi oración a la mitad. Tuve un nacimiento in media res. Mi estrategia, infantil, de prevalecer ante todo. Tengo que ser viejo para dejar de ser. Que la cosa deje de ser voluntaria. Una enfermedad puede venir o irse. O insinuar un porvenir difuso. No es lo que parece.
Solíamos querernos, con el amor de un intento fallido. No reverdecer no aún en los peores momentos. Un vestigio hace a su esencia. Hay muchos testigos y pocos criminales. No terminen su condena. Aún hay más.

domingo, 2 de abril de 2017

Día 1047: Último intento

No voy a hacer trampa. Me haré cargo del muerto. Tragaré su mierda. Un servicio a la patria. Una versión libre del paraíso. Sutura para inventados. No quiero la culpa. Tomen nota. Anulen el robo. Un eje convulso para el desquicio de la carrera.
Me despido con soltura. La vida me quedó corta. Devuelvo el cambio. Quiero incendiar el bosque. Amenizar la espera. Con poco hago mucho. Y no será el cielo para esos desafortunados. No será más. Tendré que derivar la suerte. Tendré, aunque sea algo.
Mantengo una postura porque me gusta cambiarla. Soy todo lo volatil que me permite la rectitud de la carne. Pero no se si puedo situarme en este universo de contradicciones. No voy a hacerme cargo al final. Voy a sacarme el lazo. Y que sea lo que sea. Total para suerte hay tiempo.

sábado, 1 de abril de 2017

Día 1046: Ocaso de cóncavas naves

Pagaremos como nunca el precio de las semillas. Como corresponde. Como buenos capitalistas. Después exportaremos nuestras penas para que el valor del barril del petróleo imponga un techo de almas. Nunca tan alto. Tal vez por lo bajo. Soy confidente a cierto espíritu. Una necesitad oculta.
Puedo poner todos los puntos y aparte que se me antoje. Elegimos el disfraz más puntilloso para asustar al lobo. No echemos más responsabilidad al que no la merece. El fuego cae al abismo y desnuda las semejanzas. Confirmen el muerto de una vez.
Quieren revisar tantas veces como otras el itinerario. Tal vez el camino es corrido de lugar. Miopía general para la vida. Una terapia, otro remedio para la enfermedad que falla. Predicar con la honra perdida para nunca más tenerla. Vamos a hundir el barco a propósito. Así será.

viernes, 31 de marzo de 2017

Día 1045: Definitivo o no tanto

El aire nocivo no toca nuestros pulmones. Respiramos con el cuello para escupir con el labio el gesto roto de los paisajes que fueron y ya nunca serán. Desde entonces la muerte ya no parece tanta cosa. Es un paso, una estación de paso. Muchos mundos aguardan. Conexiones. Ramas. El punto de la salida hacia donde van algunos y otros quedan en camino.
El botón de expulsión. A lo lejos, de cerca, o en el medio. Quizás todos nos parecemos un poco cuando respiramos. No vamos a resistir el aluvión. En un silencio lo pagamos todos. Valimos el precio de la cosa. Para ser uno mismo en la tormenta.
Acometer con el espíritu para ser algo más de lo que se espera de nosotros. Algo más y no un esperpento. Algo con vida. Con el diseño necesario para sumergirse en lo profundo del asunto. Allá abajo, donde las caras se ven. Allá, donde algo importa.

jueves, 30 de marzo de 2017

Día 1044: Deseos ambulantes

Tengo todo el espíritu adolescente que un viejo pueda tener. Me masturbo dos veces al día y pienso en eso otras tantas más. No trabajo con la culpa, soy un agente libre, sin ideologías fijas o cosas por el estilo. En un viaje me rebané un dedo del pie, no era de gran utilidad así que no lloro. Pero dolió. Mucho. Pensé que iba a desangrarme. Apliqué en la herida un torniquete que funcionó de maravillas y acá estoy, el maravilloso hombre de los nueve dedos. Nada grave.
Nunca tuve novia, no sé de qué gusto es el amor. Prefiero mirar parejas y suponer que se siente bien, como una sábana recién cambiada. Fresca. No veo películas desde hace mucho, creo que alteran mi imaginación. Tengo el cerebro atontado o al menos eso decían mis padres cuando me cambiaban de escuela. Es que el chico tiene el cerebro atontado, por eso le cuesta hacer las tareas. Eso decían. Me recibí y todo, aunque no con las mejores notas. Así y todo, con este cerebro atontado.
Cuando terminé de crecer tuve un mal momento. Me sentí vacío por mucho tiempo, con ganas de arrancarme la cara de lugar. Una sensación de bloqueo intensa que me impedía pensar lo poco que me permitía mi cerebro atontado. Luego pago, como la gripe o la muerte. Todo pasa. No es de conformista. Entiendo los mecanismos de la realidad, a pesar de mis fallas en la cabeza. Lo que funciona funciona y lo que no, no. Es así de simple. No conviene darle muchas vueltas.
Llegué a grande con un trabajo fijo y un deseo ambulante. Nada de familia que estorbe. Solo deseos. Ganas de ser de. Ganas de. Deseos. Cumplí a rajatabla algunos. Otros pasaron de largo, y fue un buen promedio, lo aseguro. Una vez me masturbé sobre el cadáver de un amigo. Fue una sensación placentera, tanto que olvidé sentir el tabú del momento. Y todas las cosas feas que se piensan. Lo que no se hace y no se debe. Un gran libro de reglas que a esta altura de mi vida no me dan deseos de cumplir.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Día 1043: Consumo mental

No me aturdo con el peso de la verdad. Mis recuerdos de aquella noche con sol. El paralelo 48, donde se hunden los barcos. No sé como podré saber esas cosas. Vienen a mí, en sueños, memorias y olvidos. Vienen a mí, y no sabrán qué esperar. Allá arriba respiran por la rendija, donde el aire queda corto. El silencio es merecido y alabado.
En ese estado de confusión, delirio, poco arbitrio, nos sumergimos. Hacia el reborde de una clase de locura pasajera y bienhechora. El milagroso desparpajo de la inocencia que una vez perdida no vuelve a ser encontrada. Es por el contagio, la alergia de las fotos en color sepia y los ladrones de espejos. 
Pueden jurar mentiras y verdades. Pueden tocar con el cielo muchas esquinas. No coincidimos, otros tiempos. Dejen afuera lo que va a venir adentro. Algo irá a venir, aunque no guste. 

lunes, 27 de marzo de 2017

Día 1042: Consumo mensual

El perfeccionismo no puede ser el modo de vida elegido. Estar arriba de la montaña, con el aire impregnado en nuestras narices. Sepan distinguir esta nueva forma de espasmo. Un sueño gris me desvela y no es el mío. Otros persiguen mi sombra y le hacen alabanzas. Los veré abajo, mientras pienso y olvido.
Reír nunca fue el problema. Es la cualidad de lo gracioso, el precio que detenta el ridículo y el abuso de las horas, que tarde pasan. No pueden ser las drogas o la falta de cama. La realidad nunca se parece a lo que es. El cuadro es burdo, un videojuego de 8 bits pixelado. Vengan en auxilio del gráfico mal habido.
En la orilla me voy a convencer de todo aquello que necesite responderme. Voy a ser el orador espéculo, el profeta definitivo. Salvaré alguna vida en el camino y será azar, culo o suerte. O tal vez todas al mismo tiempo. Nos van a abandonar, pronto. Y alguien, solo alguien, tendrá que pagar la cuenta de luz.

domingo, 26 de marzo de 2017

Día 1041: Un crimen y mil castigos

No. No debo pensar en lo que ocurrió. La maté y ya está. No puedo volver el cuchillo atrás. La carne muerta muerta está. La tiré en un puente de Londres. Se la llevó el Támesis. Creo que nunca la encontraron. O al menos no me culparon. Ya saben, los beneficios de una conducta intachable. No te miran a la cara como un asesino, no no. El prejuicio a veces puede más, y eso te facilita la vida, al menos si pensás asesinar a alguien en algún momento de tu vida.
A ella la conocí en un bar, no recuerdo bien el momento. Me gustó, bailaba como perra, no sé si me entienden. Me tentó las hormonas. En ese tiempo tenía ganas de coger, aún. No pude hacerlo, me vinieron ganas de verla sangrar antes. Fueron unos segundos de descontrol. No me viene a la memoria que haya gritado o algo así. No opuso resistencia. Ella quería que lo haga. Fue nuestro ritual secreto.
Entenderán que en Londres los secretos y las personas no se llevan bien. Uno de ellos a la larga cae. Y fue así. Me llevé puedo a uno por defender lo otro. Y la cuenta llegó a dos. Tardé siete años en limpiar las huellas de mi nombre. No es que me hayan señalado. Pero bueno, uno no puede evitar ser meticuloso cuando se meten los pies en el barro. No conocía a mis víctimas, el umbral de la sospecha estaba lejos de mí.
Nunca lidié con la culpa. Una vez estuve a punto de confesar. Fue la debilidad de una borrachera mal curada. No volvió a pasar. Desde entonces me fuerzo a olvidar. Mi nombre. Mi pasado. Lo que sea. Voy y no recuerdo. No sé dónde estuve. Tampoco sé que hago. Igual a la larga todo regresa. Y olvidar no es tan fácil.
Sólo se los detalles. Y la historia. Cada puto detalle. Gritó. Sí. Como una condenada. Sé lo que soy. Un asesino reincidente con miedo a perderse en la tentación de la culpa. Sé que existe. Es una bahía de humanidad. No me van a ganar. Aunque el grito. Sí. Sé que cada vez es nada fuerte. No. No debo pensar en lo que ocurrió.

sábado, 25 de marzo de 2017

Día 1040: Cobro de retribuciones

El asunto era volver entero. El portal a veces comete sus equivocaciones y no es tan sencillo dejar el arbitrio de la vida a los relojes alterados del cosmos. Como le ocurrió a Piper, que acabó aplastado por un agujero de gusano. Aplastado, sí. Eso hacen esas porquerías. Te absorben como a un moco y te despiden al otro costado del culo del universo. Alteraciones de la física cuántica, para ser diplomáticos. Y una mierda, azares caprichosos, pelotudeces del multiverso.
El licenciado Ostrov se creía diferente. Tenía mejor suerte que Piper, seguro. Era su tercer agujero negro. Tres de tres. Debería apostar fuerte, porque lo suyo sí que era suerte. El procedimiento nunca fue seguro. Diez aleaciones, una capa sobre la otra, una loca teoría de por medio. De acuerdo a ciertas personas, la masa gravitacional de un agujero negro es capaz de compactar un elefante como si fuese un chicle o algo más pequeño, hasta dejarlo hecho una tarjeta de datos en dos dimensiones descomprimidas en el horizonte de sucesos. Así funcionaba la cosa, más o menos, o al menos lo que Ostrov entendía. El cascarón, con sus diez aleaciones lo protegía de eso, del peligro de la desmasificación o pérdida de la tridimensionalidad. Tres veces fue así. Aunque Piper no piense del mismo modo.
Las misiones suicidas de ese tipo eran necesarias para el balance aeroespacial humano. Los puentes creados por los cascarones eran los que permitían el viaje a los exoplanetas. En dos horas un cohete a velocidad crucero realizaba un viaje intergaláctico de más de doscientos años luz. Gracias a personas como Ostrov. O a bastardos desafortunados como Piper. Mercenarios a sueldo, o kamikazes.
El proceso de rutina hasta las cuatro aleaciones aplastadas. Cincuenta y ocho por ciento de viaje. Mal pronóstico. Una aleación recuperada. A veces ocurre, es raro. Dos aleaciones recuperadas. Una aleación extra. Diez aleaciones destrozadas. Ostrov podía oler la catástrofe que se avecinaba. Alguien tiró mal los dados. Piper. Sí. Maldito fantasma en la máquina. Ese hijo de puta ahora controlaba el horizonte de sucesos y cobraría pronto su venganza. Tal vez tarde, tal vez temprano.

viernes, 24 de marzo de 2017

Día 1039: Lo inoportuno

Me asomaré despedido en el instante de la cosas. Por una vez voy a sentir el vértigo y quizás no me va a importar. Tengo el látigo del vigor asimilado. En el costado la huella. Un fantasma permanente. Un monumento que dice acá estoy. No se pasen de largo, no se pierdan en la ciudad. Un poco de ecuaciones algebraicas, números raros.
Abrí el portal del infierno con mis dedos. No tengo culpa. Soy error perpetuo. No se confundan, el ego es poco y aún existe.  Tiemblo ante la incógnita. No sé decir del mañana una palabra adecuada. El corte viene. El desastre será inminente. Y nosotros, en el medio.

jueves, 23 de marzo de 2017

Día 1038: Sobre una sobra

Avizoramos perspectivas para visualizar el camino. No es el hecho de lo que hay adelante si no más bien moverse. El contoneo ante toda duda, equilibrado y dispar, de salir rengo a la pista de baile. De quedar atrapado en el pasado de un sueño. Pesadilla en loop para los que sienten.
Existe el abrigo tantálico del frío permanente. No es la silueta perspicaz del abismo ni la retirada masiva de las tropas. Aún existe una pequeña esperanza. Que venga el aluvión y se lo lleve todo. Mejores ejemplos se van para no quedar.
En el resguardo de lo poco nos buscamos. Es para el que gusta de sentirse perdido. Ser el paria de la tribu. Una cohorte innecesaria. Los reinos no se destruyen en un día. Hay mil esperanzas que delatan. También el espanto.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Día 1037: Payaso

Van a rematar las ideas. Un consorcio de estupefacientes. El concepto de algo estúpido dibujado por un nene de ochenta años. Quienquiera que sea los árboles. Sabremos como arruinar un acto político. Atacarán con sus mejores sobras. Pulsen el botón. Ejecuten. Ya no importa cuando el premio es poco.
Fuimos humanos para decir este castigo es mío. No quiero asombrarme ante la vastedad de lo ido. Entusiasmado porque ya no quiero errarla tanto. Un poco de misterio en la ecuación. Una ametralladora de arco iris. En la guerra no existen los amantes.
Pagaré el precio de la ocurrencia. Por una noche quiero ser el payaso. Sin trucos. Sólo la risa y quizás algún que otro asesinato. Volveré más torcido de la cuenta. Me esperan y lo ven.

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...