jueves, 5 de enero de 2017

Día 962: Estado de facebook

Dele una bocanada al puñal. No se asuste. No entre en pánico. La sangre no vuelve más. El proceso de secado lleva tan solo unos minutos. Después, duro como una lechuga, el cadáver está listo para ser depositado en un nicho con o sin nombre. Así mi vida negra pintada. No me presten atención. Soy el desahuciado de la cabeza, vacío en idea e interés. No quiero quitarles su preciado tiempo. Divino tiempo, preciado. Dinero. Las horas que miden en billetes de a cien. Y nadie se detendrá en la cojera del ciego o en el tartamudeo del paralítico. Nadie a menos que la evidencia sea puesta sobre la mesa.
No brillen de más. No está bien. Nada esta bien. Todo es un grandísimo agujero negro. Negro pintado. Odio y recelo para la posteridad. Ustedes lo piden, lo tienen, lo saborean y lo vomitan. Una bulimia en el corazón que no deja espacio al sentimiento. Ustedes. Y yo. Y todos. Y ese marciano que me mira feo desde otro planeta. Todos implicados. Todos culpables. Cárcel para todos. Impiedad. Impiedad. Sostengan el candelabro y maten a la bestia, por la espalda. Que sufra, como la verdad. Por la espalda. Traidores. Cobardes. Y arrogantes. Pantallas de la hipocresía y del supuesto deber ser. Alejaos de mi planeta. El mundo no los quiere. Mueran secos. Son pasas de uva fuera de estación. Mueran con la premura de todo lo justo y necesario.
No sirvan más al pretexto de lo sacro. Juren y abdiquen en su inexistencia. Nada es sagrado. El mantra. Nada es sagrado. Que me coloquen las espinas y la corona y carguen encima de mi espalda la cruz. Nada es sagrado. Quiero decirlo todas las veces todas. No me presten atención. Soy el vacío negro. La prueba viva de la inutilidad de las palabras. La cosa vive. La cosa muerde. La cosa está enojada. Y acá estoy, sentado, sin que mucho me importe

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