domingo, 12 de marzo de 2017

Día 1027: Torre de marfil

Eso me hace depositario de las heces. Las cacas flotando en un mar de mierda. Eso ya lo saben, es historia repetida. Sueñomático en loop. Pero lo que seguro ignoran es que top fui el responsable del fuego. Un pequeño acto vandálico, lo acepto. Tuve mi mejor noche, me inspiré. Sólo así salen las cosas buenas. Recapitulo: un océano de mierda prendido fuego. Eso.
No fue un caso severo de ingeniería. Tampoco acudí a mi talento. Fue un poco de suerte y algo de iniciativa. Comprar muchos cohetes, ponerlos en el lugar adecuado, esperar. La clase de cosas que habrían puesto orgulloso a Keith Moon (si no hubiese estado tan preocupado en morir). Y no me observaron. Sin policías. Tampoco guardias de seguridad. Indetectable. Así fui.
Por cierto, tuve mis reacciones. No quiero explicar mucho. No me entenderían. Versión corta: cambio espiritual. La piel me quedó corta. Los huesos se salen de lugar y cosas así. Nada mal para una serpiente, salvo que no lo soy... una serpiente, digo. Y la mierda está, ahí, omnipresente. En mis buenos y también los malos momentos. Debo idolatrarla aún en el carácter de su fugacidad. Eso quiero para un dios, algo demasiado poco para ser eterno, algo que se derrita en mis manos. Algo con mal olor. Y sale de nuestras entrañas.
Lo ideé todo. Como en una Bienal veneciana. Un happening, ya saben. Una de esas cosas raras tipo cabezas de Marta Minujín. Un poco de espacio cósmico y un discurso contundente. Dosis de arte para combatir la realidad diaria. No sé, deseé darle sentido a mi vida y, lo peor de todo, tengo miedo a encontrarlo.

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