lunes, 27 de febrero de 2017

Día 1014: Fuera del radar

No sé en qué mundo andaremos. Nos forzamos a inventar el recuerdo de nuestro amor, un eco partido en un océano de voces. Desde entonces vago sin decir palabra. Me consumí en el silencio, rápido y evidente, esta tormenta de nudos que invitan a mi garganta a llenar el buche. Valoré las noches como otros tantos. Creí que iba a ser capaz de esconderme y me encontraste, así pobre de alma y corto de cobre. Nos observamos como señores ingleses.
Desde otro costado de la historia un hombre nos cuenta a nosotros mismos lo que hacemos en reverberadas ondas de sonido. Consumí hasta las líneas pequeñas del contrato porque soy un adicto a lo que venga. Adicción, adición, nafta premium a mis sentidos. La carrera del meteoro, encrucijada hacia la muerte, no me fallen, ya vivo de la derrota.
Un último altercado puede ganarme la manga. No brillen demasiado, estrellas sobre mí. No quiero encandilar al faro. Desde el rincón más obsoleto de la galaxia me posiciono, una mancha de polvo abandonada, acá, este punto. No me contradigan, que pierdo rápido y me voy bajo.

domingo, 26 de febrero de 2017

Día 1013: Mapas y coordenadas

No debo creer en mentiras, en esos alimentos de los sueños. Digo algo en mi defensa para evitar que el cielo se me caiga encima. Soy un hombre peligroso, golpeo con las palabras. En la calle sostengo el cuchillo firme contra la garganta. La palabra, la definitiva. No se va a escapar. Esos nenes tienen el futuro asegurado. Y yo voy a ser el símbolo de la cosa. Entiendan cómo funciona el mundo. Desde aquí veremos el techo.
No voy a perderme. No voy a ser ese pasadizo fallido. No me conduciré con la sorna del soldado de mil batallas. Tengo muchas cosas para negar antes de morirme. El camino y las ganas de irme no son tantas. Quiero contar historias de color, azules o rojas. Tal vez me gustaría hallar los ingredientes para cocinar el suspenso más sangriento que adquiere la trama. Que el argumento sea el espejo de mi alma y la pantalla gris me atraviese con la contundencia de una katana.
Puedo ser ese niño atrofiado si lo deseo. Conozco el camino de regreso a Kansas. Sé dónde esconde su mojo el mago. Voy a engañar a unos cuantos antes de que el juego termine. Y no termina.

sábado, 25 de febrero de 2017

Día 1012: Frase

Ganas de decirlo todo rápido como un rapero con convulsiones que es acelerado hasta la máxima potencia como Eminem clavado en un océano de pastillas cocainosas y todo lo demás con ganas de explotar y brillar en la vía láctea como una de esas tantas estrellas muertas en el cielo supernova querido supernova como el tema de Oasis como los postres de mi mamá como como como tanto que voy a engordar y no voy a poder pasar a través de la puerta a través de ningún portal me imagino voy a quedar atorado dentro de mi imaginación si no sale antes en forma de caca caca eso es lo que tengo en mi cerebro las ideas mueren ahí como mi imaginación atorada vamos vamos que con esos gritos de cancha voy a sacar al mundo adelante entendés que estas apreciaciones revestidas de cierta condescendencia no van a alterarme porque estoy por sobre todas las cosas el precio es lo que importa así me voy a vender tan caro caro como tu vieja entendés no existe posibilidad de caer más bajo allá por lo pronto y listo y fuera no pregunten más la fuente se acabó chau batería no me voy a detener en explicar por qué ya no quiero hablar porque eso me llevaría decir muchas cosas que no tengo ganas de decir y el silencio es salud pero la palabra en exceso es droga y a veces de la buena no se corto cuando se me ocurra algo mejor sigo.

viernes, 24 de febrero de 2017

Día 1011: Sonda rota

Después no digan que no les avisé. El cerebro les va a estallar en una explosión termonuclear. Es solo cuestión de tiempo. Va a venir un tipo muy afilado en números  que le va a poner precio a nuestras ideas. Y ese va a ser el final, si, mi amigo, el final. Como lo junó Morrison. Pero no sucumbamos al espanto, mis queridos, tengo la solución. Una nave de pedos sin olor, ecológica, biosustentable, capaz de elevarnos a la estratosfera en cuestión de segundos y así enviarnos a uno se esos planetas allá afuera parecidos al nuestro. Total a la Nasa no le importa, a Europa no le importa, al perro de Trump no le importa. Ninguna nación quiere condonar la deuda impresa en bonos de idiotez. Ls idiotez no es el papel del futuro, tampoco la tarjeta de debito. Vivimos en una sociedad sofocada por la falta de ideas. Un presente capaz de enviar a Newton a las trincheras, con la sola finalidad de divertirnos, ya entienden, para el último reality show de moda. Y aún no terminanos de extrañar a los talk shows, nos quedamos con el semen en la garganta, con la cópula a medio terminar, cuasi interrupta. El silencio a veces es demandante. Engaña. Es una puta vieja con demasiados años en el negocio. Capaz de estafar al más ducho. Y no hay plan de contingencia. La respuesta es hablar, hasta dónde de la carretilla. Hablar, total es barato. Hacerle honor a esa canción de Floyd y que el tiempo pase hasta que el tiempo muera.

jueves, 23 de febrero de 2017

Día 1010: Tres nunca

Nunca fui feliz. A mi me desvirgaron con un gusano. Ese fue el castigo del pobre animal. Desde entonces padecí algo no menor al fuego del infierno. No exagero, en todo caso entiendo el sentido de proporción que a veces adopta la vida. Me criaron en el castigo de la diferencia. Ser otra cosa es el pecado y a mí me tocó lo que ellos deseaban se mi. Colgarme de las pelotas y escupirme, mientras un iluminado encendía un fósforo en mi espalda. Soy la nada y no me importa. Una mancha que no se quita. Un fantasma en la tele. Otro punto y aparte.
Nunca seré feliz. No es mi palo. El futuro guarda cosas buenas para quienes no son yo. Para aquellos que gustosos van a ofrecerse para revolcarme en la mierda. Voy a merecer todo de lo que se me acusa. Voy a ser el criminal perfecto, el paria más famoso de toda la humanidad. Cometer el pecado de la carne contra mí mismo, cuando ya las moscas no quieren chupar tu jugo. Cuando el valor nutritivo de lo que das es cero. Así puedo seguir. Otro punto y aparte.
Nunca soy feliz. Es. La realidad de mis ojos no me pertenece. Estoy tan encadenado al mundo que me hunde como el mundo que atado a mi putea en compañía irreversible de lo que soy. Estoy caído y más pintado a la variedad de la oferta. No hay demanda. Solo patadas en en el costado. Quizás otro escupitado. No estoy consciente. El cerebro es otra cosa, y tampoco me pertenece. Un punto final.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Día 1009: Para nunca

El costado más odioso, el que tenemos, el único capacitado para recibir la trompada. Soleamos, decimos, para nunca, qué se yo, es un estado de mente, o de cuerpo, o de caca. De un rincón hacia otro. De a veinte mil galaxias contamos el aburrimiento. El depredador no engaña a su presa, le cuenta el chiste después de tragársela. Amor con dientes. Amor explosivo. Del contagio de las llagas nos curamos del sopor de la existencia.
En la estructura del prolapso nos gusta caer. Adentro. En lo profundo. Donde el negro es más negro y nadie pregunta. Certezas y nimiedades. La espuma de un licor barato. Exagera el moño la cortina, ver desde adentro, desde afuera. Una repetición consecuente, agradable al oído. El mantra de lo inservible.
Congelar la gónada en vinagre, no sepan decir lo único que la boca puede modular. El gran orificio señala todo lo que puede ser absorbido a otra dimensión. Hay que suponer un juego de palabras confuso como para terminar el enredo supremo. Nos conjugaremos en una amenaza mayor. Caerá fuego y ya no habrá responsables.

martes, 21 de febrero de 2017

Día 1008: Para siempre

La batalla duró dos segundos o un millón de años, según como se lo mire. Nadie murió, por supuesto. Es que un inmortal ante el aburrimiento se pone violento. Grandes ejércitos de personas invencibles parece ser el remedio. A la larga todos aprendieron a pelear. Es sobre la marcha, luego de varias cabezas rebanadas y vueltas a crecer.
Incluso contar esta historia es inútil, véanme, tratando de remontar el punto muerto de la acción sin acción, debería terminarlo ahora. O tal vez contarles acerca de la operación de cadera de mi tía Gladys, la rubia, esa media gordita. No importa, no la conocen, ustedes se lo pierden. Es capaz de comerte un plato entero de rabas sin tomar una sola gota de agua. Esas hazañas deberían escribirse en los libros. Cosas de tipos comunes. En fin. Los inmortales, no la pizzería, no, digo esos tipos que viven mucho, demasiado para su gusto, gente eterna en guerra. Y es así que tanto desean dejar de ser lo que son. Allá ellos, con sus palas y sus tridentes pintados de rojo. No les gusta creer en Dios porque ya lo probaron. Desde luego, el silencio los traicionó. Y así murieron.

lunes, 20 de febrero de 2017

Día 1007: Duque

Naciste así medio siome. Corte, billetera y galán. No te junaron desde la popu. Fuiste otro cobani contra la pared. Agitaste hasta desaparecer. Sos como el Jesús pero de nuestro barrio. Uno de los nuestros. Tal vez así chivemos arrabal. Locuras de conventillo. Pasillos del va y viene. Me trajiste la alcancia equivocada.
Vino el contagio, estabas verde como pars sacar adelante el asunto. No me engrupís más con tu chamuyo de chico de guita. Sos el más logi de la cuadra. Al toque armás bondi y ahí te espero.
Nos conocimos en un exceso de pastillas. Desbordados por la cosa. Desde entonces me puede y desafío. Fallaste en el berrerín. No más veleta por hoy. Desististe del chupi por el chandüi y qué sé yo. No hay más. Sólo vacío y una ñata desfigurada. Fuimos reyes solo una noche, como esa canción vieja.

domingo, 19 de febrero de 2017

Día 1006: Los muertos viven

En un santiamén ingresaron al muerto. Uno de los enfermeros le hizo las maniobras de RCP. El cadáver bailaba debajo de las manos del profesional. Una linea plana asomaba de un monitor. Cero pulsaciones. El médico observó al paciente y dijo: bueno, hicimos lo que pudimos, pásenlo a piso. Un pequeño gas se escapó del muerto. El camillero, a punto de retirarse, hizo un chiste al respecto.
Los familiares advirtieron la falta de respiración y se alegraron. Le hicieron caricias que no sintió. Y palabras que el oído no transmitió al cerebro, por supuesto, tan muerto como el resto de sus extremidades. Está tan tranquilo, dijo la abuela. Es la paz de la falta de aire, sostuvo papá. Es que a nuestro Carlitos le va tan bien muerto. Desde que se murió se hizo millonario, ya saben.
Y Carlitos les sonríe a todos, desde su rictus impenetrable. Sabe que los muertos tienen buena fama. Desde que estiró la pata todo en el universo le sonríe. Sus amigos lo quieren. Incluso su perro le hace caricias. Los muertos viven. Y esa es la verdad.

sábado, 18 de febrero de 2017

Día 1005: Ego

Cobraré la indemnización, lo sé. Por esta pata rota, lo sé. Con eso voy a irme de putas y me voy a traer una venérea de  regalo. Estoy muy drogado como para pensar en la desigualdad. Debajo de la tierra todos los caños son parecidos. Demandaré al que me parezca. No puedo vivir de la buena intención. Debo caer bajo, pronto. Tendré que asfixiarme en la bilis de mi costado feo.
Voy a cagarme en el mundo. Apostar fuerte aunque ese no sea mi karma. Volveré peor. Recostado. Enfermo. Seré todo tejido adiposo. Construiré el panal y seré la boa constrictora. Puedo robar toda la albúmina del planeta si me lo propongo. No quiero salvar África. Odio a los perros. Me acuesto y pienso en lo malo que voy a ser.
Quiero morir fuerte, con la motivación suficiente como para acabar mil vidas. Pondré el cartel de ocupado. No debo pasar inadvertido. Seré grande. Enorme. Magnánimo. No verán tantos soles en un mismo lugar. No se extrañen. Soy yo.

viernes, 17 de febrero de 2017

Día 1004: La mecha en el reloj

Desde todos los rincones nos empezamos a convocar. Apelamos a la montaña de mierda, santo pedrusco. Para ultrajar la especie somos los mandados a hacer. Corregir. Alegar. Destrozar. Tantas monedas en la misma noche. Un púlsar naranja emite señales de otros tiempos. Contactos de la tumba. Atraviesa. Digiere. Ultraja.
En un punto equidistante. Consumado los vacíos negros. No vivir la luz, el viajero retorna. En silencio cósmico nuestras huellas mienten. Al confesionario. Del laberinto construido sobre el cementerio.
Dirigir. Alternar. Sufrir. Novedad en el silencio. En cada canto de la sinusoide muerta. Confesiones de otro mundo. Universo en overclock. Nadar entre deshechos. Veleidoso. Agitar. Muerte.

jueves, 16 de febrero de 2017

Día 1003: Algo rápido pero lento

No quiero el compromiso de las personas, unirme a algo que me ata. Es una idiotez de gente tarada, me disculpan. No voy a servir a los convencionalismos de nuestra especie. Debo modernizarme. Camuflaje social. No vean lo que parece, es un poco más. No sé, ustedes digan, apuesten. Tiren una posibilidad, fallen con tino. Desde un nuevo amanecer la tormenta. Compuertas cerradas a lo que venga. Aturdirme a todas las señales. Voy a ser el estómago descompuesto de las masas.
No brillen de más. Quiero juntar la mierda de mi bolsillo. La voy a tirar por la ventana. Capturen el momento. Sean buenos. No voy a vivir mucho. Cierren mi cuenta, o mejor, déjenla abierta. Quiero que el mundo se emborrache a mi cuenta. Multitud de droga para todos, con sus personas. Y debitemos la consecuencia. 
No me inviten. Soy la carga más estúpida para la sociedad. Estaré fuera del país unos cuantos milenios. El quinto día, el final de los mundos, la inminencia de la muerte. Caeremos junto al meteorito o antes. Lo que la gravedad decida primero.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Día 1002: Mucho peso

No reverdece el síntoma cuando es catástrofe. Uno más, de los tantos egos desmedidos que mixturan la conquista del planeta. En la enfermedad supimos amarnos, tan diferentes nuestras circunstancias como para llegar a lo mismo. Un tumor acorazado demanda piedad. Estamos sueltos y ante todo listos para el vendaval.
Retrocedamos con estilo. Salvajes nuestros tiempos, en bolas y con gritos. El rock prehistórico, el remedio del nativo. Fumar un renacimiento. Fuimos sido los retazos de lo que será. Tantos amigos caídos. Sin preguntas ni contraseñas. En el baúl de la carne se fue el tren.
Sangre de otra dimensión. Zombies del amor toman el cuartel. Allá, donde los ejércitos caen. Ya nadie duda. Es temor o una bala. Gemir o una nalga. Reconocidos nuestros espíritus solo queda abalanzarnos y esperar que el puente resista.

martes, 14 de febrero de 2017

Día 1001: El después

En los confines de la patrulla escarlata los mandos mayores del ejército planeaban una estrategia de escape. Sherazade conocía los gustos sexuales del Sultán, solo debía contar una historia para que su miembro viril asuma la proporción indicada como para llevarla a sus aposentos. Sus caderas se contoneaban mientras el cuento salía de su boca, una gran mentira, pensó, ya no tengo más que decír, me va a cortar la cabeza.
El Sultán se mesía la barba. ¿Patrulla escarlata? ¿Qué clase de invento es ese? Sherazade hizo oídos sordos a la petición del gobernante. La invasión alienígena era inminente, solo contaban con un avión y un piloto experimentado. Con una carga de explosivos capaz de volar tres veces Hiroshima se conduciría a la nave nodriza y, con suerte, saldría vivo para una secuela. Hicieron una película mediocre con esa historia, la hizo Will Smith.
¡Que traigan el bolso! dijo el Sultán. El hombre no podía contener su enojo, tampoco el ardor en su entrepierna. Qué noche pasaría con ella, tal vez le haría otro hijo. Mil noches frustradas por un burdo entretenimiento, ahora descubriría la farsa. En ese bolso debe tener un pergamino, un hechizo, algo, esa mujer no puede conocer tantas historias, maldita bruja. ¿Qué clase de imaginación sublime podría inventar un mundo plagado de computadoras, teléfonos y automóviles cargados de petróleo refinado en su interior. Astronautas, visitas de otro mundo. Telescopios. Lentes capaces de recuperar la vista perdida. Es demasiado.
Así descubrieron la máquina del tiempo de Sherezade. El aparato era del tamaño de una tablet. Bruja, sacerdotisa del mal, señaló el Sultán. Le cortaron la cabeza. Un líquido negro manchó el suelo. El cuerpo sin cabeza de Sherazade se levantó del piso. Sus manos ahora eran ametralladoras. Mil y una noche fueron balas.

lunes, 13 de febrero de 2017

Día 1000: 1000 días

Ella lo prometió, en mil días el agua del Riachuelo iba a ser bebible. Luego la metieron en cana y el Riachuelo, por supuesto, no mostró señal alguna de limpieza. Los efluentes industriales siguieron haciendo su trabajo y la vida, tal como la conocemos, comenzó a retorcerse. Allá por lo bajo las moleculas submarinas respiraban la excitación de una nueva era en la que organismos un poco diferentes bregaban por ver la luz del día.
Al principio eran pequeños lagartos y mutaciones insignificantes. Los medios de comunicación no le dieron importancia. Y la evolución aprovechó. Los tiempos se aceleraron. Criaturas de dos cabezas comían personas en los principales barrios porteños. Al cabo de una semana la plaga cubría toda el área metropolitana. El frío los va a matar, dijo un experto confiado en un resultado favorable a la humanidad. Se equivocó.
Las personas no solo murieron a causa de los nuevos lagartos. El calor no disminuía un ápice. Hombres y mujeres quedaban secos en la calle de tanto transpirar. La salitre en la piel era el condimento perfecto para el almuerzo de las criaturas mutantes del Riachuelo.
Un científico quiso solucionar la inevitable extinción de la Argentina. Terapias de ADN. Si insertamos una cadena de ADN acá, el proceso mutante se cae a pedazos. Y así fue. Cayó, pero para formar un nuevo y mejorado organismo. La humanidad se extinguió en el decurso del mes. Y esa es la razón por la que ahora nosotros, los lagartos, volvimos a dominar la Tierra.

domingo, 12 de febrero de 2017

Día 999: Crudo

La vida golpea un corazón. De un tirón desenreda los intestinos. La sangre borbotea al costado de la ruta. Un muerto más, dicen. No controlar la necesidad del esfínter. Resistir el complejo de castración con los huevos en la garganta. Edipo contento. Desde entonces nos conocemos, con las rabietas y la tolerancia. No sé, guardo el hueco, a veces sirve.
Desde entonces nos prometimos algo más. Quizás el vuelco que todo lo provoca. Atoramos el antitusivo con la flema y el estiércol. Bilis para el que lo necesite. Ahoguemos el orgasmo. El tiempo detenido. El fin lo es. Un auténtico despertar. Los valles marchitos, semillas de ultratumba. Desde el beso hasta la sensación perdida que nunca fue.
El arrebol en las piernas. Un gol de oro. Doce pasos lo definen. La galaxia puede ser el maremoto y nosotros la estrella. Nombrar con ojos. Existe el daño. Hoy veremos sangrar al mundo.

sábado, 11 de febrero de 2017

Día 998: Oreja caliente

Desde entonces no nos comunicamos. Perdí la señal de celular a propósito. Corté la luz. Dejé de pagar el cable. No quiero saber más de vos. Te fuiste. Sí. Así de lejos de mi vida. Ahora te cuento, te pongo al día. Hay novedades. Soy yo, uno nuevo, diferente al que conociste, ¿sabés? Conocí a otra persona, nos llevamos bien, incluso se atreve a limpiarme los calzoncillos sin hacer cara de asco. Eso anotalo para cuando me vuelvas a pedir algún servicio.
No, no estoy contento con la atención brindada. Deberían cobrarle impuestos a los inmigrantes. Más impuestos. Nuestra nación se hace sobre los impuestos de los inmigrantes. Bueno, así debería ser, no soy político. Tengo algo de sentido común. Mi maestra de tercer grado siempre me lo decía, Rodolfo, tenés algo de sentido común. No sé si era sarcasmo, yo creo que lo decía en serio. Lo que me perjudica es el amor. Querer a las personas me enferma. No les guardo resentimiento, es solo una elección de vida. Algunos deciden tener un perro, otros se cortan el pelo y se hacen una poronga al costado. A mí me gusta estar alejado de la galaxia, la Vía Láctea. Me tomaría un cohete, si pudiera, pero todavía no inventaron la tecnología que me permita vivir en paz. Soy un hijo de este tiempo, saben, esta cosa de vivir en angustia permanente, somos como una mezcla de pasado y futuro en un mundo en el que no pasa una mierda.
No soy el primero que se frustró al llegar al 2000. La gran mentira de los Supersónicos. Nada de casas en el cielo, adiós autos voladores. Lo único que me permitió un vuelo, las veces que me pegó, es alguna que otra línea de cocaína. Nada más. Y vos, claro. Apareciste en mi vida un 22 de octubre de 2007 a las 17.02. Lo tengo anotado, por si algún día me agarra el alzheimer y me vuelvo un tarado sin cura, más tarado sin cura de lo que ahora soy. Ese fatídico 22 de octubre de 2007 a las 17.02 sonó el teléfono. Para mi mala fortuna hice lo que no debía: atendí.
Y me llegó tu voz desde el otro lado del tubo. Distante, como de China. Aunque con un tonito cordobés. Me preguntaste si estaba interesado en contratar un nuevo servicio de telefonía celular con internet gratis. Te dije que no. Vos me dijiste que está bueno. Te dije, de modo amable, claro, que no me importa. Vos me dijiste que me voy a tirar al caño una oferta imperdible, que me bonificaban no sé que mierda por el transcurso de seis meses. Yo dije que gracias, pero no. Vos me dijiste que iba a tener diez números gratis bonificados, y que también hasta me iban a regalar una frazada para el perro, bueno eso no sé si es cierto o si lo inventé, no sé, no lo tengo anotado. Te dije que capaz lo voy a probar, sin decir la palabra mágica, ese embaucador sí que iba a morir en mis labios. Mi costado siniestro, claro, esa necesidad de hacerte parir el bendito ofrecimiento.
Desde entonces te amé a mi manera, con odio. Cada puta semana el teléfono sonaba, y te tenía así, en vilo. Me agregabas por cincuenta centavos un celular con veinte por ciento de descuento en pago de doce cuotas sin interés. Un día me ofreciste el plan familiar, para que me pueda comunicar con toda la familia, a mí, a mí, a la persona que desea tapiar su departamento y encerrarse en el baño hasta que el hambre me cague matando. A mí. Fui amable, sí. Te dejé hablar una hora, a vos y tu tonito cordobés de call center. No entiendo. Diez años. Nunca te fuiste. No te ofrecieron un mejor trabajo. Te prostituiste día a día por el mismo magro salario. Y siempre fuiste vos. No Carlos, no Melina, no, vos. Siempre vos. Me tenías agendado. Me anotaste. Yo era tu trofeo personal. Querías colgar mi cabeza en tu living y contarle a tus amigos una estúpida anécdota de cómo me cazaste con un abono prepago con ochenta teléfonos gratis para enviar SMS. Hasta compré un celular en otra compañía, solo para verte sufrir desde el otro costado del teléfono. Entendí tus respiraciones, estabas nerviosa el otro día. Quisiste abandonar, lo sé. Por un instante dudaste en seguir con este juego macabro.
Si vieras a tu Rodolfo. Llamé y pedí hablar con vos. No sé como llegué a vos. Hablamos, te dije si querías salir a tomar algo conmigo. Me dijiste que no, que estabas casada. Te dije que no me importa, que no soy celoso. Creo que te reíste. Yo te dije que mi oferta venía bonificada con una noche inolvidable. No sé si aplaudiste mi ingenio pelotudo desde el otro costado del teléfono. No sé. Solo sentí a continuación el intermitente LA 440. Abandonaste. Una semana después volví a recibir una llamada de tu empresa, era otra telefonista, me ofreció un plan premium. Dije que sí.

viernes, 10 de febrero de 2017

Día 997: Carroña

Existe, tal vez, otro muchacho, una salvedad. De ese modo funcionan las reglas, con sus recovecos oscuros y la refulgencia de ciertos puntos. Fueron hermanos en otro tiempo. Por razones ajenas a la lógica dejaron de serlo. Y así es como funcionan las cosas. Fue un intento estúpido de ficcionalizar la historia, ponerle un condimento.
Uno de ellos entra a un bar y pide una cerveza. El otro lo atiende. No se reconocen. Quizás en otra vida. Una similitud. Una remembranza física, eso. Y van a ignorarlo hasta el final, las últimas consecuencias. Un meteorito ingresa a la Tierra. Caerá en el bar, por supuesto.
Y los vampiros se autoconvocan a los restos. Animales carroñeros. Solo quieren algo de sangre, los pobrecitos. Pero los hermanos que no son hermanos sobreviven. Se limpian los escombros, están confundidos. Se percatan que son dioses, otra salvedad. Y en sus manos está la capacidad de repoblar la Tierra, o exterminarla. El paso definitivo.

jueves, 9 de febrero de 2017

Día 996: En China no pasan estas cosas

No consigo abandonarme por completo. Me entregaron sin esa capacidad. Juguete defectuoso, devuélvanme a China, con todos esos chinos y sus cosas chinas. No sé como desatascarme, solo consigo hundir lo más hundido, hacer un pozo, y terminar en China. Desde luego, con chinos. Todos me miran. Voy desnudo, como en esos sueños feos, con la vergüenza colgada entre las manos.
Abandonen la esperanza. Dejen los zapatos en la puerta. Entren sin media, lávense los pies. El olor a la culpa. Eso que te dice que un Papa te quiere y te lava el pie. Un Papa que te susurre cosas chanchas al oído. Un Papa que te deje coger nenes. Me dejo y me agarro. El cerebro es una pelota de fútbol prendida fuego. Las moscas vuelan sobre mi cadáver, las entiendo, tienen hambre. No puedo dejar de ser lo que soy. Es una necesidad, o más bien un impulso.
Nos autoconfinamos al fracaso con el deleite de la tarea cumplida. Allá soy bueno, rápido, como Usain Bolt. Fracasaré a la velocidad de la luz, con todas mis ganas. Quiero romperme tanto hasta llegar al polvo, uno capaz de ser ingerido a través de la nariz. Quiero drogarme en mí mismo. Volarme alto. Escaparme. Darme vuelta. Del revés. Del dorso. Se vé más o menos igual. Pero diferente.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Día 995: Las cosas que conozco

Conozco una litera donde suelo pedir perdón. Conozco un vaso de vidrio, mordido por las huellas, que se llena a medida que el vacío aumenta. También conozco la sensación del ser querido, de abandonarme al riesgo de la sombra. Conozco pocas cosas, lo sé, una puerta tapiada a mi medida, una letrina con olor a campo, tal vez la inocencia de un amor no correspondido de la infancia. Conozco eso que todos llevamos adentro y no sabemos como llamarlo. Conozco el espíritu del tiempo que acciona las manecillas de nuestros cuerpos. Conozco la acción que moviliza el dedo, razón que delega lo viejo al tercer plano. Conozco mi teléfono, su soledad, la lista de contactos, delivery de comida. Conozco el fantasma de lo ajeno, el deseo que opera en el detalle. Conozco que no supimos esperar una mejor oportunidad. Conozco poco, mi alma sufrió el golpe, pero no fue para tanto, soy un exagerado. Conozco sentirse desnudo sin siquiera sacarme la ropa. Conozco la sensación de estar chiquito en un universo grande. Conozco el dedo acusador, que tamborilea sobre mi cerebro, mientras toca lugares conocidos. Conozco el área de Broca y sé cómo perderla, cómo abandonarme a la falta de cultura. Conozco lo que decimos en tantas ocasiones, perdón, lo siento, otra vez será. Conozco el llanto. Y nada más.

martes, 7 de febrero de 2017

Día 994: Amame a las piñas

Mi cielo está agujereado, como ese pantalón que dejaste sin planchar. Nos vivimos esquivando aunque tengamos la misma piel. Nuestra casa de huesos es indisoluble. Y la muerte nos puede parecer un chiste barato, uno de tantos. No quiero más razonamientos, no necesito tareas de corazón. Sentir o hacer, lo mismo da. Nadie quiere gastar neuronas en balde. No evolucionemos más, detengamos el tren.
Salgamos afuera a dar piñas a lo pavote. Que entiendan el amor a lo bruto. Sepan así lo enfermo y unidos que estamos. Que desafiamos a las pastillas y a las hojas de afeitar. En lo salvaje nos penetramos el alma, así de parado, sin cuento. No sé, es amor, es algo. Es un minuto, quizás un segundo más de esperanza, estúpido deseo.
Ingresemos lo necesario a través del orificio de la nariz. Que la pista de aterrizaje despegue. Adiós, piso. No más lamentos. Dos historias y un camino que se bifurca, para girar o volverse a encontrar. Hechos de la carne de la basura, un condimento vencido.
Me desvivo por olvidar la felicidad. Lo bueno vuelve y no pregunta para atrás. Algo se dibuja en la nube y quizás sea un pito. Deliremos lo que sea, que el resto viene prestado.

lunes, 6 de febrero de 2017

Día 993: En falta

Poesía eviscerada. Evaporada. Condensaré la infinidad sobre los pies de la derrota. Una figura manchad, recuerdo de China. Una suerte de refilón, agota el número sorteado. Hoy es la noche. Hoy somos todo lo prohibido. La contienda donde las águilas prefieren arrancarse los ojos. Moriremos, claro, con el rictus fruncido a la ocasión.
Desde otro lugar me convocó. Existo en otra parte, como sueño y pesadilla. Allá convivo dentro de mí, como puedo, como sale. No me gustan los testigos. No quiero sorpresas. Abrazaría al puercoespín. El cariño la mierda puede. En otra dimensión el gesto se torna obsceno. El refrigerio de unos días, vencido, sin preguntas.
Faltó algo, la cosa, el deseo. Ese por supuesto, lo que moviliza la montaña, y a Mahoma,  y a todo lo que hay entremedio. Vivir el jugo atorarse en la traquea. Coágulo de nieve. Rojo intenso. Rojo tomate. Faltó algo. Por supuesto. Todo. O casi.

domingo, 5 de febrero de 2017

Día 992: Coto

Se paró al borde de la ventana, como de costumbre. Otra vez esos pensamientos, como de costumbre. ¿Qué diría el doctor? Otra vez empezar con el tratamiento. Ese matasanos solo sabe de pastillas y cumplidos. Pastillas y cumplidos. Estás más gordo, tomate esto. Te veo bien, tomate esto. Y así. Nadie puede vivir subyugado por la sombra de la muerte. A la larga nos llega, o al menos ese era su pensamiento antes de saltar al vacío.
La ambulancia tardó unos curiosos quince minutos en llegar. Sin mayores esperanzas, uno de los camilleros tomó la consagrada, la bolsa negra. El médico hizo un gesto con la mano. Un puño que se cierra y se abre. Todavía falta, aunque no mucho. Lo atendieron como pudieron. Sus signos vitales se les escapaban de las manos. Signos resbalosos, untados en manteca.
Qué día feo para morir, dijo Eduardo, mientras arrojaba las cenizas de su cigarrillo por la ventanilla de la ambulancia. Su compañero, el chico nuevo, no respondió. Ido. Un punto fijo reclamaba su mirada. Es feo y ya, pensó. Siempre lo es. Podría haber sido cualquiera. Y no. No lo era. Lo conocía.
Lo bajaron con diligencia. Una enfermera recibió al paciente, aún con pérdida de conocimiento. Tratalo bien, dijo el doctor de guardia. Sí, claro, cómo no. Ahí estaba, el hombre, tan frágil, al borde de un inevitable deceso. Vamos a hacer lo mejor, se dijo a sí misma, sí. Aunque no quiera. Cosas de la profesión. Así debemos tratar a las personas que conocemos tan bien.
Horas en el quirófano. El cuerpo respondió. No más pastillas. No más cumplidos. ¿Tendría la ocasión de pronunciar unas últimas palabras? Quizás algunos lo escucharían. Estoy solo. Solo en mí.
Lo trasladaron a una habitación de cuidados intensivos. No cualquiera. Debían ser discretos. Hay familiares, y otros conocidos. Cosas en juego. Unas cuantas palabras similares que entraron en oídos de la mucama. Lo conozco. Claro que lo conozco, dijo en voz alta. Nadie la escuchó, la habitación era más silencio que otra cosa. Mejor. Acomodó la  almohada y presionó con suavidad. Poco a poco los signos vitales del Presidente de la Nación comenzaron a decir adiós.

sábado, 4 de febrero de 2017

Día 991: Uno de tantos

Me confundo todo. Da risa. Verás nacer el sol, aunque se a una vez más. Desde ese lugar arrancamos. Un punto negro. Otro violeta. Después el arco iris. No veré el amanecer, eso lo sé. La enfermedad y la alegría, eso es todo, amigos. No me vean depilado, hoy no. El fruto de lo que somos ha nacido. Desde entonces preguntamos por algo. No me pregunten como lo supe. El saber es poder. Poder es nada.
Desde ese rincón oscuro me resurgí, como si la nada quisiera llamar. Un poco de eso que todos queremos, esa tentación inesperada. El toque de la puerta, corto pero insistente. Fuimos demasiado para este mundo. Un nocivo punto rojo. Un retorno a la patria en fotos de blanco y negro. Desde entonces nos parecemos.
Pudimos sentir la peste arrastrarse. Tal vez evitarla, que sea necesario no morir. Que la fantasía por una vez gane. Pero la noche congela los sentidos. Y los puntos se conectan. Una vez más.

viernes, 3 de febrero de 2017

Día 990: Acto final

Me quedé sin las ganas. Un globo sin persona que lo infle. No aguardo una gran canonización del espíritu. Solo de verdades truncas vive el hombre. Un violador serial puede pagar su condena en cuotas. Un cuento resistente. La norma condicionante. Caer en la desesperación de la ataraxia. No construyan verdades sobre mis palabras.
Tengo tela quemada de profeta. Avecino la catástrofe sin llegar a adivinar. Me paré sobre el montón de chatarra, quise gritar, me lastimé, caí, hondo, entre el hierro y el óxido. No volví más. Fue un final sin moraleja, hadas con espinas.
Lo novedoso ya no es. Corto. Innecesario. Impúdico. Puberto. No vamos a cortar la sangría en lo mejor de la noche. El tiempo espera. El tiempo es paciente. Con las cosas somos. Seremos el acto final. Solo esperen.

jueves, 2 de febrero de 2017

Día 989: Racionalización de un acto sexual

Un insolente adecuado, que no devuelva el dulce la suave vulva. Que lama el fruto hasta dejarlo seco. Así debe tocar, feroz, la carne en busca de más carne, una carnicería de la lascivia. Todo agujero es casa. En libertad nos hallamos, camino a la gran muerte. No dejamos ni un souvenir, nos los cogimos a todos, con gusto y con saliva. Mucha saliva. No entenderían. Es cuestión de pulsiones nerviosas. No entraríamos en los detalles, aunque sí.
El tacto duro de tanto usarse. No dejen el profiláctico adentro del alma. No nos cuidemos, que venga lo que será, niño gonorrea. Perpetremos la especie. Anidemos el íncubo. Desde allá iremos.
No sé que tanto podré, un polvo salvaje, mecánico. Mi boleadora fuera de control. Desistan, arlequines y finjan el sueño del mañana. No toquen el interruptor. Lo bueno hace mal y eso es lo seguro.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Día 988: Cocaína

No debimos tener las pruebas suficientes. Fue todo el acting, un desparpajo innecesario. Desde luego no hemos sido contratados para un mejor momento. El crimen requiere de gente experta, garca, hija de puta. Sonreir con desprecio, eso se precisa. Así podés cagar hasta al más guapo. Es cuestión de tiempo. La vida sigue pasando delante de nuestros ojos.
Un brillo opaco nos come por dentro, y va hacia afuera. Nos preguntamos, ¿qué hicimos? Nadie recuerda, el pedo que llegó hasta el aire y fue libre. Una historia bella de amor y redención, ruidos y olores. No valimos todo ese esfuerzo para limpiar el inodoro. Podemos acogotar la gallina con la verdad del parecer alegre. No aligeren el equipaje, el tren se mueve y que el mundo caiga.
Despidamos los restos con la solemnidad que los baños de la existencia requieren. Adiós al gran sorete mayor, ese amigo del alma, insólito, condenado. Desaparecer en la poca vida. Corta la esperanza. El muerto y su degollado. Felices allá vamos, el vidrio espera nuestras narices.

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