lunes, 2 de enero de 2017

Día 958: Antesala al comienzo de todas las cosas

No nos va a refrenar el rebenque. No. Somos una fuerza primaria, inmedible. El agua nos arrastra hasta la orilla con el impulso de una inercia desconocida. Basta de leyes, adiós gravedad. Somos lo que supimos y seremos ser en cada momento en el que los pedazos de nuestros cuerpos decidan reencontrarse. Un poco de muerte en el tiempo es lo que necesitamos. También pedimos sal, para darle sabor.
El simposio nunca acaba. Las palabras van a salir en otro orden. La alternativa de acuerdo al paso del tiempo. Somos un mero exponente del instante. Después olvidaremos. Es el ciclo. A eso respondemos. La vida nos pone en esa situación, de respetar las etapas a pesar de repetirse en bucle.
Nademos en el agua de la existencia, una fina red que puede rasgarse, pero solo un poco. Al menos. En apariencia. Saldremos despedidos a la completitud de las cosas. Por alguno de los tiempos el círculo habrá de cerrarse. De alguna forma. Icónica o deforme. Como sea. Nos repetiremos. Y es la verdad. Una agradable. Una que sentimos cuando éramos bebés. La tranquilidad de los esperable. En eso estamos. 

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