lunes, 6 de marzo de 2017

Día 1021: Alien XX

Mucho trabajo en la salitre. Soy mi propio jefe, se dijo a sí mismo Villegas luego de cargar el último envío. Allá pueden morirse de la presión alta, a mi no me importa. Quiero hacerme rico. Esos eran los pensamientos del señor Villegas hasta que un fuerte dolor le atravesó el abdomen. Mierda, estoy embarazado. Ese bicho rastrero, seguro. Le gusta empollarnos. A nosotros, la gente emprendedora.
No quedaba mucho tiempo, en dos meses la panza haría evidente el éxito de la inseminación en el cuerpo de Villegas. Tendría que desaparecer del pueblo. Lejos. Tal vez cambiarse de nombre. Una vida nueva en la ciudad. Un antro con luces es peor que nada. Ni qué hablar de la vergüenza post parto. La ciudad, ese portal desconocido de borrachos y prostitutas borrachas, y políticos borrachos y bebés borrachos. Todo el mundo allá conocía la droga. Hasta con la leche la tomaban. A decir verdad, Villegas no sabía un carajo acerca de lo que pasaba en la ciudad.
Quizás la culpa la tenga la tecnología. O su falta. Veinte años sin noticias es demasiado. El viaje no fue de lo mejor, pero en tres horas y cuarto el avión lo dejó en la ciudad. Las mujeres se le acercaron a Villegas ni bien abandonó el aeropuerto. Sus proposiciones sexuales quedaban lejos de ser meras insinuaciones. No tendrían problema en hacer la porquería ahí mismo. Villegas, consternado, se negó. Necesitaba explicaciones, y direcciones, y cosas así. Nos faltan hombres, dijo una de las mujeres. Venga conmigo. La mano de mujer apretó con suavidad la entrepierna del empresario de la salitre. Necesito encontrar a esta persona, Higueras, si lo conocen. Conocemos a un Higueras, está al final del tratamiento. Creo que se salva, agregó. Todos los hombres están enfermos, sabe señor. Vienen camiones repletos del interior. Es lo único que cura.
Nadie sabía a ciencia cierta de dónde venía el brote. Los hombres caían en cama a los cinco meses y daban a luz a un humanoide reptiliano que destrozaba su caja torácica con la facilidad con que se puede templar una guitarra de juguete.
No se puede extirpar el embrión, así que los médicos retrasan el nacimiento. Es como un cáncer. Todo aquello ignoraba Villegas, también portador de un humanoide, a cuatro meses de nacer y destrozar su matriz. Con suerte el feto se cristaliza, para ello una solución a base de agua oxigenada y sal era lo mejor. Sal, un bien al borde de la extinción. Un solo salitre quedaba en pie, cualquier retraso en la producción de sal podría ser una catástrofe. No, una gran catástrofe.

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