viernes, 20 de enero de 2017

Día 976: Perdón, cosmos

El día en que el mundo fue creado no hubo fuegos artificiales. Nadie llamó a su mamá para avisar que había llegado bien a la casa de su novia. No existieron perros aulladores ni plantas que puedan producir incendios. El terreno yermo no produjo una fiesta. Hubo silencio en grandes cantidades. Silencio de todos los tamaños. Un silencio sepulcral, pero también reverencial. Incluso callaron los ruidos imposibles de ser oídos. Nadie habló. Nadie dijo nada. El mundo se jactó de la inexistencia del ruido.
El petróleo aún era demasiado joven para ser llamado así. Piedra o madera, más bien piedra. Imágenes de un pasado aún presente, desolado. En la nada nos configuramos, con todas las complejidades arriba. Nada quedó por explorar. El mundo fue usado y tirado a la basura con la eficiencia de un papel higiénico. Una gran mancha marrón atraviesa el universo. Dejen que los demás pregunten por nosotros. Dejen que la conversación se extinga hasta que solo quede el principio. Un absoluto silencio.
Pudimos ser un desbalance cósmico en la naturaleza de las cosas, es que poco importa al ruido que generamos. Un inmenso pedo atraviesa todas las frecuencias de radio. Somos eso y nada más. Un inmenso pedo. Hay que hacerse cargo. Del ruido. Del olor. De las molestias ocasionadas. Perdón aunque sea tarde. No nos dejen solos.

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