viernes, 31 de marzo de 2017

Día 1045: Definitivo o no tanto

El aire nocivo no toca nuestros pulmones. Respiramos con el cuello para escupir con el labio el gesto roto de los paisajes que fueron y ya nunca serán. Desde entonces la muerte ya no parece tanta cosa. Es un paso, una estación de paso. Muchos mundos aguardan. Conexiones. Ramas. El punto de la salida hacia donde van algunos y otros quedan en camino.
El botón de expulsión. A lo lejos, de cerca, o en el medio. Quizás todos nos parecemos un poco cuando respiramos. No vamos a resistir el aluvión. En un silencio lo pagamos todos. Valimos el precio de la cosa. Para ser uno mismo en la tormenta.
Acometer con el espíritu para ser algo más de lo que se espera de nosotros. Algo más y no un esperpento. Algo con vida. Con el diseño necesario para sumergirse en lo profundo del asunto. Allá abajo, donde las caras se ven. Allá, donde algo importa.

jueves, 30 de marzo de 2017

Día 1044: Deseos ambulantes

Tengo todo el espíritu adolescente que un viejo pueda tener. Me masturbo dos veces al día y pienso en eso otras tantas más. No trabajo con la culpa, soy un agente libre, sin ideologías fijas o cosas por el estilo. En un viaje me rebané un dedo del pie, no era de gran utilidad así que no lloro. Pero dolió. Mucho. Pensé que iba a desangrarme. Apliqué en la herida un torniquete que funcionó de maravillas y acá estoy, el maravilloso hombre de los nueve dedos. Nada grave.
Nunca tuve novia, no sé de qué gusto es el amor. Prefiero mirar parejas y suponer que se siente bien, como una sábana recién cambiada. Fresca. No veo películas desde hace mucho, creo que alteran mi imaginación. Tengo el cerebro atontado o al menos eso decían mis padres cuando me cambiaban de escuela. Es que el chico tiene el cerebro atontado, por eso le cuesta hacer las tareas. Eso decían. Me recibí y todo, aunque no con las mejores notas. Así y todo, con este cerebro atontado.
Cuando terminé de crecer tuve un mal momento. Me sentí vacío por mucho tiempo, con ganas de arrancarme la cara de lugar. Una sensación de bloqueo intensa que me impedía pensar lo poco que me permitía mi cerebro atontado. Luego pago, como la gripe o la muerte. Todo pasa. No es de conformista. Entiendo los mecanismos de la realidad, a pesar de mis fallas en la cabeza. Lo que funciona funciona y lo que no, no. Es así de simple. No conviene darle muchas vueltas.
Llegué a grande con un trabajo fijo y un deseo ambulante. Nada de familia que estorbe. Solo deseos. Ganas de ser de. Ganas de. Deseos. Cumplí a rajatabla algunos. Otros pasaron de largo, y fue un buen promedio, lo aseguro. Una vez me masturbé sobre el cadáver de un amigo. Fue una sensación placentera, tanto que olvidé sentir el tabú del momento. Y todas las cosas feas que se piensan. Lo que no se hace y no se debe. Un gran libro de reglas que a esta altura de mi vida no me dan deseos de cumplir.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Día 1043: Consumo mental

No me aturdo con el peso de la verdad. Mis recuerdos de aquella noche con sol. El paralelo 48, donde se hunden los barcos. No sé como podré saber esas cosas. Vienen a mí, en sueños, memorias y olvidos. Vienen a mí, y no sabrán qué esperar. Allá arriba respiran por la rendija, donde el aire queda corto. El silencio es merecido y alabado.
En ese estado de confusión, delirio, poco arbitrio, nos sumergimos. Hacia el reborde de una clase de locura pasajera y bienhechora. El milagroso desparpajo de la inocencia que una vez perdida no vuelve a ser encontrada. Es por el contagio, la alergia de las fotos en color sepia y los ladrones de espejos. 
Pueden jurar mentiras y verdades. Pueden tocar con el cielo muchas esquinas. No coincidimos, otros tiempos. Dejen afuera lo que va a venir adentro. Algo irá a venir, aunque no guste. 

lunes, 27 de marzo de 2017

Día 1042: Consumo mensual

El perfeccionismo no puede ser el modo de vida elegido. Estar arriba de la montaña, con el aire impregnado en nuestras narices. Sepan distinguir esta nueva forma de espasmo. Un sueño gris me desvela y no es el mío. Otros persiguen mi sombra y le hacen alabanzas. Los veré abajo, mientras pienso y olvido.
Reír nunca fue el problema. Es la cualidad de lo gracioso, el precio que detenta el ridículo y el abuso de las horas, que tarde pasan. No pueden ser las drogas o la falta de cama. La realidad nunca se parece a lo que es. El cuadro es burdo, un videojuego de 8 bits pixelado. Vengan en auxilio del gráfico mal habido.
En la orilla me voy a convencer de todo aquello que necesite responderme. Voy a ser el orador espéculo, el profeta definitivo. Salvaré alguna vida en el camino y será azar, culo o suerte. O tal vez todas al mismo tiempo. Nos van a abandonar, pronto. Y alguien, solo alguien, tendrá que pagar la cuenta de luz.

domingo, 26 de marzo de 2017

Día 1041: Un crimen y mil castigos

No. No debo pensar en lo que ocurrió. La maté y ya está. No puedo volver el cuchillo atrás. La carne muerta muerta está. La tiré en un puente de Londres. Se la llevó el Támesis. Creo que nunca la encontraron. O al menos no me culparon. Ya saben, los beneficios de una conducta intachable. No te miran a la cara como un asesino, no no. El prejuicio a veces puede más, y eso te facilita la vida, al menos si pensás asesinar a alguien en algún momento de tu vida.
A ella la conocí en un bar, no recuerdo bien el momento. Me gustó, bailaba como perra, no sé si me entienden. Me tentó las hormonas. En ese tiempo tenía ganas de coger, aún. No pude hacerlo, me vinieron ganas de verla sangrar antes. Fueron unos segundos de descontrol. No me viene a la memoria que haya gritado o algo así. No opuso resistencia. Ella quería que lo haga. Fue nuestro ritual secreto.
Entenderán que en Londres los secretos y las personas no se llevan bien. Uno de ellos a la larga cae. Y fue así. Me llevé puedo a uno por defender lo otro. Y la cuenta llegó a dos. Tardé siete años en limpiar las huellas de mi nombre. No es que me hayan señalado. Pero bueno, uno no puede evitar ser meticuloso cuando se meten los pies en el barro. No conocía a mis víctimas, el umbral de la sospecha estaba lejos de mí.
Nunca lidié con la culpa. Una vez estuve a punto de confesar. Fue la debilidad de una borrachera mal curada. No volvió a pasar. Desde entonces me fuerzo a olvidar. Mi nombre. Mi pasado. Lo que sea. Voy y no recuerdo. No sé dónde estuve. Tampoco sé que hago. Igual a la larga todo regresa. Y olvidar no es tan fácil.
Sólo se los detalles. Y la historia. Cada puto detalle. Gritó. Sí. Como una condenada. Sé lo que soy. Un asesino reincidente con miedo a perderse en la tentación de la culpa. Sé que existe. Es una bahía de humanidad. No me van a ganar. Aunque el grito. Sí. Sé que cada vez es nada fuerte. No. No debo pensar en lo que ocurrió.

sábado, 25 de marzo de 2017

Día 1040: Cobro de retribuciones

El asunto era volver entero. El portal a veces comete sus equivocaciones y no es tan sencillo dejar el arbitrio de la vida a los relojes alterados del cosmos. Como le ocurrió a Piper, que acabó aplastado por un agujero de gusano. Aplastado, sí. Eso hacen esas porquerías. Te absorben como a un moco y te despiden al otro costado del culo del universo. Alteraciones de la física cuántica, para ser diplomáticos. Y una mierda, azares caprichosos, pelotudeces del multiverso.
El licenciado Ostrov se creía diferente. Tenía mejor suerte que Piper, seguro. Era su tercer agujero negro. Tres de tres. Debería apostar fuerte, porque lo suyo sí que era suerte. El procedimiento nunca fue seguro. Diez aleaciones, una capa sobre la otra, una loca teoría de por medio. De acuerdo a ciertas personas, la masa gravitacional de un agujero negro es capaz de compactar un elefante como si fuese un chicle o algo más pequeño, hasta dejarlo hecho una tarjeta de datos en dos dimensiones descomprimidas en el horizonte de sucesos. Así funcionaba la cosa, más o menos, o al menos lo que Ostrov entendía. El cascarón, con sus diez aleaciones lo protegía de eso, del peligro de la desmasificación o pérdida de la tridimensionalidad. Tres veces fue así. Aunque Piper no piense del mismo modo.
Las misiones suicidas de ese tipo eran necesarias para el balance aeroespacial humano. Los puentes creados por los cascarones eran los que permitían el viaje a los exoplanetas. En dos horas un cohete a velocidad crucero realizaba un viaje intergaláctico de más de doscientos años luz. Gracias a personas como Ostrov. O a bastardos desafortunados como Piper. Mercenarios a sueldo, o kamikazes.
El proceso de rutina hasta las cuatro aleaciones aplastadas. Cincuenta y ocho por ciento de viaje. Mal pronóstico. Una aleación recuperada. A veces ocurre, es raro. Dos aleaciones recuperadas. Una aleación extra. Diez aleaciones destrozadas. Ostrov podía oler la catástrofe que se avecinaba. Alguien tiró mal los dados. Piper. Sí. Maldito fantasma en la máquina. Ese hijo de puta ahora controlaba el horizonte de sucesos y cobraría pronto su venganza. Tal vez tarde, tal vez temprano.

viernes, 24 de marzo de 2017

Día 1039: Lo inoportuno

Me asomaré despedido en el instante de la cosas. Por una vez voy a sentir el vértigo y quizás no me va a importar. Tengo el látigo del vigor asimilado. En el costado la huella. Un fantasma permanente. Un monumento que dice acá estoy. No se pasen de largo, no se pierdan en la ciudad. Un poco de ecuaciones algebraicas, números raros.
Abrí el portal del infierno con mis dedos. No tengo culpa. Soy error perpetuo. No se confundan, el ego es poco y aún existe.  Tiemblo ante la incógnita. No sé decir del mañana una palabra adecuada. El corte viene. El desastre será inminente. Y nosotros, en el medio.

jueves, 23 de marzo de 2017

Día 1038: Sobre una sobra

Avizoramos perspectivas para visualizar el camino. No es el hecho de lo que hay adelante si no más bien moverse. El contoneo ante toda duda, equilibrado y dispar, de salir rengo a la pista de baile. De quedar atrapado en el pasado de un sueño. Pesadilla en loop para los que sienten.
Existe el abrigo tantálico del frío permanente. No es la silueta perspicaz del abismo ni la retirada masiva de las tropas. Aún existe una pequeña esperanza. Que venga el aluvión y se lo lleve todo. Mejores ejemplos se van para no quedar.
En el resguardo de lo poco nos buscamos. Es para el que gusta de sentirse perdido. Ser el paria de la tribu. Una cohorte innecesaria. Los reinos no se destruyen en un día. Hay mil esperanzas que delatan. También el espanto.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Día 1037: Payaso

Van a rematar las ideas. Un consorcio de estupefacientes. El concepto de algo estúpido dibujado por un nene de ochenta años. Quienquiera que sea los árboles. Sabremos como arruinar un acto político. Atacarán con sus mejores sobras. Pulsen el botón. Ejecuten. Ya no importa cuando el premio es poco.
Fuimos humanos para decir este castigo es mío. No quiero asombrarme ante la vastedad de lo ido. Entusiasmado porque ya no quiero errarla tanto. Un poco de misterio en la ecuación. Una ametralladora de arco iris. En la guerra no existen los amantes.
Pagaré el precio de la ocurrencia. Por una noche quiero ser el payaso. Sin trucos. Sólo la risa y quizás algún que otro asesinato. Volveré más torcido de la cuenta. Me esperan y lo ven.

martes, 21 de marzo de 2017

Día 1036: Numeración

Agradecido y no es el sufrimiento de la última copa. Tengo que ser más consistente con mi estado. Soy una persona enferma. Me falta poco de camino. Ahí veo el final. Derrochado. No piensen que el yugo de los años van a poder conmigo. Desde la cúspide del sentimiento emancipo. Raid condicional. Sepan la historia.
Un día cualquiera de octubre, donde los cuervos se animan. Van a picotear los restos. No alargo lo que es. Desde el tiempo inmemorial de la masacre. No brillarán los tiempos de antes. Naceremos torcidos, como era de esperarlo.
La cuna y el albergue. No lo intuimos, el recodo de la catástrofe, resistencia amable del tiempo que pasa. Raíz podrida del árbol que reverdece. Contemos los panoramas. Infinitos. Infinitos son.

lunes, 20 de marzo de 2017

Día 1035: Última cruzada

Fusilaremos a unos cuantos en el simulacro. Irán pareciendo poco hasta que el mucho llegue. Van a escribir palabras feas. Será una descripción de tiempos mejores. Una historia de risa. La tragedia de un reino. Y todo eso junto. Desnudos. Sin sostén.
Dormiremos muchas noches a la intemperie antes de conocer el frío. Otra voz será su credo. Tendré el cielo para mí, seré el dibujo, un nuevo mapa. Ahí voy a tachar mis cruces. Acortar las posibilidades. Que menos palabras queden para distinguirme del olvido.
El silencio. No queda más. Fundar el apocalipsis a prueba de tontos. No seremos aquellos que manchen la Tierra Santa con sus pisadas. No seremos.

domingo, 19 de marzo de 2017

Día 1034: Al costado

No existe ese tipo de hambre, la borraron del diccionario. Exterminaron el beneficio de la palabra. No lo digan más, la mancha blanca, desaparecido. La causa proscribe nunca. Somos los dioses del culto al silencio. Una cebolla de verdeo pelada sobre el codo de la circunstancia. Un punto equidistante en comparación al universo que dejamos atrás. Vean y sientan con los ojos de un niño a punto de morir.
Tendrían que pagarme un abogado para dejarme en libertad y otro para que me encierren. Los extremos me pertenecen, los demás también. Abriguen sus esperanzas con un hisopo. No van a callar al silencio. Porque somos expertos en eso, es lo que vendemos. Con la omertá debajo del brazo nada puede fallar.
Deberíamos ser lo que deberíamos. Defectos en el carácter, debilidades. Nos queremos odiar con la palabra que nunca debe ser mencionada. Que el corazón roto busca la experiencia. Que allá lejos el destierro suena de mejor modo. Que todo los hombres del mundo van a ser uno solo, al costado, en lamento y furia, alegría y desencanto.

sábado, 18 de marzo de 2017

Día 1033: Los nervios

En el placer encontré una necesidad. Y no sé cómo fue. Me olvidé en el trayecto. Fui esa bala perdida que se alojó en un cráneo desconocido. Placer al éxito. No debemos parecer solventes al coraje, eso es otra cosa. Porque nadie nos registra en la entrada. Es un viva el divertimento. Por supuesto las noches son todas parecidas. Y con nuestro espíritu.
Adoré un cielo cargado de nubes por temor al refucilo. Lo que viene después, el acojonante final. No vamos a ver nuestras caras cuando la vergüenza nos pinte de rojo todo. No vamos a ver. Eso es para otro momento. Para el relajo de la especie. Tal vez compartir unos cuantos momentos hasta que se apague el sol y tal vez el mundo.
Nos veremos en otro pedazo de la historia, coagulados en el momento. Sabremos decir los nombres, quizás de memoria, pero nunca diré lo que es, aunque la fuerza sea mucha. Aunque la tentación quiebre. El monumento sigue, y el espanto permanece. 

viernes, 17 de marzo de 2017

Día 1032: Sushi podrido

La noche nos hace partícipe del crimen. No volteen la cabeza, no miren al muerto. En la escena estamos todos implicados. Desde luego, compartimos la cadena, la del inodoro, para que la mierda desaparezca de la vista. No cuenten con un buen trabajo de plomería. El sorete volará por la habitación, contra lo previsto. Hará su baile coprófago contra nuestra existencia. El mundo es así.
Alteremos el orden, y el factor, y los productos. Que la noche no se hizo para dormir. Que la vida no se hizo para vivir. Las putas gangosas no se hicieron para lamer penes tartamudos. Palabras y más palabras. Unas puestas al lado del otra. Ideas sin ideas. Renacuajos que destrozan úteros. Un baile cósmico con malos pasos. Nosotros, los perdidos, los impuros, los nefastos.
Se van a atrever, se van a atrever si se los permito. O no, quizás seamos los cagones, los poco hombre, los que se escapan. No sé, no puedo saber, no necesito saber. Quiero tener control aunque sea que no existe, aunque mi muerte no pueda ser vengada por un power ranger. Tuve que alterar la paz y llamarme al diálogo interno. Nadie va a atender el teléfono, se va a morir sonando, sonando, sonando. Que alguien lo atienda.

jueves, 16 de marzo de 2017

Día 1031: La verdad sobre el caso del señor Adolfo

Adolfo tenía un problema con la droga: le gustaba mucho. Así que nunca se preocuparía por rehabilitarse. Eso es para los pobres de mente, pensaba. Tengo un sistema inmunológico bueno. Y así fue, duró como setenta y tantos en la ruta, antes de morir aplastado por un camión atmosférico. Fue literal, murió ahogado en un charco de mierda.
La gente de la morgue tuvo un buen trabajo como para que no oliera tan feo, bueno, que oliera solo a muerto y nada más. Eso. La familia de Adolfo, que por suerte atravesaba un buen momento económico, pudo costear el mejor servicio funerario. En la sala se congregaron todos los parientes, flores, llantos y adolescentes indiferentes en busca de señal para el celular. El oficio fue sencillo, duró un par de horas antes que los dueños de la funeraria cerraran las puertas.
Una empleada de mantenimiento limpió los restos de café y sándwiches de miga del piso. Pasó un poco la escoba, sacó polvo, pero no mucho. Con una franela lustró a desgano el cajón. El muerto ni se inmutó. Hasta que dejó de estarlo. Una respiración entrecortada salía de la boca del cadáver. La mujer no se dio cuenta, estaba tan acostumbrado a esa clase de muertos. Cuatro matrimonios, siete hijos y un novio desintesado es suficiente como para envidiar a los muertos, solía decir medio en broma, aunque para sus adentros sabía que era medio en verdad.
A eso de las siete y media de la mañana las puertas de la funeraria dejaron que ingresen por última vez los familiares de Adolfo. Una prima segunda, una madre, dos amigos y cuatro compañeros de trabajo. Los compañeros de trabajo vinieron un rato, antes de entrar a la oficina, para saludar, y quizás manguear un alfajor de maicena. La madre no se despegó del ataud, como anoche. La respiración de Adolfo ahora se acompañaba con el pestañeo regular de las personas que aún viven.
¿Dónde está papá? preguntó. La madre de Adolfo dijo, viene después, hijo. Estaba tan shockeada por su muerte que apenas tuvo tiempo a shockearse por su resurrección. Uno de los amigos se acercó al cajón. Incrédulo, con la boca abierta, no supo qué decir. Es una broma, sí, es una broma, ese hijo de puta, borracho drogón. Un faso, dame un faso. El amigo le acercó un porro que había armado con mucho cuidado esa mañana al levantarse. Tené cuidado, Adolfo, a ver si te cae mal. Estuviste bastante tiempo muerto, o catatónico, no sé. ¿Usted vio esa película del muerto vivo, señora?
La madre observó y no dijo nada. No conocía películas de ese tipo. Tal vez algún cuento de Poe, pero no que tenga a su hijo como protagonista. Adolfo dio una pitada al faso y se sentó en el ataúd. El dueño, que sintió el aroma, de inmediato se acercó y pidió por favor que apaguen el cigarrillo, que es un lugar serio y todo un palabrerío por el estilo acerca de la excelsa moral de sus establecimiento.
Adolfo apagó el porro. Estaba triste. Muy triste. Vivir no es vida. Tanta fue su decepción que su cuerpo salió volando. Se elevó por la habitación y salió por la ventana. Encontraron su cuerpo a unos 350 metros. La caída había destrozado su cuerpo. 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Día 1030: No es suficiente

El grito, un golpe agujereado directo a la tráquea. No se entusiasmen. Debería pasar rápido la locura de la juventud, está programado. Un criterio adornado, si me preguntan. Voy a reventar. El mucho estoico demorado ausente. Tanto sentido desperdiciado. No me preocupen. El verso usado en este panorama acrítico. Dejen que los vampiros esparzan su espora benigna. Así, con vuelto para el cambio, con heridas y villancicos.
La pobreza estética. Me conduje tan espabilado en este yermo de ideas. Desde una noche cualquiera fue todo confusión. Movido por una pila gastada. Triple A. Un fin para sus medios. Estén presente. Aligeré el peso hasta la carga fantasma. Sin brillo. Un hombre pasa y me dice cosas feas.
Puedo dormir sobrado en la cama. Com mujeres o botellas. O ambas. Existe el paisaje y es mío. Estuve a la altura de mi circunstancia. Y es suficiente. Y es suficiente.

martes, 14 de marzo de 2017

Día 1029: El bolsillo agujereado

En desmedro de lo que somos. En desmedro de lo que hacemos. Nuestra alternativa es la suicida. Todo por dos minutos más de gloria. El pozo o la decadencia, hacia allá vamos. Dedicamos la tarea de la reconstrucción a los que destruyen. No me digan el caso que debo hacer al mundo antes de explotar. Quiero tener todas las razones en mi bolsillo. Que no se escape.
Despedí el bien no querido. Quebramos verdades adonde lo cierto no tiene reino. Subí veinte paredones. Arremetí con el silencio. Y no se de todos cuánto queda. La puerta entornada. Un acto de risa. Tal vez el mayor espectáculo antes de morir. Pobres los espacios que nos quedan. El tour de los corazones cocinados.
La paz del sobre. Una intriga internacional. Muchos números en juego en un supuesto capital. Somos más de lo que creímos, menos de lo que esperamos y aún siendo nos perdemos. Un tridente que pincha más de cuatro veces. Dominen la paranoia de la carne. Que poco da el que brilla. Seamos polvo en algún momento.

lunes, 13 de marzo de 2017

Día 1028: Huellas borradas

Habría que acabar con el mentirismo de las masas. Información inconexa, supuestos males acaecidos en la población y cosas así. No reniego del pozo en el que nos metieron. El problema es el llanto por la oscuridad. La naturaleza de lo bajo y aquello que negamos por imposible. No, no lo es, más bien lo contrario. Sucede. Y seguido. A veces la causalidad redunda en el azar. Y la coincidencia mayor, una red. Una telaraña de abismos, atados con el poco alambre que resta.
La volición es la gravedad, forzada, de un  agujero negro. El cuerpo tiende a desaparecer en sus contornos, perdido en su propia necesidad de trascender la singularidad del evento. Pero ocurre. Y vaya uno a saber cómo. Es misterio. Secreto de iniciado. O palabra de dios. O inutilizador de métodos científicos. Están por todos lados. Huellas borradas. Pistas falsas. El pandemonio de una escena del crimen. Otro retrato del Greco. Intencional. Irrevocable. El peso de la sentencia, una condena a vivir tan poco como sea suficiente para desconocer.
No se preocupen, la información es innegable. Ocurre como los mejores cánceres. Somos carne inflamable, entiendan. O no. El negocio a veces está en permanecer sedado. No se preocupen. 

domingo, 12 de marzo de 2017

Día 1027: Torre de marfil

Eso me hace depositario de las heces. Las cacas flotando en un mar de mierda. Eso ya lo saben, es historia repetida. Sueñomático en loop. Pero lo que seguro ignoran es que top fui el responsable del fuego. Un pequeño acto vandálico, lo acepto. Tuve mi mejor noche, me inspiré. Sólo así salen las cosas buenas. Recapitulo: un océano de mierda prendido fuego. Eso.
No fue un caso severo de ingeniería. Tampoco acudí a mi talento. Fue un poco de suerte y algo de iniciativa. Comprar muchos cohetes, ponerlos en el lugar adecuado, esperar. La clase de cosas que habrían puesto orgulloso a Keith Moon (si no hubiese estado tan preocupado en morir). Y no me observaron. Sin policías. Tampoco guardias de seguridad. Indetectable. Así fui.
Por cierto, tuve mis reacciones. No quiero explicar mucho. No me entenderían. Versión corta: cambio espiritual. La piel me quedó corta. Los huesos se salen de lugar y cosas así. Nada mal para una serpiente, salvo que no lo soy... una serpiente, digo. Y la mierda está, ahí, omnipresente. En mis buenos y también los malos momentos. Debo idolatrarla aún en el carácter de su fugacidad. Eso quiero para un dios, algo demasiado poco para ser eterno, algo que se derrita en mis manos. Algo con mal olor. Y sale de nuestras entrañas.
Lo ideé todo. Como en una Bienal veneciana. Un happening, ya saben. Una de esas cosas raras tipo cabezas de Marta Minujín. Un poco de espacio cósmico y un discurso contundente. Dosis de arte para combatir la realidad diaria. No sé, deseé darle sentido a mi vida y, lo peor de todo, tengo miedo a encontrarlo.

sábado, 11 de marzo de 2017

Día 1026: Despropósito

La opción adecuada. Ser o morir. Tal vez las dos. No hay que detenerse en el detalle. Elegir mundos posibles. Posible de lo mismo. El cuarto sangre la presencia del ausente. No roben wi-fi, pidan contraseña. La bondad, extinta, de un ciclo quebrado.
Asumí la persecución. Me sentí dorado, galáctico, casi intocable. Noté como nadie el eje roto. Algo de balance una historia me contaron. No me van a sacar el trofeo de las lo i. Estoy para luchar o, tal vez, algo parecido.
Y esta vida que se escapa. Usa ventana al abismo. La puerta queda mejor. El grito de corte. Nací mal, al revés. Me pidieron la expulsión y por poco quise. No van a terminar tan fácil conmigo.

viernes, 10 de marzo de 2017

Día 1025: Algo o todo

No lograron deshabilitar esa opción. El juguete vino con todo fallado y así arrasó con la humanidad. No deberían preocuparse aunque sea algo serio que ponga en peligro todo el universo. Es un juguete, eso. Un juguete sexual, uno con forma de pito, con el que jueguen hombres y mujeres, niños y adultos. Objetos amorfos diseñados al placer de cada uno. O vaya uno a saber qué.
Desde el dispositivo se liberaron esporas de la toxina más tóxica del tóxico sistema solar entero. El pito abrió sus pétalos y la flor dejó de ser bella. Un grito de guerra rompió el silencio. El ruido de la muerte. Desprovistos de glamour los cadáveres marcharon en son de protesta. Exigían un mejor trato en el mercado bursátil. Debemos conseguir más de ese café veloz, señalaban.
El monje, estupefacto, se tomó la entrepierna y acompañó la mano del niño. Así se hace. Un actor disparó a su sirvienta por que el trago estaba tibio. Un Martini a la basura. En la India las vacas mueren y dejan de ser sagradas. El Ganges huele a putrefacción. Desde el mosaico el artista sueña con la historia definitiva, una sinécdoque sin película. Y tal vez otro sueño, uno más grato, de redención, lamento, espanto o divertimento. Algo o todo.

jueves, 9 de marzo de 2017

Día 1024: Mierda

No va a parecer un simulacro. Para nosotros, los cultores del entretenimiento, el azote de los mil diablos. Vendrán de a muchos a reclamar algo inútil, tal vez un pedazo de tierra. No tiren abajo la pared, del otro lado hay vida, o algo similar a eso. Ecos, voces, quien sabe. Un ruido en el silencio, vacío, seco. Nos arrastramos a la corriente y decimos mierda, un grito o algo. Duda. Tal vez.
Vamos a girar el cuerpo. Meter el cadáver a la fuerza. No digan algo vacío de contenido. Somos víctimas de un culto violento. Figuras de argamasa. Y la estampida de la muchedumbre que quiere su cuota de carne. Especulación temporaria. No valí el río en donde me tiraron. No quiero que me lloren, la tumba de otro soldado desconocido. Mierdas. Son mierdas.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Día 1023: Hay y no hay

Dentro del mundo se avalan todas las atrocidades más cool que se puedan inventar. Desistan, esclavos del eje. No existe un gesto de ruina. La villanía del universo y su indiferencia. Cosas suceden. El arbitrio del sol y las coordenadas repetidas. La vagancia en un espacio nominal. Inacción y temple, no hay espíritu, no hay masa. El movimiento adelante, detenido, solo un flujo de tiempo, un corto instante en la creación del hombre.
Y las vivezas de la especie. Esas razones por las que mata el débil y cría culpa el inocente. Para caerse del nido y no levantarse más. Para codearse con los magnates del estupro y el desvirgador de narices. Por toda la insolencia humana y la acumulación de los hechos. Quizás no exista un mejor momento. Quizás no exista el momento. Nacer en la casualidad y la insignificancia.
El dios adorado, uno de tantos. Puede ser amarillo o invisible. Rosa invisible. Un unicornio más a la lista. No van a hacernos caer. Estamos desnudos por siempre, con vestimenta de mentira, la ciencia de la palabra cultiva el silencio y lo pervierte. Un nuevo signo, viejo, inútil y necesario.

martes, 7 de marzo de 2017

Día 1022: Velocidades

La corte emite su veredicto y a veces falla. Salen monstruos de la cráteres. Invaden el planeta, esas mierdas. Desde luego, el mayor insulto es el que nunca se dice. Está anotado en la constitución de las personas, un ADN escondido, algo de lo pervertidos que somos está. Como para tirarse de arriba de un puente sobre una cama de agujas oxidadas. Sepan el resultado.
No viajen tan lejos que el cuerpo no aguanta. Hay corazones perdidos en Sri Lanka, pasiones de otoño y trabajos a medio tiempo. Una tarjeta amarilla no dura para siempre. Advertencia, advertido. El que advierte, el paso presuroso del sigilo. Cuenten los pasos, sean lentos y mueran.
Un tercer balcón cuelga del rincón olvidado. Tirarse desde ahí y hacerse percha. Que el cuerpo deje de aguantar la inercia. No más gravedad. Adiós fluir de líquidos adyacentes. No importa saber el final de la aventura. Las cosas pasan, con o sin cosas. No lo tomen como el atrevimiento que es, los fantasmas caminan más rápido.

lunes, 6 de marzo de 2017

Día 1021: Alien XX

Mucho trabajo en la salitre. Soy mi propio jefe, se dijo a sí mismo Villegas luego de cargar el último envío. Allá pueden morirse de la presión alta, a mi no me importa. Quiero hacerme rico. Esos eran los pensamientos del señor Villegas hasta que un fuerte dolor le atravesó el abdomen. Mierda, estoy embarazado. Ese bicho rastrero, seguro. Le gusta empollarnos. A nosotros, la gente emprendedora.
No quedaba mucho tiempo, en dos meses la panza haría evidente el éxito de la inseminación en el cuerpo de Villegas. Tendría que desaparecer del pueblo. Lejos. Tal vez cambiarse de nombre. Una vida nueva en la ciudad. Un antro con luces es peor que nada. Ni qué hablar de la vergüenza post parto. La ciudad, ese portal desconocido de borrachos y prostitutas borrachas, y políticos borrachos y bebés borrachos. Todo el mundo allá conocía la droga. Hasta con la leche la tomaban. A decir verdad, Villegas no sabía un carajo acerca de lo que pasaba en la ciudad.
Quizás la culpa la tenga la tecnología. O su falta. Veinte años sin noticias es demasiado. El viaje no fue de lo mejor, pero en tres horas y cuarto el avión lo dejó en la ciudad. Las mujeres se le acercaron a Villegas ni bien abandonó el aeropuerto. Sus proposiciones sexuales quedaban lejos de ser meras insinuaciones. No tendrían problema en hacer la porquería ahí mismo. Villegas, consternado, se negó. Necesitaba explicaciones, y direcciones, y cosas así. Nos faltan hombres, dijo una de las mujeres. Venga conmigo. La mano de mujer apretó con suavidad la entrepierna del empresario de la salitre. Necesito encontrar a esta persona, Higueras, si lo conocen. Conocemos a un Higueras, está al final del tratamiento. Creo que se salva, agregó. Todos los hombres están enfermos, sabe señor. Vienen camiones repletos del interior. Es lo único que cura.
Nadie sabía a ciencia cierta de dónde venía el brote. Los hombres caían en cama a los cinco meses y daban a luz a un humanoide reptiliano que destrozaba su caja torácica con la facilidad con que se puede templar una guitarra de juguete.
No se puede extirpar el embrión, así que los médicos retrasan el nacimiento. Es como un cáncer. Todo aquello ignoraba Villegas, también portador de un humanoide, a cuatro meses de nacer y destrozar su matriz. Con suerte el feto se cristaliza, para ello una solución a base de agua oxigenada y sal era lo mejor. Sal, un bien al borde de la extinción. Un solo salitre quedaba en pie, cualquier retraso en la producción de sal podría ser una catástrofe. No, una gran catástrofe.

domingo, 5 de marzo de 2017

Día 1020: Aceite en falta

Tengo el manual de instrucciones perdido. Pueden apretar este botón y ver que pasa. No les aseguro nada. Entiendo esas mierdas del movimiento perpetuo. No lo creo. Soy un hombre de ciencia, esa es mi fe. Me gustaría adelantarme a misa intenciones, ser mi propia máquina del tiempo. Me rindo al futuro con facilidad. Así me van a hacer confesar un crimen. Uno de 1998. Uno que no cometí. Ese, el perfecto, el crimen en el que somos inocentes.
Tomé cada copa con gusto, saboreé la enfermedad en mi paladar. A veces me gusta el veneno y otras cosas. Todo en exceso. Me gusta el sabor de la miel corrompida. Con esos pequeños ademanes no me van a comprar. No van a impedir que trafique mi esencia. Que la retransmita en el mercado pirata. Soy eso que tantos quieren. Eso que nadie se atreve a nombrar. Parte de la cadena. Deseos prohibidos.  No pidan otra solución. Acá no está la respuesta.

sábado, 4 de marzo de 2017

Día 1019: Mareado

Vamos a confinar el espejo de los sueños rotos a la tierra. Es olvido y nada más. También es la cosa agitada al viento y la espera inconstante. No quiero saber lo que viene. No tomo parte en este quilombo. Abrí el placard y vi sucio. No es mío el muerto. Morí hace un tiempo. Cadavérico. Dormí bastante. Me pasé de largo.
Tocamos base segura. Ir y volver. Giré la vuelta. Desde los costados abriré. Tengo que limpiar el plato. No supe cuánto perdí hasta que me caí de la cama. Tomé mucho en vida. Aún más en muerte. Sean coherentes al espanto.
Dormir, o vivir, cuánto es lo que da. Una vida. Que sueño ni mierda. Nada. No vean con tanto ojos lo que la nada pervierta. Nuevo sol. Ver y esperar. Sepan que no voy a caer.

viernes, 3 de marzo de 2017

Día 1018: Desvío

"Soy bueno en eso" dijo el hombre, y se quejó. El puto amo de la queja. Desde luego, con sus años de experiencia, nadie podía superarlo. Era capaz de quejarse durante el desayuno, el almuerzo, y también la cena. Un experto de la queja bancaria, pero también de charlas cotidianas. ¿qué es eso de mandar astronautas a la Luna? Mandemos monos, es lo mismo. ¿Por qué respiramos oxígeno? Hay que superar esa idea, hay poco, aprovechemos para evolucionar, o ¿me van a decir que eso no lo pueden hacer los científicos? No.
Un buen día las quejas se extinguieron. Vaya uno a saber por qué. Problemas en la economía. Tal vez en los planetas, ahí donde está todo mal. No sé, dejó de quejarse, y no hizo bien, no lo entiendo, las personas son un grano en el culo de todo. Tanta paz no la entiendo. En fin, a este hombre que guardaba un record mundial de quejas le llegó el final en su corta carrera.
Para concluir esta historia sin sentido, el hombre conoció la felicidad. De una manera extraña. Lo compró en un sitio de internet. Una oferta. Ser feliz por quinientos pesos. Depositó. Le llegó un fantasma, con espinas. Le tragó toda la energía, doy fe. Y después la transmitió para otro lugar, como una antena que funciona horrible. Todas las antenas funcionan horrible. No sé para donde fue, esto es una mierda. 

jueves, 2 de marzo de 2017

Día 1017: Un sonido sobre otro

El chiste es para otra persona, no te sientas identificado. Así que abandoná la esperanza y dedicate a vender autos. No le hagas caso a la propaganda, purificá tu alma con mierda, vas a ver que todo sale bien. Desde todos los costados puedo resistir el envión de la caída. No es una cuestión de lo que pueda venir, todo es ligero y pesado, altivo y sinuoso.
No es el condenado silencio. Es lo que mueve adelante, el peso de las cosas. Puedo decir, miren tengo un cuello nuevo. No inventen el resto. Quiero ser consecuente a una sola idea, que el resto se muera en lo que es. Allá señalamos a los que no se muestran, los exponemos a la luz y los mutamos un poco. Nos gusta decir que parecen sombras.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Día 1016: Saldo cero

Pagué el coste la otra noche, lo pagué con mi vida. Campo de batalla, sangre con sangre, sangre al fuego. Del vómito a la nada. Ultimando el cuartel, no venga con el culo roto. Sepa mantener la compostura, usted, el de la cara desdichada. Vamos a señalarnos feo, golpeemos con fuerza, con ganas, como para despertar a los vecinos. No van a decir que fuimos buenos. No van a decir nada. Van a permanecer callados mientras nos prestamos las caras a los puños.
Desde un rincón un fulano te va a convidar un mate. Tal vez una cerveza si hace mucho calor.Van a hacer juramentos varios hasta que no quede más líquido. Van a fumar. Y las drogas van a llegar al sistema y harán su trabajo. Las neuronas van a decir gracias con mucho ímpetu, hasta romperse. Allá dentro algo va a oler a quemado, y le podrán echar la culpa al sistema o a las estrellas. Adentro también se forman agujeros negros.
El fulano no va a resistirse. Quiere hacerse amigo, o tal vez amante. En un convite los buenos ánimos reinan hasta que se vaya todo al carajo. La noche está jurada. Los puestos en su lugar. Van a robarse la vida de los otros para vivirlas de una mejor manera, con soltura, con el desparpajo de la juventud mal hecha. No digan que no pagué. No digan que no pagué.

Día 1015: Sobre un fuego

Me subieron el dólar y nunca dije nada. Qué se yo, soy muy pobre para hablar, o para poseer piernas. Desde hace tres años que me manejo con tres muñones. El brazo izquierdo, el bueno, es el encargado de hacer todo el trabajo. Con ese brazo supongo que abriré fuego el día en que los alienígenas decidan contactarnos.
Cuando golpearon a mi puerta y me pidieron el 3/4 de mis extremidades tampoco dije nada. Digo, debo contribuir con mi Patria, ¿qué clase de ser humano sería si no? ¿Uno feo? seguro. Por eso les di eso, y mucho más. Ahorros de una vida. Incluso doné el esqueleto de mi abuela, que vaya uno a saber como terminó en mi casa.
Agitado, aguado, ese es mi recuerdo. Una mejor versión de los hechos me respaldaría. Acá estamos, saltando como idiotas. Sobre el fuego. Sobre lo que venga. Y la alcantarilla mayor, cloaca de nuestros sentimientos. Con un poco más de idea capaz que diría algo.

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