miércoles, 18 de enero de 2017

Día 974: El planeta de los simios

Acá me ando, contando los días como si fuese un náufrago. La enfermedad me puso así todo boludo. Quisiera tener una mejor reacción a las cosas que pasan pero tampoco soy lo que los demás ven de mi. Es un truco, ya saben, humo y espejos. Fui valiente en otros tiempos. Soy el pasado, el fin de lo cognosible. Con tanto por contar elegí cerrar la boca. Fue un acto deliberado de pensamiento. Creo ser un hombre medido.
No hay señales del enemigo, según mi calendario tendrían que haberme rescatado hace dos meses y medio. Existe la posibilidad de que hayan perdido todos. Era posible, si. Que se hagan mierda entre sí. Imaginen una colisión enorme de dos planetas en pugna. Dos cosas gigantes haciéndose mierda entre sí por el mero placer de hacerse mierda. Eso. No debería decir estas cosas, aún creo que los micrófonos funcionan. Guerras modernas, ya saben. Ya no permiten los deslices ideológicos. De acuerdo a uno de los genios de mi gobierno, esa es la causa de la derrota en Vietnam de los yanquis. Eso, deslices ideológicos. Un soldado debe estar preparado para matar, odiar y no sentir culpa al respecto. Es la patria que demanda el sacrificio. El resto es accesorio.
A los gobiernos no se le ocurrió mejor idea que meter cámaras y micrófonos en medio de los charcos de sangre. En las trincheras un circuito cerrado transmitía información al ministerio las 24 horas del día. Audio e imagen. Claro, hasta que Tortoni destruyó las camaras. Estaba borracho el hombre. Creo que lo deportaron. Creo que lo condenaron a la silla. Por traidor. No hay grises para nuestra patria. Aliado o traidor. Y créanme, cubrir nuestra base no es para nada sencillo. Un pedo puede convertir a cualquiera en traidor, no exagero.
Igual les digo que fue una guerra bastante limpia, hubo combates en tierra, no lo niego, pero la mayoría de los ataques fueron responsabilidad de los drones. Esas máquinas no perdieron ni un milímetro de sus parámetros respecto a la patria. No sienten la bandera eso es claro. Pero obedecen sin chistar y eso es lo importante. Hacia ahí vamos. Esto es una transición, me dijo una vez un compañero, muerto por un drone enemigo. Me dijo, nos van a reemplazar de a poco. Pronto van a estar del otro lado, van a cambiar todas las piezas de ajedrez. Inteligencia artificial, hermano. Y yo le creo.

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