martes, 17 de enero de 2017

Día 973: Lo no tan básico

Dame un yate con todo el puto confort, un baño de espuma, una masajista, hombres que conquisten tierras y tal vez un bufón para alegrarme la tarde. Deseo un atardecer perfecto, algo diseñado a la medida de mi culo. Un buen cielo adonde poder escupir todas las cosas que no desee. Quiero el conjunto de estrellas más luminosas de la galaxia, las quiero ahí, sentadas en fila. Para que las vea cuando se me cante las pelotas. No soy caprichoso. La pretensión me da un correcto sentido de proporción. No hay lugar para mí, la habitación ya me quedó chica. Debo salir al bosque y cazar pájaros y lombrices por mi cuenta. Debo sentir la libertad. Porque es mía, porque se me antoja. Allá afuera voy a pensar en  Rolexs y baños de champagne. Siento toda el hambre con la comida en la boca. La sed en la garganta, mientras me ahogo en un río cristalino. Puto Tántalo. No es mi castigo. Merecer más de lo que tengo. De eso se trata. Nadie me preguntó hacia donde conducen las ambiciones. Ciegos deseo del hambre. Hambre ideológica. Muchos colores para pintar una sola cosa. Es la abundancia de nuestro mundo, un deseo de explotar lo que venga. Lo voy a hacer, con o sin el permiso de la humanidad. Quiero arrasar con la vida. Quiero ser el malo, el bueno, y el resto. No escondan el cuello. Mi embestida asesina está cerca. Cerca de algo que no sé.

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