lunes, 9 de enero de 2017

Día 965: Más de lo obvio

Digan sus adioses a los dioses del templo. Deberíamos parecer un gran monstruo, uno que asuste. No hay mayor logro. Tampoco el mal menor. Es sacrificio de dos vías. Un detonante púrpura avisa. De los condenados a vivir y otras yerbas. La tranquilidad del grito. Un revólver azul dibuja el disparo en la noche. No hay un cielo a cubierto. No hay espacio. El sol y la extinción. Un juego de dos partes, siempre. No crean en lo invisible. No sirve la presa atrapada en su propio ojo de buey. El rey detractor confiere su jugo sagrado a la manada.
Permanecemos despiertos. Consumidos en la espera inesperable. El silencio deslumbrante con que nos sentamos en la cima de todos los huesos. Desde allá nos viene la paz, el espanto y todo lo demás. Una corte perece a falta del tornillo definitivo. La maquinaria oxidada prosigue el paso y el diente perdido coarta el movimiento. No avancen más, tropas átonas.
Debimos predecir los años por venir. Si sabíamos, si estaba mal la cosa y no la arreglamos. Dejamos que se rompa el asunto y al diablo mundo. Dejemos que se rompa, que se yo, para probar. Seamos víctimas de lo distinto, aunque sea una vez. Aunque sea que nunca ocurra.

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