martes, 7 de febrero de 2017

Día 994: Amame a las piñas

Mi cielo está agujereado, como ese pantalón que dejaste sin planchar. Nos vivimos esquivando aunque tengamos la misma piel. Nuestra casa de huesos es indisoluble. Y la muerte nos puede parecer un chiste barato, uno de tantos. No quiero más razonamientos, no necesito tareas de corazón. Sentir o hacer, lo mismo da. Nadie quiere gastar neuronas en balde. No evolucionemos más, detengamos el tren.
Salgamos afuera a dar piñas a lo pavote. Que entiendan el amor a lo bruto. Sepan así lo enfermo y unidos que estamos. Que desafiamos a las pastillas y a las hojas de afeitar. En lo salvaje nos penetramos el alma, así de parado, sin cuento. No sé, es amor, es algo. Es un minuto, quizás un segundo más de esperanza, estúpido deseo.
Ingresemos lo necesario a través del orificio de la nariz. Que la pista de aterrizaje despegue. Adiós, piso. No más lamentos. Dos historias y un camino que se bifurca, para girar o volverse a encontrar. Hechos de la carne de la basura, un condimento vencido.
Me desvivo por olvidar la felicidad. Lo bueno vuelve y no pregunta para atrás. Algo se dibuja en la nube y quizás sea un pito. Deliremos lo que sea, que el resto viene prestado.

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