jueves, 12 de enero de 2017

Día 968: Fiver y su colina

Me estoy olvidando de mi mismo. Es de a poco. Me hice la promesa. En ese instante en el que acobardado espero y me lanzo a un vacío negro no antes conocido. Es preferible dejar atrás la maña solapada, el talento aggiornado, devenido en magia o truco. A la serpiente no hay piel que le venga bien. Prefiere vagar en hueso y cartilago. La sangre al aire. El conejo prefiere contar historias en su madriguera. Y ataca en silencio el orden impuesto por la owsla.
El sol sale para pocos. El brillo es lo de menos. No somos sus hijos. Prefiero matarme de a poco, con sabiduría. Una muerte lenta, de invisible agonía. El placer del exceso bien consumido. Una tribu lejana, promesas de libertad. Camino del paria, más allá de los muros de Efrafa. Quiero lo diferente aunque no sé distingirlo. Si soy o no soy ya no es la cuestión.
Puedo vivir los años, con la astucia de El-Ahrairah. Tal vez pueda contarlos, rememorarlos. Una nueva prole. Sobreviví la batalla, con las orejas caídas, aún. Y la espalda, aún, erguida. Oler el peligro. La lluvia, el mar, lo que se viene. Y no ser, aún siendo. Por que esta colina puede vivir milenios enteros. Y está allá, lejos, con nuestros corazones, cerca.

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