martes, 31 de enero de 2017

Día 987: Despedido en inercia

Y cuando llegue al último peldaño de mi vida, recordaré. Aunque las eras amedrenten esta carcasa vacía, surgiré. Quizás más odioso. Quizás más real. Un voluble ser pensante, adobado en la idiotez de lo que pudimos perder. Ese tanto maldito nos puede confinar a la cárcel del sentido. No aprobaré una medida sobre el excedente. Puedo ser un buen político hasta el final. Reducir esfuerzos, maximizar virtudes y cosas por el estilo.
Mi espíritu insurrecto merece algo mejor. Un premio, una horca tal vez. Merezco el castigo al punto de gozarlo. Un látigo más no cambia la cuenta. Nos dimos cuenta de lo nocivo de las cosas y aún permanecimos, atados a esta roca llena de ruido. No quise estirar más el tiempo hacia algo que no sé hacer: perdonar. Arrepentirme. Y quizás elevarme sobre la intemperie como una especie de dios raro. Un humo fuerte. Insolente.
En el éxtasis me desvisto. Quiero nacer tan desnudo como pueda. No es una petición formal, es algo más natural, con brillo, con el glamour de lo no planeado. Me gusta ser el tipo más estoico del planeta, porque así parece que la causa es justa. Quiero chocarme contra el mundo y hacerme pedazos. Si no es rebeldía, seguro no es nada. Ya pasará.

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