domingo, 29 de enero de 2017

Día 985: Caja de zapatos

No dirán que reescribimos la historia. Siempre fuimos el paria, aquella persona que no debía ser nombrada, el tipo que se sienta al final del banco. Una cosa insoportable. Desde allá nos expulsaron a la Meca. Somos el yugo reventado, la respuesta a ninguna pregunta. Desde ese rincón nos pertenecemos. No fuimos el sentimiento adecuado.
¿Cuál es la medida de todos los tiempos? No abarrotemos el botón de salida. Comimos sin culpa. Al menos una noche. Y después que venga lo que sea. Un descontrol medido. Allí, detrás de esa mancha negra. El planteo de un regreso semejante no debería ocasionar un daño mayor. Y en esa sintonía de órbitas descompuestas giramos sin pertenecer, haciendo el sinfín de interrogantes a la nada que nos interpela.
Somos el golpe semejante, el duplicado de la espera quebrada. Quien de mayor grado se inclina y saluda al señor. No ve el eco de la sombra, en todo lugar, con la culpa que arrastra. Estaba. La digestión de lo que lloramos. Penas en una caja de zapatos, archivadas para un momento mejor. No vamos a ser. Mejor no.

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