lunes, 16 de enero de 2017

Día 972: Lo básico

Hoy estoy seguro, voy a sacar la basura a la calle y me voy a bañar. No esperen mayores resoluciones, me espanta la tarea de pensar. No sé, de verdad, cómo algunos lo hacen. Deben ser dotados, pienso. A mí me tocaron pocas cartas buenas y las juego como me sale. Improviso, a veces cambio alguna de lugar. En ocasiones sorprendo, aunque no es lo más normal que ocurra. Tampoco pretendo que el resto de mis días en la Tierra sean normales. Puedo cruzarme con un fantasma y no gritan. Entiendo que hay cosas que se escapan a nuestra cabeza. No podemos pensar la inmensidad de la galaxia. No, es imposible. Son muchos estrellas, y planetas, y demases cosas que descubren los científicos.
A mí me toca una parte pequeña en el asunto. Mis investigaciones son del tipo: vamos a pasear al perro. Pidamos pizza. Seamos buenos. O etcétera. No me pregunto cosas que me exceden, por ejemplo, el nivel del mar a las siete de la tarde. Eso es para los científicos, para los que le gusta usar el cerebro. No digo que sea algo malo, a mi no me funcionó. Hay muchas cosas que no funcionan. La alegría, por ejemplo. El chiste está en la fugacidad del instante. No hay tiempo para reír, tampoco para llorar. Hacer lo que sea que hagamos es perder el tiempo. Tampoco me provoquen, no quiero ir más alla con ideas inútiles, difíciles de aplicar.
Me gustaría poder ser más contundente con las palabras que salen de mi boca. Estoy entumecido. Vivo entumecido. No debo ser tan idiota como lo creo, aunque tampoco quiero estar seguro del mundo. No lo estoy. Puedo sentarme toda la noche en ese sofá destripado sin decir palabra algunas. El silencio es mi reino. Quiero espantar a las moscas que vuelan alrededor de mi nariz. Un baño, caliente, regocijante y una corta vida, sin preguntas. No espero más. Vengan a retirar el cadáver cuando sea el momento apropiado.

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