viernes, 27 de enero de 2017

Día 983: El contador

Dentro de unos días voy a cumplir años y nadie se acordó. Debe ser porque estoy muerto. No en el sentido literal de la palabra, claro. Muertos para ellos, digo, mis familiares, mis amigos, y esos chupasangres que dicen ser la uña en mi carne. A veces camino por la calle y creo que me ignoran. Toman el otro costado de la vereda. Así evitan saludarme. Cosas por el estilo me pasan todo el tiempo, soy un tipo perspicaz, a pesar de que mi rostro insinúe lo contrario. Verán, en el 2005 heredé una fortuna incalculable de una tía abuela. No recuerdo si son seis o siete ceros. Mucha guita, demasiada. La que no gastaría en toda mi vida. A nadie le importó. Y eso que todo el mundo se enteró. Debo tener mal olor. Seguro es eso. No, de verdad no estoy muerto. No esperen ese giro sorpresivo. Las mejores historian son las que no cuentan nada. Un hombre se prende fuego por accidente y nunca redunda en un evento colateral. Pasan las cosas por que sí. Y el fin es inminente. No soy un tipo tremendista. Me gusta el realismo, cuerpos sudados, emociones rigurosas, programas que se caen. Cosas que ocurren por fuera de la televisión. No me tienten, soy una persona aburrida. Me gusta que hablen mal de mí. Siempre quiero dar tela para cortar. Soy masoquista, lo sé. Tampoco me importa demasiado. El fin es inminente. Cada tanto ocurre. Un meteorito, una balacera, o cosas por el estilo. Vamos a morir del modo más estúpido porque no queda otra opción. No hay muchas historias para contar. Hay que dejar que la cuenten nuestros huesos. Allá, en el museo de los tiempos que nunca vamos a ver. Todos calcinados, unidos en una super obra, el conflicto del arte y el espanto. Todos unidos, rezagados. Algunos rezarán, porque les toca. A mí me queda sentarme y contar datos inútiles.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...