miércoles, 25 de enero de 2017

Día 981: Poética fantasmal

Nos abandonamos a la desesperación de las cosas. Es grata sentir el abrazo conocido, frío, muerto, con espinas. Nuestro ego así tan difícil de comer. Vómitos de esperanza por toda la sala pintan un arco iris gris en la mesa rota. La actitud de lo que nos pasa es lo último adonde iremos antes y después. Un desagote masivo. La realidad en ebullición, con desparpajo anunciamos que ese tiempo nos pasa por arriba. Y el camión de piedra lo tira todo. Y el peso abajo, la presión de la no salida. Mejor no decirlo. Desnominalicemos. Eso es.
Un corto recorrido al hígado, el síndrome de la patada apropiada. Nosotros y la actitud aparte. Hay algo como de un sentido en la destrucción de nuestra especie. Un placer, llámenlo impropio, natural o enfermo y adecuado. Un mucho de los incontables. Risueño y payaso. Nos quedamos con el muñón y con el anhelo de nuestros congéneres muertos, abrazados por la motosierra cubierta de sangre. Es una broma, de las buenas.
La fístula a la larga explota. Y los rios de pus catalizan la miseria en rincones más correctos al ojo. Lo bello que puede ser algo que no lo es, o viceversa. Placer en el morbo, en el quiebre de la carne y el alucinógeno verde. Seremos piezas del gas mostaza. Nuestros pulmones recitarán la oda de la alegría y eso será todo. A Mac Beth no le importa. A nosotros tampoco.

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